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Irving Berlin, el sueño americano hecho realidad

Irving BerlinIrving Berlin fue uno de los mejores sinónimos que existieron del “sueño americano”. Un inmigrante que llegó de Rusia y que, tras pasar una niñez cargada de faltantes, supo terminar su vida llena de logros y reconocimientos.

Tenía apenas cinco años cuando desembarcó, en 1893, junto a su familia en los Estados Unidos. Como muchos inmigrantes, se asentó en el Lower East Side de la ciudad de Nueva York.

Había abandonado su Siberia natal por la hostilidad contra los judíos que reinaba en la época del zar Nicolás II. Algo que harían otras personas que también el tiempo los terminó ubicando en un lugar de grandeza, como George Gershwin y Al Jonson (entre otros).

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Blood on the Fields, el primer Pullitzer para el jazz

Wynton-MarsalisEl 28 de enero de 1997 no fue un día cualquiera para la vida del trompetista y compositor Wynton Marsalis. Es que en esa fecha recibió uno de los premios menos esperados por un músico de jazz: un Pullitzer.

La sorpresa se generó porque fue la primera vez, desde 1943 (cuando se otorgó el primer galardón de estas características), que fue distinguido un ejecutante del género sincopado.

El premio fue por “Blood on the Flieds”, un oratorio de tres horas y media que fue presentado por primera vez el 1 de abril de 1994 en el Alice Tully Hall del Lincoln Center y que hace un recorrido entre la esclavitud y la libertad.

El material, que fue registrado por Columbia Records, se convirtió en tres discos que salieron a la venta en 1995 y que contenían 27 canciones en total y fue interpretada por Marsalis y la Lincoln Center Jazz Orquestra.

En el primero figuran los temas Calling The Indians Out, Move Over, You Don’t Hear No Drums, The Market Place, Soul For Sale, Plantation Coffle March y Work Song (Blood On The Fields).

La segunda placa contenía los temas Lady’s Lament, Flying High, Oh We Have A Friend In Jesus, God Don’t Like Ugly, Juba And A O’Brown Squaw, Follow The Drinking Gourd, My Soul Fell Down, Forty Lashes, What A Fool I’ve Been y Back To Basics.

Por último, el tercer CD incluía las canciones I Hold Out My Hand, Look And See, The Sun Is Gonna Shine, Will The Sun Come Out?, The Sun Is Gonna Shine, Chant To Call The Indians Out, Calling The Indians Out, Follow The Drinking Gourd, Freedom Is In The Trying y Due North.

La Lincoln Center Jazz Orquestra contaba con músicos de la talla de Cassandra Wilson, Jon Hendricks, Miles Griffith, Roger Ingram, Marcus Printup, Russell Gunn, Ron Westray, Wayne Goodman, Wycliffe Gordon, Roger Stewart, Wes Anderson, Victor Goines, Walter Blanding, James Carter, Michael Ward, Eric Redd, Reginald Veal y Herlin Riley.

En aquella oportunidad también fueron nominados como finalistas “Dove Sta Amore” de John Musto (que se había estrenado el 2 de marzo de 1996) y “Passacaglia Immaginaria” de Stanislaw Skrowaczewski (presentada por primera vez el 12 de abril 1996).

Sin embargo, los jueces del certamen Robert Ward (compositor), John Harbison (profesor de humanidades), John Lewis (compositor), Howard Reich (crítico de jazz) y Joseph Schwantner (profesor de música) terminaron inclinando la balanza por “Blood on the Fields”.

Luego llegaron menciones especiales para músicos como George Gershwin (1998), Duke Ellington (1999), Thelonious Monk (2006) y John Coltrane (2007). Tuvieron que pasar 10 años para que llegue el segundo premio para el jazz, que fue otorgado a Ornette Coleman por el disco Sound Grammar. Pero eso es otra historia.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Rhapsody in Blue: la canción que consagró a George Gershwin

gershwinEl 12 de febrero de 1924 fue una fecha que no pasó desapercibida en la historia musical del jazz. Por el contrario, aquel martes dio nacimiento a la consagración de un joven de 23 años que decidió hacer algo poco común: lograr la unión de la música clásica con el género sincopado.

Ese día, el Aeolian Hall fue el escenario que consagró a George Gershwin, un pianista blanco nacido en el Brooklyn (New York – Estados Unidos) el 26 de septiembre de 1898, que escribió una obra que pasó a la posteridad: Rhapsody in Blue.

