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Adiós Negro

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El pasado sábado 7 de diciembre falleció el contrabajista Jorge “Negro” González, uno de los grandes músicos que tuvo la escena argentina de jazz y un batallador incansable de la difusión del genero local.

Algunos aseguran que fue uno de los pocos privilegiados que tocó con todos. Y la larga lista de nombres con los que compartió escenario pueden confirmar que así fue.

Se puede empezar la nómina por los integrantes de la banda a la que dio nacimiento en 1955 con Mauricio Percan en el clarinete, Michel Barandis en piano y Raúl Céspedes en batería: hablamos de Swing Timers.

La orquesta, que originalmente era de una sola palabra (Swingtimers, según le explicó González a Walter Thiers alguna vez), sufrió sólo dos modificaciones a lo largo de su historia. Céspedes fue reemplazado por Eduarso Casalla y Barandis por Jorge Navarro.

Si bien se desempeñó por más de 40 años con Swing Timers, eso no lo privó para formar parte de Quinteplus en los ’70, junto a Jorge Anders (saxo), Gustavo Bergalli (trompeta), Santiago Giacobbe (piano) y Carlos “Pocho” Lapouble (batería).

Con Néstor Astarita formó parte, en la década del ’50, del trío que lideró el inolviable pianista Rubén “Baby” López Fust. Y, en 1973, estarían ambos junto a Litto Nebbia transitando un poco de jazz y de bossa nova.

Pero la lista no se termina allí. Los ’60 lo encontrarían en otro de los legendarios tríos que tuvo la escena nacional, aquel que lideraba el pianista Alberto Favero y que tenía a Lapouble detrás de la batería.

Su papel como difusor del jazz arranca en esa década cuando fundó la Agrupación Nuevo Jazz junto a Rodolfo Alchourrón, Casalla, Mike Lerman, Alfredo Wolf, Giacobbe, Navarro y los hermanos Rubén y Leandro “Gato” Barbieri.

“La Agrupación organizó conciertos y charlas y difundió las nuevas corrientes del género, en un momento de inflexión para las formas de improvisación”, explicó Sergio Pujol en su libro “Jazz al Sur. Historia de la música Negra en la Argentina”.

Aunque su verdadero aporte llegó de la mano de Jazz & Pop. El local se ubicó en Chacabuco 508 fue abierto en 1978 y se mantuvo activo hasta 1984. Allí pasaron artistas internacionales de la talla de Chick Corea, y baluartes de la escena nacional como Enrique “Mono” Villegas o Roberto “Fats” Fernández.

Años después, tomó revancha y reabrió sus puertas, aunque esta vez fue en un local en la calle Paraná 340. Nombres y más nombres pasaron por allí: Hermeto Pascoal, Rubén Rada, Lito Epumer y Javier Martínez, entre otros tantos.

Tenía 79 años, pero su fuerza hizo que nunca abandonara su trabajo en Jazz & Pop. Difundiendo el jazz, el género que amaba.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Hugo Pierre: el adiós de un grande de la escena nacional

hpEl pasado jueves (3 de octubre) falleció el clarinetista y saxofonista Hugo Pierre, uno de los grandes talentos que tuvo el jazz argentino.

Sus orígenes musicales hay que buscarlos en Rosario (Santa Fe), donde comenzó estudiando clarinete en el Conservatorio Municipal (entre los años 1945 y 1950) y lo perfeccionó con Juan Grisiglione (hasta 1955).

Las primeras agrupaciones que integró fueron de su ciudad natal. Entre ellas, figuran las orquestas de Alberto Lac Prugeant y Adolfo de los Santos y la “Jazz Santa Mónica”, tal como recuerda Walter Thiers en “El Jazz criollo y otras yerbas”.

Mientras que sus inicios con el clarinete estuvieron marcados por las enseñanzas de sus maestros, con los saxofones la historia fue distinta: aprendió sólo a tocar el barítono, el soprano y el alto. Un verdadero autodidacta en el arte de hacer sonar los bronces de una manera maravillosa.

En 1955, con 19 años, decidió viajar a Buenos Aires y comenzó a trabajar de manera profesional con Héctor Lagna Fietta. En los años siguientes comenzó su contacto más directo con el jazz: las noches del Bop Club Argentino.

Allí se codeó con otros grandes músicos, como Baby López Frurst, Jorge López Ruiz, Lalo Schifrin y Leandro “Gato” Barbieri. Pero también encontró al “jazz moderno”, algo complicado de conseguir en aquella época.

En su libro “Jazz al Sur – La historia de la música negra en la Argentina”, Sergio Pujol rescató una vieja entrevista donde Pierre explicó lo complicado que era interpretar esta música, ya que lo que dominaba era lo “tradicional”.

