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Libre, por sobre todas las cosas

Ornette ColemanSerás lo que debas ser, si no, eres nada. Miró por la ventana. La ciudad de Nueva York parecía esperarlo. Pero, ¿para qué? Él no era Charlie Parker. Tampoco Lester Young y de Coleman Hawkins sólo tenía algo en común: “Coleman”. Él era Ornette Coleman. El mismo que siempre estaba enfrentado a todos. No porque quisiera, claro está. Sino porque no lo entendían. Sólo un puñado de personas veían en él un diamante en bruto. En Los Ángeles tuvo pocas oportunidades y creía fervientemente que en Nueva York estaba su lugar. “¿Será así?”, se preguntó. Sólo el tiempo le terminaría respondiendo de manera afirmativa, pero en ese momento sólo se propuso juntar sus cosas y partir para los estudios de Contemporary. Lo esperaban para hacer su primera grabación. “Al fin llegó el día”, se dijo camino al lugar. Seguir leyendo

Body & Soul cumple 1.000 emisiones

Bocha SavastanoNo es difícil imaginar a Oscar Savastano llegando a la UTN, parándose frente a sus alumnos para comenzar su clase sobre Proyectos Viales y Estructuras de Hormigón. Flaco, alto, con su voz firme y grave ante jóvenes que probablemente desconocen sus verdaderas pasiones: la radio, el jazz y el blues.

Es que, cuando se pone los lentes ahumados redondos (como los de John Lennon), se convierte en el “Bocha” para un grupo cada vez más creciente de oyentes, que esperan a que lleguen las 20 horas (de lunes a viernes) o las 22 horas (si se trata de un domingo) para escuchar Body & Soul.

A mediados de 2011 empezó la cosa. Luis Garibotti -el director de contenidos de la radio de la Universidad de Belgrano (90.9 mhz)- estaba buscando a alguien para hacer un programa sobre jazz y José Fernández Quintela, amigo de Savastano, lo llamó desde Mar del Plata para contarle que lo había nominado para ocupar el puesto.

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Ellington, Coltrane y un disco con mucho respeto

Duke Ellington & John ColtraneEl 26 de septiembre de 1963, el saxofonista John Coltrane y el pianista Edward “Duke” Ellington cumplieron con un viejo anhelo del productor Bob Thiele: que ambos graben un disco para Impulse Records.

Apenas unos días antes había logrado que otro de sus sueños se hiciera realidad, cuando Duke registró un álbum junto Coleman Hawkins que se llamó “Duke Ellington meets Coleman Hawkins”.

La gran diferencia fue que en la primera oportunidad el pianista deseaba trabajar con el saxofonista. Incluso, hasta le había manifestado su deseo unos veinte años antes (o diecinueve, dieciocho o hasta diecisiete, según explicó Hawkins).

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Chu Berry, un tenor versátil

chu berryLester Young y Coleman Hawkins fueron sinónimos del saxo tener. Cada uno a su manera, con diferencias marcadas en su sonoridad, supieron hacerse un camino dentro del jazz y dejaron su legado.

La década del ’30 los encontró como dos referentes. Suave uno, rápido y furioso el otro. Y en el medio, un joven nacido en Virginia del Oeste (Estados Unidos) entró en escena y mostró que podía existir una alternativa.

Inspirado por lo que hacía su hermana en el piano (era música de jazz), el pequeño Leon “Chu” Berry inició su carrera con el saxofón alto. Sin embargo, escuchó a Hawkins y supo que el tenor sería su instrumento.

Arrancó con la banda de la secundaria y también tocó durante su estadía en la universidad West Virginia State College, donde también se destacó como un gran deportista. Su imponente porte lo convertía en un prominente jugador de fútbol americano. Pero el jazz fue más fuerte.

Su inclinación hacia la sonoridad de Coleman hizo que, cuando éste estuvo de gira por Europa, fuera uno de los músicos más requeridos en los locales donde querían escuchar un tenor de la talla de Hawkins.

Con apenas 19 años ya formaba parte de la orquesta de Sammy Steward, donde permaneció entre 1929 y 1930. Luego viajó a Nueva York, donde formó parte de la The Chocolate Dandies de Benny Carter. Fue allí donde hizo sus primeras grabaciones.

Mudó su forma de tocar a la formación de Teddy Hill en 1933 y sólo dos años después estaba en la de Fletcher Henderson. Su velocidad y agilidad a la hora de tocar hizo que Roy Eldridge sonara aburrido en “Jangled Nerves”.

