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Una voz centenaria

Photo of Billie HOLIDAYHace exactamente cien años, la ciudad de Philadelphia (Pennsylvania – Estados Unidos) veía nacer a quien se convertiría en una de las grandes cantantes que tuvo el jazz en toda su Historia: Billie Holiday.

Si bien tuvo una voz envidiable, el sentimiento y la interpretación que hacía de cada letra y de cada canción fue un elemento distintivo que la llevó a encumbrarse en lo más alto del género sincopado en la década del ’30.

Sin dudas sus primeros años fueron los que marcaron a fuego ese sufrimiento que se impregnaría a la hora de subir a un escenario. Fruto de una relación temprana entre Clarence Holiday (de sólo 15 años) y Sadie Fagan (13 años), conoció la miseria y el abandono desde pequeña.

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Chick Webb: el ganador de todas las batallas

SavoyKing1Era la década del ’30 y reinaba el swing.

En el mundo del jazz dominaban la escena las big band y sobresalían los nombres de Duke Ellington, Benny Goodman, Fletcher Henderson, Glenn Miller, Artie Shaw, Earl Hines… y, por supuesto, Chick Webb.

Este músico fue uno de los primeros bateristas en estar al mando de su propia banda, algo que con el tiempo repetirían otros como Gene Krupa. Pero, claro está, no sobresalió por eso sino por su forma de tocar.

Y no sólo eso: sino que fue además un gran batallador, no sólo en la vida, sino también arriba del escenario.

Webb nació en Baltimore (Estados Unidos) el 10 de febrero de 1909 y su infancia se caracterizó por las enfermedades que impidieron un desarrollo corporal normal. No obstante, su pequeño cuerpo no le impidió avanzar en la música.

Instalado en Nueva York, se hizo escuchar y su nombre sonó tanto como los bombos, platillos y redoblantes de su batería. Tanto retumbó que en 1927 consiguió ser el líder de la banda que sonaba en el Savoy Ballroom, el mítico salón de baile del Harlem.

Allí, fue partícipe de los famosos enfrentamientos de bandas. Algo que le encantaba por el simple hecho de ser imbatible. Lo sabe bien Goodman, quien fue abatido arriba del escenario pese a que su formación era mayor en número que la de Webb.

Krupa, que por aquel momento formaba parte de la orquesta del clarinetista, admitió luego de aquella batalla: “Jamás fui vencido por un músico mejor”.

Grandes músicos pasaron por la agrupación de Chick, tales como Mario Bauzá (que en los años ’30 le puso un poco de Cuba al jazz), Louis Jordan (el saxofonista, cantante y director que sobresalió con él y luego comenzó su carrera como solista) o Garvin Bushell (uno de los primeros especialistas en fagot del género).

Y si de figuras se trata, es imposible olvidar mencionar a Ella Fitzgerald. Es que fue Webb quien, en 1934, la incluyó de jovencita en su banda, apenas un tiempo después de haber obtenido el premio en el Apollo Theater.

La cantante se convirtió rápidamente en la principal atracción de la formación del baterista y juntos lograron posicionar canciones como “A Tisket A Tasket” en lo más alto de los ratings norteamericanos.

Pero la salud de Chick era débil. Y su participación en la orquesta comenzó a hacerse más espaciada, hasta que debió dejar de tocar a fines de 1938. Apenas unos meses después, más precisamente el 16 de junio de 1939, le dijo adiós al mundo en su ciudad natal.

Dejó tras de sí un gran repertorio, sus batallas ganadas y una banda que fue dirigida los años siguientes por Fitzgerald, quién se convertiría con el tiempo en una de las voces más famosas del jazz. Aunque esa es otra historia.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

De “rey del jazz” a conserje de un salón en una sola vida

king oliver¿Qué hubiese sido de la carrera de Louis Armstrong si él no le hubiese enseñado a improvisar?.

Esa es la pregunta que muchos se hicieron al conocer la historia de Joseph Nathan Oliver, un cornetista de Nueva Orleans que le enseñó a desenvolverse a Sachmo en los solos y a quien Armstrong llamaba afectuosamente “Papa Joe”.

Oliver fue uno de los músicos más destacados de su época, y recibió el apodo de “King” luego de que le ganara a Freddie Keppard un duelo de cornetas. Al menos ese es el rumor que se corría en Storyville en aquellos años.

En 1915, con casi treinta años, formó parte de la Eagle Band y con posterioridad de la Brown Skinned Babies, la orquesta formada por el trombonista Kid Ory. Su manejo de la sordina era algo que dejaba con la boca abierta a cualquiera.

Unos años después se había trasladado a la ciudad de Chicago y había formado su propia banda: la King Oliver’s Creole Jazz Band, que contaba con la presencia de los hermanos Johnny y Baby Dodds (clarinete y batería, respectivamente), Lil Hardin (piano), Bill Johnson (bajo) y Honoré Dutrey (trombón).

