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Baile con mucho swing, en la última jornada del Festival Buenos Aires Jazz.16

La Glorieta de Barrancas de Belgrano está acostumbrada al baile y a la música. Desde hace tiempo recibe a quienes disfrutan del tango y acuden, religiosamente, cada lunes a las 20.30 horas para milonguear. Sin embargo, esta vez la matiné se vistió de jazz y los bailarines se movieron al ritmo del swing que impuso Marina Quiroga y sus Héroes del Swing.
Las clases de baile fueron una de las novedades que incluyó el “Festival Internacional Buenos Aires Jazz.16” y estuvieron presentes en otras sedes: en el Resurgimiento (con Biggeri Bros Swing Dance), en el Carlos Gardel (con Swing Out Studio) y en el Julián Centeno (con Swing City).
Al respecto, el director artístico del evento, Adrián Iaies, aseguró a Animales del Jazz que la idea era seguir sumando y por eso fue que incorporaron las clases de baile en esta edición. “Así como el Festival tiene una jam, tiene conciertos, un ciclo de cine, clases y un montón de actividades que son aledañas al género, el baile está como la más pura esencia del inicio del jazz”, señaló. Y añadió: “Las orquestas tocaban para que la gente escuche y baile. La gente bailaba con Duke Ellington, Count Basie, Artie Shaw, Benny Goodman, Glenn Miller; están en el más puro espíritu del asunto”.
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Veinte años sin scat

01La mejor manera de explicarle a una persona qué es el scat, es hacerle escuchar la versión de “Take the ‘A’ Train” (aquella canción que creó Billy Stayhorn para Duke Ellington) en la voz de Ella Fitzgerald.

No porque la cantante nacida en Newport News (Estados Unidos) en 1917 haya sido la creadora de esa técnica vocal y mucho menos porque es una característica elemental del jazz, sino más bien porque ella fue un excelente exponente.

Fiztgerald comenzó a sumar el scat en su repertorio luego de familiarizarse con la creciente escena del bebop. Las largas noches que pasaba escuchando a Dizzy Gillespie y compañía, le ayudó a madurar esa modalidad de canto.

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Las vueltas de la vida sobre un canto rodado

En el itinerario popular, una de las frases que más se repite es la que menciona “las vueltas de la vida”.

Cualquier excusa es buena para pronunciarla. “Me encontré con Arturo, después de 20 años sin verlo, en el mismo lugar de siempre. Lo que son las vueltas de la vida”. Y así hasta el hartazgo.

El mundo del jazz no puede estar exento de esto. Y las relaciones pueden girar de formas raras, pero llegan al mismo lugar.

Un viejo blusmen, Muddy Waters cautivó al público norteamericano con sus sonidos eléctricos, sus bajos Fender y una peculiar forma de tocar la guitarra con una botella de cerveza, produciendo notas que se deslizaban por las canciones.

Esos ruidos fascinantes influyeron directamente en un género que se popularizaría unos años después en el mundo: el rock. Pero sin apresurarnos en el tiempo, podemos decir también que el blues también formó parte de las raíces más profundas del jazz.

En la Chicago de los `40, no había persona que no hablara de McKinley Morganfield (tal era su verdadero nombre) y su fama le permitió que cruzara el Océano Atlántico y visitar Gran Bretaña.

Su gira, realizada en 1958, generó sensación entre las nacientes bandas inglesas. Tanto The Beatles como The Rolling Stones quedaron marcados por esos sonidos eléctricos.

Incluso, algunos especialistas coinciden en que la canción Rolling Stones de Muddy Waters fue la que inspiró a un joven Bob Dylan a escribir Like a Rolling Stone. Pero no sólo eso: también sostienen que inspiró los nombres del grupo liderado por Mick Jagger y el de la revista especializada.

Las vueltas de la vida hicieron que el jazz y el rock se juntaran. Pero no en una fusión, sino en un álbum de la banda inglesa titulado “Devils and Deserts”, que fue grabado el 13 de diciembre de 1981.

La primera canción del disco es, justamente, Take the “A” Train, uno de los temas más famosos del genial pianista Duke Ellington.

Y no fue la única vez. En el álbum “Still Life” grabado en 1982, la melodía previa al tema Under My Thumb también es la de Duke.

De esta manera, el blues dio nacimiento al jazz, inspiró al rock y éste se juntó con el jazz, todo en torno a una sola persona. Y es así, las vueltas de la vida nos pueden llevar a girar arriba de un pequeño canto rodado.

Gonzalo Chicote.