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Baker y Evans, las sesiones completas de una obra fugaz

0001471293_500Se puede decir que Chet Baker y Bill Evans eran muy parecidos. El primero tenía el diablo dentro, pero se convertía en ángel cuando tocaba la trompeta y cantaba. El otro también cargaba con sus demonios aunque transmitía espiritualidad al piano.

Las drogas -principalmente la heroína- ya formaban parte de sus vidas, aunque todavía no los habían consumido. Y el jazz intimista, suave y melancólico eran moneda corriente en sus repertorios.

Esos fueron los motivos que lo juntaron en la ciudad de Nueva York a fines de 1958 y a mediados de 1959. Fruto de esos encuentros, nacieron dos discos: Chet (Riverside) y Chet Baker plays the best of Lerner & Loewe (Riverside).

Era época de cambios para ambos músicos. En medio de las grabaciones, Evans formó parte de la orquesta de Miles Davis que registró el legendario Kind of Blue, uno de los mejores discos de jazz de la historia.

Baker, en cambio, saltaría el gran charco para iniciar una carrera en Italia, donde además de tocar participó de algunas películas. También allí conoció la prisión, luego de que quedar inmiscuido en un problema de drogas.

La vida terminó marcándoles caminos distintos y ya nunca más volvieron a registrar nada juntos. No obstante, 50 años después, el sello American Jazz Classics decidió juntarlos nuevamente, esta vez, en un disco con las sesiones completas de aquellos años.

Chet Baker & Bill Evans – The Complete Legendary Sessions incluye en total 15 temas, que son Alone Together, How High The Moon, It Never Entered My Mind, Tis Autumn, If You Can See Me Now, September Song, You’d Be So Nice To Come Home, Time On My Hands, You And The Night And The Music, Early Morning Mood, Show Me, I Talk To The Tree, Thank Heaven For Little Girls, I Could Have Danced All Night y Almost Like Being In Love.

Herbie Mann (flauta), Kenny Burrell (guitarra), Paul Chambers (bajo), Philly Joe Jones (batería) y Pepper Adams (saxo barítono) acompañaron a los músicos en los primeros 10 temas, que formaron parte del disco Chet.

En tanto, en las canciones restantes fueron incluidas Chet Baker plays the best of Lerner & Loewe, con reemplazos en el bajo (Earl May), saxos (Zoot Sims) y batería (Clifford Jarvis), salvo en Almost Like Being In Love, que tampoco contó con la presencia de Evans (fue reemplazado por Bob Corwin).

Una verdadera joya que vale la pena escuchar. La última que quedó de aquellos años maravillosos en los que ambos músicos estaban en la plenitud de su vida, en las que tenían aún una carrera por delante.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

(des) Amores

descarga (1)“Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir a veces por la noche cuando todo el mundo duerme. Le digo ya sé que estás ahí, no te pongas triste. Luego lo vuelvo a introducir, y él canta un poquito ahí dentro, no le he dejado morir del todo y dormimos juntos así con nuestro pacto secreto y es tan tierno como para hacer llorar a un hombre, pero yo no lloro, ¿Lloras tú?”. Charles Bukowski, Pájaro azul.

 

Miles Davis, John Coltrane. John Coltrane, Miles Davis. El primero, desde su primer pinchazo con el saxofonista Gene Ammons hasta su vuelta de Europa se encontraba prácticamente inválido en la música. Su arte, su vida amputada por la heroína. Inempleable y virtuoso. Con un talento creativo singular. Original y controversial. El hedonismo en la música, todo bajo su control. El segundo, un poco más joven, haciendo sus primeros pasos en la banda de Dizzy Gillespie. Un saxo que deslumbraba por su estilo al solear, de tintes introspectivos y muy atractivos. También adicto. La Nueva York de mediados de los 50 los esperaba para empezar a escribir sobre pentagramas y humo una de las partes más importantes de la historia de la música. Las brasas de un trago corto que buscan ser fuego. Pero a todo esto, ¿quién hubiese sido capaz de afirmar qué estos dos músicos, desde su primer encuentro hasta el último, calarían con un estilo tan profundo, tan original que hasta el día de hoy todos siguen tomando como referencia a la hora de componer e interpretar? Dos nombres que se cruzaban para ir, en paralelo, conformando una relación de tantos contrastes como similitudes, de equilibrios y desequilibrios, de un atractivo estético como pocas. Creando desde los opuestos.

