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Adiós, Gato revolucionario

gatoLe decían “gato”, pero perfectamente podrían haberlo llamado “ingeniero”, ya que fue uno de los pocos músicos que logró imponer algo propio en la compleja maquinaria del jazz, esa en la que es más fácil ser una pieza que un creador.

Leandro Barbieri nació en Rosario el 28 de noviembre de 1932. En Santa Fe aprendió a tocar el saxo y a los 12 se fue a vivir a Buenos Aires, siguiendo los pasos de su hermano Rubén (que fue contratado para tocar en la orquesta de René Cóspito).

La primera banda en la que participó profesionalmente fue en “Jazz Casablanca”. Tenía 18 años y un prometedor futuro. En 1953 brilló en la agrupación de Lalo Schifrin, pero necesitaba más. Tanto, que cuando el circuito argentino le quedó chico, decidió cruzar el charco -previo paso por Brasil- y se fue a probar suerte a Italia.

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“El perseguidor”, la pequeña “Rayuela” de Cortázar

Julio Cortázar trompetaEl escritor Julio Cortázar era un reconocido admirador del jazz. En una entrevista explicó que quiso ser músico y hasta intentó tocar la trompeta. Tal vez su sueño era sonar como Louis Armstrong, pero según aseguró Jorge López Ruiz “él tocaba horrible”.

Definitivamente lo suyo era la escritura. Y como su camino como instrumentista no pasó de simple amateur, incorporó sus amplios conocimientos del género sincopado en muchas de sus obras.

Si hay que mencionar las más representativas, al menos dos surgen inmediatamente: “El perseguidor” -cuento incluido en “Las Armas Secretas”, publicado en 1959- y “Rayuela” -novela publicada en 1963-.

Aunque las historias son diferentes, Cortázar encuentra analogías entre sus protagonistas, Johnny Carter y Horacio Oliveira. “Son dos individuos que cuestionan, que ponen en crisis, que niegan lo que la gran mayoría acepta por una especie de fatalidad histórica y social”, afirmó.

Y no sólo eso, sino que también entendió con el paso de los años -ese tiempo que tal vez intentaba descifrar el saxofonista Carter en las páginas de “El perseguidor”– que fue necesario hacer uno para que luego naciera el otro.

“Me di cuenta muchos años después que si yo no hubiera escrito ‘El perseguidor’, habría sido incapaz de escribir Rayuela. ‘El perseguidor’ es la pequeña Rayuela”, le había manifestado a Evelyn Picon Garfield en una entrevista realizada en 1978.

Como varias de sus obras, “El perseguidor” fue llevado a la pantalla grande. El director Osías Wilensky y el adaptador Ulyses Petit de Murat fueron los encargados de convertir el cuento en película.

Más allá de las interpretaciones que realizaron actores como Sergio Renán, Chico Novarro o las actrices Zulma Faiat y María Rosa Gallo, lo que le preocupaba a Cortázar era la música.

Al menos así se lo señaló a Hugo Guerrero Marthineitz. En efecto, aseguró: “Me gustó mucho la banda sonora. Entonces yo no sabía que el que tocaba era el Gato Barbieri, porque el Gato no tenía en aquel momento la justa fama que consiguió después”.

“Yo sabía que había dos hermanos Barbieri, que uno había hecho los temas y el otro, los había tocado, pero no los conocía. Cuando vi la película, la música me impresionó, porque yo me estaba temiendo que se hiciese un simple pastiche de Charlie Parker”, añadió.

Y concluyó: “Puesto que el personaje, en alguna medida, encarnaba a Charlie Parker, los Barbieri tuvieron la extraordinaria habilidad y la honestidad de hacer una música muy original y que, al mismo tiempo, tenía un estilo. Era un homenaje, pero no un pastiche”.

Recién en 1973, el músico y el escritor pudieron conocerse personalmente en una entrevista que había logrado concretar el gran periodista y especialista en jazz Nano Herrera. Pero eso, es otra historia.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Adiós Negro

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El pasado sábado 7 de diciembre falleció el contrabajista Jorge “Negro” González, uno de los grandes músicos que tuvo la escena argentina de jazz y un batallador incansable de la difusión del genero local.

Algunos aseguran que fue uno de los pocos privilegiados que tocó con todos. Y la larga lista de nombres con los que compartió escenario pueden confirmar que así fue.

Se puede empezar la nómina por los integrantes de la banda a la que dio nacimiento en 1955 con Mauricio Percan en el clarinete, Michel Barandis en piano y Raúl Céspedes en batería: hablamos de Swing Timers.

La orquesta, que originalmente era de una sola palabra (Swingtimers, según le explicó González a Walter Thiers alguna vez), sufrió sólo dos modificaciones a lo largo de su historia. Céspedes fue reemplazado por Eduarso Casalla y Barandis por Jorge Navarro.

Si bien se desempeñó por más de 40 años con Swing Timers, eso no lo privó para formar parte de Quinteplus en los ’70, junto a Jorge Anders (saxo), Gustavo Bergalli (trompeta), Santiago Giacobbe (piano) y Carlos “Pocho” Lapouble (batería).

Con Néstor Astarita formó parte, en la década del ’50, del trío que lideró el inolviable pianista Rubén “Baby” López Fust. Y, en 1973, estarían ambos junto a Litto Nebbia transitando un poco de jazz y de bossa nova.

Pero la lista no se termina allí. Los ’60 lo encontrarían en otro de los legendarios tríos que tuvo la escena nacional, aquel que lideraba el pianista Alberto Favero y que tenía a Lapouble detrás de la batería.

