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Artie Shaw, un músico que abandonó el jazz en su mejor momento

El caso de Artie Shaw fue verdaderamente curioso. Era uno de los artistas que descollaba en la “Era del Swing” y, sin embargo, decidió ponerle fin a su carrera musical cuando estaba en la cresta de la ola.

Nació en “cuna de oro” bajo el nombre de Arthur Jacob Arshawsky en Nueva York. En 1929 inició su camino musical en la agrupación de Paul Whiteman y apenas unos años después ya estaba al mando de su propia banda.

Al igual que Benny Goodman, Shaw no sólo tocó el clarinete y estuvo al mando de su propia orquesta durante los años 30, sino que también fue uno de los primeros en incorporar músicos negros en sus agrupaciones.

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Louis & Bix

Louis ArmstrongLa efeméride junta a Louis Armstrong y a Bix Beiderbecke en esta semana. Ocurre que el nacimiento del primero fue el 4 de agosto, mientras que el fallecimiento del segundo fue el 6 de agosto.

Pero no sólo esta circunstancia los une. Por el contrario, las coincidencias abundan entre estos dos personajes del jazz. El primero y más notorio de ellos es el instrumento porque el que se hicieron famosos. Hablamos, claro está, de la trompeta.

También los iguala el talento. Con mucha probabilidad la mayoría reconozca a Louis (o Sachmo o Pops, como lo llamaron a lo largo de su carrera) como uno de los sinónimos del género sincopado.

Sin dudas que tiene méritos de sobra para que así sea. Por caso, formó parte de tres agrupaciones que fueron un verdadero furor y que se hicieron un nombre en los anales del jazz. En efecto, participó de las bandas de King Oliver, Kid Ory y Fletcher Henderson.

No pueden quedar fuera también las grabaciones que realizó al frente de los Hot Five y los Hot Seven que se convirtieron en discos indispensables en la historia del género, con músicos de la talla de Earl Hines, Johnny y Baby Dodds y Johnny St Cry, entre otros.

Bix BeiderbeckeSin embargo, también Bix supo hacerse un lugar. Autodidacta, sorprendió al público desde la banda de Indiana (que fue llamada “The Wolverines” en honor al famoso tema de Jelly Roll Morton “Wolverine Blues”) con apenas 20 años.

En los años ‘20 fue considerado como uno de los estandartes del denominado “estilo Chicago” (movimiento que predominaba en esa época) y señalado por algunos críticos como el pionero del cool jazz.

Las grabaciones más recordadas fueron realizadas junto al saxofonista Frankie Trumbauer y con su propia agrupación que se hacía llamar Bix Beiderbecke and his Rhythm Jugglers. También es recordado su paso por al orquesta de Paul Whiteman.

El respeto que existía era mutuo. Prueba de ello es que Armstrong se haya negado a interpretar la canción “Singin’ The Blues” ya que pensaba que el solo de Bix no podía mejorarse.

No obstante, también existen cosas que los separaron como su forma de tocar la trompeta. Mientras Louis era explosivo, Bix era más bien intimista y tranquilo en su forma de ejecutar el instrumento.

Además, los excesos que Beiderbecke tenía con el alcohol (que lo llevaron a una prematura muerte con tan sólo 28 años de edad) no se condecían con el saludable Sachmo.

Lo que tal vez es más triste es que ellos -pese a que reconocían en el otro a uno de los mejores trompetistas- nunca pudieron darse el gusto (y dárselo también al mundo entero) de grabar un disco juntos.

La absurda segregación impidió, incluso, que estos geniales músicos pudieran compartir un escenario para el deleite del público de aquellos años. Aunque una vieja leyenda asegura que al menos pudieron hacerlo a puertas cerradas en un local del sur de Chicago.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Keith Jarrett, el niño prodigio que cumplió 69 años

Keith JarrettHace unos 69 años, más precisamente un 8 de mayo de 1945, nació en en la ciudad de Allentown (Pennsylvania – Estados Unidos) un niño que pronto demostró tener el talento propio de un prodigio.

