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Bebo Valdés: el pianista que le puso “ritmo” al jazz

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Si hay algo que caracteriza a la música del Caribe es su “ritmo”. Y si existe un lugar que es sinónimo de esta palabra, sin dudas ese es Cuba.

Justamente, es allí de donde provino Bebo Valdés que, junto a otros como Mario Bauzá, Chano Pozo o Tito Puente, fue partícipe de la introducción de un poco de “latino” al jazz.

Nacido en Quivicán el 9 de octubre de 1918, Ramón Emilio Valdés Amaro se dedicó de pequeño a tocar el piano en cuanto lugar pudiera, formando parte de varias bandas juveniles.

En su adolescencia comenzó su carrera profesional participando de la orquesta de Julio Cueva, una de las más populares de Cuba.

Ya en la década del cuarenta empieza a trabajar junto a Armando Romeu en el cabaret “Tropicana” convirtiéndose, luego, en el asesor musical del lugar.

Subieron junto a él en el escenario grandes artistas norteamericanos, como el cantante Nat King Cole.

La fama dentro del jazz llegaría en 1952 de la mano del productor Norman Granz quién decidió grabar la primera “descarga” en la isla.

Estas “descargas” no eran otra cosa que el primo latino de las jams sessons, es decir, el momento en el que los músicos se juntan a tocar e improvisar.

En los años sesenta, Bebo viaja a México para colaborar con Lucho Gatica, un cantante de boleros chileno. Además, en aquella época emprendió una gira por Europa junto a la banda “Habana Cuban Boys”.

Esos aires trajeron un gran cambio: decidió abandonar Cuba y exiliarse en Estocolmo (Suecia). Allí se casó y formó una nueva familia, dejando atrás a su esposa y a cinco hijos. Uno de ellos era Chucho Valdés, quien seguiría sus pasos el piano y en el jazz.

Tuvieron que pasar treinta años hasta que Paquito D’ Rivera lo sacó de su letargo en 1994, cuando lo invita a grabar Bebo Rides Again. A partir de allí y pese a cargar con 76 años vuelve al ruedo musical.

En el 2000 forma parte de la película Calle 54, del director Fernando Trueba, y participa de la grabación de la banda sonora junto a músicos de la talla de Puente, Eliane Elias, Jerry González, Michel Camilo, D’Rivera, Cachao y su propio hijo, Chucho.

También se hizo lugar para trabajar junto con el cantante de flamenco Diego El Cigala, con quién registra el disco “Lágrimas Negras”.

Su último disco fue junto a Chucho y se tituló “Juntos para siempre”. Esa fue la consigna que siguió su hijo en los últimos días de su vida. Se había trasladado a Benalmádena (MálagaEspaña), para cuidar a Bebo en sus últimos días.

Chucho no pudo evitar que su nueva familia lo trasladara a Estocolmo, donde falleció el pasado 22 de marzo. Pero su felicidad fue tener la posibilidad de quedar inmortalizado junto a Bebo en un disco. Justos para siempre.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com 

JATP: jazz en estado puro

250px-JATP_1955Pese a que la Jazz At The Philarmonic -o simplemente JATP, como se la conoció popularmente- estaba compuesta por varios músicos, basta mencionar a una sola persona para definirla: Norman Granz.

Es que este famoso productor de jazz fue ideólogo de esta maravillosa movida que juntaba a los mejores músicos del género del momento para participar en jam sessions abiertas al público.

El objetivo era claro: trasladar a grandes teatros aquellos que se producía en pequeños locales nocturnos, para lo cual llamaba a unos cuantos músicos y los ponía a tocar juntos.

norman granz

En el fondo, no sólo se trataba de conciertos sino de una reivindicación de valores debido a que Granz se negaba a que el espectáculo tuviera un público segregado racialmente.

El lugar elegido originalmente fue el Philarmonic Auditorium de Los Ángeles. Ese fue el motivo por el cual el espectáculo se llamó de esa manera, aunque años después se trasladara por diversos lugares de Estados Unidos y el mundo.

El día seleccionado fue el 2 de julio. Era 1944 y el músico del momento era Nat King Cole. Esa fue la razón por la que Granz eligió al cantante y pianista y lo hizo tocar con su trío. Ese fue el puntapié inicial.

Luego, llegaron varias figuras más, como por ejemplo Ella Fitzgerald, Duke Ellington, John Coltrane, Stan Getz y Coleman Hawkins.

También formaron parte de las veladas dos grandes del bebop. Hablamos, claro está, de Charlie Parker y Dizzy Gillespie.

Mención especial merece Illinois Jacquet ya que, según sus propias palabras, “Granz me debe a mí que JATP se convirtiera en éxito mundial”.

Fuera de Estados Unidos, los conciertos realizados en Japón fueron muy recordados por el público. En ellos, el trío de Oscar Peterson (formado por Herb Ellis y Ray Bronw) sobresalió con una notable actuación.

En 1967 llegó el fin del JATP. Pero el espectáculo siguió sonando gracias a que la mayoría de los conciertos fueron inmortalizados por los sellos de propio Granz (Clef, Norgran, Verve y Pablo).

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

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