Armstrong se unió a ellos en 1922. Para ese entonces, la Creole tocaba en el Lincold Gardens y se convirtió en una de las atracciones de Chicago. Esto colaboró para que la banda grabara para Paramount y Gennett Records.

No obstante, a principios de 1924, Sachmo decide abandonar la orquesta para sumarse a la formación de Fletcher Henderson.

A partir de allí, las cosas comenzaron a declinar en la carrera de Oliver. Tuvo tiempo, sin embargo, para reformular su banda y convertirla en la Dixie Syncopators y con la que grabó varios discos entre 1927 y 1928.

Un año después, el Plantation Café (lugar donde tocaban todas las noches) se incendió y la orquesta se trasladó a Nueva York para presentarse en el Savoy Ballroom.

Tiempo después, llegó una mala decisión de Oliver: no aceptó trabajar en el Cotton Club del Harlem. Su reemplazo, Duke Ellington, lograría la fama luego de firmar el contrato con el lugar.

Las cosas fueron de mal en peor: Luis Russell absorbió a su orquesta y para 1931 hizo sus últimas grabaciones como líder de una banda.

Joachim Berendt, en su libro “El jazz – de Nueva Orleans al Jazz Rock” cuenta mejor que nadie los últimos días de King:

“El fin de la carrera de Oliver presenta el trágico espectáculo de un hombre empobrecido, sin dientes, incapaz de tocar y de ganarse la vida, de un hombre que se oculta de sus amigos por vergüenza y que, sin embargo, fue un día ‘el Rey del Jazz’. Aquí se cumplió una de las tragedias de la existencia artística tan frecuentes en la historia del jazz”.

El 10 de abril de 1938 fallecía en Savannah (Georgia – Estados Unidos), hundido en la pobreza y lejos de los lujos de Rey.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Ella Fitzgerald: 96 años de una voz maravillosa

Ella Fitzgerald Copenhagen April 1970El 25 de abril se cumplieron 96 años del nacimiento de la legendaria cantante Ella Fitzgerald.

Ella, junto con Louis Armstrong, fue una de las más brillantes vocalistas que dominaron el scat, aquella técnica que le permitía utilizar sus cuerdas vocales como instrumentos.

Sus primeros años no fueron los mejores de su vida. Su padre se fue de su casa cuando aún era una niña. Pocos años después, su madre sufrió un accidente fatal. Y, ya viviendo con su tía, se enteró de la muerte de su padrastro.

Rodeada de pobreza, Fitzgerald no salía de un drama para meterse en otro. Ausentismo en el colegio y problemas con la policía eran una constante en esa época, al igual que la música y el baile.

Desde chica le fascinaba esas artes y quería vivir de ellas. Eso fue lo que la llevó a presentarse en el Teatro Apolo de Harlem, con sólo 16 años, en el concurso de jóvenes talentos.

Ganar el premio como cantante fue el puntapié inicial en su carrera. Lo llamativo fue que, lejos de preparar una rutina musical, Ella se había hecho presente con la intención de bailar.

Sin embargo, el destino le tenía preparado otra cosa: en el número anterior las hermanas Edwards hicieron una coreografía que dejaron al público aplaudiendo de pie. Así que Fitzgerald tuvo que cambiar su rutina de baile. Por suerte.

En aquella oportunidad cantó “Judy” y lo hizo tan bien que le pidieron un bis. “The Object of My Affections” fue la segunda canción. Y el premio se quedó con ella.

Pero, además de los dólares que ganó en el concurso, tuvo esa noche su segundo premio. Ocurre que entre el público se encontraban Benny Carter y Mario Bauza. Ambos quedaron anonadados con la cantante.

Carter estaba tan conmovido que movió cielo y tierra para conseguir que Ella participara en una banda de jazz. Intentó primero tentar al productor John Hammond, sin demasiado éxito.

Luego, a falta de una, consiguió dos orquestas que se interesaron por la cantante: la dirigida por el saxofonista Tiny Bradshaw y la del baterista Chick Webb.

La participación de Fitzgerald en la primera se extinguió rápidamente, cosa que no sucedió con la de Webb. Con él, grabó una de las canciones que coronaron el éxito en sus primeros años de carrera: “A-Tisket, A-Tasket”, logró vender 1 millón de copias.

Junto a la formación de Webb, Ella convirtió las noches del Savoy Ballroom de Harlem en algo mítico. Con el fallecimiento del baterista en 1939, Fitzgerald decidió continuar con la banda hasta 1942.

A partir de ese corte, llegó el momento de continuar en solitario y de trabajar esporádicamente con otros grandes de la escena del jazz, como el genial trompetista Dizzy Gillespie.

