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La primera Jam Session tuvo una verdadera sorpresa

Adrián Iaies y GillespieEl Anfiteatro del Parque Centenario es la sede de varias de las actividades que forman el Festival de Jazz de Buenos Aires, como el ciclo Jazzología, las funciones al Aire Libre y algunos Proyectos Especiales.

Pero además fue el lugar elegido para que cada noche se realice las tan famosas Jam Sessions, donde no sólo músicos de trayectoria se suben al escenario, sino que también les brinda un espacio a quienes dan sus primeros pasos.

Pese a que las nubes y las ráfagas de viento amenazaban con traer lluvia, el público se hizo presente en la primera velada dirigida por el trompetista Marcelo “Gillespie” Rodríguez.

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Arrancó con todo el Festival de Jazz de Buenos Aires

Pat Martino Organ TrioEl Festival de Jazz de Buenos Aires puso primera y arrancó con todo.

El Pat Martino Organ Trío mostró todo su talento arriba del escenario del auditorio de la Usina del Arte que estaba al tope de su capacidad, ante un público muy atento y respetuoso.

Fue imposible permanecer quieto en el asiento, cuando sonaban los acordes de temas como “The Great Stream”, “Lean Years” o “Catch” (que fue dedicada a su antiguo compañero, el organista Jack Mc Duff).

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Chick Webb: el ganador de todas las batallas

SavoyKing1Era la década del ’30 y reinaba el swing.

En el mundo del jazz dominaban la escena las big band y sobresalían los nombres de Duke Ellington, Benny Goodman, Fletcher Henderson, Glenn Miller, Artie Shaw, Earl Hines… y, por supuesto, Chick Webb.

Este músico fue uno de los primeros bateristas en estar al mando de su propia banda, algo que con el tiempo repetirían otros como Gene Krupa. Pero, claro está, no sobresalió por eso sino por su forma de tocar.

Y no sólo eso: sino que fue además un gran batallador, no sólo en la vida, sino también arriba del escenario.

Webb nació en Baltimore (Estados Unidos) el 10 de febrero de 1909 y su infancia se caracterizó por las enfermedades que impidieron un desarrollo corporal normal. No obstante, su pequeño cuerpo no le impidió avanzar en la música.

Instalado en Nueva York, se hizo escuchar y su nombre sonó tanto como los bombos, platillos y redoblantes de su batería. Tanto retumbó que en 1927 consiguió ser el líder de la banda que sonaba en el Savoy Ballroom, el mítico salón de baile del Harlem.

Allí, fue partícipe de los famosos enfrentamientos de bandas. Algo que le encantaba por el simple hecho de ser imbatible. Lo sabe bien Goodman, quien fue abatido arriba del escenario pese a que su formación era mayor en número que la de Webb.

Krupa, que por aquel momento formaba parte de la orquesta del clarinetista, admitió luego de aquella batalla: “Jamás fui vencido por un músico mejor”.

Grandes músicos pasaron por la agrupación de Chick, tales como Mario Bauzá (que en los años ’30 le puso un poco de Cuba al jazz), Louis Jordan (el saxofonista, cantante y director que sobresalió con él y luego comenzó su carrera como solista) o Garvin Bushell (uno de los primeros especialistas en fagot del género).

Y si de figuras se trata, es imposible olvidar mencionar a Ella Fitzgerald. Es que fue Webb quien, en 1934, la incluyó de jovencita en su banda, apenas un tiempo después de haber obtenido el premio en el Apollo Theater.

La cantante se convirtió rápidamente en la principal atracción de la formación del baterista y juntos lograron posicionar canciones como “A Tisket A Tasket” en lo más alto de los ratings norteamericanos.

Pero la salud de Chick era débil. Y su participación en la orquesta comenzó a hacerse más espaciada, hasta que debió dejar de tocar a fines de 1938. Apenas unos meses después, más precisamente el 16 de junio de 1939, le dijo adiós al mundo en su ciudad natal.

Dejó tras de sí un gran repertorio, sus batallas ganadas y una banda que fue dirigida los años siguientes por Fitzgerald, quién se convertiría con el tiempo en una de las voces más famosas del jazz. Aunque esa es otra historia.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Bebo Valdés: el pianista que le puso “ritmo” al jazz

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Si hay algo que caracteriza a la música del Caribe es su “ritmo”. Y si existe un lugar que es sinónimo de esta palabra, sin dudas ese es Cuba.

Justamente, es allí de donde provino Bebo Valdés que, junto a otros como Mario Bauzá, Chano Pozo o Tito Puente, fue partícipe de la introducción de un poco de “latino” al jazz.

Nacido en Quivicán el 9 de octubre de 1918, Ramón Emilio Valdés Amaro se dedicó de pequeño a tocar el piano en cuanto lugar pudiera, formando parte de varias bandas juveniles.

En su adolescencia comenzó su carrera profesional participando de la orquesta de Julio Cueva, una de las más populares de Cuba.

Ya en la década del cuarenta empieza a trabajar junto a Armando Romeu en el cabaret “Tropicana” convirtiéndose, luego, en el asesor musical del lugar.

Subieron junto a él en el escenario grandes artistas norteamericanos, como el cantante Nat King Cole.

La fama dentro del jazz llegaría en 1952 de la mano del productor Norman Granz quién decidió grabar la primera “descarga” en la isla.

Estas “descargas” no eran otra cosa que el primo latino de las jams sessons, es decir, el momento en el que los músicos se juntan a tocar e improvisar.

En los años sesenta, Bebo viaja a México para colaborar con Lucho Gatica, un cantante de boleros chileno. Además, en aquella época emprendió una gira por Europa junto a la banda “Habana Cuban Boys”.

Esos aires trajeron un gran cambio: decidió abandonar Cuba y exiliarse en Estocolmo (Suecia). Allí se casó y formó una nueva familia, dejando atrás a su esposa y a cinco hijos. Uno de ellos era Chucho Valdés, quien seguiría sus pasos el piano y en el jazz.

Tuvieron que pasar treinta años hasta que Paquito D’ Rivera lo sacó de su letargo en 1994, cuando lo invita a grabar Bebo Rides Again. A partir de allí y pese a cargar con 76 años vuelve al ruedo musical.

En el 2000 forma parte de la película Calle 54, del director Fernando Trueba, y participa de la grabación de la banda sonora junto a músicos de la talla de Puente, Eliane Elias, Jerry González, Michel Camilo, D’Rivera, Cachao y su propio hijo, Chucho.

También se hizo lugar para trabajar junto con el cantante de flamenco Diego El Cigala, con quién registra el disco “Lágrimas Negras”.

Su último disco fue junto a Chucho y se tituló “Juntos para siempre”. Esa fue la consigna que siguió su hijo en los últimos días de su vida. Se había trasladado a Benalmádena (MálagaEspaña), para cuidar a Bebo en sus últimos días.

Chucho no pudo evitar que su nueva familia lo trasladara a Estocolmo, donde falleció el pasado 22 de marzo. Pero su felicidad fue tener la posibilidad de quedar inmortalizado junto a Bebo en un disco. Justos para siempre.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com