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La llegada del jazz a la Argentina

El género musical conocido como jazz tuvo su origen hacia fines del siglo XIX, a raíz de la migración forzada de los africanos a América del Norte, consecuencia de la esclavitud. Los esclavos asimilaron la cultura de los blancos, siendo influenciados por la música francesa y española, así como el gospel. La música africana conservó el ritmo, la síncopa, la “llamada y respuesta”, la técnica vocal, la improvisación. En el nuevo ámbito colonial, tomó la notación, las estructuras armónicas e instrumentos propios de Europa.

La masividad alcanzada por el jazz se debió a la difusión mundial producto de la hegemónica industria discográfica y cinematográfica de los Estados Unidos. Es válido afirmar que el jazz fue el primer fenómeno discográfico masivo del siglo XX, una moda, en principio bailable, que adoptaron los jóvenes de todo el mundo.

¿Y cómo el jazz llegó a la Argentina? Obviamente de la única forma que podía: a través del puerto. Los barcos provenientes de EE.UU. y Europa traían a Buenos Aires discos y revistas de música sincopada. Si bien los discos de jazz de alguna forma llegaban importados a la Argentina, mucho más difícil era conseguir partituras, pero los muchachos se las arreglaban. Aclaremos que a principios del siglo pasado no existía todavía el cine sonoro, la radio recién empezaba, y no había viajes transoceánicos en avión.

La otra forma en que se conoció esta música fue gracias a las giras de los espectáculos extranjeros. En 1909, en el Teatro Casino de Buenos Aires el cómico enano estadounidense Little Peter bailó el cake-walk, una forma primitiva del jazz (Caras y Caretas, 3 de abril de 1909). A inicios de los años 20, arribaron shows de music-hall como una moda foránea extravagante (simpáticos bailarines negros, chicas semidesnudas con ropas exóticas, y canciones alegres), tal como se exhibía en Broadway y Paris. Aquí, en líneas generales, las orquestas copiaron este jazz comercial, bailable. No obstante, algunos pocos intérpretes (como ejemplo la lady crooner Paloma Efrom, “Blackie”) ahondarán tempranamente en la esencia del género, realizando registros discográficos excelentes. Más el género jazzband (como se lo denominaba) se inicia en rigor en 1925, cuando es interpretado por las orquestas de tango de Francisco Canaro y Roberto Firpo, y se forman las primeras orquestas argentinas de jazz: las de Adolfo Avilés y Eleuterio Yribarren. El género alcanzó suceso masivo tras las visitas del pianista Sam Wooding y sus Chocolate Kiddies en 1927, y el famoso bailarín de tap Harry Fleming en 1928-1929.

Es llamativo que el tango y el jazz fueran simultáneamente las grandes modas europeas de los años 20. Como suele suceder en la Argentina, todo producto local de calidad necesita primero ser validado en Europa para después, como “feedback”, aceptarse en la Argentina. Así sucedió con el tango en sus inicios… y con tantos talentosos artistas.

Para concluir, una reflexión. Gustar del jazz o blues no es ser menos argentino que quien gusta del folklore o tango. Por estos lares, sucede que los intérpretes de jazz acusados de “extranjerismo” suelen ser tan o más argentinos que sus detractores, quienes simulan conmoverse más con el Himno Nacional que con Summertime de Gershwin. Es que el jazz, si bien música de origen foráneo, es a esta altura un género ya cosmopolita. Y la música… es buena o es mala, no importa el origen. Nadie osaría afirmar que los que silbamos el “Himno a la Alegría”, “Para Elisa” u otras ultrapopulares composiciones de Beethoven somos “germanófilos”.

Reafirmando lo dicho, como diría el gaucho Martín Fierro: “Goodbye folks”.

El jazz de cuerdas ¿hot o gypsy?