Tal como lo afirma Joachim Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”, en los años cuarentas “sus vocalizaciones improvisadas sobre temas como ‘How High the Moon’ o ‘Lady Be Good’ condujeron al corazón del bop”.

En esa época conoció al productor Norman Granz, que la incluyó en la JATP y donde compartió escenario con músicos de la talla de Duke Ellington, Cole Porter, Irving Berlin y los hermanos Gershwin.

El mismo Ira Gershwin fue quien aseguró: “No sabía lo bueno que eran nuestras canciones hasta que escuché a Ella Fitzgerald cantarlas”.

Mención aparte merecen los trabajos con Louis Armstrong. Con él grabó dos discos (Ella and Louis -1956- y Ella and Louis Again -1957-), que son ideales para quienes quieran aprender qué es el scat.

Durante las décadas siguientes grabó con músicos de la talla de Joe Pass, Count Basie y Oscar Peterson. Incluso, se animó a cantar pop, blues, bossa nova, samba, gospel y calypso.

Además, fue invitada a numerosos programas de gran éxito, como “The Bing Crosby Show”, “The Dinah Shore Mostrar”, “The Frank Sinatra Show”, “The Ed Sullivan Show”, “The Tonight Show”, “The Nat King Cole Show “,” The Andy Willams Show” y ” The Dean Martin Show “.

Pero su vida dio un vuelco en 1986. En septiembre debieron operarla del corazón y le detectaron una diabetes que primero la dejaría ciega, luego la haría perder sus piernas y por último se llevaría su vida el 15 de julio de 1996.

Quedó en el recuerdo el maravilloso espectáculo que brindo en 1991 en el Carnegie Hall de Nueva York sin saber que sería el último.

En su carrera ganó 13 premios Grammy (como mejor vocalista femenina y mejor interpretación de diversas canciones), y galardones de revistan tan prestigiosas como Metronome y Down Beat.

Además, en 1987 recibió de manos del por aquel tiempo presidente de Estados Unidos Ronald Reagan la Medalla Nacional de las Artes.

Sus últimos días los compartió con su hijo Ray Jr. y su nieta Alice. En aquellos años solía decir que “sólo quiero oler el aire, escuchar a los pájaros y escuchar reír a Alice”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Un gigante en el piano del jazz

Muchos fueron los músicos que lamentablemente tuvieron un paso corto por el escenario del jazz.

Sin embargo -tal vez signados por la vida de su creador, Buddy Boldon– su paso fugaz, lejos de quedar en la nada, dejó un gran legado para la posteridad.

Uno de ellos fue Thomas Wright Waller, conocido más popularmente como Fats Waller quien supo hacerse conocer gracias a su peculiar forma de tocar el piano.

Nacido el 21 de mayo de 1904 en el Harlem, dio sus primeros pasos en la iglesia baptista donde su padre era predicador.

En los años veinte, gracias a Harlem Johnson y Willie Smith, se sumergió en el mundo del stride, esa peculiar forma de tocar el piano que surgió por esos años.

Tal como afirma Joachim Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva York al Jazz Rock”, “stride” significa una constante y balanceada alternación de una nota en el bajo (en los tiempos nones) y un acorde (en los tiempos pares).

Ya cuando tenía 18 años hizo sus primeras grabaciones para el sello OKeh y luego conoció a una persona que lo ayudaría a lanzarlo a la fama: Andy Razaf.

Ocurre que, junto a este letrista, Fats escribió las memorables canciones Honeysucke Rose, Ain`t Misbehavin y Black And Blues, entre otros.

En 1923 formó el Fats Waller and his Buddies y explotó su popularidad. Tanto que el mismísimo Fletcher Henderson lo convocó para tocar en su big band.

Para 1924, Waller era reconocido, no sólo por su forma de tocar el piano, sino también por su extrovertido e inusual estilo para la época.

“Fats, en efecto, tenía dos aspectos: era uno de los más grandiosos pianistas de la historia del jazz y además uno de los más humorísticos e ingeniosos comediantes de la música popular. Ligaba ambas facetas de una manera inimitable gracias a su absoluta e íntima desenvoltura”, afirma Berendt.

En tanto, James Johnson solía decir que algunas personas tenían la música dentro, pero Fats era todo música. “Y podías ver lo grande que era”, ironizaba.

Su vida musical siguió rodando, dándole vida a obras maravillosas como Handful Of Keys, Smashing Thirds y Jitterbug Waltz que, con el paso del tiempo, se convirtieron en standars del jazz.

También hizo giras por Europa y hasta escribió música para dibujos animados. Incluso, se dio el gusto de actuar en 1943 en la película Stormy Weather donde hizo de sí mismo.

Aquí, un pequeño fragmento del film:

El 15 de diciembre de 1943, con tan sólo 39 años, falleció producto de una neumonía dejando su legado musical en pianistas reconocidos de la talla de Art Tatum y Count Basie.

Gonzalo Chicote.

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