Su capacidad, sumado al oído absoluto que poseía, hizo que antes de cumplir tres años ya comenzara a tomar clases de piano. Ese instrumento que lo acompaña y con el que crea las obras más maravillosas.

Era sólo un nene de cinco años cuando se presentó en el programa televisivo de jóvenes talentos que organizaba Paul Whiteman y dos años después realizaba su primer concierto formal donde no sólo tocó obras de Bach, Mozart y Beethoven, sino que remató con sus propias composiciones.

Eso explica parte de lo que vino después. Art Blakey lo había contratado para que toque con los Jazz Messengers, pero su acuerdo se vio interrumpido cuando Jack DeJohnette, consciente de su talento, lo convenció para que se una al cuarteto de Charles Lloyd.

Con el baterista no sólo grabó Forest Flowers -que tuvo excelentes repercusiones, al igual que las presentaciones que hizo tanto en el continente americano como en Europa- sino que creó un vínculo que mantuvo por varios años.

Quien se fijó en su talento fue Miles Davis. Sin embargo, el trompetista necesitaba que los pianistas tocaran teclados eléctricos, algo que Jarrett hacía bien, pero que no le complacía lo suficiente.

También en los ’70, llegó el tiempo de descubrir sus propios caminos. Y lo hizo de diversas maneras. Por un lado, a través de sus conciertos de improvisación, tales como el que brindó en la ciudad alemana de Colonia (The Köln Concert) y que quedó registrado en un disco imperdible.

Por el otro, creó un cuarteto con el saxofonista Dewey Redman, el contrabajista Charlie Haden y el baterista Paul Montian con los que trabajó una línea musical que contenía un poco de todo: jazz, blues, gospel y free, entre otros ritmos.

Por último, ya entrados los ’80, creo una de las bandas que el año pasado cumplió tres décadas y que lo celebró con el álbum Somewhere. Hablamos, claro está, del trío compuesto por Dejohnette y Gary Peacock (contrabajo).

Su marcha no se detiene. Sigue buscando el sonido perfecto, fiel a su instinto de superación y exigencia permanente. Y, con casi siete décadas encima, los que disfrutamos con cada disco nuevo rogamos larga vida a Keith Jarrett.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Rhapsody in Blue: la canción que consagró a George Gershwin

gershwinEl 12 de febrero de 1924 fue una fecha que no pasó desapercibida en la historia musical del jazz. Por el contrario, aquel martes dio nacimiento a la consagración de un joven de 23 años que decidió hacer algo poco común: lograr la unión de la música clásica con el género sincopado.

Ese día, el Aeolian Hall fue el escenario que consagró a George Gershwin, un pianista blanco nacido en el Brooklyn (New York – Estados Unidos) el 26 de septiembre de 1898, que escribió una obra que pasó a la posteridad: Rhapsody in Blue.

Ocurre que por entonces, los norteamericanos consideraban que el jazz era algo más bien vulgar que, pese a tener sus raíces bien dentro de su territorio, no lograba tener el “nivel” que se encontraban en sinfonías como las de Beethoven, Mozart o Bach.

Es llamativo lo que sucedió aquella tarde. Fue Paul Whiteman quien le hizo el encargo a Gershwin de que creara un “jazz sinfónico” para que sea interpretado por su banda. Algo que George aceptó con ganas y que escribió en sólo tres semanas.

Ante la novedad de la propuesta -que luego se convirtió en algo más común-, la gente se agolpó en el teatro y se encontró con una puesta en escena tan poco convencional como el programa que se iba a presentar.

Al menos así lo describió el crítico Olin Downes en su columna del New York Times al día siguiente, que escribió: “Los pianos estaban uno más abierto que el otro, en medio de un desorden de todos los artefactos de viento e instrumentos de percusión imaginables (…) También, apoyados o colgados, había sartenes, grandes utensilios de hojalata y una sordina de trompeta, más tarde aplicada al extremo de un trombón”.