¿Quién de nosotros no escuchó alguna vez un conjunto de jazz de cuerdas? Esto es: guitarras, violín, contrabajo, ocasionalmente un clarinete. Decenas de conjuntos pueden ser nombrados, sin distinción de épocas, desde el famosísimo Quinteto del Hot Club de Francia (con el tándem Reinhardt/Grapelly) y los hermanos Ferret, hasta Angelo Debarre y el trio Rosemberg. En la Argentina tenemos excelentes exponentes: los quintetos de Oscar Alemán, Louis Vola y Hernán Oliva, Swing 39, el Hot Club de Boedo
Ahora bien, ¿podemos decir que todos suenan igual, o hacen lo mismo? ¿O acaso encasillarlos a todos bajo un mismo término clasificatorio? Me atrevo a decir que no.
Por supuesto, sabemos que en estos conjuntos de jazz de cámara la guitarra asume el poco común rol de instrumento principal, secundada por la destacada presencia melódica del violín. También que el ritmo acentúa el tiempo débil, el segundo del compás de 2/4, también llamado afterbeat o upbeat (por ser marcado hacia arriba por el director; el primero es downbeat). Hasta aquí, no hay problema. Pero lo que confunde un poco es la denominación manouche o gypsy/gitano que abarca toda producción relacionada con este estilo musical. Humildemente, considero que hay que aclarar las diferencias específicas, aunque parezca una perogrullada. Trataré de hacerlo breve… muy breve.
El término manouche define la música que la tribu gitana de Reinhardt y sus seguidores practicaron en Francia, así como los gitanos de Andalucía en el sur de España crearon el flamenco. Propio de toda música gitana es el tremendo virtuosismo en la improvisación. Una de las características del estilo manouche de guitarra, las tríadas de acordes, se debe a una causa accidental: el incendio que atrofió la mano izquierda de Django, dejándole apenas ¡dos dedos móviles! Reinhardt era increíblemente hábil «a pesar» de ese defecto que le obligaba a tocar acordes de dos dedos y escalas cromáticas con un solo dedo. Su quinteto de cuerdas nacido en 1934 en el seno del Hot Club de Francia es un hito en la historia del jazz por ser la primera contribución que no debía nada a la cultura norteamericana, sino a la música gitana europea.
Sucede que en los años 1930 y 1940, no se llamaba a este estilo ni gypsy ni manouche, sino simplemente cuarteto swing de cuerdas. El guitarrista Matelo Ferret afirmó que este tipo de jazz debería llamarse ‘‘música a lo Django’’, y de ser por la miríada de emuladores surgidos tras la muerte del gitano, la denominación sería más que correcta. El término “jazz gitano”, según M. Dregni (vid. Gypsy Jazz), fue recién acuñado en la década de 1970 por Francis Alfred Moerman.
Hasta aquí, queda claro lo referente a la música de aquel pueblo errante europeo.
Por otro lado, tenemos el hot (caliente), estilo emotivo y vigoroso (“tocar con calor, con entusiasmo”, dice el crítico Hughes Panassié en su libro Hot Jazz) practicado originariamente en los EEUU en los años 1920 por King Oliver y Louis Armstrong, y continuado por cientos de agrupaciones a partir de los años 1930, siendo entonces reemplazado por el neologismo swing.
Ahora bien, ¿cómo podemos definir swing (en inglés: balanceo)? El pianista de jazz francés Stephane Mougin, según lo cita Pannassié en Hot Jazz, definió swing como “balanceo entre el golpe fuerte y el débil de un compás”, y el modo swing de interpretación como una forma cómoda, despreocupada y natural de tocar; “canchera” diríamos nosotros. Para Pannasié era “tocar con soltura y total flexibilidad”, un poquito fuera de lugar, agregando que “no hay verdadera música de jazz sin swing” (vid. Hot Jazz). Es la marca distintiva de todo un estilo de tocar jazz.
El guitarrista Oscar Alemán, en una entrevista realizada en 1972 por A. Consiglio para su revista Jazzband, consiguió traducir el término swing con una muy clara expresión en castellano, o en argentino para ser más exactos: “canyengue”. “El tipo que tiene swing es el que tiene canyengue adentro, el que siente ritmo, síncopa.”
Ahora bien, si prestamos atención a los discos de jazz de cuerdas, descubriremos que el quinteto de Alemán no suena igual que el de Django: las escalas empleadas son distintas, así como los tipos de acorde y los fraseos. Lo mismo sucede si escuchamos al quinteto de Oliva comparado al combo de Rosemberg: distinta velocidad, vértigo. Los conjuntos hot jerarquizan más el trabajo rítmico de sus guitarras que el virtuosismo en pasajes ultrarrápidos. Unos ponen más cosas de jazz y otros más cosas “gitanas”.
Considero, entonces, que hay diferencia entre tocar estilo tradicional hot/swing con un ensemble de cuerdas y tocar “jazz-gitano” emulando la técnica y sonido de Django.
Los lectores tienen la última palabra.

