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Carnegie Hall, el concierto donde el jazz se convirtió en adulto

The Famous 1938 Carnegie Hall Jazz ConcertCamino despreocupado por la calle cuando vi detrás de un vidrio el disco del famoso concierto que Benny Goodman hizo en el Carnegie Hall. No era una disquería ni una casa de antigüedades, sino la casa de -imagino- un fanático del jazz. Me acerqué, tomé una foto (la que se ve en la publicación) y me puse a pensar sobre él.

Llegan un montón de recuerdos sobre la obra. ¡Qué importante que fue ese disco para la historia del jazz!. Muchos son los aspectos que lo caracterizaron, pero rescato por sobre todo lo que los críticos y estudiosos resaltaron: en ese 16 de enero de 1938 el jazz cumplió la mayoría de edad. Aquello que se inició en Nueva Orleans ya había evolucionado y ese concierto fue el símbolo de la madurez. Había dejado atrás los pañales para ser reconocido por el público norteamericano.

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Navidades tristes para el jazz

Buddy DeFrancoEl pasado 24 de diciembre, a sólo unas horas de la llegada de la Navidad, falleció el clarinetista de jazz Buddy DeFranco en Panama City (Florida – Estados Unidos), conocido por sus aportes en las bandas de Count Basie y Glenn Miller.

Si bien nació en New Jersey (el 17 de febrero de 1923), el músico estadounidense comenzó su vínculo con el instrumento que lo llevaría a la fama en Philadelphia a la temprana edad de 9 años y a los 14 ya había sido acreedor del máximo galardón en el Tommy Dorsey Swing.

El salto a la fama llegó luego de su aparición en el Saturday Night Swing Club -donde compartió protagonismo junto a un baterista jovencito llamado Gene Krupa-, ya que fue descubierto por Jonnhy “Scat” Davis y emprendió una gira con él en 1939.

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Recordando a Miguel Ángel Manó

Para empezar quiero expresar que me resulta un honor escribir sobre Miguel Manó. A la vez también es muy difícil e increíble.

Justamente el 29 de enero de 2014, a poquito más de un mes de su fallecimiento, hice por segunda o tercera vez algo no muy cuerdo. Recorrí las casi diez cuadras que separan mi casa en Floresta (en realidad en Vélez Sarsfield) de la de Miguel en Villa Luro, contemplé su departamento desde la larga Rivadavia, me acerqué por Ramón Falcón hasta su timbre y apreté el botón del 6to “C”. Por supuesto sabia que nadie contestaría. Muy loco lo mío. Un rito, un no querer aceptar, egoísmo de mi parte, abrazarme a su ya consumada partida. Pensando, algo de esa actitud tiene explicación. Treinta años nos separaban y nos unían muchas cosas: el mismo barrio, el gusto por la pesca y nuestro amor incondicional y casi enfermizo por el jazz.

Cuando lo conocí el tendría unos cuarenta y pico y yo diecisiete o dieciocho. Unión automática. Yo ya tenía todo en mi oreja y de a poco lo iba transfiriendo al banjo y a la batería, mis instrumentos. Con él, hinchamos por nuestros ídolos, Gene Krupa, Johnny St Cyr, Nick Fatool, Louis, Parham, Jabbo, Johnny Wiggs, Condon, y más, y más. Empezamos a integrar juntos muchos grupos. Eran comienzos para mi, eran shows y más shows para él. Siempre dispensándome buena onda. Su trompeta tiraba a Bix y yo, tratando de torcerle el estilo para lo negro. Sus primeras armas con bombardino en los Scouts, luego como trompetista en The Modern Dixieland, Jazz Containers, Buenos Aires Jazz Group, Creole Jazz Band, Saint Louis Stompers, Porteña, Jazz Friends, etc., etc. Siempre igual, tipazo, compañero leal y de fierro. Súperprofesional, también un niño por momentos. Tocando juntos, algunas veces se enojaba conmigo, yo jamás con él. Al rato, ya de vuelta en casa, me llamaba por teléfono explicándome con un: “uno siempre se la agarra con el que más quiere, perdonáme flaco”.

