20160910_123536El jazz es un género musical que permite la libre expresión de los músicos. Es un terreno virgen, donde las apreciaciones muchas veces no tienen lógica y donde los caminos por recorrer son infinitos.

En ocasiones, la búsqueda lleva a la introspección. Uno de los andariveles por el que decidió transitar Macarena Robledo con “Corazón Radar”, su último disco. La cantante muestra una faceta intimista, donde lo que predomina es la sensación de estar investigando, en cada canción, un poco de las sensaciones que recorrió Robledo y que trasmite con su cálida y dulce voz.

Con matices que se acercan y alejan del jazz, lo que reina en el material es un recorrido por lugares diferentes, con la premisa de contar con un instrumento (ese corazón que funciona como radar) que sirve para identificar los sonidos buscados.

En un formato poco tradicional, la cantante presentará este sábado 10 de septiembre en Estudio Diamante (ubicado en Pilar) un recital a ciegas acompañada por Pablo Motta (contrabajo) y Tomás Fares (piano y teclados). Se trata de un estudio de grabación, tres músicos y el público con los ojos cubiertos, donde la vibración de la voz y los instrumentos, la palabra, los aromas y los ambientes sonoros se fundirán en una experiencia que vale la pena vivir.

Por su parte, el bajista Milton Arias marca una diferencia sustancial: el jazz de “64. antes del fin” se aleja de los conceptos de Robledo. Por momentos tradicional, por otros más experimental, su último material -que puede descargarse de manera gratuita en www.miltonarias.com.ar– tiene varias canciones que mutan en una mezcla de las raíces latinoamericanas -con títulos tan nacionales como “Quirquincho” e internacionales como “Zizek (and so on, and so on)”– con la música que se creó en Estados Unidos.

El álbum fue grabado en vivo en Cocina de Culturas el 17 y 18 de febrero de 2014. El material cuentan con composiciones en un 100% de Arias y los aportes de su grupo, compuesto por Martín Barroso (piano), Lucas Ramírez (batería) y Lucas Acuña (guitarra).

Por momentos cercano al jazz modal que impuso Miles Davis, las canciones del segundo disco del músico cordobés cuentan también con el saxo tenor de Martín Dellavedona en “Quirquincho” y “Gordo José” que le aporta matices muy interesantes.

Por último, el saxofonista Hernán Samá muestra cómo el género sincopado puede volar de una manera mágica y misteriosa. Con sonidos impensados para un saxo tenor, Samá muestra la conexión de su música con el free jazz. Acerca al melómano con un mundo paralelo, dominado por los sonidos y los silencios. Esa forma de demostrar que lo importante es el todo.

A través de las doce canciones que grabó junto a Iván Viaggio (contrabajo) y Sebastián Stecher (batería), “Espiriteria” recorre un camino por momentos ríspidos, por otros audaces, donde las revolucionarias enseñanzas que trajo Ornette Coleman se muestran en su máximo esplendor.

Tal vez el detalle más interesante del álbum fue que tres de los temas (“Brevedad”, “Amoros” y “Camino Atahualpa”) fueron compuestas en tiempo real. Un recurso utilizado en los pleno auge del free jazz, pero poco común a la hora de registrar la música en un estudio de grabación.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com