Andrés “Tito” Liber

Relaxin’ with Juan Cruz de Urquiza

El próximo viernes 2 de junio el trompetista Juan Cruz de Urquiza llenará de hard bop el Thelonious Jazz Club (Jerónimo Salguero 1884, CABA) cuando recree junto a su quinteto el célebre álbum “Relaxin’” de Miles Davis.

Los fanáticos del trompetista norteamericano podrán revivir toda la magia de las sesiones registrados en 1956 por Davis, John Coltrane, Red Garland, Paul Chambers y Philly Joe Jones y que Prestige Records convirtió en cuatro discos elementales del jazz.

En efecto, los días 11 de mayo y 26 de octubre de aquel año se llevaron adelante dos grabaciones en los estudios del sello estadounidense donde el quinteto que lideró Miles dejó cuatro joyas: “Relaxin’”, “Cookin’”, “Workin’” y “Steamin’”.

Uno de los aspectos más sobresalientes de aquella agrupación fue la conexión que había entre sus miembros, muchos de los cuales venían trabajando juntos hacía tiempo. Los mejores ejemplos se pueden encontrar en los solos que impusieron Davis y Coltrane.

La libertad que manifestaban los maratónicas notas del saxo de Trae se complementaban a la perfección con las contenidas por la sordina Harmon de Miles y llegaban al equilibrio perfecto con las frases de Garland.

Aquellas grabaciones cuentan también con la magia de la espontaneidad. Por aquel momento, el trompetista había adoptado la idea de realizar sólo una toma de cada canción ya que consideraba que los solos más creativos solían aparecer en la primera interpretación.

En definitiva, tal como lo describió Ian Carr en “Miles Davis: la biografía definitiva”, las “interpretaciones del quinteto de Miles Davis están llenas de momentos de genuina inspiración, llenas de sorpresas, llenas de magia colectiva e individual”.

Hay un detalle más para contar. Los fanáticos del quinteto de Miles Davis no sólo disfrutan de los discos originales. Gracias a la magia de la tecnología, pueden oír las remasterizaciones realizadas en 2005 por Rudy Van Gelder para el sello Prestige, que incluyen diálogos de aquellos míticos días.

Muy probablemente se escuchen en Thelonious “If I Were a Bell”, “You’re My Everything”, “I Could Write a Book”, “Oleo”, “It Could Happen to You” o “Woody ‘n’ You”, que son seis de las 24 que se registraron en aquellas sesiones y terminaron formando parte de “Relaxin’”.

El recital no podía haber llegado en mejor momento. Ocurre que el 26 de mayo de 1926 nacía en Illinois el que se convertiría en uno de los mejores trompetistas de la historia del jazz. El evento se convierte, entonces, en una excelente manera de celebrar el natalicio de Miles.

Los músicos que aceptaron el difícil desafío de emular a uno de los más grandes quintetos de jazz serán Carlos Lastra (saxo tenor), Alan Zimmerman (piano), Sebastián de Urquiza (contrabajo) y Tobías de Urquiza (batería). Todos, claro esta, bajo la dirección de Juan Cruz de Urquiza.

Las entradas ya están a la venta y se pueden adquirir por 200 pesos. Para no perderse el show -que está programado para las 21.30 horas-, pueden reservar su localidad al mail reservas1884@gmail.com.

