Etiqueta: Johnny St Cyr

Los legendarios Hot Five y Hot Seven

Hot Five Louis ArmstrongLos Hot Five y Seven fueron, sin lugar a dudas, las formaciones más importantes de la carrera de Louis Armstrong. Sus orígenes estuvieron signados por el arduo camino que transitó Satchmo hasta llegar al año 1925.

Se puede decir que arrancó en la lejana Nueva Orleans. Más precisamente, en el reformatorio adonde fue a para luego de disparar al aire para festejar la llegada del Año Nuevo. Allí recibió las primeras lecciones de corneta.

Llevaba el fuego sagrado de los talentosos, pero nunca abandonó la idea de aprender. Sumó enseñanzas por su paso por diversas e importantes bandas de la tierra que lo vio nacer.

Por ejemplo, en la orquesta de Kid Ory, donde se encargó de reemplazar a King Oliver cuando éste emprendió su camino hacia el norte. Allí sumó conocimientos y, cada vez que podía, añadía horas de vuelo en la formación de Fate Marable.

Fueron parte de las enseñanzas también las largas estadías en los barcos a vapor que iban y venían por el Mississippi. Y la Creole Jazz Band y la orquesta de Fletcher Henderson.

Tal vez por eso las grabaciones que realizó para el sello Okeh fueron tan importantes en la historia del género sincopado, que marcaron a fuego el desarrollo del hot jazz. Y significaron también los primeros registros de Satchmo como líder.

La primera formación contó, además de Armstrong, con Kid Ory (trombón), Johnny Doods (clarinete), Johnny St. Cyr (banjo) y la segunda esposa de Louis, Lil Hardin (piano).

Con esta agrupación, registró importantes temas como “Cornet Chop Suey”, “My Heart”, “Muskrat Ramble” y “Heebie Jeebies”, que muchos recuerdan como el primer disco donde se grabó el scat (aunque ya había aparecido en otros álbumes).

En una segunda etapa, que llegaría en 1928, se renovaría el plantel por completo. En efecto, el piano había quedado en manos de Earl Hines, mientras que Jimmy Strong tocaba el clarinete, Fred Robinson el trombón, Mancy Carr el banjo y Zutty Singleton la batería.

De esta época se destacaron títulos como “A Monday Date”, “Fireworks”, “Skip The Gutter”, “Squeeze Me”, “West End Blues”, “Two Deuces” y muchos otros temas más, donde la figura de Armstrong sobresalía.

Luego, llegó el caos. El crack de Wall Street sumiría a los Estados Unidos en una de sus peores crisis y eso, como era de esperar, afectó también a la música. Sin embargo, la Gran Depresión no logró borrar lo glorioso de la música que grabó en los años previos: los legendarios Hot Five y Seven de Satchmo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

El más fanfarrón de los genios del jazz

Jelly-Roll-Morton--001Algunos lo consideraban un fanfarrón. Y si se tiene en cuenta que él afirmaba que fue el creador del jazz y del ragtime, algo de razón tenían. Pero, si de verdad se trata, se puede decir que Jelly Roll Morton es un sinónimo del género sincopado.

Nacido en Nueva Orleans Gulfport (Luisana – Estados Unidos) el 20 de septiembre de 1885 bajo el nombre de Ferdinand Joseph LaMenthe, este criollo supo hacer de las suyas detrás del piano y cantando canciones en los burdeles de Storyville.

Fue uno de los primeros músicos que se alejó de la rigidez que presentaba el ragtime para incluir un poco de libertad en sus interpretaciones. Eso lo convirtió en uno de los pioneros en comenzar la tradición de Nueva Orleans.

Seguir leyendo

Recordando a Miguel Ángel Manó

Para empezar quiero expresar que me resulta un honor escribir sobre Miguel Manó. A la vez también es muy difícil e increíble.

Justamente el 29 de enero de 2014, a poquito más de un mes de su fallecimiento, hice por segunda o tercera vez algo no muy cuerdo. Recorrí las casi diez cuadras que separan mi casa en Floresta (en realidad en Vélez Sarsfield) de la de Miguel en Villa Luro, contemplé su departamento desde la larga Rivadavia, me acerqué por Ramón Falcón hasta su timbre y apreté el botón del 6to “C”. Por supuesto sabia que nadie contestaría. Muy loco lo mío. Un rito, un no querer aceptar, egoísmo de mi parte, abrazarme a su ya consumada partida. Pensando, algo de esa actitud tiene explicación. Treinta años nos separaban y nos unían muchas cosas: el mismo barrio, el gusto por la pesca y nuestro amor incondicional y casi enfermizo por el jazz.

Cuando lo conocí el tendría unos cuarenta y pico y yo diecisiete o dieciocho. Unión automática. Yo ya tenía todo en mi oreja y de a poco lo iba transfiriendo al banjo y a la batería, mis instrumentos. Con él, hinchamos por nuestros ídolos, Gene Krupa, Johnny St Cyr, Nick Fatool, Louis, Parham, Jabbo, Johnny Wiggs, Condon, y más, y más. Empezamos a integrar juntos muchos grupos. Eran comienzos para mi, eran shows y más shows para él. Siempre dispensándome buena onda. Su trompeta tiraba a Bix y yo, tratando de torcerle el estilo para lo negro. Sus primeras armas con bombardino en los Scouts, luego como trompetista en The Modern Dixieland, Jazz Containers, Buenos Aires Jazz Group, Creole Jazz Band, Saint Louis Stompers, Porteña, Jazz Friends, etc., etc. Siempre igual, tipazo, compañero leal y de fierro. Súperprofesional, también un niño por momentos. Tocando juntos, algunas veces se enojaba conmigo, yo jamás con él. Al rato, ya de vuelta en casa, me llamaba por teléfono explicándome con un: “uno siempre se la agarra con el que más quiere, perdonáme flaco”.

Nuestras salidas de pesca también tenían lo suyo. Una noche, mientras intentábamos suerte en una laguna de la provincia de Buenos Aires me invitó a subir a su Torino para escuchar un cassette de Pete Fountain que yo había llevado. En un momento, el gran clarinetista tocó un genial fraseo. Al unisono los dos exclamamos: “se me puso la piel de gallina”. Genial, conexión absoluta. Ahí me dí cuenta de que estábamos hermanados.

Compartimos actuaciones en infinidad de shows, casamiento de Maradona, centros culturales, avión, micro, clubes, colegios, televisión, hoteles, festivales.

En 2008 tuvo una importante operación. Justo antes de ser trasladado al quirófano se produjo un hecho casi tragicómico. En medio de la tensión por lo que se venia me susurró al oído: “flaco, si no zafo armáme la banda y despedíme como en New Orleans, tocando”. Betty, su esposa, se opuso enérgicamente al intuir y escucharlo, ante lo cual insistió: “cumplí con lo que te pide un amigo, la fiesta será mía”. Finalmente salió bien del trance. Genial Miguel!! Como se te extraña!! Para corroborar su permanente frase (“vos sos mi mejor amigo”) me quedo con dos momentos que siempre recordaré. En su despedida, su yerno me confió: “uff, a vos te nombraba todo el tiempo…”. La otra situación que también me movilizó fue la gran cantidad de pésames y condolencias que me dieron en el ambiente del jazz porteño. A mí. Sí, a mí, como si yo hubiera sido pariente. Tal vez lo habré sido, del corazón. Gracias Miguel Ángel. Inolvidable Manó. Parte de mi vida se fue con vos. Que descanses en jazz.

Adrián Blasetti
animalesdeljazz@hotmail.com