Michael SarianMichael Sarian nació en Canadá, pero se crió en la Argentina. Hijo de madre canadiense, viajó de Toronto para Buenos Aires por insistencia de su padre que, si bien era rumano, tenía gran parte de la familia radicada en el país.

Era un niño introvertido y tímido. Y su forma de hablar hizo que sus amigos le pidieran que ponga los “subtítulos” para que lo entiendan cada vez que hablaba. Por aquel entonces comenzaba a darse cuenta que su camino estaba en la música.

Con grandes talentos como profesores (entre los que figuran Richard Nant , Juan “Pollo” Raffo y Juan Cruz de Urquiza) inició un trayecto por el jazz y otros ritmos con la trompeta como compañero de viaje.

Hoy está asentado en Nueva York (Estados Unidos) y acaba de lanzar su disco debut que llamó, justamente, “Subtitles”. El material fue grabado en el legendario Avatar Studios, por el que pasaron grandes de la escena del jazz, como Tony Bennett, Betty Carter, Pat Metheny, Keith Jarrett Trio y Weather Report, así como también John Lennon, Madonna, Iggy Pop, Bon Jovi, Duran Duran, The Clash y Bryan Adams, por mencionar apenas un puñado de estrellas del rock y el pop.

Antes de la presentación oficial del álbum (que realizará el próximo 5 de noviembre en Drom de Nueva York a las 21 horas y al que se podrá ver gratis a través del siguiente link: haga click aquí) , Michael accedió a una entrevista con Animales del Jazz donde habló un poco de todo.

¿Cuándo inició y cómo fue su camino dentro del jazz?
Desde chico tomaba clases de piano (me acuerdo el día que trajeron el piano a casa, cuando tenía 6 años), así que la música siempre estaba presente en casa. A los doce o trece años -aproximadamente- empecé a tocar la trompeta en el colegio y de ahí en las distintas bandas del colegio. Tocábamos de todo: jazz, música popular, de cine y teatro, clásico, tango. Acá fue donde me inicié en el jazz. Los alumnos que formaban parte de la banda también nos quedábamos después de clases, si queríamos, y nos daban clases de instrumento casi particulares. Uno de los profes era Richard Nant.

Afuera del colegio empezamos a armar bandas para improvisar y experimentar un poco. De a poco ya estaba componiendo también. A los 19 me mudé a Pennsylvania donde estudié composición y teoría clásica, que me abrió bastante la cabeza, pero el corazón siempre estaba con el jazz. Seguía componiendo más al estilo jazzero, y me juntaba con amigos para probar cosas. Supongo que mi camino fue, y sigue siendo, uno de buscar una voz no sólo en el instrumento sino también con las composiciones que toco. Nunca fui de aprenderme millones de standards y mandarme a todos los jam sessions, siempre me interesó tocar música original.

¿Cuáles son sus referentes dentro del jazz?
Bueno, siempre están los más grandes: Miles Davis, Chet Baker, Charles Mingus, Duke Ellington, Count Basie… la lista sigue. Pero también están María Schneder, Guillermo Klein, Richard Nant, Miguel Zenón, Alan Ferber (quien está en un tema del disco), en cuanto a referentes como compositores. Trompetistas que admiro mucho son Dave Douglas y Tom Harrell (que también componen increíble), Avishai Cohen, Ambrose Akinmusire y Christian Scott.
Después está toda la música popular (nacional incluida) que influye en todo lo que hago… referentes hay millones, pero éstos por lo menos son los más importantes dentro del jazz. ¡Y seguro que me olvido de varios y que la semana que viene aparece otro!

Menciona a Juan “Pollo” Raffo, Juan Cruz de Urquiza y Richard Nant como parte de sus profesores… ¿qué considera que aportó cada uno de ellos en su formación?
Richard Nant fue mi primer profesor de trompeta en el secundario y fue el que me transmitió un amor hacia el instrumento y la música. A los 16 empecé a tomar clases particulares. A los 23, cuando volví a Buenos Aires tras estar cuatro años en Pennsylvania, retomamos clases. Cuando trataba de mostrarme o enseñarme algo, era casi como estar hablando con un adolescente, por la energía y entusiasmo que le producía la música. Creo que gracias él aprendí a sentir una conexión emocional con lo que hago musicalmente. Seguro que no tiene idea, pero eso es lo que más rescato de nuestras clases. De hecho, el segundo tema del disco, ‘El Poeta’, está dedicado a él.

