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Un austríaco muy porteño

Miklin y Quinteto ArgentinaKarlheinz Miklin es austríaco, tiene 67 años y es doctor en historia y literatura, aunque sus mayores energías las destina a otras actividades. Saxofonista desde pequeño, supo hacerse un camino en el jazz cuando nadie sabía de qué se trataba esa música en su país.

Y, como no le alcanzaba con tocar ritmos ajenos a su cultura, decidió hacer algo aún más complejo: tocar latin jazz. Esto fue luego de conocer a un grupo de argentinos con los que aprendió mucho de nuestra tierra y del idioma (aunque asegura que lo hace como Tarzán). Hoy, 30 años después, convirtió en una costumbre salir de gira con su “Quinteto Argentina”.

Antes de la presentación que realizará junto a Gustavo Bergalli (trompeta), Marcelo Mayor (guitarra), Alejandro Herrera (contrabajo), Quintino Cinalli (batería) y Mario Gusso (percusión) en el Centro Cultural San Martín el próximo martes 2 de septiembre, Miklin se tomó unos minutos para contestar unas preguntas a Animales del Jazz.

¿Cuándo comenzó con la música y cómo fue que llegó al jazz?
Comencé con la música antes del primario. Mi padre era músico autodidacto bueno, y en mi casa había acordeones, bajo, guitarra. Mis primeras clases “oficiales” fueron a los 12 años en piano en el conservatorio Klagenfurt, cuando estaba en el secundario. A los 13 años empecé con un saxo que me presto un amigo de mi padre. A los 14 ya tocaba en los bailes (soy paisano, y en los pueblos a fines de los ‘50 y principio de las ‘60 se podían hacer…). No recuerdo como llegue al jazz, esta música casi no existía en ese tiempo.

¿Quiénes fueron sus referentes dentro del jazz?
El primer concierto al que fui en vivo fue “Papa Bue´s Viking Jazz Band” de Dinamarca. El dixieland formaba parte de la programación de música popular en la radio. Cuando empecé a estudiar mis referentes eran Dexter Gordon, Charles Lloyd y después John Coltrane y Miles Davis. Cuando tocaba con “Los Argentinos” me conectaron con músicos como Wayne Shorter y Joe Henderson que eran muy populares en este periodo (hablo de principio de los ’70). En mi opinión no hay saxofonistas con este súper nivel después de ellos dos. También tocamos free jazz en esa época.

Menciona a “Los Argentinos”, ¿en qué consistía este proyecto y quiénes lo integraban?
Para finales de 1970 de causalidad en un conjunto con cuatro argentinos que tocaban en Europa -música de baile- pero tres de ellos eran muy buenos músicos de jazz, mucho mejor que yo en ese tiempo. Eran “Gato” Zemma (piano y órgano), Hernán Sánchez Reinoso (guitarra y bajo) y Alberto Canonico (batería). Con ellos aprendí mucho más de la música que antes como estudiante. Toqué con ellos casi tres años, y volví a Graz (Austria) cuando nació mi segundo hijo (con el primero y su madre estuvimos de gira juntos y él toca actualmente la batería en mi trío)

¿Cómo surgió la idea de compartir escenario con músicos argentinos?
En 1984 ya era conocido como músico de jazz -había sido elegido como músico de los años 1983 y 1984- y recibí una invitación para venir a tocar en “Mar del Jazz”, donde tocaba entre otros con Kike Sanzol y Bucky Arcela. El gran “Nano” Herrera me escuchó y me presentó a los mejores músicos de jazz de esa época (Jorge Navarro, Jorge “Negro” González, Alfredo Remus y “Pocho” Lapouble, etc.) para que toquemos. Después de tocar con ellos una entrada en “Jazz y Pop”, se me ocurrió la idea de invitarlos a Austria. Como yo era el decano del “Departamento de Jazz” en Graz, les organicé una clínica allá y como yo ya era conocido, pude organizar una gira de tres semanas. Así vinieron en el otoño de 1984 e hicimos la gira con gran éxito, donde grabamos el primer disco, que en aquel momento era LP (“Pasando”).

