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Wynton Marsalis vuelve a la Argentina luego de 10 años

Wynton MarsalisLuego de casi 10 años, el trompetista estadounidense Wynton Marsalis regresará a la Argentina para dar un concierto en el Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires junto a la orquesta Jazz at Lincoln Center (JALC).

En efecto, el próximo miércoles 25 de marzo (desde las 20 horas) se podrá ver una vez más en escena al primer músico de jazz que recibió por primera vez un premio Pullitzer por su obra “Blood on the Fields”.

La última vez que el trompetista tocó en la Argentina fue en junio de 2005 -también al frente de la Jazz at Lincoln Center– cuando se presentó a tocar en el Teatro Gran Rex de la Ciudad de Buenos Aires.
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Chick Webb: el ganador de todas las batallas

SavoyKing1Era la década del ’30 y reinaba el swing.

En el mundo del jazz dominaban la escena las big band y sobresalían los nombres de Duke Ellington, Benny Goodman, Fletcher Henderson, Glenn Miller, Artie Shaw, Earl Hines… y, por supuesto, Chick Webb.

Este músico fue uno de los primeros bateristas en estar al mando de su propia banda, algo que con el tiempo repetirían otros como Gene Krupa. Pero, claro está, no sobresalió por eso sino por su forma de tocar.

Y no sólo eso: sino que fue además un gran batallador, no sólo en la vida, sino también arriba del escenario.

Webb nació en Baltimore (Estados Unidos) el 10 de febrero de 1909 y su infancia se caracterizó por las enfermedades que impidieron un desarrollo corporal normal. No obstante, su pequeño cuerpo no le impidió avanzar en la música.

Instalado en Nueva York, se hizo escuchar y su nombre sonó tanto como los bombos, platillos y redoblantes de su batería. Tanto retumbó que en 1927 consiguió ser el líder de la banda que sonaba en el Savoy Ballroom, el mítico salón de baile del Harlem.

Allí, fue partícipe de los famosos enfrentamientos de bandas. Algo que le encantaba por el simple hecho de ser imbatible. Lo sabe bien Goodman, quien fue abatido arriba del escenario pese a que su formación era mayor en número que la de Webb.

Krupa, que por aquel momento formaba parte de la orquesta del clarinetista, admitió luego de aquella batalla: “Jamás fui vencido por un músico mejor”.

Grandes músicos pasaron por la agrupación de Chick, tales como Mario Bauzá (que en los años ’30 le puso un poco de Cuba al jazz), Louis Jordan (el saxofonista, cantante y director que sobresalió con él y luego comenzó su carrera como solista) o Garvin Bushell (uno de los primeros especialistas en fagot del género).

Y si de figuras se trata, es imposible olvidar mencionar a Ella Fitzgerald. Es que fue Webb quien, en 1934, la incluyó de jovencita en su banda, apenas un tiempo después de haber obtenido el premio en el Apollo Theater.

La cantante se convirtió rápidamente en la principal atracción de la formación del baterista y juntos lograron posicionar canciones como “A Tisket A Tasket” en lo más alto de los ratings norteamericanos.

Pero la salud de Chick era débil. Y su participación en la orquesta comenzó a hacerse más espaciada, hasta que debió dejar de tocar a fines de 1938. Apenas unos meses después, más precisamente el 16 de junio de 1939, le dijo adiós al mundo en su ciudad natal.

Dejó tras de sí un gran repertorio, sus batallas ganadas y una banda que fue dirigida los años siguientes por Fitzgerald, quién se convertiría con el tiempo en una de las voces más famosas del jazz. Aunque esa es otra historia.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Ella Fitzgerald: 96 años de una voz maravillosa

Ella Fitzgerald Copenhagen April 1970El 25 de abril se cumplieron 96 años del nacimiento de la legendaria cantante Ella Fitzgerald.