Con Juan Cruz tomé unas clases a los 18 años, y creo que de los 25 a 27 años más o menos estudié con él improvisación. Como mencioné antes, nunca fui de aprenderme standards y meterme en jams a improvisar, nunca fue algo que estudié a fondo y se notaba mucho (y todavía se nota, lamentablemente). Con Juan nos sentábamos a improvisar y a improvisar, a hablar un poco de lo que estábamos tocando y arrancábamos de nuevo. Definitivamente, con él comencé a sentir que tenía más independencia y control sobre lo que tocaba.

Tuve la suerte de tocar en una banda que dirigía el Pollo (no llegaba a ser una big band, pero la tratábamos como tal) donde podíamos traer composiciones y arreglos originales. Más allá de estudiar con él en algunas clases que tomé en la EMC y unas clases particulares, fue acá donde aprendí un montón. Tocábamos los arreglos y te dabas cuenta qué funcionaba y qué no. Me ayudó a descifrar qué estaba intentando transmitir. El primer arreglo que hice del tema ‘Minga’ fue para esa banda.

Afuera de ellos tres, hay varios profesores que aportaron a mi formación musical (y personal), personas como Matías Villamil, Richard Voth y Daniel Camelo, durante y después de la escuela secundaria. En Nueva York destaco a Alan Ferber que realmente ayudó en mi desarrollo como compositor y a Laurie Frink (que lamentablemente falleció el año pasado), una gran trompetista y profesora.

¿Qué fue lo que motivó su viaje a Nueva York?
En Buenos Aires nunca me metí en la escena jazzera. Estaba muy ocupado trabajando en una escuela (donde de hecho también aprendí un montón: a ser claro como líder dentro del aula o ensayo y también a ser claro al escribir arreglos, por ejemplo) y tomando clases. En el 2012 surgió la oportunidad de venir para Nueva York. Tengo familia acá también, eso ayudó a la hora de tomar la decisión, pero venir a Nueva York a estudiar música era una oportunidad que no podía dejar pasar. Estoy convencido que de no haber venido, no hubiese madurado musicalmente.

Por ahora el plan es quedarme en Nueva York. Claro que hay planes de armar una gira por Buenos Aires (y Uruguay) en lo posible el año que viene, pero en cuanto al largo plazo, todavía me queda mucho para aprender de esta ciudad.

¿Qué representa realizar grabaciones en el legendario Avatar Studios?
La posibilidad de grabar en Avatar fue gracias a Luis Bacque. Grabamos mitad del disco en Dolan Studios (que están en Nueva York) y Luis fue el ingeniero. Fue una grabación que tenía que hacer para recibirme, y lo hice con el septeto sabiendo que si salía bien, podía apuntar a una segunda fecha y hacer un disco. Después de varios intentos, no salió la segunda fecha en Dolan. Luis, como ya estaba familiarizado con el proyecto, me sugirió varios estudios. Al final nos quedamos con Avatar, no sólo porque es Avatar, sino por muchos motivos más (como espacio, distribución de la sala, etc.)

Primero, no sé bien qué sentía o representaba el hecho de íbamos a grabar en Avatar. Pero una vez que entramos al estudio ya era otra cosa. Todavía lo siento. Yo por lo menos lo escucho en cada tema (ojala no sólo yo me dé cuenta) pero hay una calidez en el sonido de los temas grabados en Avatar. Y al ver fotos de bandas como la de María Schneider grabando ahí y poder decir que nosotros estuvimos ahí… no sé, ojala pueda volver.

¿Qué los une con los músicos que eligió para grabar su primer disco? ¿Qué buscaba en cada uno de ellos para sumarlo al proyecto?
A todos los conocí estudiando en Nueva York. Ricky (Alexander, en saxo tenor y clarinete), Josh (Bailey, en batería) y Teddy (Motz, quien toca bajo en 5 temas) estaban tocando en mi banda desde que empezó el proyecto hace más de un año, cuando era un quinteto. Después fue tomando otra forma y agregamos dos caños (trombón y saxo alto) y vino Trevor (Brown en bajo) en lugar de Teddy. Cada uno aporta algo, en lo musical y en lo personal. Es un grupo de amigos que nos juntamos a hacer música y tengo la suerte y honor de que nos juntamos a tocar mis temas. El proyecto empezó como algo muy informal entre amigos que ahora estamos tratando de ponerle un poco más de seriedad. Y bueno, Alan Ferber… con él estudié composición y ayudó mucho en ponerle forma a algunos de los temas. Más allá de eso, y de ser un trombonista increíble -que gracias a Dios accedió a solear en “Minga”-, tiene una big band propia (nominada al Grammy) y me dio muchos consejos de cómo liderar una banda y cómo tratar una grabación, que al ser músico, líder, compositor y arreglador y algo como un productor todo a la misma vez, puede ser muy estresante. Gracias a sus consejos, y al increíble grupo de músicos que tengo, estos fueron dos de los días más divertidos de mi vida.