Universo Invertido, el nuevo material de Pájaro de Fuego

Del jazz a la fusión, que da nacimiento a un disco que se diferencia de los demás y que obtiene en 2015 un Premio Gardel (al mejor Álbum Fusión – Instrumental – World Music). ¿Qué más se puede hacer? Como el Ave Fénix, reinventarse. Nacer una vez más. Esa fue la premisa de Esteban Sehinkman y su Pájaro de Fuego.

Tras la consagración de “La rueda de la fortuna”, el pianista y compositor se puso un objetivo: lanzar el siguiente material con algo inédito y diferente. Reorganizó al grupo, invitó a viejos conocidos y convocó a la cantante Mariana Bianchini para “Universo Invertido”, su nueva propuesta.

Con la música de Sehinkman, las composiciones de Bianchini y el excepcional acompañamiento de Daniel “Pipi” Piazzolla (batería), Mariano Sívori (bajo eléctrico) y Lucio Balduini (guitarra), el álbum trae una interesante confluencia de sonidos, melodías y ritmos.

En una entrevista exclusiva con Animales del Jazz, Sehinkman dio detalles sobre el flamante disco, sus ideas a la hora de (re)formar la agrupación y de los próximos pasos que se vienen (presentación oficial en la Sala Argentina del CCK el 31 de mayo a las 19 horas).

Hubo modificaciones en la formación de Pájaro de Fuego. A excepción del Pipi, los otros integrantes son nuevos. ¿A qué se debieron los cambios?
En realidad tanto Mariano Sivori como Lucio Balduini ya habían tocado con la formación anterior de Pájaro de Fuego, así que somos viejos conocidos. En casi todos los proyectos propios o ajenos que estuve hasta la fecha, tarde o temprano se producen cambios de integrantes. Creo que es algo natural de nuestra forma de hacer música original. La gente se va ocupando o destinando las energías a diferentes propuestas.

¿Por qué decidieron sumar a Mariana Bianchini a Pájaro de Fuego? ¿Qué le aporta al grupo?
Personalmente tenía ganas de hacer algo distinto a lo anterior, en este caso un disco de canciones. Cuando la incorporamos a Mariana pensé que era un buen desafío tanto para Pájaro de Fuego como para ella como cantante. Más allá de las letras, pensamos en su voz como un timbre consonante con el resto del ensamble. Mariana aporta su carisma y tiene un estilo personal definido. En los shows el grupo toma una dirección bastante distinta a la que estaba acostumbrado, y eso es una motivación extra.

En una entrevista anterior me habías comentado que “al ser el jazz el género inclusivo por excelencia, puedo decir que hacemos jazz a nuestro estilo”. ¿Universo Invertido sigue siendo jazz a la manera de Pájaro de Fuego o transita por otro camino?
Ahora te diría que la única forma de hacer jazz es de acuerdo al estilo personal de cada músico. La personalidad es todo. En este disco los solos están aún más acotados que en el anterior (“La rueda de la fortuna”), pero hay algunos momentos para la improvisación. Si bien yo lo pensaría más como un disco de canciones con solos, del jazz nunca vamos a perder la manera de interactuar entre nosotros, o la forma de pensar los acompañamientos y las texturas musicales. Inclusive grabamos los temas tocando todos juntos en la misma sala (Estudios ION); es decir, de manera más jazzera que otra cosa.

¿Cuáles son las expectativas que tienen respecto de “Universo Invertido”?
Nos gustaría tocar esta música en vivo lo más posible, para poder evolucionarla y ver hasta dónde la podemos llevar. Esta formación actual tiene apenas cinco shows haciendo este repertorio. El disco lo ensayamos bien, pero ahora nos sirve como un disparador que nos permite visualizar más allá, y creo que queda bastante tela para cortar.

Gonzalo Chicote

Jazz salteño en la primera escuela de música popular

Daniel Tinte es un salteño de ley e imprime a su querida provincia en todo lo que hace. Muestra clara de ello fue disco “Jazz Calchaquí” que grabó junto a Richard Nant, Fernando Lerman, Fernando Botti y Martín Misa y que cumplió nada menos que 10 años.