Ocurre que por entonces, los norteamericanos consideraban que el jazz era algo más bien vulgar que, pese a tener sus raíces bien dentro de su territorio, no lograba tener el “nivel” que se encontraban en sinfonías como las de Beethoven, Mozart o Bach.

Es llamativo lo que sucedió aquella tarde. Fue Paul Whiteman quien le hizo el encargo a Gershwin de que creara un “jazz sinfónico” para que sea interpretado por su banda. Algo que George aceptó con ganas y que escribió en sólo tres semanas.

Ante la novedad de la propuesta -que luego se convirtió en algo más común-, la gente se agolpó en el teatro y se encontró con una puesta en escena tan poco convencional como el programa que se iba a presentar.

Al menos así lo describió el crítico Olin Downes en su columna del New York Times al día siguiente, que escribió: “Los pianos estaban uno más abierto que el otro, en medio de un desorden de todos los artefactos de viento e instrumentos de percusión imaginables (…) También, apoyados o colgados, había sartenes, grandes utensilios de hojalata y una sordina de trompeta, más tarde aplicada al extremo de un trombón”.

El mismo Whiteman había escrito alguna vez que en aquella oportunidad estaba tan ansioso de saber qué sucedía afuera, que decidió salir a dar un vistazo y se encontró con una multitud de personas que, pese a que estaba nevando, se “peleaban por llegar a la puerta” del recinto.

Las criticas fueron diversas. Mientras algunos aseguraban (como Downes) que la obra había conmocionado al público, otros (como Lawrence Gilman, del The New York Tribune) describieron la obra como poco original, anticuada e inexpresiva.

Sin embargo, nadie puede negar que fue el trampolín que llevó a Gerswin a la cumbre de su carrera y que lo convirtió, según Isaac Goldberg, en un “joven coloso” que se “montó sobre el mundo musical de la Gran Manzana”.

Con Rhapsody in Blue, George había logrado que el público y los críticos lo incorporaran al selecto grupo de talentosos que formaban los músicos que siempre fueron sus ídolos: Irving Berlin y Jerome Kern.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Hugo Pierre: el adiós de un grande de la escena nacional

hpEl pasado jueves (3 de octubre) falleció el clarinetista y saxofonista Hugo Pierre, uno de los grandes talentos que tuvo el jazz argentino.

Sus orígenes musicales hay que buscarlos en Rosario (Santa Fe), donde comenzó estudiando clarinete en el Conservatorio Municipal (entre los años 1945 y 1950) y lo perfeccionó con Juan Grisiglione (hasta 1955).

Las primeras agrupaciones que integró fueron de su ciudad natal. Entre ellas, figuran las orquestas de Alberto Lac Prugeant y Adolfo de los Santos y la “Jazz Santa Mónica”, tal como recuerda Walter Thiers en “El Jazz criollo y otras yerbas”.

Mientras que sus inicios con el clarinete estuvieron marcados por las enseñanzas de sus maestros, con los saxofones la historia fue distinta: aprendió sólo a tocar el barítono, el soprano y el alto. Un verdadero autodidacta en el arte de hacer sonar los bronces de una manera maravillosa.

En 1955, con 19 años, decidió viajar a Buenos Aires y comenzó a trabajar de manera profesional con Héctor Lagna Fietta. En los años siguientes comenzó su contacto más directo con el jazz: las noches del Bop Club Argentino.

Allí se codeó con otros grandes músicos, como Baby López Frurst, Jorge López Ruiz, Lalo Schifrin y Leandro “Gato” Barbieri. Pero también encontró al “jazz moderno”, algo complicado de conseguir en aquella época.

En su libro “Jazz al Sur – La historia de la música negra en la Argentina”, Sergio Pujol rescató una vieja entrevista donde Pierre explicó lo complicado que era interpretar esta música, ya que lo que dominaba era lo “tradicional”.

“En cuanto a tocar jazz, lo hago cuando puedo. Depende de las oportunidades y a veces no abundan. En la Argentina se toca más jazz tradicional que moderno (esto no es una queja sino un hecho). Como yo toco moderno, tengo menos chances”, habría dicho por 1976.

