Etiqueta: El jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock (Página 2 de 3)

El rey de la selva del stride

the lionUn poco antes de que el jazz terminara de tomar forma, uno de los estilos musicales que lo tiñó de ritmo sincopado estaba en la cresta de la ola.

En efecto, el ragtime era lo que sonaba a finales del siglo XIX y principios del XX. Incluso hoy en día esas canciones siguen siendo escuchadas, aunque no muchos sepan realmente que lo que están oyendo no es otra cosa que algún tema del género.

Un ejemplo de ello es el tema “The Entertainer” de Scott Joplin, que forma parte del repertorio musical de rigntons, películas, series o publicidades de radio o televisión.

Justamente, el fallecimiento de Joplin en 1917 hizo que el ragtime comenzara a formar parte de la historia. Aunque, como sucede muchas veces, lejos de desaparecer comenzó un proceso de mutación a partir de los años siguientes que terminó dando a luz a un nuevo género: el Harlem stride.

Se trató de una forma nueva de tocar el piano en la Willie “The Lion” Smith -junto a James P. Johnson y Thomas “Fats” Waller– sobresalió.

Joachim Berendt define al stride como “una constante y balanceada alternación de una nota en el bajo (en los tiempos nones) y un acorde (en los tiempos pares)” en su libro “El jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”.

Fue en los años 20 cuando The Lion entró en escena con un virtuosismo que iluminó a jóvenes que terminaron siendo grandes maestros del piano, como George Gershwin o Artie Shaw. Pero fue a Duke Ellington a quien realmente marcó a fuego.

Extrañamente, su leyenda comenzó a nacer en 1935 cuando el stride estaba desapareciendo de escena. Aún son recordados canciones de Smith como “Echoes of Spring” o “Passionette”.

Ocurre que, pese a que inició con la música de niño (tenía 6 años cuando comenzó a darle a las teclas de marfil) y que para la segunda década del siglo XX ya era uno de los pianistas más reconocidos, sus primeras grabaciones se realizaron a mediados de los treinta.

Con anterioridad, participó en la Primera Guerra Mundial, donde recibió el apodo que lo acompañó durante toda su carrera.

Muchos fueron los que disfrutaban con sus solos y que rondaban las noches para poder encontrarse con el maestro a la salida de algún bar. El mismísimo Ellington aseguró que se emocionó mucho la noche en la que se lo encontró.

Además del éxito que tuvo como músico freelance, puede mencionarse otros músicos con los que compartió escenario, como Mamie Smith, Clarence Williams y Sidney Bechet.

Tras casi 60 años de carrera, que incluyeron giras por Norteamérica y Europa, Smith murió a los 79 el 18 de abril de 1973. Fue la ciudad de Nueva York la que lo despidió. El mismo lugar que supo cobijarlo gran parte de su vida.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

De “rey del jazz” a conserje de un salón en una sola vida

king oliver¿Qué hubiese sido de la carrera de Louis Armstrong si él no le hubiese enseñado a improvisar?.

Esa es la pregunta que muchos se hicieron al conocer la historia de Joseph Nathan Oliver, un cornetista de Nueva Orleans que le enseñó a desenvolverse a Sachmo en los solos y a quien Armstrong llamaba afectuosamente “Papa Joe”.

Oliver fue uno de los músicos más destacados de su época, y recibió el apodo de “King” luego de que le ganara a Freddie Keppard un duelo de cornetas. Al menos ese es el rumor que se corría en Storyville en aquellos años.

En 1915, con casi treinta años, formó parte de la Eagle Band y con posterioridad de la Brown Skinned Babies, la orquesta formada por el trombonista Kid Ory. Su manejo de la sordina era algo que dejaba con la boca abierta a cualquiera.

Unos años después se había trasladado a la ciudad de Chicago y había formado su propia banda: la King Oliver’s Creole Jazz Band, que contaba con la presencia de los hermanos Johnny y Baby Dodds (clarinete y batería, respectivamente), Lil Hardin (piano), Bill Johnson (bajo) y Honoré Dutrey (trombón).

Armstrong se unió a ellos en 1922. Para ese entonces, la Creole tocaba en el Lincold Gardens y se convirtió en una de las atracciones de Chicago. Esto colaboró para que la banda grabara para Paramount y Gennett Records.

