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Relaxin’ with Juan Cruz de Urquiza

El próximo viernes 2 de junio el trompetista Juan Cruz de Urquiza llenará de hard bop el Thelonious Jazz Club (Jerónimo Salguero 1884, CABA) cuando recree junto a su quinteto el célebre álbum “Relaxin’” de Miles Davis.

Los fanáticos del trompetista norteamericano podrán revivir toda la magia de las sesiones registrados en 1956 por Davis, John Coltrane, Red Garland, Paul Chambers y Philly Joe Jones y que Prestige Records convirtió en cuatro discos elementales del jazz.

En efecto, los días 11 de mayo y 26 de octubre de aquel año se llevaron adelante dos grabaciones en los estudios del sello estadounidense donde el quinteto que lideró Miles dejó cuatro joyas: “Relaxin’”, “Cookin’”, “Workin’” y “Steamin’”.

Uno de los aspectos más sobresalientes de aquella agrupación fue la conexión que había entre sus miembros, muchos de los cuales venían trabajando juntos hacía tiempo. Los mejores ejemplos se pueden encontrar en los solos que impusieron Davis y Coltrane.

La libertad que manifestaban los maratónicas notas del saxo de Trae se complementaban a la perfección con las contenidas por la sordina Harmon de Miles y llegaban al equilibrio perfecto con las frases de Garland.

Aquellas grabaciones cuentan también con la magia de la espontaneidad. Por aquel momento, el trompetista había adoptado la idea de realizar sólo una toma de cada canción ya que consideraba que los solos más creativos solían aparecer en la primera interpretación.

En definitiva, tal como lo describió Ian Carr en “Miles Davis: la biografía definitiva”, las “interpretaciones del quinteto de Miles Davis están llenas de momentos de genuina inspiración, llenas de sorpresas, llenas de magia colectiva e individual”.

Hay un detalle más para contar. Los fanáticos del quinteto de Miles Davis no sólo disfrutan de los discos originales. Gracias a la magia de la tecnología, pueden oír las remasterizaciones realizadas en 2005 por Rudy Van Gelder para el sello Prestige, que incluyen diálogos de aquellos míticos días.

Muy probablemente se escuchen en Thelonious “If I Were a Bell”, “You’re My Everything”, “I Could Write a Book”, “Oleo”, “It Could Happen to You” o “Woody ‘n’ You”, que son seis de las 24 que se registraron en aquellas sesiones y terminaron formando parte de “Relaxin’”.

El recital no podía haber llegado en mejor momento. Ocurre que el 26 de mayo de 1926 nacía en Illinois el que se convertiría en uno de los mejores trompetistas de la historia del jazz. El evento se convierte, entonces, en una excelente manera de celebrar el natalicio de Miles.

Los músicos que aceptaron el difícil desafío de emular a uno de los más grandes quintetos de jazz serán Carlos Lastra (saxo tenor), Alan Zimmerman (piano), Sebastián de Urquiza (contrabajo) y Tobías de Urquiza (batería). Todos, claro esta, bajo la dirección de Juan Cruz de Urquiza.

Las entradas ya están a la venta y se pueden adquirir por 200 pesos. Para no perderse el show -que está programado para las 21.30 horas-, pueden reservar su localidad al mail reservas1884@gmail.com.

Bitches Brew: el primer acercamiento del jazz al rock

bitches-brewCorría el año 1969 y Miles Davis hacía lo de siempre: quería encontrar una nueva forma de ver la música. De interpretarla y crearla. En una palabra, el trompetista continuaba en su camino vanguardista.

Había quedado atrás “In a Silent Way” y el músico nacido en Alton (Illinois – Estados Unidos) quería ir más allá y, apenas unos meses después, estaba preparado -junto a parte de los músicos que lo acompañaron en aquél álbum- para arrancar un nuevo trabajo.

Esta vez, la idea era caminar por la senda del rock desde la senda del jazz. El producto de esta conjunción fue Bitches Brew, el primer disco que fusionó ambos géneros y que dio nacimiento a una nueva movida musical.

Por aquella época, Davis estaba con muy buenos ánimos y ya no cargaba con vicios. Había dejado atrás la bebida, las drogas y hasta dejó de comer carne. Sólo se alimentaba de vegetales y frutas. Y gozaba de un excelente estado físico, gracias al entrenamiento que realizaba junto al ex boxeador Bobby Allah.

Otra vez fue Columbia Records la encargada de llevar adelante las grabaciones y estuvo bajo la vigilancia del productor Teo Macero. Ian Carr dio cuenta en su libro “Miles Davis. La biografía definitiva” que una pelea entre Davis y Macero hizo que el proyecto corriera el riesgo de no terminarse.

Por suerte, la discusión disparó para otro lado: luego del primer registro, Miles tocó como nunca y sus acompañantes hicieron lo propio. Las diferencias entre productor y trompetista se pulieron luego.

Del anterior disco dejó a casi todos los músicos. Aunque introdujo algún cambio. Por ejemplo, la batería quedó en manos de Jack DeJohnette en reemplazo de Tony Williams. Este fue un cambio que trajo algo de alivio para el contrabandista Dave Holland que, según sus propias palabras, se sentía frustrado con Williams.

Pero además, contó con otros dos bateristas: Lenny White y Don Alias que tocaban en simultáneo. También hacían lo propio los pianistas Chick Corea junto a Joe Zawinul y a Larry Young. Se completaba la orquesta con Wayne Shorter (saxo), Bennie Maupin (clarinete), John McLaughlin (guitarra), Jim Riley (percusión) y Harvey Brooks (bajo eléctrico).