Su papel como difusor del jazz arranca en esa década cuando fundó la Agrupación Nuevo Jazz junto a Rodolfo Alchourrón, Casalla, Mike Lerman, Alfredo Wolf, Giacobbe, Navarro y los hermanos Rubén y Leandro “Gato” Barbieri.

“La Agrupación organizó conciertos y charlas y difundió las nuevas corrientes del género, en un momento de inflexión para las formas de improvisación”, explicó Sergio Pujol en su libro “Jazz al Sur. Historia de la música Negra en la Argentina”.

Aunque su verdadero aporte llegó de la mano de Jazz & Pop. El local se ubicó en Chacabuco 508 fue abierto en 1978 y se mantuvo activo hasta 1984. Allí pasaron artistas internacionales de la talla de Chick Corea, y baluartes de la escena nacional como Enrique “Mono” Villegas o Roberto “Fats” Fernández.

Años después, tomó revancha y reabrió sus puertas, aunque esta vez fue en un local en la calle Paraná 340. Nombres y más nombres pasaron por allí: Hermeto Pascoal, Rubén Rada, Lito Epumer y Javier Martínez, entre otros tantos.

Tenía 79 años, pero su fuerza hizo que nunca abandonara su trabajo en Jazz & Pop. Difundiendo el jazz, el género que amaba.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Un gato en los tejados del mundo del jazz

gato-barbieriCuando era pequeño Leandro Barbieri quería triunfar con el fútbol.

Sin embargo, criarse en una familia donde el padre era violinista aficionado y su tío un saxofonista destacado terminó torciendo la historia… por suerte.

Nacido en la ciudad de Rosario el 28 de noviembre de 1932, dio sus primeros pasos musicales de la mano de un clarinete que pronto reemplazó por un saxo alto.

Eso fue para cuando cumplió 12 años y viajó a Buenos Aires. Ocurre que su hermano Rubén fue contratado por René Cóspito para formar parte de su orquesta. Adivinaron: él también era músico y tocaba la trompeta como ninguno.

Lejos ya de su deseo de patear una pelota toda su vida, el jóven Leandro cambió el rumbo de su destino. Ahora quería ser un músico destacado.

A los 18 años tuvo su primer empleo en la banda estable de Jazz Casablanca y, sabiendo que se logra el éxito mediante el esfuerzo, comenzó a devorar cuanto disco de jazz tenía a su alcance.

Además corría cada noche del Hot Club al Bop Club para participar en cuanta sesión musical sonara. Fue así como fue perfeccionando su estilo y fue eligiendo su camino.

Seducido Sonny Rolling, decidió cambiar el saxo alto por el tenor y fue contratado para trabajar con una joven promesa: Lalo Schifrin. Y para ese entonces, ya todos lo llamaban Gato.

Con él logró definir un sonido único. Incluso, tal como lo sostuvo Sergio Pujol en su libro “Jazz al Sur”, “hacia fines de los 50, no había en todo Buenos Aires -y presumiblemente tampoco en el resto del país- un saxofonista con la garra de Barbieri”.

No obstante, su destino no estaba en este país. Como todo gato, necesitaba libertad y la encontró en Europa. Apañado por su novia Michelle, viajó al Viejo Continente. Y pronto logró tocar con un gran trompetista: Enrico Rava.

En aquellos alocados años 60, todo era free jazz y Leandro se sentía verdaderamente a gusto con ese género. Por aquellos años fue también cuando se unió a la banda de uno de los trompetistas que compartió escenario con el mismísimo Sonny Rolling (las vueltas de la vida, vio).

Ilustración Viktoria Martin

Ilustración Viktoria Martin

La década de los setenta lo encontró en otra etapa de su vida. Quería volver a sus raíces y encontrar una mezcla propia de sonidos. Así fue que sumó parte de su free con algo de Latinoamérica. Algo que fue verdaderamente único.

Pero para llegar a eso, fue necesario dar un gran salto. Necesitaba algo para llegar a las vidrieras del mundo y lo logró de la mano de Bernardo Bertolucci, quien le encomendó que musicalice su film “El Último Tango en París”.

Aquella película, protagonizada por un inspiradísimo Marlon Brandon, fue una verdadera revolución y obtuvo dos Oscar: uno al mejor actor y otro al mejor director en 1973.

Ya no cabían dudas que este saxofonista necesitaba más y la llave mágica llegó con un contrato con el sello Impulso.

Fue así como grabó cuatro discos en los que se le permitió cumplir con su deseo de unir el norte de América con los ritmos latinoamericanos.

Los álbumes se llamaron Chapter One: Latin American, Chapter Two: Hasta siempre, Chapter Three: Viva Emiliano Zapata y Chapter 4: Alive in New York.

Los discos incluyeron músicos de la talla de Dino Saluzzi, Domingo Cura, Ricardo Lew, Pocho Lapouble, Chico O’ Farrill y Ron Carter. Su objetivo era lograr que los músicos tocaran lo que les era natural. Tal como lo describió el propio Barbieri: “Quiero dejar claro que he inventado algo que no es latino, ni jazz, sino algo intermedio”.

Luego, el Gato pasó por diversos escenarios internacionales mostrando la música que él mismo había creado. Muy recordado es aún cuando coreó en Montreux “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas” ante un público que lo aplaudía de pié.

Después de la muerte de Michelle, el Barbieri se quedó instalado en su departamento de Central Park. Sobreviviendo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Marin – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com