Todo parece arrancar en el Newport de 1955 cuando sube a tocar con una formación de pesos pesados incluyendo al bestial Thelonious Monk en las teclas, despachándose con una presentación genial. Ya lejos de las sustancias, con una previa estadía desintoxicante en la casa de sus padres en su Illinois natal, se presenta. Más afilado, más sólido, más elástico. Round Midnight y un solo de trompeta especial, cargado de muchas cosas. Tamizado por una sordina Harmon lo escuchamos desgarrarse, liberarse. Marcado por su estilo largo y tendido. Vanidoso. Los ojos se posan en esta figura resurrecta. Se posan nuevamente en su talento. Aquí comienza nuestra historia: Columbia le ofrece un contrato imposible de rechazar pero su nombre se encuentra bajo la firma de Prestige, compañía de jazz más chica que lo acompañó a Miles bastante tiempo, transformándolo casi en un jefe creativo.

Su banda era capaz de seguirle los pasos. Más que capaces, estaban preparados para esto: la afinidad con el pianista Red Garland, con el batero Philly Joe Jones y con el bajista Paul Chambers es más fuerte que nunca. Las ideas para esta nueva relación artística con Columbia están en el aire. En esta aventura, Miles se topa con un problema de difícil solución: encontrar otro caño que lo acompañe en sus creaciones melódicas y que tenga una personalidad particular a la hora de improvisar. Con un Sonny Rollins frenetizado por el ritmo de Nueva York, que se comía a los artistas vivos con sus vicios, viéndose obligado a ir para Chicago y limpiarse de sus hábitos y excesos para retomar sus andanzas con el tenor. Entonces se llama a Cannonball Adderley, uno de los altos más influyentes de la música negra. Pero este, maestro de escuela en Florida, tiene que rechazar la propuesta de entrar a grabar con Davis y los suyos por sus compromisos escolares. Su reemplazo cantado es John Gilmore, que se encuentra tocando también con la exótica Sun Ra Arkestra. Pero a Miles se le ocurre llamar al principal admirador de John Gilmore y favorito de su baterista. El primer gran quinteto de Miles lo completa John Coltrane. Empiezan a grabar con Prestige y con Columbia. Relaxin’, Cookin’, Steamin’ y Workin’ se graban para Prestige como últimos discos del Miles Davis Quintet. En el mismo estudio trabajan para Columbia. Para que nadie se entere. O para que todos se enteren. Las grabaciones para estos solo verían la luz una vez finalizado el contrato con Prestige.

Quien se empuja y se sobreexige buscando definir su propia identidad muchas veces termina chocando con paredes muy grandes. Y es necesario. Es necesario sobreexigirse. Es necesario chocar. La rebeldía y la innovación siempre van de la mano. Pero también existe esa pizca de autocontrol que hace de los más revolucionarios verdaderos genios. Piezas únicas en esta vida. Que perduran en el inconsciente colectivo. Almas que encuentran sencillo compartirse. Y no esperan nada a cambio, les importa muy poco las repercusiones. Con desmesurada simpleza crean. Y creen en lo que crean.

La relación de estos dos músicos describe una parábola con su punto más alto casi sobre su final. Graban Round About Midnight, Jazz Track, Milestones, pero la piedra angular del entrelazamiento de uno de los saxos más poderosos y de una de las mentes más creativas en la música es su último disco, Kind of Blue. Una cortina mística, como neblinosa que recubre casi una hora de innovaciones, ideas que se vienen gestando desde Milestones pero que se consuman en composiciones de una simpleza oscura, intrigante. Ya como un sexteto, confirmándose la participación de Cannonball, emprenden un viaje por estructuras armónicas simples y lo transitan con tantas expresiones personales que cada instrumento a lo largo del disco es como un personaje aparte. Personajes aparte. Miles economiza notas en sus solos, aprovecha esos grandes espacios que le ceden el piano y el bajo acompañados por la batería. Un clima que hoy idealizamos, solemne. Despojado de algo que lo ajetreaba duro. Comanda liberando otra energía. Trane, por otro lado, desbalancea el equilibrio que proponen estos modales y entra llenándolo todo de notas. Sin caer en lo absurdo o hipnotizante. Repite frases, y con un sonido exuberante busca despegarse un poco de eso que el trompetista tenía pensado para él. Disco poco atractivo para aquellos seres de la complejidad pero estos finos susurros cuasi minimalistas para los tiempos que corren son la descripción de una sociedad rota. La lucha interna de muchos para alejarse de los vicios. El virtuosismo que demuestra que, sin ensayar un solo pasaje previa grabación y el solo hecho de meter seis gigantes del jazz en un solo estudio, puede salir una joya.