No obstante, a principios de 1924, Sachmo decide abandonar la orquesta para sumarse a la formación de Fletcher Henderson.

A partir de allí, las cosas comenzaron a declinar en la carrera de Oliver. Tuvo tiempo, sin embargo, para reformular su banda y convertirla en la Dixie Syncopators y con la que grabó varios discos entre 1927 y 1928.

Un año después, el Plantation Café (lugar donde tocaban todas las noches) se incendió y la orquesta se trasladó a Nueva York para presentarse en el Savoy Ballroom.

Tiempo después, llegó una mala decisión de Oliver: no aceptó trabajar en el Cotton Club del Harlem. Su reemplazo, Duke Ellington, lograría la fama luego de firmar el contrato con el lugar.

Las cosas fueron de mal en peor: Luis Russell absorbió a su orquesta y para 1931 hizo sus últimas grabaciones como líder de una banda.

Joachim Berendt, en su libro “El jazz – de Nueva Orleans al Jazz Rock” cuenta mejor que nadie los últimos días de King:

“El fin de la carrera de Oliver presenta el trágico espectáculo de un hombre empobrecido, sin dientes, incapaz de tocar y de ganarse la vida, de un hombre que se oculta de sus amigos por vergüenza y que, sin embargo, fue un día ‘el Rey del Jazz’. Aquí se cumplió una de las tragedias de la existencia artística tan frecuentes en la historia del jazz”.

El 10 de abril de 1938 fallecía en Savannah (Georgia – Estados Unidos), hundido en la pobreza y lejos de los lujos de Rey.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Ella Fitzgerald: 96 años de una voz maravillosa

Ella Fitzgerald Copenhagen April 1970El 25 de abril se cumplieron 96 años del nacimiento de la legendaria cantante Ella Fitzgerald.

Ella, junto con Louis Armstrong, fue una de las más brillantes vocalistas que dominaron el scat, aquella técnica que le permitía utilizar sus cuerdas vocales como instrumentos.

Sus primeros años no fueron los mejores de su vida. Su padre se fue de su casa cuando aún era una niña. Pocos años después, su madre sufrió un accidente fatal. Y, ya viviendo con su tía, se enteró de la muerte de su padrastro.

Rodeada de pobreza, Fitzgerald no salía de un drama para meterse en otro. Ausentismo en el colegio y problemas con la policía eran una constante en esa época, al igual que la música y el baile.

Desde chica le fascinaba esas artes y quería vivir de ellas. Eso fue lo que la llevó a presentarse en el Teatro Apolo de Harlem, con sólo 16 años, en el concurso de jóvenes talentos.

Ganar el premio como cantante fue el puntapié inicial en su carrera. Lo llamativo fue que, lejos de preparar una rutina musical, Ella se había hecho presente con la intención de bailar.

Sin embargo, el destino le tenía preparado otra cosa: en el número anterior las hermanas Edwards hicieron una coreografía que dejaron al público aplaudiendo de pie. Así que Fitzgerald tuvo que cambiar su rutina de baile. Por suerte.

En aquella oportunidad cantó “Judy” y lo hizo tan bien que le pidieron un bis. “The Object of My Affections” fue la segunda canción. Y el premio se quedó con ella.

Pero, además de los dólares que ganó en el concurso, tuvo esa noche su segundo premio. Ocurre que entre el público se encontraban Benny Carter y Mario Bauza. Ambos quedaron anonadados con la cantante.

Carter estaba tan conmovido que movió cielo y tierra para conseguir que Ella participara en una banda de jazz. Intentó primero tentar al productor John Hammond, sin demasiado éxito.

Luego, a falta de una, consiguió dos orquestas que se interesaron por la cantante: la dirigida por el saxofonista Tiny Bradshaw y la del baterista Chick Webb.

La participación de Fitzgerald en la primera se extinguió rápidamente, cosa que no sucedió con la de Webb. Con él, grabó una de las canciones que coronaron el éxito en sus primeros años de carrera: “A-Tisket, A-Tasket”, logró vender 1 millón de copias.

Junto a la formación de Webb, Ella convirtió las noches del Savoy Ballroom de Harlem en algo mítico. Con el fallecimiento del baterista en 1939, Fitzgerald decidió continuar con la banda hasta 1942.

