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Louis & Bix

Louis ArmstrongLa efeméride junta a Louis Armstrong y a Bix Beiderbecke en esta semana. Ocurre que el nacimiento del primero fue el 4 de agosto, mientras que el fallecimiento del segundo fue el 6 de agosto.

Pero no sólo esta circunstancia los une. Por el contrario, las coincidencias abundan entre estos dos personajes del jazz. El primero y más notorio de ellos es el instrumento porque el que se hicieron famosos. Hablamos, claro está, de la trompeta.

También los iguala el talento. Con mucha probabilidad la mayoría reconozca a Louis (o Sachmo o Pops, como lo llamaron a lo largo de su carrera) como uno de los sinónimos del género sincopado.

Sin dudas que tiene méritos de sobra para que así sea. Por caso, formó parte de tres agrupaciones que fueron un verdadero furor y que se hicieron un nombre en los anales del jazz. En efecto, participó de las bandas de King Oliver, Kid Ory y Fletcher Henderson.

No pueden quedar fuera también las grabaciones que realizó al frente de los Hot Five y los Hot Seven que se convirtieron en discos indispensables en la historia del género, con músicos de la talla de Earl Hines, Johnny y Baby Dodds y Johnny St Cry, entre otros.

Bix BeiderbeckeSin embargo, también Bix supo hacerse un lugar. Autodidacta, sorprendió al público desde la banda de Indiana (que fue llamada “The Wolverines” en honor al famoso tema de Jelly Roll Morton “Wolverine Blues”) con apenas 20 años.

En los años ‘20 fue considerado como uno de los estandartes del denominado “estilo Chicago” (movimiento que predominaba en esa época) y señalado por algunos críticos como el pionero del cool jazz.

Las grabaciones más recordadas fueron realizadas junto al saxofonista Frankie Trumbauer y con su propia agrupación que se hacía llamar Bix Beiderbecke and his Rhythm Jugglers. También es recordado su paso por al orquesta de Paul Whiteman.

El respeto que existía era mutuo. Prueba de ello es que Armstrong se haya negado a interpretar la canción “Singin’ The Blues” ya que pensaba que el solo de Bix no podía mejorarse.

No obstante, también existen cosas que los separaron como su forma de tocar la trompeta. Mientras Louis era explosivo, Bix era más bien intimista y tranquilo en su forma de ejecutar el instrumento.

Además, los excesos que Beiderbecke tenía con el alcohol (que lo llevaron a una prematura muerte con tan sólo 28 años de edad) no se condecían con el saludable Sachmo.

Lo que tal vez es más triste es que ellos -pese a que reconocían en el otro a uno de los mejores trompetistas- nunca pudieron darse el gusto (y dárselo también al mundo entero) de grabar un disco juntos.

La absurda segregación impidió, incluso, que estos geniales músicos pudieran compartir un escenario para el deleite del público de aquellos años. Aunque una vieja leyenda asegura que al menos pudieron hacerlo a puertas cerradas en un local del sur de Chicago.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

La tiza del jazz

CortazarA treinta años del fallecimiento de Julio Cortázar, es casi una obligación escribir unas líneas que hagan referencia a uno de los escritores argentinos que más tinta destinó a transmitir jazz en sus textos.

Tal vez, a la hora de arriesgar un nombre de una de sus obras que habla del género, llegue rápido a la cabeza el cuento “El Perseguidor” que narra los avatares, marchas y contramarchas de un saxofonista cuyo nombre era Johny Carter. Aunque todos saben que ese músico era Charlie Parker.