De aquellas sesiones -que iniciaron el 19 de abril y finalizaron dos días después- nacieron dos discos. El primero contuvo “Pharaoh’s Dance” y “Bitches Brew”, mientras que en el segundo contaba con “Spanish Key”, “John McLaughlin”, “Miles Runs the Voodoo Down” y “Sanctuary”.

Fue el primer paso que continuaron bandas estadounidenses como Return to Forever, Mahabvishnu Orchestra, Weather Report, The Eleventh House, por citar algunos ejemplos, y que se extendió a lo largo del globo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Keith Jarrett, un maestro en convertir la improvisación en arte

Cómo al 90 por ciento de la música que escucho, a Keith Jarrett llegué de la mano de Mario Pergolini. Más de una vez lo mencionó en su programa de radio y eso hizo que sin mediar muchos días me dirija a Zivals, la clásica disquería de Callao y Corrientes, en busca de algunos de sus cd´s.

Hasta el día de hoy recuerdo ese box celeste que contenía seis cd´s en donde estaban registradas las grabaciones completas de los conciertos dados en el mítico Blue Note.

La ecuación costos – ingresos de aquellos años hizo que no me los compre. Y luego, con el fin de la convertibilidad mediante, no los vi más.

Y así pasaron los años, y cada tanto, volvía a resonar en mi cabeza Jarrett, ya sea por una nueva mención de Pergolini, o simplemente al pasar por delante de Zivals y entrar con la esperanza de volver a encontrar aquel esquivo “box set”.

Pero, aunque suene a viejo, las vueltas de la vida me iban a volver a juntar con Jarrett. Hace casi tres años y medio atrás, a mi vieja le regalaron “Purgatorio”, la novela póstuma de Tomás Eloy Martínez quien describe como nadie a Keith Jarrett. Y como corresponde, reconociendo mi incapacidad de escribir algo mejor sobre el pianista, tomo prestado los siguientes párrafos:

“Simón revolvió el equipaje, tomó un grabador de bolsillo y pulsó el play. Del aparato fluyeron, imperfectos por la mala calidad del registro, unos pocos acordes, muy simples, tocados con extrema pureza, que no se parecían a ninguna otra música de este mundo.

Cuando estoy solo, la improvisación de Keith Jarrett me excita. Con vos tendría que excitarme el doble.

Es bellísimo, aprobó Emilia. ¿Está improvisando, dijiste?

De principio a fin.

Demasiado perfecto. Debía de tener la melodía en la memoria.

No. Ése fue su hallazgo. Jarrett se presentó a tocar en la Ópera de Colonia sin la menos idea de lo que iba a hacer. Estaba cansado después de una semana de recitales continuos y para él mismo fue una sorpresa que la música le llegara en oleadas. Hasta entonces había sido un gran solista de jazz, pero a partir de esa noche construyó un género único. Su música es un continuo, un absoluto. Las toses en la sala, los crujidos del instrumento, nada está preparado. Quizá Bach o Mozart crearon galaxias parecidas, armonías improvisadas que ahora navegan en la noche de los tiempos, pero nada ha sobrevivido. Por eso jarrett hizo algo que no volverá a suceder. No con las mismas notas, no de esa manera. Su noche en la Ópera de Colonia no podrá repetirse jamás. Ni siquiera él mismo podría hacerlo. Es un concierto fugitivo, nacido para vivir y morir en ese instante. Se convertirá en un lugar común, en una vulgaridad para enamorados como nosotros, y la especie humana seguirá necesitándolo.

Estaban tendidos en la cama, desnudos, relajados. A los siete minutos, Jarrett se puso a gemir, como si estuviera cogiendo con el instrumento. La verga de Simón seguía impasible.

Dejame que te abrace, dijo Emilia.

Siguió acariciándolo con una mano mientras, con la otra, se acarició a sí misma lentamente. Al poco rato, junto con Jarrett, soltó un gemido”.

Obviamente, me apuré a terminar el capítulo, y tal como hice unos años atrás volví a Zivals con la decisión de comprarme “The Köln Concert”. En el subte pensaba que, por ahí, el cd no estaba o que costaría carísimo. Cuando llegué lo tomé y fui directo a la caja. Una vez en mi casa fue poner el cd en el equipo para luego saber que pocas melodías que iba a escuchar en el resto de mi vida me iban a conmover tanto como el famoso Concierto en la Ópera de Colonia de Keith Jarrett.

Seguramente a los lectores de este blog les importará conocer un poco más sobre Jarrett. Les puedo asegurar que con la magnífica descripción de Tomás Eloy Martínez tienen todo lo que necesitan saber, o aún más.

Aunque pensándolo bien, el músico y crítico Ian Carr, biógrafo de Jarrett también supo describirlo de manera impecable. Carr aseguró que en el mundo del jazz hay dos clases de trayectorias: están, por un lado, los músicos como Charlie Parker, es decir vidas que se consumen rápidamente al ritmo de una contribución incandescente; y músicos como Duke Ellington o Miles Davis, cuyas carreras se despliegan lentamente en un proceso con varias facetas. Carr llega a la conclusión de que la trayectoria de Jarrett tiene la intensidad del primer grupo y la durabilidad del segundo.

Hernán Gilardo