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Adrián Iaies: “Orgullo es poder dirigir el festival y ver cómo ha crecido”

BA JazzEl “Festival Buenos Aires Jazz.15” contará con la presencia del saxofonista norteamericano Branford Marsalis, que es, sin dudas, una de las joyas que tiene el jazz contemporáneo. Sin embargo, el director artístico del evento, Adrián Iaies, prefiere no anteponer sus sentimientos a los del proyecto que comanda desde hace ya 8 años. Por eso, para el pianista y compositor “el orgullo es poder dirigir el festival y ver cómo ha crecido”. En una entrevista que concedió a Animales del Jazz -en medio de las corridas lógicas que genera estar al frente de un evento de tal magnitud- Iaies recordó que el primer festival que estuvo a su mando tuvo apenas 15 conciertos que se realizaron en un par de salas. Seguir leyendo

Cruces de talentos, para un jazz de primera

Moser Zimmerman Bareket CalveireEl baterista estadounidense Obed Calvaire y el contrabajista israelí Or Bareket llegaron a Buenos Aires cerca de las 5 de la mañana del sábado, sabiendo que en tan sólo doce horas debían juntarse con el pianista Alan Zimmerman y el saxofonista Pablo Moser.

A las 17 horas los músicos se juntaron y definieron las canciones que iban a interpretar a la noche. Tan sólo unos momentos después, se despidieron para volver a verse las caras unos minutos antes de las 22 horas.

Arriba del escenario, ya no importaba el cansancio. Tampoco que no habían ensayado mucho. Bastó que mostraran sus conocimientos para dejar en claro la calidad musical que tenían.

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Ni la lluvia pudo parar el jazz

Jelly Roll TrioEl viernes fue un día donde la lluvia, aquella que había amenazado durante toda la noche del jueves, decidió pasar a los hechos con una llovizna que fluctuó entre fuerte y débil y nunca aflojó.

Pese a ello, la tercera jornada del Festival de Jazz de Buenos Aires no se detuvo. Claro está que aquellas actividades que se desarrollan en lugares cerrados no se vieron afectadas. El dilema se generaba en torno a las que se realizaban al aire libre.

El Anfiteatro del Parque Centenario fue el más afectado por el maltrecho clima, pero no impidió que las bandas se presentaran y demostraran su talento arriba del escenario. Un ejemplo de ello fue la Jelly Roll Trio.

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¿Quién dijo que las segundas partes son malas?

Tuvieron que pasar muchos años y corrió el agua debajo del puente.

Hacía tiempo que había abandonado su Nueva York natal, para crecer en Philadelphia, y volver unos años después como músico.

También dejó en el camino el piano y los saxofones soprano y tenor, porque cuando descubrió el barítono supo que era “su” instrumento.

Parecía olvidado el tiempo en que, con menos de veinte años, empezaba a consagrarse como arreglista en la banda de Claude Thornhill. Estaba de vuelta en Nueva York pero no por mucho tiempo.

Estuvo también con Gene Krupa y con Bill Evans. Era tiempo de aprender de los grandes y de lograr un matiz clásico. Fue ahí cuando Gerry Mulligan encontró su lugar en algo que era más refinado y relajado del bebop imperante.

Hasta que llegó el momento de Birth of the Cool. Miles Davis decidió por fines de 1949 y principios de 1950 incluir sus temas y sus arreglos. Y concretaron juntos la instalación del cool como contrapunto del género impulsado por Dizzy Gillespie y Charlie Parker.

Fue un álbum grabado por el sello Capitol que quedó en el recuerdo de los amantes de ese género del jazz que Mulligan impulsó.

Luego Gerry viajó a lo largo de Estados Unidos. Del Este al Oeste, a Los Ángeles. Rompió las noches del Haig junto a Chet Baker. Y las drogas lo doblegaron a él.

Después llegó el tiempo de las big band. Eran los sesenta y sus giras con su Concert Jazz Band eran un clásico, aunque también era necesario alternar de vez en cuando con pequeños grupos.

En los setenta estaba preparado para los retos. Fue así como aceptó grabar con Charles Mingus en 1972, alguien con quien no parecía tener mucha afinidad musical. ¿Qué más lejos se puede llegar?: mucho. Dos años después, llegó el turno de Reunión Cumbre, con Astor Piazzolla.

Y llegó el día del reencuentro. Porque como quiso volver a las fuentes, después de tanto camino recorrido.

Incluso, lo discutió con su creador y había obtenido el visto bueno para hacerlo. Pero Davis no llegó a concretar el proyecto con él.

El disco se llamó Rebirth of the Cool. Y aunque no fueron los mismos músicos, el disco fue una joya.

En esta oportunidad Wallace Roney reemplazó a Miles en la trompeta. Lo mismo hicieron John Clark (corno francés), Dave Bargeron (trombón), Dean Johnson (bajo), Ron Vincent (batería) y Mel Tormé (voz en Darn That Dream). Del original, sólo John Lewis (piano) y Bill Barber (tuba) conservaron sus puestos.

http://www.youtube.com/watch?v=LoNxPG9BugE

Fue grabado en 1991 y salió a la venta un año después de la mano del sello GRS. Incluía los mismos doce temas (Israel, Deception, Move, Rouge, Rocker, Godchild, Moon Dreams, Venus de Milo, Budo, Boplicity, Darn That Dream y Jeru), aunque en un orden distinto al original.

El álbum se convirtió en un preciado tesoro para aquellos amantes del jazz que vieron consolidar el cool en 1949 y lo escucharon renacer con este nuevo material grabado nada más que 38 años después.

Estaba más viejo y cansado. Pero antes de su muerte (que llegó en 1996), Mulligan se pudo dar el lujo de ver su mejor material otra vez en el ruedo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com