El público comenzó a valorar lo que hacía este saxofonista. Y tuvo su merecido premio en 1937, cuando los lectores de la prestigiosa revista Down Beat lo eligieron como el mejor tenorista de todos.

Eso le valió como boleto para pasar a la orquesta del director y cantante Cab Calloway. Por esa banda pasarían también otro de los músicos que se convirtieron en gigantes de la escena del jazz: Dizzy Gillespie.

Las grandes formaciones fueron parte de su historia musical, pero también participó de pequeñas agrupaciones y tocó con innumerables músicos de la talla de Billie Holiday, Lionel Hampton, Bessie Smith y Teddy Wilson.

La muerte se presentó muy temprano y de manera trágica el 30 de octubre de 1941. Un accidente automovilístico dejó al jazz sin uno de los tenores más versátiles y con más proyección. Sobreviven aún sus discos junto a Cab Calloway, Fletcher Henderson y Benny Carter.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

La tiza del jazz

CortazarA treinta años del fallecimiento de Julio Cortázar, es casi una obligación escribir unas líneas que hagan referencia a uno de los escritores argentinos que más tinta destinó a transmitir jazz en sus textos.

Tal vez, a la hora de arriesgar un nombre de una de sus obras que habla del género, llegue rápido a la cabeza el cuento “El Perseguidor” que narra los avatares, marchas y contramarchas de un saxofonista cuyo nombre era Johny Carter. Aunque todos saben que ese músico era Charlie Parker.

Personajes reales se mezclaban con los ficticios y todos mostraban una comunión que es muy difícil encontrar en cualquier texto. Narraba en un fragmento: “…llevábamos yo creo que una hora dándole a lo mismo, solos, tan felices… Miles tocó algo tan hermoso que casi me tira de la silla, y entonces me largué, cerré los ojos, volaba. Bruno, te juro que volaba… Me oía como si desde un sitio lejanísimo pero dentro de mí mismo, al lado de mí mismo, alguien estuviera de pie… No exactamente alguien… Mira la botella, es increíble cómo cabecea… No era alguien, uno busca comparaciones… Era la seguridad, el encuentro, como en algunos sueños, ¿no te parece?, cuando todo está resuelto, Lan y las chicas te esperan con un pavo al horno, en el auto no atrapas ninguna luz roja, todo va dulce como una bola de billar. Y lo que había a mi lado era como yo mismo pero sin ocupar ningún sitio, sin estar en Nueva York, y sobre todo sin tiempo, sin que después… sin que hubiera después… Por un rato no hubo más que siempre… Y yo no sabía que era mentira, que eso ocurría porque estaba perdido en la música, y que apenas acabara de tocar, porque al fin y al cabo alguna vez tenía que dejar que el pobre Hal se quitara las ganas en el piano, en ese mismo instante me caería de cabeza en mí mismo…”.

No obstante, muchos señalan a una de las obras cumbres de Cortázar como el texto que más destina al jazz. Y, en efecto, hay tanto que encontrar en las páginas de Rayuela que Pilar Peyrats Lasuén tuvo una idea genial: lanzar un libro en el que junte los fragmentos de la novela donde se mencione a músicos del género junto a un CD con los temas de los autores señalados.

Fue así como nació, en 2001, “Jazzuela – Le jazz dans marelle de Julio Cortázar” de la mano de la editorial Satélite K. Un material que incluye 20 canciones de grandes como Duke Ellington, Coleman Hawkins, Bix Beiderbecke, Jelly Roll Morton y Louis Armstrong.

Así se pueden encontrar temas como “Hot and bothered” y “It don’t mean thing” del pianista nacido en Washington, “Body and Soul” del saxofonista tenor más importante de la vieja guardia jazzística o “Yellow dog blues” y “Mahogany hall stomp” de Sachmo.

También se incluyen temas de la cantante Bessie Smith (Baby doll y Empty bed blues), de la orquesta de Frank Trumbauer (I´m coming Virginia) y de las bandas The Chocolate Dandies (Blues interlude), Warning’s Pennsylvanians (Stack O’Lee blues) y Georgia Jazz Band (Jelly Beans Blues).

Llamativamente, el libro-CD no incluye ninguna melodía de Charlie Parker, quien fuera la estrella de “El Perseguidor”. Sin embargo, los 69 minutos de duración del disco y las 144 páginas del material escrito es recomendable para quienes quieran disfrutar de dos maravillas: la mano del escritor y el jazz.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

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