El mismo Whiteman había escrito alguna vez que en aquella oportunidad estaba tan ansioso de saber qué sucedía afuera, que decidió salir a dar un vistazo y se encontró con una multitud de personas que, pese a que estaba nevando, se “peleaban por llegar a la puerta” del recinto.

Las criticas fueron diversas. Mientras algunos aseguraban (como Downes) que la obra había conmocionado al público, otros (como Lawrence Gilman, del The New York Tribune) describieron la obra como poco original, anticuada e inexpresiva.

Sin embargo, nadie puede negar que fue el trampolín que llevó a Gerswin a la cumbre de su carrera y que lo convirtió, según Isaac Goldberg, en un “joven coloso” que se “montó sobre el mundo musical de la Gran Manzana”.

Con Rhapsody in Blue, George había logrado que el público y los críticos lo incorporaran al selecto grupo de talentosos que formaban los músicos que siempre fueron sus ídolos: Irving Berlin y Jerome Kern.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Bunny Berigan: la trompeta que hizo temblar a Louis Armstrong

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Los años 30 encontraron a Estados Unidos en medio de la Gran Depresión que se inició con el Crack de Wall Street.

En el plano musical, sin embargo, la vida era una fiesta. Y, en el jazz más precisamente, todo sonaba a Swing.

Las big bands dominaban la escena y se hacían fuertes nombres como Fletcher Henderson, Louis Armstrong, Benny Goodman, los hermanos Dorsey, Duke Ellington y Count Basie, por nombrar sólo algunos.

También, en esos años un músico dividía su vida en apenas dos cosas: el jazz y el alcohol. Su nombre era Rowland Bernard Berigan. Su instrumento, la trompeta. Y su apodo “Bunny”.

Nacido en Hilbert (Wisconsin – Estados Unidos), Bunny Berigan fue, según algunos críticos, una verdadera competencia de Armstrong. Es que con su gran potencia y tonos los fuertes que dominaba, podía deslumbrar a más de uno.

Su carrera fue maratónica. Era un niño prodigio que a corta edad ya tocaba el violín y la trompeta. Durante su juventud participó de manera amateur en varias bandas hasta que, en 1930, fue contratado profesionalmente por Hal Kemp.

Así, con tan sólo 22 años formaba parte de una de las primeras orquestas que viajó a Europa para mostrarle al Viejo Continente la música que sonaba del otro lado del charco.

Pero su vida se consumía rápidamente. Como el contenido de las botellas de alcohol que ingería. Vicio que le impedía iniciar su carrera en solitario.

Eso, sin embargo, no le imposibilitó formar parte de las mejores bandas del momento.

Uno de sus primeros trabajos fue, nada más y nada menos, que el de reemplazar a Bix Beiderbecke en la formación de Paul Whiteman.

Como si fuera una broma macabra, Whiteman se había quedado sin su trompetista por culpa del alcohol y lo suplantaba con otro adicto a la bebida.

En 1935 formaba parte de la orquesta de Goodman y dejaba registrados unos solos majestuosos en “King Porter Stomp” y en “Sometimes I’m Happy”.

Dos años después, formaba parte de la banda de Tommy Dorsey y componía dos clásicos: “Marie” y “Song Of India”.

La mejor canción de Berigan llegó con una formación propia que incluía al baterista Buddy Rich y que llevó por nombre “I Can’t Get Started”.

Ya con un gran éxito detrás, Bunny decide disolver la banda y retoma su lugar junto a Dorsey. Asomaban los años 40.

Junto a Tommy permaneció un tiempo hasta que su salud dijo basta. Su hígado no soportó el alcohol y abandonó este mundo el 2 de junio de 1942 a los 33 años. Solo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com

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