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Adiós a John Abercrombie, uno de los grandes representantes de las seis cuerdas del jazz

El martes 22 de agosto falleció el músico norteamericano John Abercrombie, sin dudas uno de los máximos representantes de la guitarra del jazz contemporáneo. La información fue dada a conocer por el sello EMC, discográfica donde tenía firmado su último contrato.

La familia del artista estadounidense expresó su aprecio a “las efusivas muestras de amor y de apoyo recibidas y pide de manera respetuosa que se respete su privacidad en estos momentos tan difíciles”.

A los 72 años una insuficiencia cardíaca puso fin a su vida y a una basta carrera musical, que incluyo trabajos con grandes músicos de la talla de Billy Cobham, Jack DeJohnette, Dave Holland y Michel Petrucciani, entre muchos otros.

Nacido el 16 de diciembre de 1944 en Port Chester (Nueva York – Estados Unidos), comenzó su camino con la guitarra entre sus manos a los 14 años. Estudió en la prestigiosa Berklee College of Music de Boston y fue perfeccionando su técnica a lo largo de los años.

La fusión y el free jazz fueron los géneros donde se sintió más cómodo, al igual que la era denominada post bop, que se hizo fuerte en los años sesenta. Incluso dejó interesnates registros en bandas como “Dreams” dentro del jazz rock.

Es recordada también su participación en la trilogía de discos que registró el saxofonista argentino Leandro “Gato” Barbieri -entre 1973 y 1975- para el sello Flying Dutchman: “El Gato”, “Bolivia” y “Under Fire”.

El último material que salió al mercado fue “Up and Coming”, lanzado junto al pianista Marc Copland, el bajista Drew Gress y el baterista Joey Baron. El álbum fue grabado por EMC Records en enero de este mismo año.

Alguna vez dijo: “Me gustaría que la gente me percibiera como el último eslabón de la historia de la guitarra de jazz, solo que trascendiendo algunas fronteras musicales”. Queda claro que logró su objetivo.

La Ciudad de Buenos Aires se viste con “La Azzurra” para recibir a Stefano Bollani

En el marco de la segunda edición de “Verano Italiano en Buenos Aires” -organizado por el Gobierno porteño- el pianista Stefano Bollani llenará de puro jazz con aroma mediterráneo el barrio de Retiro.

La cita se llevará a cabo el próximo 3 de junio en las renovadas instalaciones del Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125), una de las instituciones que más lazos artísticos tiene en la actualidad con el país europeo.

Bollani nació en Milán (Italia) el 5 de diciembre de 1972 y mostró interés por la música desde muy pequeño. Soñaba con ser como Renato Carosone motivo por el que le envió una grabación suya. La recomendación que le hizo el cantante fue clave para su vida: escuchá mucho blues y jazz.

Su camino fue veloz y ya a los 15 años se subió a un escenario de manera profesional. Aunque sus colaboraciones eran para un grupo de pop, nunca abandonó el camino del género sincopado, asistiendo a cuanto seminario se presentara en Italia.

Al momento de nombrar grandes músicos de jazz con los que compartió escenario, se pueden incluir en la lista a Lee Konitz, Paolo Fresu, Leandro “Gato” Barbieri, Pat Metheny, Chick Corea y John Abercrombie, entre muchos otros.

No obstante, tal vez el más importante de todos fue un compatriota: el trompetista Enrico Rava. Ocurre que el músico nacido en Trieste fue uno de los que le abrió las puertas en el mundo del género sincopado.

Con él participó de un centenar de conciertos y grabó trece discos, entre los que pueden mencionarse Tati (2005), The third men (2007) y New York Days (2008), todos registrados para el sello ECM.

Pero su repertorio no se queda exclusivamente en el género sincopado. Por el contrario, Bollani también se animó a matices que se alejan de su tierra natal, como la música brasileña que mostró en el disco “Carioca”.