“En cuanto a tocar jazz, lo hago cuando puedo. Depende de las oportunidades y a veces no abundan. En la Argentina se toca más jazz tradicional que moderno (esto no es una queja sino un hecho). Como yo toco moderno, tengo menos chances”, habría dicho por 1976.

Por eso tal vez su carrera incluye un poco de todo: la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta Estable del Teatro Colón, la Orquesta Sinfónica Nacional y las actuaciones junto a Julio Iglesias, Xavier Cugat y Edith Piaf.

Pero también pueden mencionarse sus actuaciones junto a tres grandes cantantes norteamericanos: Tony Bennett, Sammy Davis Jr. y Nat King Cole.

No obstante, eso no fue un impedimento para hacer jazz. Tal vez las intervenciones más recordadas fueron las que realizó en dúo junto con Gerardo Gandini, cuando interpretaron obras de George Gershwin y Duke Ellinton.

Mención aparte merece La Banda Elástica. Fue en 1988 cuando se unió a la agrupación que estaba formada por Ernesto Acher, Jorge Navarro, Juan Amaral, Ricardo Lew, Enrique Roizner, Carlos Constantini y Enrique Varela.

Con ellos realizó varias grabaciones y presentaciones. Sobresales las visitas a Mar del Plata y a países vecinos como Uruguay, Brasil y Paraguay.

Desde 1995 dirigía el Cuarteto de Saxofones que llevaba su nombre y que estaba conformado por Andrés Robles, Jorge Scarinchi y Pablo Scaglia. Su repertorio no sólo contaba con jazz, sino que también incluía tango, folklore y música clásica.

Tuvo una amplia carrera como docente, que incluyó el profesorado en la cátedra de saxo en el Conservatorio Nacional de Música y la cátedra de clarinete en la Universidad Católica Argentina. Además, fue autor del programa de estudios de la cátedra de jazz de la Escuela de Música Popular de la Provincia de Buenos Aires.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

 

El jazz no lo va a extrañar

walter malosettiEl lunes (29 de julio de 2013) falleció Walter Rufino Malosetti.

Con la partida del excelente guitarrista cordobés, el jazz estará de luto. Pero, creo, que no lo va a extrañar.

Y me atrevo a asegurar eso porque Walter dejó tras de sí una carrera brillante, que se inició por los años ’50 y que no se detuvo hasta poco antes de su partida.

Porque en su camino formó parte de grupos memorables, como California Ramblers, Guardia Vieja Jazz Band, The Georgians Jazz Band y Walter Malosetti Trío.

Mención aparte merece Swing 39, la banda que contó con Héctor López Furst, Carlos Acosta, Héctor Basso, Marcelo Buscio y Ricardo Pellican, que fue la versión argentina del quintento del Hot Club de Francia, como lo definió Sergio Pujol en “Jazz al Sur – Historia de la música negra en la Argentina”.

Su talento lo llevó a ser considerado por algunos doctrinarios del jazz como el heredero -nada más y nada menos- que de Oscar Alemán, uno de los guitarristas argentinos más reconocidos a nivel local e internacional.

Eternamente agradecido quedó Walter cuando Oscar lo invitó a formar parte del disco “Alemán ’72”, la grabación que contó con otros grandes de la escena nacional como Néstor Astarita, Jorge González, Norberto Minichillo, Aníbal Fuentes y Johnny Quaglia.

Insisto. El jazz no lo va a extrañar porque nadie olvidará que compartió escenario también con figuras de la talla de Chuck Wayne, Didier Lockwood, Jim Hall, Leandro “Gato” Barbieri, Hernán Oliva, Earl Hines, Roberto “Fats” Fernández, Enrique “Mono” Villegas, Lalo Shifrin, Joe Pass, Teddy Wilson, Enrique Varela, Gustavo Bergalli y más. Muchos más.

Pero además porque dejó tras de sí una veintena de discos entre los que se destacan los realizados como solista (All of me, Tributo a Django Reinhardt y PALM, por mencionar algunos) y los seis registrados con Swing 39.

Me resisto a pensar que sus libros quedarán en el olvido o que serán quemados como en Fahreinheit 451. Walter Thiers toma lista en “El Jazz Criollo y otras yerbas” de todos ellos: Iniciación guitarrística, Bases de improvisación para guitarra, Armonía de blues, Jazz para guitarra, El libro de las escalas, Música de jazz para guitarra española, Música para guitarra, Lectura I y Método de acompañamiento guitarra jazz. Y creo que esas publicaciones permanecerán en la literatura de generaciones que deseen aprender y mejorar su forma de tocar jazz con la guitarra.

Eso sin contar con su “Escuela Superior de Jazz”, que seguirá forjando a grandes músicos. Músicos como su hijo, Javier, que ama al jazz tanto como su padre y con quién compartió formaciones (Satch) y grabaciones.

