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Hugo Pierre: el adiós de un grande de la escena nacional

hpEl pasado jueves (3 de octubre) falleció el clarinetista y saxofonista Hugo Pierre, uno de los grandes talentos que tuvo el jazz argentino.

Sus orígenes musicales hay que buscarlos en Rosario (Santa Fe), donde comenzó estudiando clarinete en el Conservatorio Municipal (entre los años 1945 y 1950) y lo perfeccionó con Juan Grisiglione (hasta 1955).

Las primeras agrupaciones que integró fueron de su ciudad natal. Entre ellas, figuran las orquestas de Alberto Lac Prugeant y Adolfo de los Santos y la “Jazz Santa Mónica”, tal como recuerda Walter Thiers en “El Jazz criollo y otras yerbas”.

Mientras que sus inicios con el clarinete estuvieron marcados por las enseñanzas de sus maestros, con los saxofones la historia fue distinta: aprendió sólo a tocar el barítono, el soprano y el alto. Un verdadero autodidacta en el arte de hacer sonar los bronces de una manera maravillosa.

En 1955, con 19 años, decidió viajar a Buenos Aires y comenzó a trabajar de manera profesional con Héctor Lagna Fietta. En los años siguientes comenzó su contacto más directo con el jazz: las noches del Bop Club Argentino.

Allí se codeó con otros grandes músicos, como Baby López Frurst, Jorge López Ruiz, Lalo Schifrin y Leandro “Gato” Barbieri. Pero también encontró al “jazz moderno”, algo complicado de conseguir en aquella época.

En su libro “Jazz al Sur – La historia de la música negra en la Argentina”, Sergio Pujol rescató una vieja entrevista donde Pierre explicó lo complicado que era interpretar esta música, ya que lo que dominaba era lo “tradicional”.

“En cuanto a tocar jazz, lo hago cuando puedo. Depende de las oportunidades y a veces no abundan. En la Argentina se toca más jazz tradicional que moderno (esto no es una queja sino un hecho). Como yo toco moderno, tengo menos chances”, habría dicho por 1976.

Por eso tal vez su carrera incluye un poco de todo: la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta Estable del Teatro Colón, la Orquesta Sinfónica Nacional y las actuaciones junto a Julio Iglesias, Xavier Cugat y Edith Piaf.

Pero también pueden mencionarse sus actuaciones junto a tres grandes cantantes norteamericanos: Tony Bennett, Sammy Davis Jr. y Nat King Cole.

No obstante, eso no fue un impedimento para hacer jazz. Tal vez las intervenciones más recordadas fueron las que realizó en dúo junto con Gerardo Gandini, cuando interpretaron obras de George Gershwin y Duke Ellinton.

Mención aparte merece La Banda Elástica. Fue en 1988 cuando se unió a la agrupación que estaba formada por Ernesto Acher, Jorge Navarro, Juan Amaral, Ricardo Lew, Enrique Roizner, Carlos Constantini y Enrique Varela.

Con ellos realizó varias grabaciones y presentaciones. Sobresales las visitas a Mar del Plata y a países vecinos como Uruguay, Brasil y Paraguay.

Desde 1995 dirigía el Cuarteto de Saxofones que llevaba su nombre y que estaba conformado por Andrés Robles, Jorge Scarinchi y Pablo Scaglia. Su repertorio no sólo contaba con jazz, sino que también incluía tango, folklore y música clásica.

Tuvo una amplia carrera como docente, que incluyó el profesorado en la cátedra de saxo en el Conservatorio Nacional de Música y la cátedra de clarinete en la Universidad Católica Argentina. Además, fue autor del programa de estudios de la cátedra de jazz de la Escuela de Música Popular de la Provincia de Buenos Aires.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

 

El jazz no lo va a extrañar

walter malosettiEl lunes (29 de julio de 2013) falleció Walter Rufino Malosetti.

Con la partida del excelente guitarrista cordobés, el jazz estará de luto. Pero, creo, que no lo va a extrañar.

Y me atrevo a asegurar eso porque Walter dejó tras de sí una carrera brillante, que se inició por los años ’50 y que no se detuvo hasta poco antes de su partida.

Porque en su camino formó parte de grupos memorables, como California Ramblers, Guardia Vieja Jazz Band, The Georgians Jazz Band y Walter Malosetti Trío.

Mención aparte merece Swing 39, la banda que contó con Héctor López Furst, Carlos Acosta, Héctor Basso, Marcelo Buscio y Ricardo Pellican, que fue la versión argentina del quintento del Hot Club de Francia, como lo definió Sergio Pujol en “Jazz al Sur – Historia de la música negra en la Argentina”.

Su talento lo llevó a ser considerado por algunos doctrinarios del jazz como el heredero -nada más y nada menos- que de Oscar Alemán, uno de los guitarristas argentinos más reconocidos a nivel local e internacional.

Eternamente agradecido quedó Walter cuando Oscar lo invitó a formar parte del disco “Alemán ’72”, la grabación que contó con otros grandes de la escena nacional como Néstor Astarita, Jorge González, Norberto Minichillo, Aníbal Fuentes y Johnny Quaglia.

Insisto. El jazz no lo va a extrañar porque nadie olvidará que compartió escenario también con figuras de la talla de Chuck Wayne, Didier Lockwood, Jim Hall, Leandro “Gato” Barbieri, Hernán Oliva, Earl Hines, Roberto “Fats” Fernández, Enrique “Mono” Villegas, Lalo Shifrin, Joe Pass, Teddy Wilson, Enrique Varela, Gustavo Bergalli y más. Muchos más.

Pero además porque dejó tras de sí una veintena de discos entre los que se destacan los realizados como solista (All of me, Tributo a Django Reinhardt y PALM, por mencionar algunos) y los seis registrados con Swing 39.

Me resisto a pensar que sus libros quedarán en el olvido o que serán quemados como en Fahreinheit 451. Walter Thiers toma lista en “El Jazz Criollo y otras yerbas” de todos ellos: Iniciación guitarrística, Bases de improvisación para guitarra, Armonía de blues, Jazz para guitarra, El libro de las escalas, Música de jazz para guitarra española, Música para guitarra, Lectura I y Método de acompañamiento guitarra jazz. Y creo que esas publicaciones permanecerán en la literatura de generaciones que deseen aprender y mejorar su forma de tocar jazz con la guitarra.

Eso sin contar con su “Escuela Superior de Jazz”, que seguirá forjando a grandes músicos. Músicos como su hijo, Javier, que ama al jazz tanto como su padre y con quién compartió formaciones (Satch) y grabaciones.

En definitiva, el jazz no lo va a extrañar porque a los grandes los deja en la vidriera para que las generaciones que vienen se iluminen con ellos, con los mejores. Como un ejemplo a seguir. Una estrella.

Los que lo vamos a extrañar somos nosotros, los que aprendimos de Walter el amor que se puede tener por la música, por un instrumento, por el jazz. Por eso, sólo digo: adiós maestro.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com