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Irving Berlin, el sueño americano hecho realidad

Irving BerlinIrving Berlin fue uno de los mejores sinónimos que existieron del “sueño americano”. Un inmigrante que llegó de Rusia y que, tras pasar una niñez cargada de faltantes, supo terminar su vida llena de logros y reconocimientos.

Tenía apenas cinco años cuando desembarcó, en 1893, junto a su familia en los Estados Unidos. Como muchos inmigrantes, se asentó en el Lower East Side de la ciudad de Nueva York.

Había abandonado su Siberia natal por la hostilidad contra los judíos que reinaba en la época del zar Nicolás II. Algo que harían otras personas que también el tiempo los terminó ubicando en un lugar de grandeza, como George Gershwin y Al Jonson (entre otros).

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Rhapsody in Blue: la canción que consagró a George Gershwin

gershwinEl 12 de febrero de 1924 fue una fecha que no pasó desapercibida en la historia musical del jazz. Por el contrario, aquel martes dio nacimiento a la consagración de un joven de 23 años que decidió hacer algo poco común: lograr la unión de la música clásica con el género sincopado.

Ese día, el Aeolian Hall fue el escenario que consagró a George Gershwin, un pianista blanco nacido en el Brooklyn (New York – Estados Unidos) el 26 de septiembre de 1898, que escribió una obra que pasó a la posteridad: Rhapsody in Blue.

Ocurre que por entonces, los norteamericanos consideraban que el jazz era algo más bien vulgar que, pese a tener sus raíces bien dentro de su territorio, no lograba tener el “nivel” que se encontraban en sinfonías como las de Beethoven, Mozart o Bach.

Es llamativo lo que sucedió aquella tarde. Fue Paul Whiteman quien le hizo el encargo a Gershwin de que creara un “jazz sinfónico” para que sea interpretado por su banda. Algo que George aceptó con ganas y que escribió en sólo tres semanas.

Ante la novedad de la propuesta -que luego se convirtió en algo más común-, la gente se agolpó en el teatro y se encontró con una puesta en escena tan poco convencional como el programa que se iba a presentar.

Al menos así lo describió el crítico Olin Downes en su columna del New York Times al día siguiente, que escribió: “Los pianos estaban uno más abierto que el otro, en medio de un desorden de todos los artefactos de viento e instrumentos de percusión imaginables (…) También, apoyados o colgados, había sartenes, grandes utensilios de hojalata y una sordina de trompeta, más tarde aplicada al extremo de un trombón”.

El mismo Whiteman había escrito alguna vez que en aquella oportunidad estaba tan ansioso de saber qué sucedía afuera, que decidió salir a dar un vistazo y se encontró con una multitud de personas que, pese a que estaba nevando, se “peleaban por llegar a la puerta” del recinto.

Las criticas fueron diversas. Mientras algunos aseguraban (como Downes) que la obra había conmocionado al público, otros (como Lawrence Gilman, del The New York Tribune) describieron la obra como poco original, anticuada e inexpresiva.

Sin embargo, nadie puede negar que fue el trampolín que llevó a Gerswin a la cumbre de su carrera y que lo convirtió, según Isaac Goldberg, en un “joven coloso” que se “montó sobre el mundo musical de la Gran Manzana”.

Con Rhapsody in Blue, George había logrado que el público y los críticos lo incorporaran al selecto grupo de talentosos que formaban los músicos que siempre fueron sus ídolos: Irving Berlin y Jerome Kern.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Ella Fitzgerald: 96 años de una voz maravillosa

Ella Fitzgerald Copenhagen April 1970El 25 de abril se cumplieron 96 años del nacimiento de la legendaria cantante Ella Fitzgerald.

Ella, junto con Louis Armstrong, fue una de las más brillantes vocalistas que dominaron el scat, aquella técnica que le permitía utilizar sus cuerdas vocales como instrumentos.

Sus primeros años no fueron los mejores de su vida. Su padre se fue de su casa cuando aún era una niña. Pocos años después, su madre sufrió un accidente fatal. Y, ya viviendo con su tía, se enteró de la muerte de su padrastro.

Rodeada de pobreza, Fitzgerald no salía de un drama para meterse en otro. Ausentismo en el colegio y problemas con la policía eran una constante en esa época, al igual que la música y el baile.

