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John Hammond: 29 años sin el “cazatalentos” del jazz

102419Un día como hoy, pero de 1987, fallecía el crítico y productor discográfico norteamericano John Hammond, uno de las personas que más luchó por la integración de razas dentro del género sincopado.

Hammond había nacido en cuna de oro. Miembro de una familia acomodada, fue criado en un ambiente lujoso en la parte oriental de la ciudad de Nueva York y desde niño mostró interés por la música.

Sin embargo, no se hizo famoso por su talento musical. Por el contrario, su mayor capital fue la visión para detectar talentos. Y vaya si tenía un gran don para ello, sobre todo, si de músicos de jazz se trataba.

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El jazz de Woody Allen

El director estadounidense Woody Allen es un amante del jazz. Tanto, que casi no pasa ni una sola película en la que sume alguna canción interpretada por los grandes músicos del género sincopado.

Desde “Blue Jasmine” hasta “Radio Days”, pasando por otros films como “Midnight in Paris”, “Hannah and her sisters”, “Annie Hall”, “The Purple Rose of Cairo” y “Melinda & Melinda”, en todas se puede hallar un poco de Duke Ellington, Louis Armstrong o Billie Holiday.

Tanta es la afición del director que hubo quien se animó a hacer una compilación que derivó en una serie de discos donde se juntan unos cuarenta temas de jazz que figuraron como parte de la banda sonora de alguna de sus películas.

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El renacimiento del trompetista que iluminó a Louis Armstrong

bunk2Vueltas y vueltas. El mundo, como dice el tango del gran Dicepolín, yira-yira. Y, por cada ronda, trae y lleva. A veces, lo que se va nunca vuelve. Pero, en otras tantas ocasiones, sucede lo contrario.

William Geary “Bunk” Johnson daba clases de música y trabajaba de lo que podía cuando el historiador William Russell los rescató del olvido, cuando recopilaba datos y entrevistaba a los grandes del jazz a fines de 1930.

En un diálogo con el ya archiconocido Louis Armstrong, fue mencionado como uno de los trompetistas que lo marcaron a fuego. Así como King Oliver lo ayudó a entender la música, Jonhson fue -según Sachmo– quien lo influenció en sus comienzos.

Pero ¿de donde surgía este enigmático personaje? ¿Qué camino había recorrido como para que Armstrong lo mencionara?.

Para ello, hay que viajar mentalmente a Nueva Orleans (como no podía ser de otro modo). Más precisamente a fines de 1800 y principios del 1900.

Bunk inició su carrera de la mano de Adam Olivier en 1889 y con posterioridad participó activamente de la Superior Orchestra.

Muchos aseguran que también formó parte de la mítica Eagle Band que dirigió Boddy Boldon (señalado como el primer músico de jazz), aunque los historiadores creen que lo hizo sólo en contadas ocasiones.

Lo cierto es que el trompetista sobresalía del resto y tenía un futuro venturoso. Como muchos músicos contemporáneos, abandonó la ciudad y marchó hacia Chicago, tocando en distintos espectáculos.

Su carrera se vería detenida violentamente en 1931, cuando se inició una pelea en Rayne (Lousiana) donde se había presentado a tocar y uno de los músicos que lo acompañaban fue asesinado. En el mismo episodio, él perdió su trompeta y parte de su dentadura.

Todo parecía perdido. Se sabe lo imposible que es tocar ese instrumento sin dientes. Pero, de la mano de Russell, se revirtió su pésima situación.

Primero, el hermano dentista de Sidney Bechet (Leonard) fue el encargado de reparar esa boca dañada. Luego, llegó el bronce y, con él, resurgió la magia del trompetista.

Creó la New Orleans Band y sus primeras grabaciones llegaron en 1942, de la mano del sello de Russell American Music, donde quedaron registrados temas inolvidables como High Society, I Can’t Escape From You y Tiger Rag.

 

En los años 1945 y 1946 realizó varias giras por diversos lugares de los Estados Unidos, como las de Nueva York.

Sin embargo, su salud no lo acompañaba. Y, mientras más crecía su popularidad y se relanzaba su carrera, tuvo un derrame cerebral que impidió que continuara.

Se despidió de este mundo el 7 de julio de 1949, unos meses antes de cumplir los setenta años. La New Orleans Band continuó de la mano de George Lewis y dio el puntapié inicial para el revival que llegó en los 50 de la música que nació en Storyville.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

El rey de la selva del stride

the lionUn poco antes de que el jazz terminara de tomar forma, uno de los estilos musicales que lo tiñó de ritmo sincopado estaba en la cresta de la ola.

En efecto, el ragtime era lo que sonaba a finales del siglo XIX y principios del XX. Incluso hoy en día esas canciones siguen siendo escuchadas, aunque no muchos sepan realmente que lo que están oyendo no es otra cosa que algún tema del género.

Un ejemplo de ello es el tema “The Entertainer” de Scott Joplin, que forma parte del repertorio musical de rigntons, películas, series o publicidades de radio o televisión.

Justamente, el fallecimiento de Joplin en 1917 hizo que el ragtime comenzara a formar parte de la historia. Aunque, como sucede muchas veces, lejos de desaparecer comenzó un proceso de mutación a partir de los años siguientes que terminó dando a luz a un nuevo género: el Harlem stride.

Se trató de una forma nueva de tocar el piano en la Willie “The Lion” Smith -junto a James P. Johnson y Thomas “Fats” Waller– sobresalió.

