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Héctor “Finito” Bingert, un músico de jazz en la tierra del candombe

20160924_002630El pasado 23 de septiembre, en el sótano de un restaurante cercano al Parque Rodó de Montevideo (Uruguay), se presentó por primera vez el cuarteto que dirige Héctor “Finito” Bingert. El saxofonista uruguayo es de esas personas que tienen mucho para contar. Parte de su historia la transmite entre canción y canción. Con un gran manejo del espectáculo, y como si el público no estuviera metido en su bolsillo desde el primer momento que suena su tenor Selmer, se da el gusto de decir algunos chistes. “Siempre quise hacer stand up, pero en mi casa no se reía nadie. Tendría que haber venido acá”, se sincera y hace reír a más de uno. También explicó el por qué de su apodo, siempre en clave de humor: “Era tan flaco que para que vieran que llegué a algún lugar tenía que entrar dos veces”. Otra vez risas. En la cava del Blanes todo fue jazz y sonrisas. Pasaron grandes standars de John Coltrane, algo de bossa nova y hasta “Europa”, el tema que popularizó Leandro “Gato” Barbieri. La química que hubo entre Finito, Sebastián Zinola (piano), Ignacio Correa (bajo) y Jorge Rodríguez Stark (batería) fue verdaderamente atrapante y el público recién se retiró del lugar cuando los músicos aseguraron que no les quedaban temas para tocar.
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Libre, por sobre todas las cosas

Ornette ColemanSerás lo que debas ser, si no, eres nada. Miró por la ventana. La ciudad de Nueva York parecía esperarlo. Pero, ¿para qué? Él no era Charlie Parker. Tampoco Lester Young y de Coleman Hawkins sólo tenía algo en común: “Coleman”. Él era Ornette Coleman. El mismo que siempre estaba enfrentado a todos. No porque quisiera, claro está. Sino porque no lo entendían. Sólo un puñado de personas veían en él un diamante en bruto. En Los Ángeles tuvo pocas oportunidades y creía fervientemente que en Nueva York estaba su lugar. “¿Será así?”, se preguntó. Sólo el tiempo le terminaría respondiendo de manera afirmativa, pero en ese momento sólo se propuso juntar sus cosas y partir para los estudios de Contemporary. Lo esperaban para hacer su primera grabación. “Al fin llegó el día”, se dijo camino al lugar. Seguir leyendo

La maravillosa década de Freddie Hubbard

freddiehubbardExisten momentos en los que uno desea que no se terminen nunca. Tal vez, para el trompetista Freddie Hubbard ese sea el caso de la década del ’60.

Ocurre que este músico nacido en Indianápolis el 7 de octubre de 1938, tuvo momentos muy importantes, como la grabación de dos de los discos que quedaron en la historia del free jazz. Hablamos de “Free Jazz”, al lado de Ornette Coleman (Atlantic – 1960) y “Ascencion”, junto a John Coltrane (Impulse – 1965).

Arrancada la década, fue convocado por Coleman para formar parte del álbum. La idea que tenía el saxofonista era, básicamente, registrar en estéreo dos cuartetos y hacerlos sonar juntos. Hubbard formó parte del segundo junto a Eric Dolphy, Charlie Haden y Ed Blackwell. En el otro sonó el mismo Ornette con Don Cherry, Scott LaFaro y Billy Higgins.

El resultado fue un material que marcó los pasos de los monstruos que seguirían con la batuta del free jazz. En efecto, cinco años después Coltrane se embarcaría en la marea de la intensidad. Para ello, juntó a varios músicos y sí, uno de ellos fue Freddie.

Pharoah Sanders, Archie Shepp, Dewey Johnson, John Tchicai, Marion Brown, Art Davis, Jimmy Garrison, McCoy Taylor y Elvin Jones fueron los que acompañaron a Trane y Hubbard en el disco que, según Brown, podía “calentar un departamento en pleno invierno”.

Si bien estar en sólo uno de cualquiera de los álbumes puede ser más que importante como para destacar la década (incluso, toda la vida), el trompetista tiene mucho más para sumar en esos 10 años.

En 1960 tuvo la posibilidad de grabar su primer disco para el sello Blue Note, al que denominó “Open Sesamo”. Con él estuvieron McCoy Taylor (piano), Sam Jones (bajo), Clifford Jarvis (batería) y Tina Brooks (saxo).

Un año después, se dio el gusto de participar junto a Oliver Nelson en “Blues And The Abstract Truth” (donde registró la ya clásica “Stolen Moments”) y de formar parte de una de las agrupaciones que dieron el puntapié inicial del hard bop: la Jazz Messengers de Art Blakey.

Luego, separado de Blakey en 1964, estuvo primero en la grabación de “Out To Lunch” de Dolphy (Blue Note – 1964) y después en “Maiden Voyage” de Herbie Hancock (Blue Note – 1965), hasta que pasó a trabajar junto a la orquesta de Max Roach.

Sus últimos trabajos destacados de la década fueron Backslash (1966) y High Blues Pressure (1967) para el sello Atlantic, con los que consiguió que la crítica lo aclamara. Sobre todo, por su recordada composición “Little Sunflower”, incluida en el primer material.