La lista incluye a varios músicos de la talla de “Pocho” Lapouble, Ricardo Lew, Jorge Navarro, Jorge González, Alfredo Remus, Kike Sanzol, “Cacho” Tejera, Gustavo Bergalli, Francisco Rivero y Javier Malosetti, entre otros… ¿Existió un proceso de selección o fue afinidad con la forma de tocar de cada músico?
Como escribí antes, empecé con Navarro, Remus y Lapouble. En 1986 grabamos un disco en Buenos Aires (“Carlitos”). Allí conocí al percusionista “Cacho” Tejera y tocamos la siguiente gira en cuarteto. Desde ese momento nos dedicamos a latin Jazz. Antes tocábamos más o menos la mitad latin y el resto jazz “puro”. En 1989 pude invitar también a Ricardo Lew y, desde ese año, se convirtió en el “Quinteto Argentina”. Por supuesto cambiaron mucho los músicos. En 1990 tocaba con trompeta en vez de piano (Navarro y Lew no pudieron viajar mas, por el éxito de la “Banda Elástica”, así entró Gustavo Bergalli). Él está todavía en el grupo como Marcelo Mayor (guitarra) y Alejandro Herrera (bajo), que empezaron las giras en 1992 y tocaron en todas las giras después de ahí. Cuando falleció “Cacho” Tejera (la buena alma del conjunto) vino “Pocho” Porteño a una gira y, desde 2006, está Mario Gusso en la percusión. Después de la muerte de “Pocho” Lapouble tocó Luis Ceravolo, y ahora empezó a tocar Quintino Cinalli. La mayoría de los cambios no elegí hacerlos (soy un bandleader muy “fiel”, y no cambio mucho), sino que pasó por otras razones. Y por supuesto, al cambiar los músicos, también fue cambiando un poco la “onda” de lo que tocábamos.

¿Está en contacto con el ambiente local de jazz? ¿Qué agrupación o músico de la actualidad le gusta y recomendaría?
Lamentablemente no conozco mucho del ambiente local. En los años 90 tocaba con Horacio Larumbe o “Baby” López Furst, el “Negro” González... y conocí a músicos como “Fats” Fernández, Junior Cesari, Walter Malosetti… En este tiempo había muy pocos músicos jóvenes. Me alegra mucho que ahora se encuentren muchos músicos primer nivel. Por ejemplo, toque una vez con Oscar Giunta y escuchaba a algunos otros muy buenos. Tendría que estar más tiempo acá para conocer más, pero no me da…

¿Puede rescatar alguna anécdota de las giras realizadas por Europa con alguno de los grupos con los que se presentó a los diferentes eventos?
Bueno, hay anécdotas que no se pueden contar… No, sin broma, hay muchas, pero no hay lugar. En general tocar con este grupo fue siempre muy divertido para mí, es otra onda en muchos aspectos, el grupo tuve un éxito bárbaro y es muy conocido allá. En verdad, me cambiaron un poco, pero también yo los cambié a algunos de ellos un poco. Jorge Navarro me dijo, cuando escuchaba por primera vez el primer disco: “Esta música no existía antes, tocamos onda latin pero muy, muy libre, jazzístico y abierto y con tu voz se mezcla en algo nuevo”. Bueno, no está mal, si un músico de primera piensa así…

¿Cuáles eran las expectativas que tuvo al ser invitado al festival “Mar del Jazz” en 1984 y cuáles las que tiene ahora que celebra 30 años con este proyecto?
Cuando vine en 1984 tenía una expectativa completamente falsa de la Argentina, a pesar de haber tocado tres años con argentinos antes (medio lento se puede decir). Como eso pasó justo después de la época de los militares, todo el país estaba en el cielo, y esta alegría se me contagió completamente. Casi no quise volver. Me parece que es una de las razones más importantes por la que me dedique tanto a este país y sus músicos. Ahora ya pasaron 30 años, y por supuesto cambió mucho, pero conozco la ciudad y el ambiente más o menos. No obstante, siempre vuelvo con muchas ganas y la risa y la joda empieza desde el primer momento. Una buena razón, aparte de la música, para seguir con esto.

Recibió una distinción del Consejo Deliberante como “Visitante Ilustre de Mar del Plata y Esteban Echeverria”. ¿Qué representó ese premio para Usted?
Claro que eso representa mucho para mí, no es tan común recibir algo así en un país tan lejos de la patria. Recibí premios (awards) muy importantes en Austria, pero esto es otra cosa.

