Etiqueta: Lalo Schifrin

Adiós, Gato revolucionario

gatoLe decían “gato”, pero perfectamente podrían haberlo llamado “ingeniero”, ya que fue uno de los pocos músicos que logró imponer algo propio en la compleja maquinaria del jazz, esa en la que es más fácil ser una pieza que un creador.

Leandro Barbieri nació en Rosario el 28 de noviembre de 1932. En Santa Fe aprendió a tocar el saxo y a los 12 se fue a vivir a Buenos Aires, siguiendo los pasos de su hermano Rubén (que fue contratado para tocar en la orquesta de René Cóspito).

La primera banda en la que participó profesionalmente fue en “Jazz Casablanca”. Tenía 18 años y un prometedor futuro. En 1953 brilló en la agrupación de Lalo Schifrin, pero necesitaba más. Tanto, que cuando el circuito argentino le quedó chico, decidió cruzar el charco -previo paso por Brasil- y se fue a probar suerte a Italia.

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Wynton Marsalis vuelve a la Argentina luego de 10 años

Wynton MarsalisLuego de casi 10 años, el trompetista estadounidense Wynton Marsalis regresará a la Argentina para dar un concierto en el Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires junto a la orquesta Jazz at Lincoln Center (JALC).

En efecto, el próximo miércoles 25 de marzo (desde las 20 horas) se podrá ver una vez más en escena al primer músico de jazz que recibió por primera vez un premio Pullitzer por su obra “Blood on the Fields”.

La última vez que el trompetista tocó en la Argentina fue en junio de 2005 -también al frente de la Jazz at Lincoln Center– cuando se presentó a tocar en el Teatro Gran Rex de la Ciudad de Buenos Aires.
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Hugo Pierre: el adiós de un grande de la escena nacional

hpEl pasado jueves (3 de octubre) falleció el clarinetista y saxofonista Hugo Pierre, uno de los grandes talentos que tuvo el jazz argentino.

Sus orígenes musicales hay que buscarlos en Rosario (Santa Fe), donde comenzó estudiando clarinete en el Conservatorio Municipal (entre los años 1945 y 1950) y lo perfeccionó con Juan Grisiglione (hasta 1955).

Las primeras agrupaciones que integró fueron de su ciudad natal. Entre ellas, figuran las orquestas de Alberto Lac Prugeant y Adolfo de los Santos y la “Jazz Santa Mónica”, tal como recuerda Walter Thiers en “El Jazz criollo y otras yerbas”.

Mientras que sus inicios con el clarinete estuvieron marcados por las enseñanzas de sus maestros, con los saxofones la historia fue distinta: aprendió sólo a tocar el barítono, el soprano y el alto. Un verdadero autodidacta en el arte de hacer sonar los bronces de una manera maravillosa.

En 1955, con 19 años, decidió viajar a Buenos Aires y comenzó a trabajar de manera profesional con Héctor Lagna Fietta. En los años siguientes comenzó su contacto más directo con el jazz: las noches del Bop Club Argentino.

Allí se codeó con otros grandes músicos, como Baby López Frurst, Jorge López Ruiz, Lalo Schifrin y Leandro “Gato” Barbieri. Pero también encontró al “jazz moderno”, algo complicado de conseguir en aquella época.

En su libro “Jazz al Sur – La historia de la música negra en la Argentina”, Sergio Pujol rescató una vieja entrevista donde Pierre explicó lo complicado que era interpretar esta música, ya que lo que dominaba era lo “tradicional”.

“En cuanto a tocar jazz, lo hago cuando puedo. Depende de las oportunidades y a veces no abundan. En la Argentina se toca más jazz tradicional que moderno (esto no es una queja sino un hecho). Como yo toco moderno, tengo menos chances”, habría dicho por 1976.

Por eso tal vez su carrera incluye un poco de todo: la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta Estable del Teatro Colón, la Orquesta Sinfónica Nacional y las actuaciones junto a Julio Iglesias, Xavier Cugat y Edith Piaf.

Pero también pueden mencionarse sus actuaciones junto a tres grandes cantantes norteamericanos: Tony Bennett, Sammy Davis Jr. y Nat King Cole.

No obstante, eso no fue un impedimento para hacer jazz. Tal vez las intervenciones más recordadas fueron las que realizó en dúo junto con Gerardo Gandini, cuando interpretaron obras de George Gershwin y Duke Ellinton.

Mención aparte merece La Banda Elástica. Fue en 1988 cuando se unió a la agrupación que estaba formada por Ernesto Acher, Jorge Navarro, Juan Amaral, Ricardo Lew, Enrique Roizner, Carlos Constantini y Enrique Varela.

Con ellos realizó varias grabaciones y presentaciones. Sobresales las visitas a Mar del Plata y a países vecinos como Uruguay, Brasil y Paraguay.

