Photo of Billie HOLIDAYHace exactamente cien años, la ciudad de Philadelphia (Pennsylvania – Estados Unidos) veía nacer a quien se convertiría en una de las grandes cantantes que tuvo el jazz en toda su Historia: Billie Holiday.

Si bien tuvo una voz envidiable, el sentimiento y la interpretación que hacía de cada letra y de cada canción fue un elemento distintivo que la llevó a encumbrarse en lo más alto del género sincopado en la década del ’30.

Sin dudas sus primeros años fueron los que marcaron a fuego ese sufrimiento que se impregnaría a la hora de subir a un escenario. Fruto de una relación temprana entre Clarence Holiday (de sólo 15 años) y Sadie Fagan (13 años), conoció la miseria y el abandono desde pequeña.

Fue violada y sufrió la discriminación en primera persona. Esos sentimientos agrios fueron los que terminó utilizando cuando se ponía detrás de un micrófono para cantar, por ejemplo, “Strange Fruit”.

Su primera oportunidad llegó de la mano del productor John Hammond, quien la escuchó en el club Monette’s de Nueva York, y descubrió el talento de esta joven. Holiday se había instalado con su madre en el Harlem, en busca de un futuro mejor.

La primera participación en un disco sería, nada más y nada menos, que con la orquesta de Benny Goodman. El single se llamó “You Mother’s Son-In-Law” y fue registrado para el sello Columbia en 1933.

Luego llegaría la posibilidad de tocar con otros grandes, como Louis Armstrong, Teddy Wilson, Roy Eldridge y Johnny Hodges, por citar algunos ejemplos. Pero fue Lester Young el músico con el que mejor congenió. Eran un complemento perfecto.

Tuvieron un fuerte vínculo de amistad. Ella lo llamaba “Pres” (diminutivo de President) y él la apodaba “Lady Day”. Juntos grabaron un material que puede ubicarse entre lo mejor de la carrera de Holiday.

Sin embargo, la discriminación se repetiría en su vida. El sur de Estados Unidos, lugar que frecuentó durante las giras con la banda blanca de Artie Shaw a fines de los años ’30, le mostraba su cara más hostil. No podía ingresar con los otros músicos a los salones donde debía cantar, ni comer con ellos, ni dormir donde ellos lo hacían.

Las drogas fueron el refugio que eligió Billie para intentar soportarlo. Pero, además de generarle problemas con la ley, terminaron destruyéndola en 1959. Ya con la voz más cansada, sus últimas grabaciones -realizadas para el sello MGM– seguían mostrando ese toque especial. Esa herida abierta que nunca pudo dejar de sangrar.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com