Ella, junto con Louis Armstrong, fue una de las más brillantes vocalistas que dominaron el scat, aquella técnica que le permitía utilizar sus cuerdas vocales como instrumentos.

Sus primeros años no fueron los mejores de su vida. Su padre se fue de su casa cuando aún era una niña. Pocos años después, su madre sufrió un accidente fatal. Y, ya viviendo con su tía, se enteró de la muerte de su padrastro.

Rodeada de pobreza, Fitzgerald no salía de un drama para meterse en otro. Ausentismo en el colegio y problemas con la policía eran una constante en esa época, al igual que la música y el baile.

Desde chica le fascinaba esas artes y quería vivir de ellas. Eso fue lo que la llevó a presentarse en el Teatro Apolo de Harlem, con sólo 16 años, en el concurso de jóvenes talentos.

Ganar el premio como cantante fue el puntapié inicial en su carrera. Lo llamativo fue que, lejos de preparar una rutina musical, Ella se había hecho presente con la intención de bailar.

Sin embargo, el destino le tenía preparado otra cosa: en el número anterior las hermanas Edwards hicieron una coreografía que dejaron al público aplaudiendo de pie. Así que Fitzgerald tuvo que cambiar su rutina de baile. Por suerte.

En aquella oportunidad cantó “Judy” y lo hizo tan bien que le pidieron un bis. “The Object of My Affections” fue la segunda canción. Y el premio se quedó con ella.

Pero, además de los dólares que ganó en el concurso, tuvo esa noche su segundo premio. Ocurre que entre el público se encontraban Benny Carter y Mario Bauza. Ambos quedaron anonadados con la cantante.

Carter estaba tan conmovido que movió cielo y tierra para conseguir que Ella participara en una banda de jazz. Intentó primero tentar al productor John Hammond, sin demasiado éxito.

Luego, a falta de una, consiguió dos orquestas que se interesaron por la cantante: la dirigida por el saxofonista Tiny Bradshaw y la del baterista Chick Webb.

La participación de Fitzgerald en la primera se extinguió rápidamente, cosa que no sucedió con la de Webb. Con él, grabó una de las canciones que coronaron el éxito en sus primeros años de carrera: “A-Tisket, A-Tasket”, logró vender 1 millón de copias.

Junto a la formación de Webb, Ella convirtió las noches del Savoy Ballroom de Harlem en algo mítico. Con el fallecimiento del baterista en 1939, Fitzgerald decidió continuar con la banda hasta 1942.

A partir de ese corte, llegó el momento de continuar en solitario y de trabajar esporádicamente con otros grandes de la escena del jazz, como el genial trompetista Dizzy Gillespie.

Tal como lo afirma Joachim Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”, en los años cuarentas “sus vocalizaciones improvisadas sobre temas como ‘How High the Moon’ o ‘Lady Be Good’ condujeron al corazón del bop”.

En esa época conoció al productor Norman Granz, que la incluyó en la JATP y donde compartió escenario con músicos de la talla de Duke Ellington, Cole Porter, Irving Berlin y los hermanos Gershwin.

El mismo Ira Gershwin fue quien aseguró: “No sabía lo bueno que eran nuestras canciones hasta que escuché a Ella Fitzgerald cantarlas”.

Mención aparte merecen los trabajos con Louis Armstrong. Con él grabó dos discos (Ella and Louis -1956- y Ella and Louis Again -1957-), que son ideales para quienes quieran aprender qué es el scat.

Durante las décadas siguientes grabó con músicos de la talla de Joe Pass, Count Basie y Oscar Peterson. Incluso, se animó a cantar pop, blues, bossa nova, samba, gospel y calypso.

Además, fue invitada a numerosos programas de gran éxito, como “The Bing Crosby Show”, “The Dinah Shore Mostrar”, “The Frank Sinatra Show”, “The Ed Sullivan Show”, “The Tonight Show”, “The Nat King Cole Show “,” The Andy Willams Show” y ” The Dean Martin Show “.