Pero no es el único ejemplo. El pianista y compositor se embarcó en un nuevo desafío: ser el Director Artístico de la primera escuela de música popular de Salta que, como no podía ser de otra manera, recibió el nombre de Gustavo “Cuchi” Legizamón.

En una entrevista exclusiva con Animales del Jazz, Tinte explicó cuáles fueron los objetivos que se fijaron junto a Arturo Botelli (Director General) y David Gómez (Director Académico) a la hora de armar este nuevo emprendimiento y dio detalles del proyecto.

¿Cómo surge la idea de crear la escuela?
Por la necesidad misma de tener un lugar exclusivo para tocar nuestra músicas preferidas. Y poder tener el centro de enseñanza también de nuestro propio folklore del noroeste. Los músicos y poetas son de aquí, de la vuelta de la esquina, y está bueno poder teorizarlos en su lugar de origen y enseñarlos a las nuevas generaciones.

¿Por qué eligieron el nombre de Gustavo “Cuchi” Legizamón para bautizar a la escuela?
El “Cuchi” es universal y es salteño. La escuela no podría llevar otro nombre aquí en Salta.

¿Qué los diferencia de un conservatorio convencional?
La energía misma de vivir las vivencias del paisaje y enseñarlas en su mismo lugar de origen, es fuerte esto y muy natural a la vez. Más allá de que no solo se enseñará nuestra música salteña, sino jazz, rock, blues, bossa y demás, y la fusión de todas ellas con Salta que es el Calchaquismo. Devolviendo el paisaje del noroeste con este estilo.

Siendo Salta una provincia con grandes tradiciones folklóricas, ¿cómo entra el jazz en la currícula de la escuela?
El jazz ha sabido teorizar lo popular de una manera genial y unirlo con lo universal clásico perfectamente. El folklore no es la excepción y seguiremos su forma de enseñarlo con su efectividad conocida.

¿Los alumnos deben tener algún conocimiento previo para poder inscribirse?
No, trabajaremos con todos los niveles.

¿Qué clases van a brindar y cómo es la modalidad de las mismas? 
Modalidad taller. En instrumentos, en teoría musical, armonía funcional, ensambles y demás. Todo de una forma rápida de aprender tocando y disfrutando.

Daniel Tinte tendrá una doble responsabilidad: además de ser el Director Artístico, impartirá clases de piano, teclados, armonía y grabación. Aunque, claro, no será el único profesor.

También acompañarán la tarea docente Rodrigo Rizzitano (bajo y contrabajo), Palmito Flores (bajo), Marcelo Salchi Dique (guitarra eléctrica rock y blues y armónica), Hernán Bass (guitarra eléctrica rock), Eloy Notario (guitarra folklórica), Cándido Notarfrancesco (guitarra eléctrica pop rock), Oscar Echazú (guitarra eléctrica bossa jazz) y Julio Lamas (guitarra eléctrica jazz y blues).

Las clases de canto estarán en manos del Gato Bonduri y Romina Santillan (pop rock), mientras que los instrumentos andinos serán enseñados por Martín Antonietti. Por otra parte, las clases de batería y percusión serán de Pablo Federico Chireno.

Cierran la grilla de docentes Oscar Gómez (percusión), Esteban Montero (saxo), Sergio Tacuri (trombón), Federico Camardelli (flauta), Mauricio Atampiz (violín), Leonel Goldstein (teclado), María Eugenia Pacheco (piano), Antonio Riera (bandoneón), Carlos Ciccone (acordeón y guitarra folklórica) y Marcelo Gutiérrez (clarinete y saxos).

Las puertas de la “Escuela de Música Popular Gustavo ‘Cuchi’ Legizamón” (Sarmiento 985, Salta) ya están abiertas. Esperamos que esta iniciativa tenga una larga vida e inspire a otros a seguir el camino de Tinte y compañía.

Gonzalo Chicote

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