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Arranca la gira de la foto que reunió a más de 130 músicos de jazz local

“Un Gran Día en Buenos Aires”, la mítica fotografía que juntó a más de 130 músicos de jazz de la escena local el 19 de noviembre de 2016, comenzará su recorrido por diversos espacios culturales.

El primer evento se realizará el 3 de mayo a las 20 horas en la Cúpula del CCK (Sarmiento 151), donde los cuatro ideólogos (Laura Tenenbaum, María Cueto, Gonzalo Chicote y Claudio Parisi) y los fotógrafos que formaron parte del equipo darán una breve charla sobre el origen y gestación del proyecto.

Ese mismo día se proyectará un video con las imágenes que formarán parte de la muestra fotográfica que se presentará posteriormente en Avellaneda durante el mes de julio.

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La primera Jam Session tuvo una verdadera sorpresa

Adrián Iaies y GillespieEl Anfiteatro del Parque Centenario es la sede de varias de las actividades que forman el Festival de Jazz de Buenos Aires, como el ciclo Jazzología, las funciones al Aire Libre y algunos Proyectos Especiales.

Pero además fue el lugar elegido para que cada noche se realice las tan famosas Jam Sessions, donde no sólo músicos de trayectoria se suben al escenario, sino que también les brinda un espacio a quienes dan sus primeros pasos.

Pese a que las nubes y las ráfagas de viento amenazaban con traer lluvia, el público se hizo presente en la primera velada dirigida por el trompetista Marcelo “Gillespie” Rodríguez.

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El jazz no lo va a extrañar

walter malosettiEl lunes (29 de julio de 2013) falleció Walter Rufino Malosetti.

Con la partida del excelente guitarrista cordobés, el jazz estará de luto. Pero, creo, que no lo va a extrañar.

Y me atrevo a asegurar eso porque Walter dejó tras de sí una carrera brillante, que se inició por los años ’50 y que no se detuvo hasta poco antes de su partida.

Porque en su camino formó parte de grupos memorables, como California Ramblers, Guardia Vieja Jazz Band, The Georgians Jazz Band y Walter Malosetti Trío.

Mención aparte merece Swing 39, la banda que contó con Héctor López Furst, Carlos Acosta, Héctor Basso, Marcelo Buscio y Ricardo Pellican, que fue la versión argentina del quintento del Hot Club de Francia, como lo definió Sergio Pujol en “Jazz al Sur – Historia de la música negra en la Argentina”.

Su talento lo llevó a ser considerado por algunos doctrinarios del jazz como el heredero -nada más y nada menos- que de Oscar Alemán, uno de los guitarristas argentinos más reconocidos a nivel local e internacional.

Eternamente agradecido quedó Walter cuando Oscar lo invitó a formar parte del disco “Alemán ’72”, la grabación que contó con otros grandes de la escena nacional como Néstor Astarita, Jorge González, Norberto Minichillo, Aníbal Fuentes y Johnny Quaglia.

Insisto. El jazz no lo va a extrañar porque nadie olvidará que compartió escenario también con figuras de la talla de Chuck Wayne, Didier Lockwood, Jim Hall, Leandro “Gato” Barbieri, Hernán Oliva, Earl Hines, Roberto “Fats” Fernández, Enrique “Mono” Villegas, Lalo Shifrin, Joe Pass, Teddy Wilson, Enrique Varela, Gustavo Bergalli y más. Muchos más.

Pero además porque dejó tras de sí una veintena de discos entre los que se destacan los realizados como solista (All of me, Tributo a Django Reinhardt y PALM, por mencionar algunos) y los seis registrados con Swing 39.

Me resisto a pensar que sus libros quedarán en el olvido o que serán quemados como en Fahreinheit 451. Walter Thiers toma lista en “El Jazz Criollo y otras yerbas” de todos ellos: Iniciación guitarrística, Bases de improvisación para guitarra, Armonía de blues, Jazz para guitarra, El libro de las escalas, Música de jazz para guitarra española, Música para guitarra, Lectura I y Método de acompañamiento guitarra jazz. Y creo que esas publicaciones permanecerán en la literatura de generaciones que deseen aprender y mejorar su forma de tocar jazz con la guitarra.

Eso sin contar con su “Escuela Superior de Jazz”, que seguirá forjando a grandes músicos. Músicos como su hijo, Javier, que ama al jazz tanto como su padre y con quién compartió formaciones (Satch) y grabaciones.

En definitiva, el jazz no lo va a extrañar porque a los grandes los deja en la vidriera para que las generaciones que vienen se iluminen con ellos, con los mejores. Como un ejemplo a seguir. Una estrella.

Los que lo vamos a extrañar somos nosotros, los que aprendimos de Walter el amor que se puede tener por la música, por un instrumento, por el jazz. Por eso, sólo digo: adiós maestro.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

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