Personajes reales se mezclaban con los ficticios y todos mostraban una comunión que es muy difícil encontrar en cualquier texto. Narraba en un fragmento: “…llevábamos yo creo que una hora dándole a lo mismo, solos, tan felices… Miles tocó algo tan hermoso que casi me tira de la silla, y entonces me largué, cerré los ojos, volaba. Bruno, te juro que volaba… Me oía como si desde un sitio lejanísimo pero dentro de mí mismo, al lado de mí mismo, alguien estuviera de pie… No exactamente alguien… Mira la botella, es increíble cómo cabecea… No era alguien, uno busca comparaciones… Era la seguridad, el encuentro, como en algunos sueños, ¿no te parece?, cuando todo está resuelto, Lan y las chicas te esperan con un pavo al horno, en el auto no atrapas ninguna luz roja, todo va dulce como una bola de billar. Y lo que había a mi lado era como yo mismo pero sin ocupar ningún sitio, sin estar en Nueva York, y sobre todo sin tiempo, sin que después… sin que hubiera después… Por un rato no hubo más que siempre… Y yo no sabía que era mentira, que eso ocurría porque estaba perdido en la música, y que apenas acabara de tocar, porque al fin y al cabo alguna vez tenía que dejar que el pobre Hal se quitara las ganas en el piano, en ese mismo instante me caería de cabeza en mí mismo…”.

No obstante, muchos señalan a una de las obras cumbres de Cortázar como el texto que más destina al jazz. Y, en efecto, hay tanto que encontrar en las páginas de Rayuela que Pilar Peyrats Lasuén tuvo una idea genial: lanzar un libro en el que junte los fragmentos de la novela donde se mencione a músicos del género junto a un CD con los temas de los autores señalados.

Fue así como nació, en 2001, “Jazzuela – Le jazz dans marelle de Julio Cortázar” de la mano de la editorial Satélite K. Un material que incluye 20 canciones de grandes como Duke Ellington, Coleman Hawkins, Bix Beiderbecke, Jelly Roll Morton y Louis Armstrong.

Así se pueden encontrar temas como “Hot and bothered” y “It don’t mean thing” del pianista nacido en Washington, “Body and Soul” del saxofonista tenor más importante de la vieja guardia jazzística o “Yellow dog blues” y “Mahogany hall stomp” de Sachmo.

También se incluyen temas de la cantante Bessie Smith (Baby doll y Empty bed blues), de la orquesta de Frank Trumbauer (I´m coming Virginia) y de las bandas The Chocolate Dandies (Blues interlude), Warning’s Pennsylvanians (Stack O’Lee blues) y Georgia Jazz Band (Jelly Beans Blues).

Llamativamente, el libro-CD no incluye ninguna melodía de Charlie Parker, quien fuera la estrella de “El Perseguidor”. Sin embargo, los 69 minutos de duración del disco y las 144 páginas del material escrito es recomendable para quienes quieran disfrutar de dos maravillas: la mano del escritor y el jazz.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

El renacimiento del trompetista que iluminó a Louis Armstrong

bunk2Vueltas y vueltas. El mundo, como dice el tango del gran Dicepolín, yira-yira. Y, por cada ronda, trae y lleva. A veces, lo que se va nunca vuelve. Pero, en otras tantas ocasiones, sucede lo contrario.

William Geary “Bunk” Johnson daba clases de música y trabajaba de lo que podía cuando el historiador William Russell los rescató del olvido, cuando recopilaba datos y entrevistaba a los grandes del jazz a fines de 1930.

En un diálogo con el ya archiconocido Louis Armstrong, fue mencionado como uno de los trompetistas que lo marcaron a fuego. Así como King Oliver lo ayudó a entender la música, Jonhson fue -según Sachmo– quien lo influenció en sus comienzos.

Pero ¿de donde surgía este enigmático personaje? ¿Qué camino había recorrido como para que Armstrong lo mencionara?.

Para ello, hay que viajar mentalmente a Nueva Orleans (como no podía ser de otro modo). Más precisamente a fines de 1800 y principios del 1900.

Bunk inició su carrera de la mano de Adam Olivier en 1889 y con posterioridad participó activamente de la Superior Orchestra.

Muchos aseguran que también formó parte de la mítica Eagle Band que dirigió Boddy Boldon (señalado como el primer músico de jazz), aunque los historiadores creen que lo hizo sólo en contadas ocasiones.