Desde chica le fascinaba esas artes y quería vivir de ellas. Eso fue lo que la llevó a presentarse en el Teatro Apolo de Harlem, con sólo 16 años, en el concurso de jóvenes talentos.

Ganar el premio como cantante fue el puntapié inicial en su carrera. Lo llamativo fue que, lejos de preparar una rutina musical, Ella se había hecho presente con la intención de bailar.

Sin embargo, el destino le tenía preparado otra cosa: en el número anterior las hermanas Edwards hicieron una coreografía que dejaron al público aplaudiendo de pie. Así que Fitzgerald tuvo que cambiar su rutina de baile. Por suerte.

En aquella oportunidad cantó “Judy” y lo hizo tan bien que le pidieron un bis. “The Object of My Affections” fue la segunda canción. Y el premio se quedó con ella.

Pero, además de los dólares que ganó en el concurso, tuvo esa noche su segundo premio. Ocurre que entre el público se encontraban Benny Carter y Mario Bauza. Ambos quedaron anonadados con la cantante.

Carter estaba tan conmovido que movió cielo y tierra para conseguir que Ella participara en una banda de jazz. Intentó primero tentar al productor John Hammond, sin demasiado éxito.

Luego, a falta de una, consiguió dos orquestas que se interesaron por la cantante: la dirigida por el saxofonista Tiny Bradshaw y la del baterista Chick Webb.

La participación de Fitzgerald en la primera se extinguió rápidamente, cosa que no sucedió con la de Webb. Con él, grabó una de las canciones que coronaron el éxito en sus primeros años de carrera: “A-Tisket, A-Tasket”, logró vender 1 millón de copias.

Junto a la formación de Webb, Ella convirtió las noches del Savoy Ballroom de Harlem en algo mítico. Con el fallecimiento del baterista en 1939, Fitzgerald decidió continuar con la banda hasta 1942.

A partir de ese corte, llegó el momento de continuar en solitario y de trabajar esporádicamente con otros grandes de la escena del jazz, como el genial trompetista Dizzy Gillespie.

Tal como lo afirma Joachim Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”, en los años cuarentas “sus vocalizaciones improvisadas sobre temas como ‘How High the Moon’ o ‘Lady Be Good’ condujeron al corazón del bop”.

En esa época conoció al productor Norman Granz, que la incluyó en la JATP y donde compartió escenario con músicos de la talla de Duke Ellington, Cole Porter, Irving Berlin y los hermanos Gershwin.

El mismo Ira Gershwin fue quien aseguró: “No sabía lo bueno que eran nuestras canciones hasta que escuché a Ella Fitzgerald cantarlas”.

Mención aparte merecen los trabajos con Louis Armstrong. Con él grabó dos discos (Ella and Louis -1956- y Ella and Louis Again -1957-), que son ideales para quienes quieran aprender qué es el scat.

Durante las décadas siguientes grabó con músicos de la talla de Joe Pass, Count Basie y Oscar Peterson. Incluso, se animó a cantar pop, blues, bossa nova, samba, gospel y calypso.

Además, fue invitada a numerosos programas de gran éxito, como “The Bing Crosby Show”, “The Dinah Shore Mostrar”, “The Frank Sinatra Show”, “The Ed Sullivan Show”, “The Tonight Show”, “The Nat King Cole Show “,” The Andy Willams Show” y ” The Dean Martin Show “.

Pero su vida dio un vuelco en 1986. En septiembre debieron operarla del corazón y le detectaron una diabetes que primero la dejaría ciega, luego la haría perder sus piernas y por último se llevaría su vida el 15 de julio de 1996.

Quedó en el recuerdo el maravilloso espectáculo que brindo en 1991 en el Carnegie Hall de Nueva York sin saber que sería el último.

En su carrera ganó 13 premios Grammy (como mejor vocalista femenina y mejor interpretación de diversas canciones), y galardones de revistan tan prestigiosas como Metronome y Down Beat.

Además, en 1987 recibió de manos del por aquel tiempo presidente de Estados Unidos Ronald Reagan la Medalla Nacional de las Artes.

Sus últimos días los compartió con su hijo Ray Jr. y su nieta Alice. En aquellos años solía decir que “sólo quiero oler el aire, escuchar a los pájaros y escuchar reír a Alice”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com