¿Cómo definiría a Subtitles?
Está la definición del título en si, y después lo que representa personalmente. El título, Subtítulos (en español), se debe a todas las influencias musicales: del jazz y blues, gospel, al klezmer, a la chacarera y el candombe, a las música armenia. Si fuese una película, en definitiva necesitarías subtítulos. Pero principalmente porque cuando era más joven hablaba muy cerrado, y todavía hablo muy cerrado. Mis amigos decían que necesitaban subtítulos para entenderme… y bueno, para poetizar un poco, ahora puedo decir que la música es mi subtítulo.
En cuanto a lo personal, el disco es un capítulo de mi vida. Lanzando el disco es casi como hacer borrón y cuenta nueva… bueno quizás no ‘borrón’, pero si cuenta nueva. Hay temas que compuse hace muchos años y los re-arreglé y terminé en Nueva York. Temas que merecían más que un simple video en Youtube. Son años de influencias, de exploraciones, de tristezas y de alegrías, de viajes, idas y vueltas. Después de la presentación oficial el 5 de noviembre, podemos ensayar temas nuevos… cosa que me pone muy contento.

El disco incluye una melodía del cura armenio Komitas Vartabed y una canción hebrea… ¿Qué lo impulsó a sumarlas al álbum?
La canción hebrea es un tema que compuse después de escuchar John Zorn y Masada Quartet sin para durante varias semanas. Ese estilo de música tiene una energía que me encanta, y deja espacio para hacer muchísimas cosas. También fue un momento en el cual estaba trabajando en la escuela en Buenos Aires, estaba tomando clases particulares y estudiando en la EMC de tarde/noche, ensayando y tocando con varias bandas y tratando de tener una vida social fuera de lo musical. Fueron unos años muy intensos e increíbles. El título, ‘Boker Gadol, Lailah Gadol’ significa ‘Gran mañana, gran noche’, reflejando un poco lo que estaba viviendo en ese momento.

El tema de Komitas, ‘Der Voghormia’, fue una melodía que arreglé para otro proyecto. En el 2013 toqué con un grupo de músicos armenios basados en Nueva York (soy mitad armenio) junto a Arto Tuncboyaciyan, un percusionista ganador del Grammy. Todos teníamos que aportar dos temas inspirados en música armenia. Yo me encontré con la música de Komitas y decidí simplemente hacer un arreglo del tema. Komitas fue un gran compositor y tiene temas increíbles. Tengo pensado hacer un proyecto dedicado enteramente su música en el futuro.

¿Cómo hizo para incluir en una sola canción a dos personas tan disímiles como Charles Mingus y Alfredo De Ángeli?
Fue más que nada una linda casualidad dada al momento en el que se me vino a la mente el tema. Fue justo cuando estaba el tema del paro agropecuario, y me acuerdo que Alfredo De Angeli no paraba de decir ‘minga’. Y yo justo escribiendo este tema casi dedicado a Mingus… si lo hacia un año antes, o si decidía hacer un tema dedicado a Coltrane o cualquier otro músico, no hubiese resultado. Y dio resultado, porque fueron unos meses con mucha tensión, con mucha dinámica y quilombo… y si hay algo que tiene la música de Mingus, es todo eso.

¿Qué expectativas tiene respecto de la presentación oficial del disco, que se realizará el próximo 5 de noviembre?
Con el septeto ya nos estamos preparando para el concierto. Ensayando más de lo común y con varias presentaciones pequeñas a modo de preparación. Tenemos a una amiga del grupo, Elsa Nilsson, excelente flautista de Suecia, y al percusionista/baterista argentino Franco Pinna, que nos van a acompañar. También va a estar Alan Ferber en el trombón, tocando unos temas. Vamos a rifar varias cosas y, claro, regalar el disco a quienes estén en el público. Quiero que todos se vayan a sus casas con algo, con el disco, con una gran experiencia o algo más. Si bien vamos a tener invitados, va a ser un concierto más para nosotros, que estamos acostumbrados a tocar por lo menos dos o tres veces por mes como banda. Pero quiero que sea algo realmente especial para el público. Y eso tiene que venir desde arriba del escenario.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com