Lo cierto es que el trompetista sobresalía del resto y tenía un futuro venturoso. Como muchos músicos contemporáneos, abandonó la ciudad y marchó hacia Chicago, tocando en distintos espectáculos.

Su carrera se vería detenida violentamente en 1931, cuando se inició una pelea en Rayne (Lousiana) donde se había presentado a tocar y uno de los músicos que lo acompañaban fue asesinado. En el mismo episodio, él perdió su trompeta y parte de su dentadura.

Todo parecía perdido. Se sabe lo imposible que es tocar ese instrumento sin dientes. Pero, de la mano de Russell, se revirtió su pésima situación.

Primero, el hermano dentista de Sidney Bechet (Leonard) fue el encargado de reparar esa boca dañada. Luego, llegó el bronce y, con él, resurgió la magia del trompetista.

Creó la New Orleans Band y sus primeras grabaciones llegaron en 1942, de la mano del sello de Russell American Music, donde quedaron registrados temas inolvidables como High Society, I Can’t Escape From You y Tiger Rag.

 

En los años 1945 y 1946 realizó varias giras por diversos lugares de los Estados Unidos, como las de Nueva York.

Sin embargo, su salud no lo acompañaba. Y, mientras más crecía su popularidad y se relanzaba su carrera, tuvo un derrame cerebral que impidió que continuara.

Se despidió de este mundo el 7 de julio de 1949, unos meses antes de cumplir los setenta años. La New Orleans Band continuó de la mano de George Lewis y dio el puntapié inicial para el revival que llegó en los 50 de la música que nació en Storyville.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

De “rey del jazz” a conserje de un salón en una sola vida

king oliver¿Qué hubiese sido de la carrera de Louis Armstrong si él no le hubiese enseñado a improvisar?.

Esa es la pregunta que muchos se hicieron al conocer la historia de Joseph Nathan Oliver, un cornetista de Nueva Orleans que le enseñó a desenvolverse a Sachmo en los solos y a quien Armstrong llamaba afectuosamente “Papa Joe”.

Oliver fue uno de los músicos más destacados de su época, y recibió el apodo de “King” luego de que le ganara a Freddie Keppard un duelo de cornetas. Al menos ese es el rumor que se corría en Storyville en aquellos años.

En 1915, con casi treinta años, formó parte de la Eagle Band y con posterioridad de la Brown Skinned Babies, la orquesta formada por el trombonista Kid Ory. Su manejo de la sordina era algo que dejaba con la boca abierta a cualquiera.

Unos años después se había trasladado a la ciudad de Chicago y había formado su propia banda: la King Oliver’s Creole Jazz Band, que contaba con la presencia de los hermanos Johnny y Baby Dodds (clarinete y batería, respectivamente), Lil Hardin (piano), Bill Johnson (bajo) y Honoré Dutrey (trombón).

Armstrong se unió a ellos en 1922. Para ese entonces, la Creole tocaba en el Lincold Gardens y se convirtió en una de las atracciones de Chicago. Esto colaboró para que la banda grabara para Paramount y Gennett Records.

No obstante, a principios de 1924, Sachmo decide abandonar la orquesta para sumarse a la formación de Fletcher Henderson.

A partir de allí, las cosas comenzaron a declinar en la carrera de Oliver. Tuvo tiempo, sin embargo, para reformular su banda y convertirla en la Dixie Syncopators y con la que grabó varios discos entre 1927 y 1928.

Un año después, el Plantation Café (lugar donde tocaban todas las noches) se incendió y la orquesta se trasladó a Nueva York para presentarse en el Savoy Ballroom.

Tiempo después, llegó una mala decisión de Oliver: no aceptó trabajar en el Cotton Club del Harlem. Su reemplazo, Duke Ellington, lograría la fama luego de firmar el contrato con el lugar.

Las cosas fueron de mal en peor: Luis Russell absorbió a su orquesta y para 1931 hizo sus últimas grabaciones como líder de una banda.