Llegaron posteriormente otros caminos, como las grabaciones para Columbia Rercords y para CTI, o su participación en VSOP de Hancock. Tras eso, siguieron otros grandes sellos como Pablo, Prestige y Enja. Pero nada se pudo comparar con esa década dorada. Su 1960.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

Tristes parches: el adiós de Chico Hamilton

imagesEl pasado martes 26 de noviembre, falleció a los 92 años en la ciudad de Nueva York el gran baterista norteamericano Foreststorn “Chico” Hamilton.

Su carrera musical se inició en una banda en la que compartió escena con otros grandes talentos del género sincopado: Charles Mingus, Illinois Jacquet, Dexter Gordon, Enrie Royal, Buddy Collette y Jack Kelso.

Luego, llegaron otros nombres que, en aquel entonces, ya eran verdaderas estrellas. Ocurre que también formó parte de las bandas de Lionel Hampton, Count Basie, Billie Holiday, Nat King Cole, Duke Ellington y Lester Young, por mencionar algunos.

No obstante, su nombre es sinónimo de cool jazz y se convirtió en uno de los referentes indiscutidos de esa movida que nació en la década del ’50 en la costa oeste de los Estados Unidos. Además, supo marcar diferencias a la hora de amar sus propias bandas.

Tal es el caso de su insólito quinteto formado en 1955 en el que incluyó instrumentos pocos comunes en el género, como ser el violoncello (Fred Katz) y una flauta (Buddy Collette), a los que sumó una guitarra (Jim Hall) y un contrabajo (Carson Smith).

Junto con Shelly Manne, Hamilton fue sinónimo del estilo de batería del oeste. Y, tal como lo define Joachim Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleáns al Jazz Rock”, Chico toca un “Jo Jones de la costa occidental”.

Y, si se tiene en cuenta que sus solos más emblemáticos fueron los que incluyó en los temas “Drums West” y “Mr. Jo Jones”, podría decirse que Berendt no está del todo desacertado al mencionarlo de esa manera. Incluso, el mismo Hamilton afirmó que Jones fue su mentor.

El camino del cool lo había iniciado como “miembro fundador” del cuarteto que Gerry Mulligan integró en 1953, y continuó como líder de sus propias formaciones donde una de sus características más sobresalientes fue la capacidad de detectar grandes músicos.

Algunos ejemplos de ello fueron el clarinetista Eric Dolphy y el contrabajista Ron Carter que formaron parte de su quinteto a fines de los años ’50. Luego, ambos se convirtieron en estrellas indiscutidas.

También se puede mencionar el aporte que hizo en el cine, con la musicalización de la película “Repulsion” de Roman Polansky y su aparición el film “Sweet Smell of Success” del productor James Hill.

Su legado perdurará en su extensa discografía (que incluyen más de 60 títulos) y habrá un poco de Hamilton en los músicos que reciben sus enseñanzas en el Programa de Jazz y Música Contemporánea de la New School University, aquel que Chico ayudó a crear y en el que se desembolvió como profesor.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Eric Dolphy: el clarinetista que cautivó a los amantes del jazz

Eric+Dolphy+_Pocos fueron los músicos de jazz que se animaron a utilizar instrumentos de viento tan ajenos como el clarinete.

Sin embargo, Eric Dolphy lo hizo. Y no sólo eso, sino que a fuerza de tocar otros como el saxo alto y el flauta, logró ponerse a la vanguardia de todos sus colegas.

Y sólo le bastaron seis años de carrera profesional para romper con todas las estructuras.

Nació el 20 de junio de 1928 en la ciudad de Los Ángeles (California – Estados Unidos) y de niño se interesó mucho por la música. Tanto, que sus padres decidieron montarle un pequeño estudio en su patio.

Con sólo siete años ya había aprendido a tocar el clarinete y el oboe. En su adolescencia se cambió al saxo alto luego de escuchar a Charlie Parker.

Si bien sus primeras grabaciones llegarían entre 1948 y 1950, cuando forma parte de la banda de Roy Porter, su fama llega en 1958 cuando se une a la banda de Chico Hamilton.

El crecimiento que tuvo de allí en más fue magnífico: en los años sesenta se junta con el contrabajista Charles Mingus y graban varios discos que son magníficos, como el recordado “Mingus Mingus Mingus Mingus Mingus”.

Pero no sólo eso, sino que se atreve a trabajar con personajes tan disímiles como Ornette Coleman (donde tocando free jazz) y con Oliver Nelson (más cercano al bebop).

Otro de los grandes músicos con los que compartió escenario fue con John Coltrane.

Junto a Trane participó de las memorables noches de Village Vanguard en noviembre de 1961 que dieron vida a dos discos que registró el sello Impulse: Impressions y Live! at the Village Vanguard.

Además, fue una de las figuras salientes de la discográfica Prestige con la que grabó 13 álbumes. Aunque su obra cumbre, Out to Lunch!, llegó de la mano de Blue Note en 1964.

No obstante, surfeando en la cresta de la ola del éxito y con apenas 36 años de vida, abandona este mundo a causa de una diabetes. Fue la extraña Berlín la que se despidió de Dolphy el 29 de junio de 1964.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com