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Jorge Anders: las lecciones de un Maestro que enseña sin dar clases

Jorge Anders orquestaA Jorge Anders le gusta que lo llamen Maestro. Se le nota cada vez que cuenta una anécdota en la alguien le pide un consejo -que siempre da como una flecha en el centro del blanco- y que se lo agradece, según sus palabras, de la misma manera: “Gracias, maestro”. Esa última palabra hace brillar sus ojos. Pero no hay soberbia ni vanidad, sino el orgullo de pertenecer a una raza especial de músicos, esa en la que no hay que dar clases para ser maestro. En una larga charla que mantuvo con Animales del Jazz aseguró que a él no le interesa enseñar. ”No tengo tiempo, ni tengo ganas”, afirma, como al pasar. Claro que, en realidad, mantener una conversación con él es suficiente para aprender.
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Bebo Valdés: el pianista que le puso “ritmo” al jazz

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Si hay algo que caracteriza a la música del Caribe es su “ritmo”. Y si existe un lugar que es sinónimo de esta palabra, sin dudas ese es Cuba.

Justamente, es allí de donde provino Bebo Valdés que, junto a otros como Mario Bauzá, Chano Pozo o Tito Puente, fue partícipe de la introducción de un poco de “latino” al jazz.

Nacido en Quivicán el 9 de octubre de 1918, Ramón Emilio Valdés Amaro se dedicó de pequeño a tocar el piano en cuanto lugar pudiera, formando parte de varias bandas juveniles.

En su adolescencia comenzó su carrera profesional participando de la orquesta de Julio Cueva, una de las más populares de Cuba.

Ya en la década del cuarenta empieza a trabajar junto a Armando Romeu en el cabaret “Tropicana” convirtiéndose, luego, en el asesor musical del lugar.

Subieron junto a él en el escenario grandes artistas norteamericanos, como el cantante Nat King Cole.

La fama dentro del jazz llegaría en 1952 de la mano del productor Norman Granz quién decidió grabar la primera “descarga” en la isla.

Estas “descargas” no eran otra cosa que el primo latino de las jams sessons, es decir, el momento en el que los músicos se juntan a tocar e improvisar.

En los años sesenta, Bebo viaja a México para colaborar con Lucho Gatica, un cantante de boleros chileno. Además, en aquella época emprendió una gira por Europa junto a la banda “Habana Cuban Boys”.

Esos aires trajeron un gran cambio: decidió abandonar Cuba y exiliarse en Estocolmo (Suecia). Allí se casó y formó una nueva familia, dejando atrás a su esposa y a cinco hijos. Uno de ellos era Chucho Valdés, quien seguiría sus pasos el piano y en el jazz.

Tuvieron que pasar treinta años hasta que Paquito D’ Rivera lo sacó de su letargo en 1994, cuando lo invita a grabar Bebo Rides Again. A partir de allí y pese a cargar con 76 años vuelve al ruedo musical.

En el 2000 forma parte de la película Calle 54, del director Fernando Trueba, y participa de la grabación de la banda sonora junto a músicos de la talla de Puente, Eliane Elias, Jerry González, Michel Camilo, D’Rivera, Cachao y su propio hijo, Chucho.

También se hizo lugar para trabajar junto con el cantante de flamenco Diego El Cigala, con quién registra el disco “Lágrimas Negras”.

Su último disco fue junto a Chucho y se tituló “Juntos para siempre”. Esa fue la consigna que siguió su hijo en los últimos días de su vida. Se había trasladado a Benalmádena (MálagaEspaña), para cuidar a Bebo en sus últimos días.

Chucho no pudo evitar que su nueva familia lo trasladara a Estocolmo, donde falleció el pasado 22 de marzo. Pero su felicidad fue tener la posibilidad de quedar inmortalizado junto a Bebo en un disco. Justos para siempre.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com