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Ellington, Coltrane y un disco con mucho respeto

Duke Ellington & John ColtraneEl 26 de septiembre de 1963, el saxofonista John Coltrane y el pianista Edward “Duke” Ellington cumplieron con un viejo anhelo del productor Bob Thiele: que ambos graben un disco para Impulse Records.

Apenas unos días antes había logrado que otro de sus sueños se hiciera realidad, cuando Duke registró un álbum junto Coleman Hawkins que se llamó “Duke Ellington meets Coleman Hawkins”.

La gran diferencia fue que en la primera oportunidad el pianista deseaba trabajar con el saxofonista. Incluso, hasta le había manifestado su deseo unos veinte años antes (o diecinueve, dieciocho o hasta diecisiete, según explicó Hawkins).

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(des) Amores

descarga (1)“Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir a veces por la noche cuando todo el mundo duerme. Le digo ya sé que estás ahí, no te pongas triste. Luego lo vuelvo a introducir, y él canta un poquito ahí dentro, no le he dejado morir del todo y dormimos juntos así con nuestro pacto secreto y es tan tierno como para hacer llorar a un hombre, pero yo no lloro, ¿Lloras tú?”. Charles Bukowski, Pájaro azul.

 

Miles Davis, John Coltrane. John Coltrane, Miles Davis. El primero, desde su primer pinchazo con el saxofonista Gene Ammons hasta su vuelta de Europa se encontraba prácticamente inválido en la música. Su arte, su vida amputada por la heroína. Inempleable y virtuoso. Con un talento creativo singular. Original y controversial. El hedonismo en la música, todo bajo su control. El segundo, un poco más joven, haciendo sus primeros pasos en la banda de Dizzy Gillespie. Un saxo que deslumbraba por su estilo al solear, de tintes introspectivos y muy atractivos. También adicto. La Nueva York de mediados de los 50 los esperaba para empezar a escribir sobre pentagramas y humo una de las partes más importantes de la historia de la música. Las brasas de un trago corto que buscan ser fuego. Pero a todo esto, ¿quién hubiese sido capaz de afirmar qué estos dos músicos, desde su primer encuentro hasta el último, calarían con un estilo tan profundo, tan original que hasta el día de hoy todos siguen tomando como referencia a la hora de componer e interpretar? Dos nombres que se cruzaban para ir, en paralelo, conformando una relación de tantos contrastes como similitudes, de equilibrios y desequilibrios, de un atractivo estético como pocas. Creando desde los opuestos.

Todo parece arrancar en el Newport de 1955 cuando sube a tocar con una formación de pesos pesados incluyendo al bestial Thelonious Monk en las teclas, despachándose con una presentación genial. Ya lejos de las sustancias, con una previa estadía desintoxicante en la casa de sus padres en su Illinois natal, se presenta. Más afilado, más sólido, más elástico. Round Midnight y un solo de trompeta especial, cargado de muchas cosas. Tamizado por una sordina Harmon lo escuchamos desgarrarse, liberarse. Marcado por su estilo largo y tendido. Vanidoso. Los ojos se posan en esta figura resurrecta. Se posan nuevamente en su talento. Aquí comienza nuestra historia: Columbia le ofrece un contrato imposible de rechazar pero su nombre se encuentra bajo la firma de Prestige, compañía de jazz más chica que lo acompañó a Miles bastante tiempo, transformándolo casi en un jefe creativo.