Ese material y las colaboraciones que realizó con músicos de la talla de Caetano Veloso lo unieron con Brasil. Y llegó a realizar algo que sólo Antonio Carlos Jobim hizo con anterioridad: tocar con un piano de cola en una favela de Río de Janeiro.

Además, tiene varios laureles guardados en su vitrina, entre los que sobresalen el premio al mejor músico europeo de jazz (elegido por los críticos del Viejo Continente) y el octavo lugar entre los mejores pianistas que la prestigiosa revista Downbeat, otorgados ambos en 2007.

Ese mismo año también fue galardonado con el quinto lugar entre los músicos más importantes del jazz por los especialistas de Allaboutjazz de Nueva York, que también distinguió a grandes como Ornette Coleman y Sonny Rollins.

A ello se puede agregar el doctorado “honoris causa” que le proporcionó el Berklee College of Music de Boston (Estados Unidos) en el año 2010. Algo que, sin lugar a dudas, no se obtiene todos los días.

En definitiva, este multipremiado pianista italiano ofrecerá no sólo una paleta musical de lo más variada, sino que deslumbrará a los porteños con mucho jazz. Ese que supo cultivar de la mano de Rava y de los grandes.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Enrico Rava: jazz con aroma mediterráneo

La vida de las personas a veces puede cambiar de un momento a otro. Y aquello que parecía un sueño, puede convertirse en realidad.

Una vida opaca y triste, puede pasar a una colorida y brillante. Todo depende de qué sea eso que lo motive a uno a dar el gran salto. Pero no siempre es fácil animarse a más.

En esa encrucijada debía estar parado Enrico Rava cuando, en 1956 asistió a un concierto que le cambió la vida por completo.

Aquel año, en su Italia natal (nació el 20 de agosto de 1939 en Trieste) se había presentado Miles Davis y, como un haz de luz, supo que debía tocar la trompeta.

Hasta ese entonces, el piano primero y el trombón después eran sus instrumentos predilectos. Había aprendido de la mano de su madre a teclear y en 1953 se instaló en Turín para estudiar el instrumento de viento.

Todo quedó atrás. Y su nuevo mundo se presentó con los mejores honores.

En 1959 ya era un asiduo músico de jazz, que participaba de distintas jam sessions con el grupo de Maurizio Lama y forma parte de las grabaciones de Jazz en Italia.

Unos años después conoce a Leandro “Gato” Barbieri, con quien frecuentaba las noches del bar Purgatorio en la capital italiana, donde Rava se había trasladado para perfeccionar su relación con la trompeta.

Junto al Gato, Enrico forma parte de la banda sonora de la película “Una Bella Grinta” dirigida por Piero Umiliani. Asomaba 1965, año en que conoció a Don Cherry y a Steve Lacy en el Festival de Jazz de Bolonia.

En 1966 participó del disco “The Forest and the Zoo” junto a Lacy. Álbum que, por esas cosas de la vida, fue grabado en Buenos Aires, luego de que un incumplimiento contractual lo haya dejado varado en la capital de Argentina.

Un año después se instaló en Nueva York, donde potencia sus virtudes dentro del mundo del jazz y se relaciona con músicos de la talla de Pat Metheny, John Abercrombie, Gil Evans y Cecil Taylor.

En su extensa carrera, no dejó de lado a su tierra y grabó materiales junto a dos compatriotas suyos: Paolo Fresu y Stefano Bollani.

Más de 70 discos forman parte de su historia, entre los que se destacan “The Pilgrim and the Stars” y “New York Days”, con el que obtuvo el premio al mejor disco de jazz en 2009.

Incluso, en 2002, fue galardonado con el prestigioso Jazzpar Prize, el premio más importante dentro del jazz europeo.

Esperemos que esas locas vueltas de la vida vuelvan a traer a la Argentina a Rava y podamos disfrutar una vez más de este refinado músico. Y, por qué no, poder contar con una nueva grabación en territorio nacional.

Gonzalo Chicote.
animalesdeljazz@hotmail.com