Desde esta particular expresión de libertad, que termina siendo un todo repleto de diminutos conceptos que explican la vida misma: la simpleza, la armonía, la melancolía, el tiempo, la noche, el trabajo, la unión, su fragmentación, estos dos músicos no volvieron a publicar sus creaciones sustantivas en conjunto. De hecho, tomaron dos caminos distintos. Dos caminos separados. Uno, la fusión y la psicodélia. El otro, el de reflejar en el jazz su vida. Vértigo y velocidad. Cargados de una angustia y melancolía existencial como pocos. Un par de años más hasta que esa llama se apague. Un par de años más de Coltrane, muchos más de Miles. Pensar el “que hubiese pasado si…” es absurdo. Hay que tomar los hechos como tales. Una relación turbulenta, marcada por la droga pero más marcada aún por su música. Una relación que nos deja la belleza oscura y blusera (espero que no suene reiterativo) de Kind of Blue. Ese disco que nos transmite un otoño de amor o una vida entera de desencuentros. El scotch ámbar abrasando los hielos. Hasta quemarlos. El frío de la noche. O la simpleza de un par de palabras bien dichas.

Joaquin Cruzalegui
Blog: La ciudad desde el arte

Bill Evans: el piano espiritual del jazz

Ilustración: Viktoria Martin

Ilustración: Viktoria Martin

Existieron muchos y grandes pianistas en el jazz, pero sólo uno fue un “poeta” tocando las teclas. Su nombre era Bill Evans.

Para definirlo, tal vez es bueno recordar lo que dijo su par alemán Michael Naura, quien sostuvo que “parece registrar su ambiente de una manera casi espiritualista. Sólo alguien capaz de una devoción total puede tocar el piano así”.Este talentoso músico nació el 16 de agosto de 1929 en Plainfield (Nueva Jersey – Estados Unidos) y estudió piano clásico desde los seis años. No obstante, su interés por el jazz llegó de joven y perduró por siempre.

Ya para los años 50 se había trasladado a Nueva York y comenzó a trabajar profesionalmente en diversos grupos.

El primer disco grabado como director de su propia orquesta fue “New Jazz Conceptions”, registrado en 1956 por la compañía Riverside.

Dos años después fue elegido como el “pianista revelación” por la revista Down Beat y su carrera fue en crecimiento constante. Los trabajos con George Russell así lo confirman.

Y no sólo eso. Trabajando ya junto al contrabajista Charles Mingus, Evans fue escuchado por Miles Davis quien decidió contratarlo de inmediato.

El camino que transitarían juntos desembocaría en el mejor disco de jazz de todos los tiempos: Kind of Blue.

A partir de ahí, todo fue éxito en la carrera del pianista.

Llegó la grabación de “Everybody Digs Bill Evans” y la creación de una formación junto al contrabajista Scott La Faro y al baterista Paul Motian, con quienes revolucionaría la forma de tocar en trío.

Si bien fueron sólo dos años juntos -debido a la prematura muerte de La Faro en un accidente de autos-, grabaron cuatro discos donde introdujeron un nuevo concepto donde se rompía con el molde de instrumento solista-acompañante.

En los registros que se hicieron en el Village Vanguard se puede apreciar a un La Faro que desarrolla un rol de acompañamiento interactivo de Evans. Algo sin dudas insólito para la época.

Otro de los trabajos que no pueden dejar de mencionarse es “Conversations witn Myself”, grabado en 1963, donde el pianista hace dúos con el mismo. Para ello, registraba primero una pista y luego tocaba otra cosa sobre ella.

En los años 70 también trabajó junto al cantante Tonny Bennett -con quien obtuvo un premio Grammy– e intentó reemplazar el piano acústico por el eléctrico, aunque el Fender Rhodes no terminó de convencerlo.

Su adicción a la heroína provocó estragos en su salud y el 15 de septiembre de 1980 falleció en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, su legado puede encontrar aún en pianistas de la talla de Keith Jarrett, Chick Corea y Herbie Hancock.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com

Un disco cósmico que nació dos veces

En la historia de las discográficas existen millones de casos en los que las empresas lanzan nuevamente materiales que ya habían sido editados con anterioridad.

Algunas veces se utiliza como excusa el cumplimiento de algún aniversario para reeditar el material. El ejemplo es Kind of Blue de Miles Davis, que salió con un doble CD + DVD cuando cumplió 50 años de vida.