Su banda era capaz de seguirle los pasos. Más que capaces, estaban preparados para esto: la afinidad con el pianista Red Garland, con el batero Philly Joe Jones y con el bajista Paul Chambers es más fuerte que nunca. Las ideas para esta nueva relación artística con Columbia están en el aire. En esta aventura, Miles se topa con un problema de difícil solución: encontrar otro caño que lo acompañe en sus creaciones melódicas y que tenga una personalidad particular a la hora de improvisar. Con un Sonny Rollins frenetizado por el ritmo de Nueva York, que se comía a los artistas vivos con sus vicios, viéndose obligado a ir para Chicago y limpiarse de sus hábitos y excesos para retomar sus andanzas con el tenor. Entonces se llama a Cannonball Adderley, uno de los altos más influyentes de la música negra. Pero este, maestro de escuela en Florida, tiene que rechazar la propuesta de entrar a grabar con Davis y los suyos por sus compromisos escolares. Su reemplazo cantado es John Gilmore, que se encuentra tocando también con la exótica Sun Ra Arkestra. Pero a Miles se le ocurre llamar al principal admirador de John Gilmore y favorito de su baterista. El primer gran quinteto de Miles lo completa John Coltrane. Empiezan a grabar con Prestige y con Columbia. Relaxin’, Cookin’, Steamin’ y Workin’ se graban para Prestige como últimos discos del Miles Davis Quintet. En el mismo estudio trabajan para Columbia. Para que nadie se entere. O para que todos se enteren. Las grabaciones para estos solo verían la luz una vez finalizado el contrato con Prestige.

Quien se empuja y se sobreexige buscando definir su propia identidad muchas veces termina chocando con paredes muy grandes. Y es necesario. Es necesario sobreexigirse. Es necesario chocar. La rebeldía y la innovación siempre van de la mano. Pero también existe esa pizca de autocontrol que hace de los más revolucionarios verdaderos genios. Piezas únicas en esta vida. Que perduran en el inconsciente colectivo. Almas que encuentran sencillo compartirse. Y no esperan nada a cambio, les importa muy poco las repercusiones. Con desmesurada simpleza crean. Y creen en lo que crean.

La relación de estos dos músicos describe una parábola con su punto más alto casi sobre su final. Graban Round About Midnight, Jazz Track, Milestones, pero la piedra angular del entrelazamiento de uno de los saxos más poderosos y de una de las mentes más creativas en la música es su último disco, Kind of Blue. Una cortina mística, como neblinosa que recubre casi una hora de innovaciones, ideas que se vienen gestando desde Milestones pero que se consuman en composiciones de una simpleza oscura, intrigante. Ya como un sexteto, confirmándose la participación de Cannonball, emprenden un viaje por estructuras armónicas simples y lo transitan con tantas expresiones personales que cada instrumento a lo largo del disco es como un personaje aparte. Personajes aparte. Miles economiza notas en sus solos, aprovecha esos grandes espacios que le ceden el piano y el bajo acompañados por la batería. Un clima que hoy idealizamos, solemne. Despojado de algo que lo ajetreaba duro. Comanda liberando otra energía. Trane, por otro lado, desbalancea el equilibrio que proponen estos modales y entra llenándolo todo de notas. Sin caer en lo absurdo o hipnotizante. Repite frases, y con un sonido exuberante busca despegarse un poco de eso que el trompetista tenía pensado para él. Disco poco atractivo para aquellos seres de la complejidad pero estos finos susurros cuasi minimalistas para los tiempos que corren son la descripción de una sociedad rota. La lucha interna de muchos para alejarse de los vicios. El virtuosismo que demuestra que, sin ensayar un solo pasaje previa grabación y el solo hecho de meter seis gigantes del jazz en un solo estudio, puede salir una joya.

Desde esta particular expresión de libertad, que termina siendo un todo repleto de diminutos conceptos que explican la vida misma: la simpleza, la armonía, la melancolía, el tiempo, la noche, el trabajo, la unión, su fragmentación, estos dos músicos no volvieron a publicar sus creaciones sustantivas en conjunto. De hecho, tomaron dos caminos distintos. Dos caminos separados. Uno, la fusión y la psicodélia. El otro, el de reflejar en el jazz su vida. Vértigo y velocidad. Cargados de una angustia y melancolía existencial como pocos. Un par de años más hasta que esa llama se apague. Un par de años más de Coltrane, muchos más de Miles. Pensar el “que hubiese pasado si…” es absurdo. Hay que tomar los hechos como tales. Una relación turbulenta, marcada por la droga pero más marcada aún por su música. Una relación que nos deja la belleza oscura y blusera (espero que no suene reiterativo) de Kind of Blue. Ese disco que nos transmite un otoño de amor o una vida entera de desencuentros. El scotch ámbar abrasando los hielos. Hasta quemarlos. El frío de la noche. O la simpleza de un par de palabras bien dichas.

