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La Herrería: un homenaje que lleva 500 programas

 

Claudio Parisi y Néstor Rodríguez se conocieron hace varios años gracias a Rubén “Nano” Herrera, uno de los grandes periodistas musicales que tuvo la Argentina. Con él no sólo compartieron horas de radio, sino también interminables tertulias en el bar Premier y recitales de todo tipo y color.

La amistad que unía a estos tres personajes era tan grande que, cuando falleció el periodista el 7 de abril de 2009, Claudio y Néstor tuvieron la necesidad de homenajear a ese amigo del alma. Fue así como nació La Herrería, un programa que tuvo distintos formatos, pasó por diferentes radios (Onda Latina, Splendid, Belgrano y Estación Quince Cincuenta) y cumplió, nada más y nada menos, que 500 programas.

El nombre del ciclo fue una ocurrencia de Rodríguez. Al menos así lo recordó Parisi en una charla exclusiva con Animales del Jazz, donde también aportó anécdotas y datos curiosos de un programa por el que pasaron casi todos los músicos que actuaron en los escenarios argentinos.

La primera emisión -que tuvo como sede la radio Onda Latina- fue el 6 de mayo del 2009 y tuvo como invitado de honor a uno de los grandes amigos que tuvo Herrera: Jorge “Negro” González.

La idea era convocar a los amigos de Nano para que contaran anécdotas sobre él. Algo que, considerando el historial del periodista que logró entre tantos hitos unir a Leandro “Gato” Barbieri y a Julio Cortázar, les garantizaba aire por un largo tiempo.

Lo que había comenzado como un homenaje a su gran amigo, tomó vuelo propio y cambio poco a poco el formato. Según Parisi, “espontáneamente se convirtió en un en programa de entrevistas”. Y por él pasaron nombres de la talla de Lalo Schifrin, el Gato Barbieri, Jorge Calandrelli, Stefano Bollani, Wynton Marsalis y John McLaughlin por mencionar sólo un puñado de los artistas.

Hubo lugar también para sorpresas. Si bien la idea siempre fue reportear a músicos de jazz y otros géneros, se permitieron abrir el abanico de posibilidades. Fue así como llegó el turno de entrevistar a Gabriel Epstein, dueño de la mítica disquería “El Ajujerito”.

“Fue una genialidad esa entrevista, porque pasaron millones de anécdotas. Inclusive, cuando terminó el programa seguimos charlando con él y quedaron un montón de cosas que no aparecieron en el programa que fueron geniales, como por ejemplo que a la disquería fue un día a comprar discos Bill Evans”, recordó.

Con el correr del tiempo, la impronta de Herrera se fue imponiendo. Las horas compartidas fueron vitales para la formación profesional de Claudio, que ya tiene su propio manual de estilo. “Yo tengo tres pautas para hacer entrevistas: llegar con mucha información del entrevistado, sin importar si es un joven o un consagrado; saber que la estrella es el entrevistado y no el entrevistador; y nunca perder la admiración que siento por los músicos”, resumió.

A eso se le suman las enseñanzas recibidas del maestro, entre las que destaca una por sobre todas: “Lo que aprendí es a respetar a los grandes maestros de la música argentina y a deslumbrarme con las jóvenes promesas. Él valoraba tanto a un chico que recién empezaba como a un histórico”.

Y añadió: “Esa fue una de las cosas más importantes que me dejó Nano. Por eso La Herrería convoca a grandes leyendas como a chicos muy jóvenes que recién están comenzando y que verdaderamente son monstruos”.

Las muestras son claras. Basta recordar que, cuando cumplieron 200 emisiones, fueron invitados los miembros del legendario “Quinteplus” (González, Gustavo Bergalli, Santiago Giacobbe y Jorge Anders), y el mismo objetivo fue el que motivó la presencia de Escalandrum en el programa 500. “Nos pareció que el ícono más importante de los grupos de jazz y tuvimos el privilegio de hacer el programa con ellos”, destacó.

Sin embargo, tal vez lo que más caracteriza a Parisi en estos días es otra de las enseñanzas que adquirió del maestro: ir tras bambalinas. Porque fue Herrera el que le hizo conocer que existía una vida detrás de escena.

“Iba a los conciertos con Nano y él me llevaba a los camarines. Fue el que me mostró y me presentó los pasillos del Gran Rex, del Teatro Opera, del Coliseo”, señaló y remarcó entre risas: “Es un vicio que hoy mantengo recordando a Nano”.

Gracias a esta sana costumbre fue que pudo conocer en persona a monstruos de la talla de Wayne Shorter, John Patitucci o John Scofield. Pero hubo más, ya que a las glorias internacionales se sumaron las locales. “A través de Nano me vinculé con un montón de gente histórica del jazz: Gustavo Bergali, el Negro González, Jorge Navarro, Horacio ‘Chivo’ Borraro”, resaltó.

Es que Herrera es una constante inclusive hoy en día. El ejemplo que lo pinta de cuerpo entero, según recordó Claudio, se dio cuando tuvo la suerte de hacerle la entrevista al Gato Barbieri en Nueva York, ya que “uno de los objetivos que tenía era llevarle una grabación del encuentro que tuvo con Nano y Julio Cortázar”.

“Nano está permanentemente presente”, afirmó Parisi al final de la entrevista. Es verdad: el Nano sigue vigente en nuestros corazones. Lo que no dijo Claudio fue que parte del espíritu de ese genial periodista se mantiene vivo gracias a Néstor y a él, que con La Herrería mantienen encendida la llama que mantuvo candente el gran Nano Herrera.

Gonzalo Chicote

Se acerca el segundo número de BA Jazz Magazine

13403175_585361558311456_2948608426925565717_oLos motores de la redacción de BA Jazz Magazine no detienen su marcha y, en los últimos días, acelera su trabajo para darle un cierre al segundo número de la única revista de jazz que se edita en papel en la Argentina.

Tal como se puede leer en la primera edición, en la nueva habrá review de libros y discos de artistas nacionales. ¿De quiénes? Por ejemplo, se analizará el libro de Ezequiel “Chino” Piazza y el nuevo material de Sebastián Zanetto y Santiago de Francisco.

Al menos así lo adelantó a Animales del Jazz la directora general de BA Jazz Magazine, María Cueto, quien advirtió que en el segundo número también habrá una entrevista a la cantante Grisel D’Angelo y otra con Alma Laprida.

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Adiós, Gato revolucionario

gatoLe decían “gato”, pero perfectamente podrían haberlo llamado “ingeniero”, ya que fue uno de los pocos músicos que logró imponer algo propio en la compleja maquinaria del jazz, esa en la que es más fácil ser una pieza que un creador.

Leandro Barbieri nació en Rosario el 28 de noviembre de 1932. En Santa Fe aprendió a tocar el saxo y a los 12 se fue a vivir a Buenos Aires, siguiendo los pasos de su hermano Rubén (que fue contratado para tocar en la orquesta de René Cóspito).

La primera banda en la que participó profesionalmente fue en “Jazz Casablanca”. Tenía 18 años y un prometedor futuro. En 1953 brilló en la agrupación de Lalo Schifrin, pero necesitaba más. Tanto, que cuando el circuito argentino le quedó chico, decidió cruzar el charco -previo paso por Brasil- y se fue a probar suerte a Italia.

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