Nuestras salidas de pesca también tenían lo suyo. Una noche, mientras intentábamos suerte en una laguna de la provincia de Buenos Aires me invitó a subir a su Torino para escuchar un cassette de Pete Fountain que yo había llevado. En un momento, el gran clarinetista tocó un genial fraseo. Al unisono los dos exclamamos: “se me puso la piel de gallina”. Genial, conexión absoluta. Ahí me dí cuenta de que estábamos hermanados.

Compartimos actuaciones en infinidad de shows, casamiento de Maradona, centros culturales, avión, micro, clubes, colegios, televisión, hoteles, festivales.

En 2008 tuvo una importante operación. Justo antes de ser trasladado al quirófano se produjo un hecho casi tragicómico. En medio de la tensión por lo que se venia me susurró al oído: “flaco, si no zafo armáme la banda y despedíme como en New Orleans, tocando”. Betty, su esposa, se opuso enérgicamente al intuir y escucharlo, ante lo cual insistió: “cumplí con lo que te pide un amigo, la fiesta será mía”. Finalmente salió bien del trance. Genial Miguel!! Como se te extraña!! Para corroborar su permanente frase (“vos sos mi mejor amigo”) me quedo con dos momentos que siempre recordaré. En su despedida, su yerno me confió: “uff, a vos te nombraba todo el tiempo…”. La otra situación que también me movilizó fue la gran cantidad de pésames y condolencias que me dieron en el ambiente del jazz porteño. A mí. Sí, a mí, como si yo hubiera sido pariente. Tal vez lo habré sido, del corazón. Gracias Miguel Ángel. Inolvidable Manó. Parte de mi vida se fue con vos. Que descanses en jazz.

Adrián Blasetti
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

Chick Webb: el ganador de todas las batallas

SavoyKing1Era la década del ’30 y reinaba el swing.

En el mundo del jazz dominaban la escena las big band y sobresalían los nombres de Duke Ellington, Benny Goodman, Fletcher Henderson, Glenn Miller, Artie Shaw, Earl Hines… y, por supuesto, Chick Webb.

Este músico fue uno de los primeros bateristas en estar al mando de su propia banda, algo que con el tiempo repetirían otros como Gene Krupa. Pero, claro está, no sobresalió por eso sino por su forma de tocar.

Y no sólo eso: sino que fue además un gran batallador, no sólo en la vida, sino también arriba del escenario.

Webb nació en Baltimore (Estados Unidos) el 10 de febrero de 1909 y su infancia se caracterizó por las enfermedades que impidieron un desarrollo corporal normal. No obstante, su pequeño cuerpo no le impidió avanzar en la música.

Instalado en Nueva York, se hizo escuchar y su nombre sonó tanto como los bombos, platillos y redoblantes de su batería. Tanto retumbó que en 1927 consiguió ser el líder de la banda que sonaba en el Savoy Ballroom, el mítico salón de baile del Harlem.

Allí, fue partícipe de los famosos enfrentamientos de bandas. Algo que le encantaba por el simple hecho de ser imbatible. Lo sabe bien Goodman, quien fue abatido arriba del escenario pese a que su formación era mayor en número que la de Webb.

Krupa, que por aquel momento formaba parte de la orquesta del clarinetista, admitió luego de aquella batalla: “Jamás fui vencido por un músico mejor”.

Grandes músicos pasaron por la agrupación de Chick, tales como Mario Bauzá (que en los años ’30 le puso un poco de Cuba al jazz), Louis Jordan (el saxofonista, cantante y director que sobresalió con él y luego comenzó su carrera como solista) o Garvin Bushell (uno de los primeros especialistas en fagot del género).

Y si de figuras se trata, es imposible olvidar mencionar a Ella Fitzgerald. Es que fue Webb quien, en 1934, la incluyó de jovencita en su banda, apenas un tiempo después de haber obtenido el premio en el Apollo Theater.

La cantante se convirtió rápidamente en la principal atracción de la formación del baterista y juntos lograron posicionar canciones como “A Tisket A Tasket” en lo más alto de los ratings norteamericanos.

Pero la salud de Chick era débil. Y su participación en la orquesta comenzó a hacerse más espaciada, hasta que debió dejar de tocar a fines de 1938. Apenas unos meses después, más precisamente el 16 de junio de 1939, le dijo adiós al mundo en su ciudad natal.