Otras veces, más comercial, pueden aprovecharse del gran momento que pasa el artista para intentar posicionar en el mercado algo que alguna vez se grabó y que, por alguna razón, nunca vio la luz. Por caso, Avant Garde, de John Coltrane y Don Cherry.

Pero algunas pueden ocurrir algo distinto. Incluso raro. Como que se lance dos veces con una diferencia de tan sólo un año.

Esto fue lo que sucedió con Cosmic Music, de John y Alice Coltrane que fue publicado por Coltrane Records en 1968 y por Impulse en 1969.

La historia fue así: en 1966 John decide hacer algunas grabaciones con el quinteto que estaba integrado por su esposa, Alice, y por Pharoah Sanders, Jimmy Garrison y Rashied Ali.

A mediados de 1967, el mundo del jazz lamenta la pérdida de uno de sus hijos pródigos: Trane abandona este mundo producto de un cáncer de hígado.

Las grabaciones permanecieron guardadas en una de las propiedades del saxofonista, hasta que su esposa decide juntar el material y producirlo para lanzarlo con el sello de la familia Coltrane.

Alice tomó dos temas de aquella grabación y los juntó con otros dos que habían grabado con una banda casi similar (sólo que en vez de Ali, participó Ben Riley en la batería) en su estudio casero.

Así, Manifestation, Reverend King, The Sun y Lord, Help Me To Be conformaron Cosmic Music, el primer disco que lanzó Coltrane Records.

Sin embargo, en medio de este movimiento, el sello Impulso -que fue uno de los auspiciantes del gran saxofonista norteamericano- no quiso perderse el negocio y le propuso un trato a Alice, que era la que poseía los derechos de explotación de las grabaciones de su marido.

El acuerdo consistía principalmente en que ella se encargue de la música y que la producción –incluida el arte de tapa y el material gráfico- se quede en manos de la discográfica.

Sin dudas fue un acierto. El primer disco era -en términos de arte de tapa- realmente horrible. No decía nada de nada y, a no ser que se trataba de uno de los mejores saxofonistas de la historia del jazz, probablemente nadie lo hubiese comprado.

Tal como describe el libro que escribió Ashley Kahn, “El sello que Coltrane impulsó. Impulse Records: la historia”, la discográfica publicó Cosmic Music en 1969 con una cubierta que presentaba una fotografía hecha por Jim Marshall de Coltrane y ponía el acento en el tema que el músico le dedicó a Martin Luther King Jr.

El disco recibió críticas muy buenas en la época. Incluso, la revista Rolling Stone dijo que “el fervor de este disco -hecho a partir de grabaciones que su mujer encontró tras la muerte de John- pone los pelos de punta”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Una perla entre los lados de Kind of Blue

Kind of Blue fue sin dudas uno de los mejores discos de Jazz (me atrevería a decir el mejor) que existió desde el nacimiento del género.

Sus dos caras contenían el mejor material jamás editado y Columbia conseguiría con él uno de sus mayores éxitos.

No es para menos. Si los músicos que participan de los álbumes muchas veces hablan de ellos, contar con John Coltrane, Cannoball Adderley, Bill Evans, Wynton Kelly, Paul Chambers y Jimmy Cobbs, además de un inspiradísimo Miles Davis, evidenciaban un éxito rotundo ya antes de que la púa se posara por primera vez en lado A del disco.

La primera cara contenía los temas So What, Freddie Freeloader y Blue in Green, mientras que el lado B sumaba All Blues y Flamenco Sketches.

Siete fueron las semanas que pasaron entre la grabación de la segunda cara, tras un exitoso registro del lado A.

Y en el medio, una persona pudo filmar y atesorar ese mágico momento. Su nombre era Robert Herridge (en la foto de la derecha).

Este productor y conductor, dedicó parte de su vida a difundir a los mejores músicos del Jazz. Y tuvo la suerte de ser contemporáneo de Davis. Y mucha más fortuna tuvo cuando decidió que los acompañantes de la orquesta de Gil Evans sean los que formaban este grupo de músicos reunidos para Kind of Blue.

El material, se muestra a continuación. Una verdadera exhibición de grandeza: “So What”.

Esta grabación de The Robert Herridge Theater fue tomada en el Estudio 61 de Nueva York y reproducida por la cadena de televisión CBS el 21 de julio de 1960.

Gonzalo Chicote.

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