Por eso tal vez su carrera incluye un poco de todo: la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta Estable del Teatro Colón, la Orquesta Sinfónica Nacional y las actuaciones junto a Julio Iglesias, Xavier Cugat y Edith Piaf.

Pero también pueden mencionarse sus actuaciones junto a tres grandes cantantes norteamericanos: Tony Bennett, Sammy Davis Jr. y Nat King Cole.

No obstante, eso no fue un impedimento para hacer jazz. Tal vez las intervenciones más recordadas fueron las que realizó en dúo junto con Gerardo Gandini, cuando interpretaron obras de George Gershwin y Duke Ellinton.

Mención aparte merece La Banda Elástica. Fue en 1988 cuando se unió a la agrupación que estaba formada por Ernesto Acher, Jorge Navarro, Juan Amaral, Ricardo Lew, Enrique Roizner, Carlos Constantini y Enrique Varela.

Con ellos realizó varias grabaciones y presentaciones. Sobresales las visitas a Mar del Plata y a países vecinos como Uruguay, Brasil y Paraguay.

Desde 1995 dirigía el Cuarteto de Saxofones que llevaba su nombre y que estaba conformado por Andrés Robles, Jorge Scarinchi y Pablo Scaglia. Su repertorio no sólo contaba con jazz, sino que también incluía tango, folklore y música clásica.

Tuvo una amplia carrera como docente, que incluyó el profesorado en la cátedra de saxo en el Conservatorio Nacional de Música y la cátedra de clarinete en la Universidad Católica Argentina. Además, fue autor del programa de estudios de la cátedra de jazz de la Escuela de Música Popular de la Provincia de Buenos Aires.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

 

El rey de la selva del stride

the lionUn poco antes de que el jazz terminara de tomar forma, uno de los estilos musicales que lo tiñó de ritmo sincopado estaba en la cresta de la ola.

En efecto, el ragtime era lo que sonaba a finales del siglo XIX y principios del XX. Incluso hoy en día esas canciones siguen siendo escuchadas, aunque no muchos sepan realmente que lo que están oyendo no es otra cosa que algún tema del género.

Un ejemplo de ello es el tema “The Entertainer” de Scott Joplin, que forma parte del repertorio musical de rigntons, películas, series o publicidades de radio o televisión.

Justamente, el fallecimiento de Joplin en 1917 hizo que el ragtime comenzara a formar parte de la historia. Aunque, como sucede muchas veces, lejos de desaparecer comenzó un proceso de mutación a partir de los años siguientes que terminó dando a luz a un nuevo género: el Harlem stride.

Se trató de una forma nueva de tocar el piano en la Willie “The Lion” Smith -junto a James P. Johnson y Thomas “Fats” Waller– sobresalió.

Joachim Berendt define al stride como “una constante y balanceada alternación de una nota en el bajo (en los tiempos nones) y un acorde (en los tiempos pares)” en su libro “El jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”.

Fue en los años 20 cuando The Lion entró en escena con un virtuosismo que iluminó a jóvenes que terminaron siendo grandes maestros del piano, como George Gershwin o Artie Shaw. Pero fue a Duke Ellington a quien realmente marcó a fuego.

Extrañamente, su leyenda comenzó a nacer en 1935 cuando el stride estaba desapareciendo de escena. Aún son recordados canciones de Smith como “Echoes of Spring” o “Passionette”.

Ocurre que, pese a que inició con la música de niño (tenía 6 años cuando comenzó a darle a las teclas de marfil) y que para la segunda década del siglo XX ya era uno de los pianistas más reconocidos, sus primeras grabaciones se realizaron a mediados de los treinta.

Con anterioridad, participó en la Primera Guerra Mundial, donde recibió el apodo que lo acompañó durante toda su carrera.

Muchos fueron los que disfrutaban con sus solos y que rondaban las noches para poder encontrarse con el maestro a la salida de algún bar. El mismísimo Ellington aseguró que se emocionó mucho la noche en la que se lo encontró.

Además del éxito que tuvo como músico freelance, puede mencionarse otros músicos con los que compartió escenario, como Mamie Smith, Clarence Williams y Sidney Bechet.

Tras casi 60 años de carrera, que incluyeron giras por Norteamérica y Europa, Smith murió a los 79 el 18 de abril de 1973. Fue la ciudad de Nueva York la que lo despidió. El mismo lugar que supo cobijarlo gran parte de su vida.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

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