Dejó tras de sí un gran repertorio, sus batallas ganadas y una banda que fue dirigida los años siguientes por Fitzgerald, quién se convertiría con el tiempo en una de las voces más famosas del jazz. Aunque esa es otra historia.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Un gran día en Harlem

vieja cámaraLas fotografías. 

Todo lo muestran, detienen, inmortalizan. Pero ese (por lo general rectángulo) pedazo de papel sólo genera una historia detrás cuando son sus autores los que cuentan algo que no se ve.

La historia que se esconde detrás es a veces tergiversada. Otras tantas dicen mucho más de lo que callan. Aunque siempre callan. Y esconden felicidad, alegría, angustia, guerra, paz, montañas, playas, parques, lugares, amores, rencores, ciudades, etcéteras y más. Como los grandes días.

Un 12 de agosto de 1958 faltaron las imágenes que mostraran el rostro de sorpresa que debe haber puesto Art Kane, un joven fotógrafo que trabajaba de manera independiente para la revista Esquire.

Es que le habían encomendado la tarea de capturar a músicos de jazz para un informe que realizaría la publicación. Así que comenzó a llamar a un puñado de los más conocidos de la época.

Sin embargo, como temía que no todos asistieran, siguió comunicándose con más y más personalidades. Y, lo que nunca hubiese imaginado, se cumplió: 58 de los representantes del género estaban ahí.

Probablemente los que conocen esta historia se apurarán a corregirme. Pero no, dije bien. Fueron 58 los músicos de jazz que estaban presentes allí a las 10 de la mañana cuando se disparó el interruptor.

Porque a la lista de los 57 que fueron tapa de Esquire hay que sumarle a Willie “The Lion” Smith que se quedó sentado en la escalinata de la casa del 17 Este de la calle 126 (entre la Quinta Avenida y Madison, del Harlem) en el momento que los inmortalizó.

En la fotografía aparecen Red Allen, Buster Bailey, Count Basie, Emmett Berry, Art Blakey, Lawrence Brown, Scoville Browne, Buck Clayton, Bill Crump, Vic Dickenson, Roy Eldridge, Art Farmer, Bud Freeman, Dizzy Gillespie, Tyree Glenn, Sonny Greer, Johnny Griffin, Gigi Gryce, Coleman Hawkins, Gene Krupa, J.C. Heard, Jay C. Higginbotham, Milt Hinton, Chubby Jackson, Hilton Jefferson, Osie Johnson, Hank Jones, Jo Jones, Jimmy Jones, Taft Jordan, Max Kaminsky, Eddie Locke, Charles Mingus, Miff Mole, Thelonious Monk, Gerry Mulligan, Oscar Pettiford, Rudy Powell, Luckey Roberts, Jimmy Rushing, Pee Wee Russell, Sahib Shihab, Zutty Singleton, Stuff Smith, Rex Stewart, Maxine Sullivan, Joe Thomas, Wilbur Ware, Dickie Wells, George Wettling, Ernie Wilkins, Mary Lou Williams y Lester Young.

A great day in Harlem

A ellos hay que añadir a Horace Silver, Sonny Rollins, Benny Golson y Marian McPartland, que son los únicos músicos que aún están con vida.

La captura fue publicada por la revista finalmente en enero de 1959. Pero la historia no queda allí. En 1994 fue Jean Bach quien decidió mostrarle al mundo la historia detrás de la imagen.

A través de una película llamado “A Great Day in Harlem”, el productor de radio de Nueva York contó todos los detalles que no se pudieron ver en la mítica fotografía y le valió una nominación como mejor largometraje documental.

Incluso, quienes vieron la película “La Terminal”, en la que Viktor Navorski (Tom Hanks) pasó parte de su vida viviendo en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, recordarán que el motor del viaje del protagonista desde su Krakozhia natal fue que un músico de jazz firmara esa fotografía.

Fue justamente Benny Golson quien finalmente cumplió con el sueño que había iniciado el padre de Viktor, la de contar con el autógrafo de todos los grandes del género que figuraban allí. En ese gran día.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

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