Desde 1995 dirigía el Cuarteto de Saxofones que llevaba su nombre y que estaba conformado por Andrés Robles, Jorge Scarinchi y Pablo Scaglia. Su repertorio no sólo contaba con jazz, sino que también incluía tango, folklore y música clásica.

Tuvo una amplia carrera como docente, que incluyó el profesorado en la cátedra de saxo en el Conservatorio Nacional de Música y la cátedra de clarinete en la Universidad Católica Argentina. Además, fue autor del programa de estudios de la cátedra de jazz de la Escuela de Música Popular de la Provincia de Buenos Aires.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

 

Un gato en los tejados del mundo del jazz

gato-barbieriCuando era pequeño Leandro Barbieri quería triunfar con el fútbol.

Sin embargo, criarse en una familia donde el padre era violinista aficionado y su tío un saxofonista destacado terminó torciendo la historia… por suerte.

Nacido en la ciudad de Rosario el 28 de noviembre de 1932, dio sus primeros pasos musicales de la mano de un clarinete que pronto reemplazó por un saxo alto.

Eso fue para cuando cumplió 12 años y viajó a Buenos Aires. Ocurre que su hermano Rubén fue contratado por René Cóspito para formar parte de su orquesta. Adivinaron: él también era músico y tocaba la trompeta como ninguno.

Lejos ya de su deseo de patear una pelota toda su vida, el jóven Leandro cambió el rumbo de su destino. Ahora quería ser un músico destacado.

A los 18 años tuvo su primer empleo en la banda estable de Jazz Casablanca y, sabiendo que se logra el éxito mediante el esfuerzo, comenzó a devorar cuanto disco de jazz tenía a su alcance.

Además corría cada noche del Hot Club al Bop Club para participar en cuanta sesión musical sonara. Fue así como fue perfeccionando su estilo y fue eligiendo su camino.

Seducido Sonny Rolling, decidió cambiar el saxo alto por el tenor y fue contratado para trabajar con una joven promesa: Lalo Schifrin. Y para ese entonces, ya todos lo llamaban Gato.

Con él logró definir un sonido único. Incluso, tal como lo sostuvo Sergio Pujol en su libro “Jazz al Sur”, “hacia fines de los 50, no había en todo Buenos Aires -y presumiblemente tampoco en el resto del país- un saxofonista con la garra de Barbieri”.

No obstante, su destino no estaba en este país. Como todo gato, necesitaba libertad y la encontró en Europa. Apañado por su novia Michelle, viajó al Viejo Continente. Y pronto logró tocar con un gran trompetista: Enrico Rava.

En aquellos alocados años 60, todo era free jazz y Leandro se sentía verdaderamente a gusto con ese género. Por aquellos años fue también cuando se unió a la banda de uno de los trompetistas que compartió escenario con el mismísimo Sonny Rolling (las vueltas de la vida, vio).

Ilustración Viktoria Martin

Ilustración Viktoria Martin

La década de los setenta lo encontró en otra etapa de su vida. Quería volver a sus raíces y encontrar una mezcla propia de sonidos. Así fue que sumó parte de su free con algo de Latinoamérica. Algo que fue verdaderamente único.

Pero para llegar a eso, fue necesario dar un gran salto. Necesitaba algo para llegar a las vidrieras del mundo y lo logró de la mano de Bernardo Bertolucci, quien le encomendó que musicalice su film “El Último Tango en París”.

Aquella película, protagonizada por un inspiradísimo Marlon Brandon, fue una verdadera revolución y obtuvo dos Oscar: uno al mejor actor y otro al mejor director en 1973.

Ya no cabían dudas que este saxofonista necesitaba más y la llave mágica llegó con un contrato con el sello Impulso.

Fue así como grabó cuatro discos en los que se le permitió cumplir con su deseo de unir el norte de América con los ritmos latinoamericanos.

Los álbumes se llamaron Chapter One: Latin American, Chapter Two: Hasta siempre, Chapter Three: Viva Emiliano Zapata y Chapter 4: Alive in New York.

Los discos incluyeron músicos de la talla de Dino Saluzzi, Domingo Cura, Ricardo Lew, Pocho Lapouble, Chico O’ Farrill y Ron Carter. Su objetivo era lograr que los músicos tocaran lo que les era natural. Tal como lo describió el propio Barbieri: “Quiero dejar claro que he inventado algo que no es latino, ni jazz, sino algo intermedio”.

Luego, el Gato pasó por diversos escenarios internacionales mostrando la música que él mismo había creado. Muy recordado es aún cuando coreó en Montreux “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas” ante un público que lo aplaudía de pié.

Después de la muerte de Michelle, el Barbieri se quedó instalado en su departamento de Central Park. Sobreviviendo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Marin – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com