En definitiva, el jazz no lo va a extrañar porque a los grandes los deja en la vidriera para que las generaciones que vienen se iluminen con ellos, con los mejores. Como un ejemplo a seguir. Una estrella.

Los que lo vamos a extrañar somos nosotros, los que aprendimos de Walter el amor que se puede tener por la música, por un instrumento, por el jazz. Por eso, sólo digo: adiós maestro.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

Enrique Villegas: un grande de la escena del jazz nacional

Era conocido como Mono, Quasimodo, Loco o Villeguita.

También, fue apodado por sus íntimos, según le comentó a Walter Thiers en una entrevista, como enano asqueroso, Rigoletto, maldito, petiso inmundo o José Power HP.

Sin embargo, a Enrique Villegas le caben perfectamente otros como genio, maestro o fenómeno, sobre todo, si se tiene en cuenta la maravillosa obra de este excelente pianista.

Nacido en Recoleta el 3 de agosto de 1913, fue un músico por naturaleza que decidió abandonar el Normal Mariano Acosta para dedicarse de lleno al piano.

Creía innecesario destinar tiempo de su vida a ser alguien que no quería ser. Ni abogado, ni médico, ni ingeniero. Él quería ser músico, y eso fue lo que hizo.

Estudió con el padre de René Cóspito, uno de los pioneros del jazz en la Argentina, y pronto demostró ser un verdadero talentoso.

Ejemplos de ello fue la magnífica interpretación que hizo en 1971 de Rhapsody in Blue, de George Gershwin, o la presentación en el Teatro Colón de Buenos Aires en la que reprodujo el “Concierto para piano y orquesta” de Maurice Ravel en 1932.

Era un profesional que discutía con sus colegas sobre el modo de tocar cada ritmo. “Toda la música del mundo la toco yo y la toco como es”, afirmaba porque creía que para interpretar como correspondía cada género era necesario hacerlo como lo hacían sus creadores y no como “creían” que lo hacían.

Afirmaba, por ejemplo, con respecto del jazz que “cuando quiero tocar jazz, imito a los negros americanos”.

Y su escuela se encontraba en las melodías de Duke Ellington y en la de Art Tatum, dos de los mejores pianistas de jazz de todos los tiempos.

Algunos lo consideraban un malhumorado. Sin embargo, le encantaba conversar y tenía un bagaje cultural y musical sorprendente. Incluso, supo cultivar la amistad con Macedonio Fernández y siempre escuchaba a Jorge Luis Borges, ya que, según Villegas, eran los únicos que lo podían hacerlo callar.

Entre su obra musical más saliente se puede mencionar su famosa “Jazzeta”, de 1941, que tal como cita Sergio Pujol en su libro “Jazz al Sur”, fue recibido con mucho gusto por la crítica.

La revista Sintonía, según expresó Pujol en su obra, afirmó en aquella ocasión: “Hemos sido gratamente sorprendidos por un trabajo musical de méritos poco frecuentes que debemos a la adelantada pluma del pianista Enrique Villegas”.

No hay que olvidar que en 1945 fue contratado por el sello Columbia para grabar junto a Cozy Cole y Milton Hinton, con quienes registró dos discos: “Introducing Villegas” y “Very, Very Villegas”.

El resto de los materiales fueron editados por la discográfica Trova, que, pese al excelente nivel, no tuvo su éxito comercial. “Los que gustan de la buena música son pocos”, le dijo a Thiers en alguna ocasión.

Y tal como puede leerse en “El jazz criollo y otras yerbas”, del mismo Thiers, Villegas resumió pocas palabras lo que representaba el mundo perverso de los sellos musicales: “En 10 años grabé una serie de discos (…) y los resultados fue que nunca sobrepasé en total los nueve mil ejemplares. La mala música, en cambio, a la que tantas veces se califica de popular, obtiene ingresos insospechados y sus intérpretes logran la aprobación de entusiastas auditores”.

Una de las máximas del maestro fue la de convencer a dos de los músicos de la orquesta de Duke Ellington (que había finalizado una gira por Buenos Aires) para que toquen junto a él.

Ese material, acompañado del saxofonista Paul Gonsalvez y del trompetista Willie Cook (músicos de Duke) y con Alfredo Remus (contrabajo) y Eduardo Casalla (batería) fue inmortalizado por Trova, en el disco “Encuentro”.

Trabajador incansable, reconocido por admiradores y críticos, abandonó este mundo a los 72 años, el 11 de julio de 1986, en la Ciudad de Buenos Aires. Pese a que fue olvidado por muchos años, sus verdaderos amigos lo recuerdan siempre. Y lo eternizaron como merece.

Gonzalo Chicote.
animalesdeljazz@hotmail.com