Joaquin Cruzalegui
Blog: La ciudad desde el arte

Eric Dolphy: el clarinetista que cautivó a los amantes del jazz

Eric+Dolphy+_Pocos fueron los músicos de jazz que se animaron a utilizar instrumentos de viento tan ajenos como el clarinete.

Sin embargo, Eric Dolphy lo hizo. Y no sólo eso, sino que a fuerza de tocar otros como el saxo alto y el flauta, logró ponerse a la vanguardia de todos sus colegas.

Y sólo le bastaron seis años de carrera profesional para romper con todas las estructuras.

Nació el 20 de junio de 1928 en la ciudad de Los Ángeles (California – Estados Unidos) y de niño se interesó mucho por la música. Tanto, que sus padres decidieron montarle un pequeño estudio en su patio.

Con sólo siete años ya había aprendido a tocar el clarinete y el oboe. En su adolescencia se cambió al saxo alto luego de escuchar a Charlie Parker.

Si bien sus primeras grabaciones llegarían entre 1948 y 1950, cuando forma parte de la banda de Roy Porter, su fama llega en 1958 cuando se une a la banda de Chico Hamilton.

El crecimiento que tuvo de allí en más fue magnífico: en los años sesenta se junta con el contrabajista Charles Mingus y graban varios discos que son magníficos, como el recordado “Mingus Mingus Mingus Mingus Mingus”.

Pero no sólo eso, sino que se atreve a trabajar con personajes tan disímiles como Ornette Coleman (donde tocando free jazz) y con Oliver Nelson (más cercano al bebop).

Otro de los grandes músicos con los que compartió escenario fue con John Coltrane.

Junto a Trane participó de las memorables noches de Village Vanguard en noviembre de 1961 que dieron vida a dos discos que registró el sello Impulse: Impressions y Live! at the Village Vanguard.

Además, fue una de las figuras salientes de la discográfica Prestige con la que grabó 13 álbumes. Aunque su obra cumbre, Out to Lunch!, llegó de la mano de Blue Note en 1964.

No obstante, surfeando en la cresta de la ola del éxito y con apenas 36 años de vida, abandona este mundo a causa de una diabetes. Fue la extraña Berlín la que se despidió de Dolphy el 29 de junio de 1964.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Un disco cósmico que nació dos veces

En la historia de las discográficas existen millones de casos en los que las empresas lanzan nuevamente materiales que ya habían sido editados con anterioridad.

Algunas veces se utiliza como excusa el cumplimiento de algún aniversario para reeditar el material. El ejemplo es Kind of Blue de Miles Davis, que salió con un doble CD + DVD cuando cumplió 50 años de vida.

Otras veces, más comercial, pueden aprovecharse del gran momento que pasa el artista para intentar posicionar en el mercado algo que alguna vez se grabó y que, por alguna razón, nunca vio la luz. Por caso, Avant Garde, de John Coltrane y Don Cherry.

Pero algunas pueden ocurrir algo distinto. Incluso raro. Como que se lance dos veces con una diferencia de tan sólo un año.

Esto fue lo que sucedió con Cosmic Music, de John y Alice Coltrane que fue publicado por Coltrane Records en 1968 y por Impulse en 1969.

La historia fue así: en 1966 John decide hacer algunas grabaciones con el quinteto que estaba integrado por su esposa, Alice, y por Pharoah Sanders, Jimmy Garrison y Rashied Ali.