A partir de ese corte, llegó el momento de continuar en solitario y de trabajar esporádicamente con otros grandes de la escena del jazz, como el genial trompetista Dizzy Gillespie.

Tal como lo afirma Joachim Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”, en los años cuarentas “sus vocalizaciones improvisadas sobre temas como ‘How High the Moon’ o ‘Lady Be Good’ condujeron al corazón del bop”.

En esa época conoció al productor Norman Granz, que la incluyó en la JATP y donde compartió escenario con músicos de la talla de Duke Ellington, Cole Porter, Irving Berlin y los hermanos Gershwin.

El mismo Ira Gershwin fue quien aseguró: “No sabía lo bueno que eran nuestras canciones hasta que escuché a Ella Fitzgerald cantarlas”.

Mención aparte merecen los trabajos con Louis Armstrong. Con él grabó dos discos (Ella and Louis -1956- y Ella and Louis Again -1957-), que son ideales para quienes quieran aprender qué es el scat.

Durante las décadas siguientes grabó con músicos de la talla de Joe Pass, Count Basie y Oscar Peterson. Incluso, se animó a cantar pop, blues, bossa nova, samba, gospel y calypso.

Además, fue invitada a numerosos programas de gran éxito, como “The Bing Crosby Show”, “The Dinah Shore Mostrar”, “The Frank Sinatra Show”, “The Ed Sullivan Show”, “The Tonight Show”, “The Nat King Cole Show “,” The Andy Willams Show” y ” The Dean Martin Show “.

Pero su vida dio un vuelco en 1986. En septiembre debieron operarla del corazón y le detectaron una diabetes que primero la dejaría ciega, luego la haría perder sus piernas y por último se llevaría su vida el 15 de julio de 1996.

Quedó en el recuerdo el maravilloso espectáculo que brindo en 1991 en el Carnegie Hall de Nueva York sin saber que sería el último.

En su carrera ganó 13 premios Grammy (como mejor vocalista femenina y mejor interpretación de diversas canciones), y galardones de revistan tan prestigiosas como Metronome y Down Beat.

Además, en 1987 recibió de manos del por aquel tiempo presidente de Estados Unidos Ronald Reagan la Medalla Nacional de las Artes.

Sus últimos días los compartió con su hijo Ray Jr. y su nieta Alice. En aquellos años solía decir que “sólo quiero oler el aire, escuchar a los pájaros y escuchar reír a Alice”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Gene Krupa: el máximo exponente de la batería del jazz

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Con las cuatro extremidades siempre listas para atacar a los bombos, redoblantes y platillos, Gene Krupa se convirtió en un músico ineludible a la hora de hablar de bateristas de jazz.

Su forma de tocar se caracterizó por llevar el tiempo con principalmente con el redoblante y marcar el ritmo a dos tiempos con el bombo.

Inició su carrera musical en Chicago, su ciudad natal, en el año 1927 de la mano de la orquesta Thelma Terry and Her Playboys.

Llama la atención que, pese a pertenecer a la banda de Terry, sus grabaciones con el grupo no llegaron hasta 1928. Incluso, aún en 1927 tuvo posibilidad de registrar varios temas junto a Eddie Condon, que representaron su primer disco.

No obstante, en las grabaciones de esa época se puede encontrar a un baterista común y corriente, con un estilo que no sobresalía de lo normal. Eso, por la simple razón de que la batería quedaba relegada al conjunto.

Pero la cosa cambió cuando Krupa se unió a Benny Goodman en 1934.

Y esto fue así debido a que su rol dentro de la big band fue determinante. Muchos se animan a afirmar que si Gene no hubiese formado parte de la banda, el tema “Sing, Sing, Sing” no hubiese sido el mismo.

Por aquella época, junto con George Wettling y Dave Tough, formó parte del acotado grupo de bateristas del género que se conoció con posterioridad como el “estilo Chicago”.

Y no sólo eso. Fue uno de los estandartes del Swing de los años 30 y el primero en utilizar el bombo en la grabación de un disco.

Tal como lo explica Joachim Berendt en su libro “El Jazz – de Nueva Orleans al Jazz Rock”, “antes se solía renunciar a esta base del conjunto rítmico, ya que existía el peligro de que a consecuencia del potente sonido del bassdrum saltara la aguja grabadora de las matrices de cera”.

