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Bill Evans y ese piano maravilloso

Bill EvansEl pasado 16 de agosto pasó de manera casi inadvertida para muchos. Un día más en este año que probablemente se recordará por los Juegos Olímpicos. Pero para otros, no fue una fecha más: el martes Bill Evans hubiese cumplido 87 años. Precisamente por eso tal vez no salió nada en los grandes medios de comunicación, que se aferran siempre a los múltiplos de 10 para redactar una nota destacada con los datos precisos de los grandes músicos de jazz.
Comenzó desde pequeño a tocar el piano e incorporó muchos de los atributos de la música clásica. Sin embargo, a la hora de desarrollar su carrera musical se alejó de Debussy o Ravel para sumergirse en el jazz. Como no podía ser de otra manera, la ciudad elegida fue Nueva York. Los trabajos que pusieron al pianista en el centro de la escena fueron los desarrollados junto al saxofonista Cannoball Adderley y George Russell. Claro que el más importante fue el papel que desempeñó en el sexteto de Miles Davis.
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En memoria del gran Astor

Si hay que definirlo de alguna manera, lo llamaría genio.

Porque sólo una persona así puede revolucionar la materia en la que es idóneo. Existen grandes ejecutantes, incluso muchos que aprenden hasta alcanzar la perfección, pero sólo el genio revoluciona y crea un mundo nuevo sobre algo que parecía dado, fijo, estable.

Ese era Astor Piazzolla. Un músico que supo imponerse en el tango y que logró transformarlo, mutarlo de algo clásico en moderno.

El camino no fue fácil, porque tuvo que enfrentarse a la resistencia. Y era lógico. Quienes manejan la batuta, prefieren el statu quo. La Vieja Guardia intentaba mantener las cosas en tonos ortodoxos.

Los mismísimos Dizzy Gillespie y Charlie Parker sintieron en carne propia las palabras del gran Louis Armstrong que renegaba del bebop e intentaba alejarlo de jazz.

Pero, sin dudas, sus composiciones supieron demostrar que eran la vanguardia del arrabal y que su creador debía ocupar un sitio entre los más reconocidos músicos del género.

Fue un profesional de gran estirpe y tuvo tiempo para todo. Era tan completo que podía tocar a Stravinsky o Ravel, así como acompañar a Carlos Gardel en uno de sus tangos más famosos.

Incluso, se dio tiempo para incursionar en el jazz. Ocurre que sus primeros años de vida lo encontraron en Nueva York, donde el jazz y Bach fueron quienes lo acompañaron en sus pasos iniciales en la música.

Hasta mezcló esos géneros que parecían difíciles de equiparar. Entre 1957 y 1959 grabó dos discos en Estados Unidos de algo que llamó Jazz-Tango. Fueron Jazz Tango. The lathyn rhitms of Astor Piazzolla and his quintet y An Evening in Buenos Aires los álbumes que vieron la luz del día, aunque son tan difíciles de conseguir que quedaron en las tinieblas.

La revancha para los amantes del jazz llegó con Reunión Cumbre (Summit). Tuvieron que pasar 15 años para que otro disco del gran Astor incluyera algo del género sincopado.

En esa ocasión, su acompañante fue Gerry Mulligan, uno de los mejores saxofonistas del jazz, quien en 1974 compartió la autoría del álbum que incluyó 8 temas, una banda de músicos italianos y algunos cortocircuitos entre Piazzolla y el norteamericano.

Hace veinte años, Cierra tus ojos y escucha, Años de soledad, Deus Xango, Veinte años después, Aires de Buenos Aires, Reminiscencia y Reunión cumbre. Ocho melodías que quedaron en la gloria de este magnífico disco.

Se cumplieron ya 20 años de la desaparición del genio. Sin embargo, su lámpara mágica, como un faro en el océano, sigue iluminando a los músicos jóvenes y guiándolos hacia nuevos mundos rítmicos. Y lo seguirá haciendo. Siempre.

Gonzalo Chicote.