Joachim Berendt, en su libro “El jazz – de Nueva Orleans al Jazz Rock” cuenta mejor que nadie los últimos días de King:

“El fin de la carrera de Oliver presenta el trágico espectáculo de un hombre empobrecido, sin dientes, incapaz de tocar y de ganarse la vida, de un hombre que se oculta de sus amigos por vergüenza y que, sin embargo, fue un día ‘el Rey del Jazz’. Aquí se cumplió una de las tragedias de la existencia artística tan frecuentes en la historia del jazz”.

El 10 de abril de 1938 fallecía en Savannah (Georgia – Estados Unidos), hundido en la pobreza y lejos de los lujos de Rey.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Bix Beiderbecke: el verdadero espíritu de Chicago de los años 20

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Pocos fueron los músicos de jazz de la década del 20 que representaron tan bien el estilo Chicago como Bix Beiderbecke.

Nacido el 10 de marzo de 1903 en Davenport (Iowa – Estados Unidos), mostró interés por la música desde pequeño. Siendo un niño participó del coro de la iglesia lutherana y su amor por el jazz llegó desde el río.

Ocurre que por el Mississippi (que pasaba por su ciudad natal) navegaban los barcos donde grandes bandas de Nueva Orleans tocaban de manera permanente.

Pese a su entusiasmo, sus padres querían un mejor futuro para Bix que la música, por lo que lo enviaron a una academia militar en 1921. No obstante, eso no logró detenerlo.

Las reiteradas ausencias hicieron que las autoridades decidieran expulsarlo. Y ya con 18 años empezó a realizar sus primeras apariciones en público y su forma de tocar la corneta comenzaron a ponerlo en boca de todos.

En 1923 formó parte de The Wolverine, una auténtica banda del estilo Chicago con el que grabó temas como “Copenhagen”, “Fidgety Feet” y “Riverboat Shuffle”.

Un año después Bix se une al saxofonista Frankie Trumbauer, con quien realizó -más adelante- las que los críticos consideran las mejores grabaciones del cornetista. Entre ellas, se destaca Singin’ the Blues, registrada en 1927.

Sin embargo, la canción que lo llevó a la fama fue “Davenport Blues”, grabada en 1925 junto a sus Rhythm Jugglers para el sello Gennette.

Con raíces alemanas, Bix incluyó un poco del lirismo de la música clásica cada vez que tocaba. Así, mientras Louis Armstrong se caracterizaba por la explosión de sus solos, Beiderbecke lo hacía con su tranquilidad e intimismo.

Junto con Sachmo, fueron considerados los primeros solistas dentro del jazz. Incluso, algunos críticos como Joachim Berendt encuentran en la figura del cornetista al primer músico del cool jazz.

Pero la calidez que trasmitía su forma de tocar no se asemejaba con lo que sentía por dentro. Bebía casi tanto como lo que tocaba y su salud comenzaba a deteriorarse con rapidez.

Para colmo de males, en 1928 comete lo que para muchos fue un verdadero error: se unió a la banda de Paul Whiteman.

Es que muchos dudaban de la verdadera capacidad musical de este director, pese a que él se consideraba “El Rey del Jazz”.

Lo cierto es que “Bix se hizo miembro de la orquesta de Whiteman -por entonces modelo de la música comercial- porque le fascinaba el brillo de los arreglos refinados y elegantes”, tal como lo explica Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”.

Incluso, remarca que “los coleccionistas de discos del mundo entero compraran discos viejos y gastados de Paul Whiteman únicamente para oír los ocho o dieciséis compases del solo que Bix ejecutaba”.

A fines de la década, su salud empeoró y Whiteman decidió enviarlo con sus padres. Pero en Davenport sólo encontró indeferencia de sus progenitores, que nunca escucharon un disco de él.

Decidió que su casa no era el mejor lugar para reponerse, así que viajó a Nueva York. En 1930 volvió a realizar grabaciones, pero ya no cabían dudas que su final estaba cerca.

Y la muerte finalmente lo encontró el 6 de agosto de 1931 en la casa del contrabajista George Kraslow, donde vivió sus últimas semanas de vida.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com

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