Otro de los éxitos que se le atribuye es estar, junto a Chick Webb, en la primera línea de los “drummer leadeis” -jefes de bandas- cuyo instrumento era la batería.

Luego del éxito del Carnegie Hall en 1938, Gene decide formar su propia banda junto a Roy Eldrige y Anita O’Day, con quienes compartió un gran éxito.

Su retiro llegó a finales de los años 60, pero en su haber dejó magníficas grabaciones y apariciones en varias películas. Una de ellas fue en el film Ball of Fire donde toca el éxito musical Drum Boogie.

Pero también participó en The Glenn Miller History, donde se dio el gusto de compartir el escenario, nada más y nada menos, que con Louis Armstrong.

La muerte lo alcanzó el 16 de octubre de 1973 en la ciudad de Nueva York. Aunque su música sigue en el recuerdo caliente de “Sing, Sing, Sing”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com

Bix Beiderbecke: el verdadero espíritu de Chicago de los años 20

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Pocos fueron los músicos de jazz de la década del 20 que representaron tan bien el estilo Chicago como Bix Beiderbecke.

Nacido el 10 de marzo de 1903 en Davenport (Iowa – Estados Unidos), mostró interés por la música desde pequeño. Siendo un niño participó del coro de la iglesia lutherana y su amor por el jazz llegó desde el río.

Ocurre que por el Mississippi (que pasaba por su ciudad natal) navegaban los barcos donde grandes bandas de Nueva Orleans tocaban de manera permanente.

Pese a su entusiasmo, sus padres querían un mejor futuro para Bix que la música, por lo que lo enviaron a una academia militar en 1921. No obstante, eso no logró detenerlo.

Las reiteradas ausencias hicieron que las autoridades decidieran expulsarlo. Y ya con 18 años empezó a realizar sus primeras apariciones en público y su forma de tocar la corneta comenzaron a ponerlo en boca de todos.

En 1923 formó parte de The Wolverine, una auténtica banda del estilo Chicago con el que grabó temas como “Copenhagen”, “Fidgety Feet” y “Riverboat Shuffle”.

Un año después Bix se une al saxofonista Frankie Trumbauer, con quien realizó -más adelante- las que los críticos consideran las mejores grabaciones del cornetista. Entre ellas, se destaca Singin’ the Blues, registrada en 1927.

Sin embargo, la canción que lo llevó a la fama fue “Davenport Blues”, grabada en 1925 junto a sus Rhythm Jugglers para el sello Gennette.

Con raíces alemanas, Bix incluyó un poco del lirismo de la música clásica cada vez que tocaba. Así, mientras Louis Armstrong se caracterizaba por la explosión de sus solos, Beiderbecke lo hacía con su tranquilidad e intimismo.

Junto con Sachmo, fueron considerados los primeros solistas dentro del jazz. Incluso, algunos críticos como Joachim Berendt encuentran en la figura del cornetista al primer músico del cool jazz.

Pero la calidez que trasmitía su forma de tocar no se asemejaba con lo que sentía por dentro. Bebía casi tanto como lo que tocaba y su salud comenzaba a deteriorarse con rapidez.

Para colmo de males, en 1928 comete lo que para muchos fue un verdadero error: se unió a la banda de Paul Whiteman.

Es que muchos dudaban de la verdadera capacidad musical de este director, pese a que él se consideraba “El Rey del Jazz”.

Lo cierto es que “Bix se hizo miembro de la orquesta de Whiteman -por entonces modelo de la música comercial- porque le fascinaba el brillo de los arreglos refinados y elegantes”, tal como lo explica Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”.

Incluso, remarca que “los coleccionistas de discos del mundo entero compraran discos viejos y gastados de Paul Whiteman únicamente para oír los ocho o dieciséis compases del solo que Bix ejecutaba”.

A fines de la década, su salud empeoró y Whiteman decidió enviarlo con sus padres. Pero en Davenport sólo encontró indeferencia de sus progenitores, que nunca escucharon un disco de él.

Decidió que su casa no era el mejor lugar para reponerse, así que viajó a Nueva York. En 1930 volvió a realizar grabaciones, pero ya no cabían dudas que su final estaba cerca.

Y la muerte finalmente lo encontró el 6 de agosto de 1931 en la casa del contrabajista George Kraslow, donde vivió sus últimas semanas de vida.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com

« Entradas anteriores Entradas siguientes »