Pero su vida dio un vuelco en 1986. En septiembre debieron operarla del corazón y le detectaron una diabetes que primero la dejaría ciega, luego la haría perder sus piernas y por último se llevaría su vida el 15 de julio de 1996.

Quedó en el recuerdo el maravilloso espectáculo que brindo en 1991 en el Carnegie Hall de Nueva York sin saber que sería el último.

En su carrera ganó 13 premios Grammy (como mejor vocalista femenina y mejor interpretación de diversas canciones), y galardones de revistan tan prestigiosas como Metronome y Down Beat.

Además, en 1987 recibió de manos del por aquel tiempo presidente de Estados Unidos Ronald Reagan la Medalla Nacional de las Artes.

Sus últimos días los compartió con su hijo Ray Jr. y su nieta Alice. En aquellos años solía decir que “sólo quiero oler el aire, escuchar a los pájaros y escuchar reír a Alice”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Bebo Valdés: el pianista que le puso “ritmo” al jazz

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Si hay algo que caracteriza a la música del Caribe es su “ritmo”. Y si existe un lugar que es sinónimo de esta palabra, sin dudas ese es Cuba.

Justamente, es allí de donde provino Bebo Valdés que, junto a otros como Mario Bauzá, Chano Pozo o Tito Puente, fue partícipe de la introducción de un poco de “latino” al jazz.

Nacido en Quivicán el 9 de octubre de 1918, Ramón Emilio Valdés Amaro se dedicó de pequeño a tocar el piano en cuanto lugar pudiera, formando parte de varias bandas juveniles.

En su adolescencia comenzó su carrera profesional participando de la orquesta de Julio Cueva, una de las más populares de Cuba.

Ya en la década del cuarenta empieza a trabajar junto a Armando Romeu en el cabaret “Tropicana” convirtiéndose, luego, en el asesor musical del lugar.

Subieron junto a él en el escenario grandes artistas norteamericanos, como el cantante Nat King Cole.

La fama dentro del jazz llegaría en 1952 de la mano del productor Norman Granz quién decidió grabar la primera “descarga” en la isla.

Estas “descargas” no eran otra cosa que el primo latino de las jams sessons, es decir, el momento en el que los músicos se juntan a tocar e improvisar.

En los años sesenta, Bebo viaja a México para colaborar con Lucho Gatica, un cantante de boleros chileno. Además, en aquella época emprendió una gira por Europa junto a la banda “Habana Cuban Boys”.

Esos aires trajeron un gran cambio: decidió abandonar Cuba y exiliarse en Estocolmo (Suecia). Allí se casó y formó una nueva familia, dejando atrás a su esposa y a cinco hijos. Uno de ellos era Chucho Valdés, quien seguiría sus pasos el piano y en el jazz.

Tuvieron que pasar treinta años hasta que Paquito D’ Rivera lo sacó de su letargo en 1994, cuando lo invita a grabar Bebo Rides Again. A partir de allí y pese a cargar con 76 años vuelve al ruedo musical.

En el 2000 forma parte de la película Calle 54, del director Fernando Trueba, y participa de la grabación de la banda sonora junto a músicos de la talla de Puente, Eliane Elias, Jerry González, Michel Camilo, D’Rivera, Cachao y su propio hijo, Chucho.

También se hizo lugar para trabajar junto con el cantante de flamenco Diego El Cigala, con quién registra el disco “Lágrimas Negras”.

Su último disco fue junto a Chucho y se tituló “Juntos para siempre”. Esa fue la consigna que siguió su hijo en los últimos días de su vida. Se había trasladado a Benalmádena (MálagaEspaña), para cuidar a Bebo en sus últimos días.

Chucho no pudo evitar que su nueva familia lo trasladara a Estocolmo, donde falleció el pasado 22 de marzo. Pero su felicidad fue tener la posibilidad de quedar inmortalizado junto a Bebo en un disco. Justos para siempre.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com