A mediados de 1967, el mundo del jazz lamenta la pérdida de uno de sus hijos pródigos: Trane abandona este mundo producto de un cáncer de hígado.

Las grabaciones permanecieron guardadas en una de las propiedades del saxofonista, hasta que su esposa decide juntar el material y producirlo para lanzarlo con el sello de la familia Coltrane.

Alice tomó dos temas de aquella grabación y los juntó con otros dos que habían grabado con una banda casi similar (sólo que en vez de Ali, participó Ben Riley en la batería) en su estudio casero.

Así, Manifestation, Reverend King, The Sun y Lord, Help Me To Be conformaron Cosmic Music, el primer disco que lanzó Coltrane Records.

Sin embargo, en medio de este movimiento, el sello Impulso -que fue uno de los auspiciantes del gran saxofonista norteamericano- no quiso perderse el negocio y le propuso un trato a Alice, que era la que poseía los derechos de explotación de las grabaciones de su marido.

El acuerdo consistía principalmente en que ella se encargue de la música y que la producción –incluida el arte de tapa y el material gráfico- se quede en manos de la discográfica.

Sin dudas fue un acierto. El primer disco era -en términos de arte de tapa- realmente horrible. No decía nada de nada y, a no ser que se trataba de uno de los mejores saxofonistas de la historia del jazz, probablemente nadie lo hubiese comprado.

Tal como describe el libro que escribió Ashley Kahn, “El sello que Coltrane impulsó. Impulse Records: la historia”, la discográfica publicó Cosmic Music en 1969 con una cubierta que presentaba una fotografía hecha por Jim Marshall de Coltrane y ponía el acento en el tema que el músico le dedicó a Martin Luther King Jr.

El disco recibió críticas muy buenas en la época. Incluso, la revista Rolling Stone dijo que “el fervor de este disco -hecho a partir de grabaciones que su mujer encontró tras la muerte de John- pone los pelos de punta”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

La Vanguardia, en manos de John Coltrane y Don Cherry

En 1966 salió a la venta un disco que pudo haber quedado como parte de la innumerable cantidad de cintas que permanecen dormidas en las grandes discográficas.

Ocurre que, de no ser por el crecimiento musical y popular de John Coltrane, Avant Garde tal vez hubiese quedado en las tinieblas.

Lo que hace grande a este disco es el hecho de ser el único en el que estos dos maestros del free jazz se mostraron juntos. Hablamos de Coltrane y de Don Cherry.

Entre el 28 de junio y el 8 de julio de 1960 estos excelentes músicos se juntaron para hacer unas grabaciones para el sello Atlantic y registraron cinco temas que vieron la luz recién seis años después.

Por aquel entonces, Ornette Coleman había desafiado a todos con sus originales y provocadores The Shape of Jazz to Come, Change of Century y Free Jazz, donde Cherry fue uno sus acompañantes.

Otros de los que participaron en aquellos discos fueron Charlie Haden (en contrabajo) y Ed Blackwell (en batería), que también formaron parte del cuarteto de Avant Garde. Salvo en dos temas, donde Percy Heath reemplazó a Haden en el bajo.

En aquella época, Trane ya había formado parte de King of Blue (el mejor disco de la historia, según los especialistas), lanzó Giant Steep (un verdadero desafío para los músicos profesionales) y logró su mayor éxito: A Love Supreme.

Sin dudas, su nombre era uno de los más mencionados y, ya lejos de Atlantic, desde la discográfica vieron el negocio, por suerte.

El disco contenía tres temas de Coleman, el gran maestro del free jazz: Focus on Sanity, The Blessing y The Invisible.

Y lo completaban Cherry-Co de Don Cherry y Bemsha swing de Thelonious Monk. Acá el segundo tema:

Ya separados, ambos músicos siguieron trabajando dentro del free y buscando nuevos rumbos dentro y fuera del género. Y quedaron en la historia como grandes exponentes del jazz moderno.

Gonzalo Chicote.