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Au revoir, Toots

Jean Baptiste Frédéric Isidor Thielemans nació en la misma tierra que Django Reinhardt y, al igual que el eximio guitarrista, su destino fue marcado por el jazz. Claro que recordar tamaño nombre era complejo, por eso se hizo conocido con el apodo de Toots.

A diferencia de otros músicos, Toots se hizo grande con un instrumento pequeño. Al principio recibía burlas por tocar la armónica y hasta se hizo ejecutor de la guitarra. Pero nunca se dio marcha atrás con el pequeño viento.

Aprendió sólo a ejecutar el instrumento y todos sus conocimientos llegaron por la repetida escucha de aquellos músicos que hicieron grande al jazz. Su primer disco, fue precisamente uno del maestro Louis Armstrong: “Carry me back to old Virginy”.

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Artie Shaw, un músico que abandonó el jazz en su mejor momento

El caso de Artie Shaw fue verdaderamente curioso. Era uno de los artistas que descollaba en la “Era del Swing” y, sin embargo, decidió ponerle fin a su carrera musical cuando estaba en la cresta de la ola.

Nació en “cuna de oro” bajo el nombre de Arthur Jacob Arshawsky en Nueva York. En 1929 inició su camino musical en la agrupación de Paul Whiteman y apenas unos años después ya estaba al mando de su propia banda.

Al igual que Benny Goodman, Shaw no sólo tocó el clarinete y estuvo al mando de su propia orquesta durante los años 30, sino que también fue uno de los primeros en incorporar músicos negros en sus agrupaciones.

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Irving Berlin, el sueño americano hecho realidad

Irving BerlinIrving Berlin fue uno de los mejores sinónimos que existieron del “sueño americano”. Un inmigrante que llegó de Rusia y que, tras pasar una niñez cargada de faltantes, supo terminar su vida llena de logros y reconocimientos.

Tenía apenas cinco años cuando desembarcó, en 1893, junto a su familia en los Estados Unidos. Como muchos inmigrantes, se asentó en el Lower East Side de la ciudad de Nueva York.

Había abandonado su Siberia natal por la hostilidad contra los judíos que reinaba en la época del zar Nicolás II. Algo que harían otras personas que también el tiempo los terminó ubicando en un lugar de grandeza, como George Gershwin y Al Jonson (entre otros).

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La baronesa del jazz

baronne-panonica-de-koenigswarte_01Kathleen Annie Pannonica de Koenigswater. Todo un nombre que se resume en una palabra: Nica. Nacida en Londres y con una familia de aristócratas detrás, decidió dejarlo todo por una sola cosa: el jazz.

Y eso que no se privó de hacer nada: fue pintora, aviadora profesional y se encargó de luchar contra Adolf Hitler en la Segunda Guerra Mundial haciendo espionaje, manejando camiones militares y con las armas en la mano.

No fue música, pero supo rodearse de los mejores. Horace Silver, Lionel Hampton, Art Blakey, John Coltrane, Miles Davis, Sonny Clark, Coleman Hawkins y más. Muchos más. A ellos ayudó en un momento en el que no estaba bien juntarse con “negros”.

Llegó al jazz de la mano de su hermano, Víctor, quien escuchó a Art Blakey y quedó cautivado con su música. Fue, sin embargo, Teddy Wilson quien la introdujo de lleno en el mundo sincopado cuando la hizo escuchar Round About Midnight, el tema compuesto por Thelonious Monk.

Ya radicada en Estados Unidos en la década del ’50, no se perdía ninguna de las noches de los clubs de moda: Minton’s Playhouse, Birdland, Five Spot… Manejando su Bentley descapotable, se nutría del naciente bebop. Y de la mano de los grandes.

Lo que empezaba en esos lugares continuaba en sus lugares de residencia. Hoteles lujosos que veían desfilar músicos “de color” y que tenían que “aguantar” las jam sessons que se extendían hasta cualquier hora. Ni el Stanhope ni el Bolivar soportaban esos “excesos” y finalmente la obligaron a mudarse varias veces.

Nica no podía soportar esas diferencias raciales. Y luchaba para erradicarlas ayudando a los músicos en lo que necesitaran: pagaba deudas, los ayudaba económicamente, les daba un techo, los defendía de las cláusulas abusivas de los contratos. Hasta pasó un tiempo tras las rejas por asegurar que la marihuana de Monk era suya.

Es que con Thelonious tenía una relación especial. Fue una protectora incansable del genial pianista a quien conoció en Francia en 1954. La que los presentó fue la cantante Mary Lou Williams en el Salón du Jazz. A él le regaló un piano Steinway. Con él paseó por la calle. Se fotografió en público. Hasta lo acobijó junto a toda la familia del músico.

También lo vio morir en la Cathouse, la casa que adquirió en Nueva Jersey, así como vivió los últimos días junto a Charlie Parker en el cuarto del Stanhope. Porque ella era así. Estaba en las buenas y en las malas. Siempre junto a los que más la necesitaban.

Por eso, cuando falleció el 30 de noviembre de 1988, el jazz se quedó sin su mecenas. Pero la recordarán eternamente quienes escuchen “Pannonica” (Monk), “Nica´s Tempo” (Gigy Gryce), “Nica” (Sonny Clarke), “Tonica” (Kenny Dorham) o “Nica´s Dream” (de Silver), por sólo mencionar algunos de los temas escritos en su nombre.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com