¿Cuáles son los planes de acá al futuro?
Por empezar, me voy a Santiago de Chile el miércoles antes de volver a casa. En el otoño sale un CD de una grabación que hice con el cantante mundial Mark Murphy en 1996, donde puso letras a dos temas míos y del excelente pianista Fritz Pauer. (“Shadows” Mark Murphy feat Karlheinz Miklin, Fritz Pauer, TCB 33802).
En marzo saldrá otro CD del trío que tengo con el suizo Heiri Kaenzig (en el trío tocó durante muchos años el gran Ron McClure) en contrabajo y la leyenda Billy Hart en la batería, uno de los mejores bateristas del mundo (elegido recientemente por la “Association of Jazz Journalists” como mejor baterista 2013, con toda razón). El CD se llamará “Encore” TCB (con Billy llevo 27 años de cooperación y muchos discos, es un privilegio para mi que le guste tocar conmigo durante tanto tiempo). Haremos una tour para presentarlo. En octubre haremos la gira con el “Quinteto Argentina” en Austria, Italia y Croacia. Después tocaré unos conciertos solo (hay un CD que grabé en una iglesia) y me esperan conciertos con mi “Double Trio” (dos bajistas y dos bateristas, muy divertido y fuerte). Toqué en South Africa hace dos meses e hice nuevas conexiones, por lo que parece que volveré, lo mismo que en Brasil, donde toqué con Sizao Machado (bajo) y Bob Wyatt (batería), con los que tengo la misma onda y queremos seguir. Y por supuesto la enseñanza (viene mi último año como profesor, lo voy a extrañar). Bueno, el viejito todavía está en la carrera.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Jazz de primera, por una excelente causa

Festival solidario jazz blues y bossa novaPasadas las 20.30 horas del próximo sábado 30 de agosto, el Bebop Club (Moreno 364) será el escenario del “Festival Solidario de Jazz, Blues y Bossa Nova” organizado por Jazz & Cash y Área Responsable.

La programación no podía ser más interesante. Arriba del escenario se presentarán Javier Malosetti, el cuarteto liderado por Marco Sanguinetti y las cantantes Delfina Oliver y Josi Dias.

Las entradas del evento costarán $100 (pueden adquirirlas aquí ) y todo lo recaudado será donado a tres comedores infantiles. Es importante remarcar que tanto los músicos como el Bebop se prestaron de manera desinteresada.

Martín Kanenguiser, conductor del programa de radio Jazz & Cash y uno de los organizadores del evento, se tomó unos minutos para conversar con Animales del Jazz y responder algunas preguntas.

¿Cómo surgió la idea de realizar un festival solidario?
La idea surgió a partir de los programas Jazz & Cash que conduzco yo y de Área Responsable, que conduce Patricia Lafratti, ambos en Radio Palermo. Ella además apadrina un par de comedores infantiles en el Gran Buenos Aires. La idea era aprovechar que teníamos varios años en el aire y que yo quería pasar de las palabras y la música a la posibilidad de ayudar a otros. Y así hicimos el primer festival el año pasado en La Oreja Negra, luego este año en Onyx y ahora en Bebop.

¿Cuáles son las instituciones que recibirían las donaciones?
Los tres comedores son:

  • “Casita del Sol” -Los Polvorines-. El Comedor brinda el almuerzo diario a 47 chicos. Funciona desde 1988, sin soporte del Estado.
  • “Jardín de Dios” -José C. Paz-. Funciona los sábados, desde 2003, con más de 50 chicos (25 discapacitados), a quienes les brindan todas las comidas, sin ayuda estatal.
  • “Asociación Civil Binca” –Boulogne-. El Comedor brinda alimentos para chicos y adolescentes.

¿Cuáles son las expectativas que tienen?
No puedo creer que se hayan prendido músicos del nivel que se sumaron en cada una de las convocatorias y este no es una excepción, con Malosetti, Oliver, Josi Dias y Marco Sanguinetti; ahora el desafío es que la gente se prenda a ir a Bebop, sabiendo que además de ver un gran show, van a estar ayudando a gente que lo necesita.

Radiografía de los músicos
Repasando muy brevemente la carrera de Malosetti se puede mencionar que arrancó como baterista, pero luego las cuerdas lograron cambiar el rumbo y el bajo se convirtió en su gran aliado para hacerse camino en la música.