Joachim Berendt define al stride como “una constante y balanceada alternación de una nota en el bajo (en los tiempos nones) y un acorde (en los tiempos pares)” en su libro “El jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”.

Fue en los años 20 cuando The Lion entró en escena con un virtuosismo que iluminó a jóvenes que terminaron siendo grandes maestros del piano, como George Gershwin o Artie Shaw. Pero fue a Duke Ellington a quien realmente marcó a fuego.

Extrañamente, su leyenda comenzó a nacer en 1935 cuando el stride estaba desapareciendo de escena. Aún son recordados canciones de Smith como “Echoes of Spring” o “Passionette”.

Ocurre que, pese a que inició con la música de niño (tenía 6 años cuando comenzó a darle a las teclas de marfil) y que para la segunda década del siglo XX ya era uno de los pianistas más reconocidos, sus primeras grabaciones se realizaron a mediados de los treinta.

Con anterioridad, participó en la Primera Guerra Mundial, donde recibió el apodo que lo acompañó durante toda su carrera.

Muchos fueron los que disfrutaban con sus solos y que rondaban las noches para poder encontrarse con el maestro a la salida de algún bar. El mismísimo Ellington aseguró que se emocionó mucho la noche en la que se lo encontró.

Además del éxito que tuvo como músico freelance, puede mencionarse otros músicos con los que compartió escenario, como Mamie Smith, Clarence Williams y Sidney Bechet.

Tras casi 60 años de carrera, que incluyeron giras por Norteamérica y Europa, Smith murió a los 79 el 18 de abril de 1973. Fue la ciudad de Nueva York la que lo despidió. El mismo lugar que supo cobijarlo gran parte de su vida.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Sidney Bechet: un exponente de la vieja guardia del jazz

Ilustración: Viktoria Martín

Ilustración: Viktoria Martín

Cuando el jazz todavía estaba dando sus primeros pasos en la vida, existieron dos niños que estaban destinados a ser recordados por todos. Ellos eran Louis Armstrong y Sidney Bechet.

Sin embargo, el tiempo los llevaría por distintos caminos.

Ambos nacieron en Nueva Orleans, aunque sus familias eran totalmente distintas: mientras Armstrong se crió en la pobreza, Bechet estaba bien acomodada en su vivienda “criolla”.

Así, mientras Sachmo se metía en problemas que lo terminaron llevando a un reformatorio, Sidney compartía con sus hermanos y su padre el gusto por la música. Incluso, tocaban juntos en la banda familiar.

Los separaban los instrumentos ya que el primero se inclinó por la trompeta, mientras que el segundo lo hizo en sus inicios por el clarinete. No podía ser de otra manera, ya que los “criollos” tenían una raigambre francesa y ese era el viento preferido.

Pero los unía la misma pasión: el jazz.

No obstante, sólo Armstrong fue recordado por la posteridad. La memoria colectiva parece haber expulsado a Bechet y los más desprevenidos probablemente estén conociéndolo por primera vez en esta nota.

Todo tiene su explicación. El primer punto que hay que tener en cuenta es que el clarinetista abandonó Estados Unidos en 1919, cuando tenía apenas 22 años. En aquel momento tocaba con la banda de Will Marion Cook.

Disfrutó mucho su estadía en el viejo continente y fue allí donde compró un saxofón soprano en una casa de empeños, que fue otro de los instrumentos que utilizó en su carrera.

A la vuelta tocó con el pianista Clarence William (con quien grabó varios discos) y formó parte de los Washingtonians, la banda que creó Duke Ellington.

En esa época, Bechet intentaba imitar los sonidos que desprendía la corneta de Nick La Rocca (quien dirigió la Original Dixieland Jazz Band).

A pesar de compartir su talento con otros talentos, Sidney viajó a Europa nuevamente en 1925 y permaneció allí unos sies años. Eso era lo que le gustaba: tocar en el viejo continente.

Tal vez fue el destino el que lo puso en medio de un “malentendido” que lo mandó a la cárcel en Francia. O quizás haberse tiroteado con otro músico fue la razón. Lo cierto fue que tuvo que volver a EE.UU.

Allí se unió al trompetista Tommy Ladnier y formaron New Orleans Feetwarmers. Su éxito fue tan grande que terminaron… literalmente.

Ocurre que, si bien eran reconocidos y gustaban, sus presentaciones comenzaron a declinar y finalizaron abriendo una tintorería. Musicalmente, quedó en el recuerdo la versión de Summertime que grabaron en 1938.

Mal no les iba, pero ambos eran músicos y querían tocar. Y llegó el tiempo de volver, alentados por el revival del estilo Dixieland de los años 40.

Poseía en su haber temas famosos como “Chant in the Night”, “Blues in the Air”, “Bechet’s Fantasy” y “Quincy Street Stomp”.

Una década después, Bechet volvía a su viejo amor: Francia. Sidney siempre prefirió el viejo continente porque obtenía lo que no lograba en su tierra natal: reconocimiento.

Muchas fueron las canciones que le dedicó a ese país, entre las que se destacan “Petite Fleur”, “Rue des Champs Elysees” y “Si tous vois ma mere”.

http://www.youtube.com/watch?v=Ugfdd7DS7xs

La ciudad de la luz fue la que lo vio perecer el 14 de mayo de 1959.

Pero su música perdura hasta el día de hoy. No tan recordada como la de Armstrong, pero con sus pequeños homenajes como la inclusión de “Si tous vois ma mere” en la película de Medianoche en Paris, del genial director Woody Allen.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com

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