Durante casi una década formó parte de la banda de Luis Alberto Spinetta, aunque también realizó sus propias grabaciones como solista o al mando de Electrohope, banda que integró junto a Nicolás Raffetta (teclados), Hernán Segret (guitarra, bajo y voz) y Tomi Sainz (batería). En la actualidad, está al frente de su nuevo proyecto: JM4.

Por su parte, Sanguinetti aportará la perfección y la meticulosidad de “8”, el último material que registró junto a Jerónimo Carmona (contrabajo), Fermín Merlo (batería) y Migma (bandeja de vinilos). 

En tanto, las voces femeninas aportarán un poco de jazz y otro tanto de bossa nova. En efecto, Oliver recordará parte de los discos que escuchó desde joven, como Ella Fitzgerald, Billie Holliday, Sarah Vaughan o Chet Baker.

En cambio, la brasileña Dias traerá un poco de Vinícius de Moraes, Tom Jobim, Dorival Caymmi, Chico Buarque, Caetano Veloso, Milton Nascimento, Luiz Gonzaga Noel Rosa, entre otros.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

El jazz no lo va a extrañar

walter malosettiEl lunes (29 de julio de 2013) falleció Walter Rufino Malosetti.

Con la partida del excelente guitarrista cordobés, el jazz estará de luto. Pero, creo, que no lo va a extrañar.

Y me atrevo a asegurar eso porque Walter dejó tras de sí una carrera brillante, que se inició por los años ’50 y que no se detuvo hasta poco antes de su partida.

Porque en su camino formó parte de grupos memorables, como California Ramblers, Guardia Vieja Jazz Band, The Georgians Jazz Band y Walter Malosetti Trío.

Mención aparte merece Swing 39, la banda que contó con Héctor López Furst, Carlos Acosta, Héctor Basso, Marcelo Buscio y Ricardo Pellican, que fue la versión argentina del quintento del Hot Club de Francia, como lo definió Sergio Pujol en “Jazz al Sur – Historia de la música negra en la Argentina”.

Su talento lo llevó a ser considerado por algunos doctrinarios del jazz como el heredero -nada más y nada menos- que de Oscar Alemán, uno de los guitarristas argentinos más reconocidos a nivel local e internacional.

Eternamente agradecido quedó Walter cuando Oscar lo invitó a formar parte del disco “Alemán ’72”, la grabación que contó con otros grandes de la escena nacional como Néstor Astarita, Jorge González, Norberto Minichillo, Aníbal Fuentes y Johnny Quaglia.

Insisto. El jazz no lo va a extrañar porque nadie olvidará que compartió escenario también con figuras de la talla de Chuck Wayne, Didier Lockwood, Jim Hall, Leandro “Gato” Barbieri, Hernán Oliva, Earl Hines, Roberto “Fats” Fernández, Enrique “Mono” Villegas, Lalo Shifrin, Joe Pass, Teddy Wilson, Enrique Varela, Gustavo Bergalli y más. Muchos más.

Pero además porque dejó tras de sí una veintena de discos entre los que se destacan los realizados como solista (All of me, Tributo a Django Reinhardt y PALM, por mencionar algunos) y los seis registrados con Swing 39.

Me resisto a pensar que sus libros quedarán en el olvido o que serán quemados como en Fahreinheit 451. Walter Thiers toma lista en “El Jazz Criollo y otras yerbas” de todos ellos: Iniciación guitarrística, Bases de improvisación para guitarra, Armonía de blues, Jazz para guitarra, El libro de las escalas, Música de jazz para guitarra española, Música para guitarra, Lectura I y Método de acompañamiento guitarra jazz. Y creo que esas publicaciones permanecerán en la literatura de generaciones que deseen aprender y mejorar su forma de tocar jazz con la guitarra.

Eso sin contar con su “Escuela Superior de Jazz”, que seguirá forjando a grandes músicos. Músicos como su hijo, Javier, que ama al jazz tanto como su padre y con quién compartió formaciones (Satch) y grabaciones.

En definitiva, el jazz no lo va a extrañar porque a los grandes los deja en la vidriera para que las generaciones que vienen se iluminen con ellos, con los mejores. Como un ejemplo a seguir. Una estrella.

Los que lo vamos a extrañar somos nosotros, los que aprendimos de Walter el amor que se puede tener por la música, por un instrumento, por el jazz. Por eso, sólo digo: adiós maestro.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

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