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El jazz de Woody Allen

El director estadounidense Woody Allen es un amante del jazz. Tanto, que casi no pasa ni una sola película en la que sume alguna canción interpretada por los grandes músicos del género sincopado.

Desde “Blue Jasmine” hasta “Radio Days”, pasando por otros films como “Midnight in Paris”, “Hannah and her sisters”, “Annie Hall”, “The Purple Rose of Cairo” y “Melinda & Melinda”, en todas se puede hallar un poco de Duke Ellington, Louis Armstrong o Billie Holiday.

Tanta es la afición del director que hubo quien se animó a hacer una compilación que derivó en una serie de discos donde se juntan unos cuarenta temas de jazz que figuraron como parte de la banda sonora de alguna de sus películas.

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A 70 años de la muerte más misteriosa del jazz

Glenn Miller fumandoLa historia cuenta que el 15 de diciembre de 1944, el trombonista y director de orquesta Glenn Miller abordó un avión en Inglaterra para cruzar el Canal de la Mancha con el objeto de emitir un programa navideño para las tropas norteamericanas desde Francia, pero nunca pudo tocar suelo galo.

No obstante, un halo de misterio cubre el relato oficial. Sin dudas, algunas de las circunstancias colaboran para generar miles de especulaciones, que involucran situaciones de las más espectaculares y, hasta cierto punto, improbables.

El principal hecho que alimenta las teorías es que el Noorduyn Norseman D-64 que abordó el músico en el campo Twinwoods (Bedfordshire – Inglaterra) junto al piloto y a un oficial norteamericano nunca fue hallado.

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Chick Webb: el ganador de todas las batallas

SavoyKing1Era la década del ’30 y reinaba el swing.

En el mundo del jazz dominaban la escena las big band y sobresalían los nombres de Duke Ellington, Benny Goodman, Fletcher Henderson, Glenn Miller, Artie Shaw, Earl Hines… y, por supuesto, Chick Webb.

Este músico fue uno de los primeros bateristas en estar al mando de su propia banda, algo que con el tiempo repetirían otros como Gene Krupa. Pero, claro está, no sobresalió por eso sino por su forma de tocar.

Y no sólo eso: sino que fue además un gran batallador, no sólo en la vida, sino también arriba del escenario.

Webb nació en Baltimore (Estados Unidos) el 10 de febrero de 1909 y su infancia se caracterizó por las enfermedades que impidieron un desarrollo corporal normal. No obstante, su pequeño cuerpo no le impidió avanzar en la música.

Instalado en Nueva York, se hizo escuchar y su nombre sonó tanto como los bombos, platillos y redoblantes de su batería. Tanto retumbó que en 1927 consiguió ser el líder de la banda que sonaba en el Savoy Ballroom, el mítico salón de baile del Harlem.

Allí, fue partícipe de los famosos enfrentamientos de bandas. Algo que le encantaba por el simple hecho de ser imbatible. Lo sabe bien Goodman, quien fue abatido arriba del escenario pese a que su formación era mayor en número que la de Webb.

Krupa, que por aquel momento formaba parte de la orquesta del clarinetista, admitió luego de aquella batalla: “Jamás fui vencido por un músico mejor”.

Grandes músicos pasaron por la agrupación de Chick, tales como Mario Bauzá (que en los años ’30 le puso un poco de Cuba al jazz), Louis Jordan (el saxofonista, cantante y director que sobresalió con él y luego comenzó su carrera como solista) o Garvin Bushell (uno de los primeros especialistas en fagot del género).

Y si de figuras se trata, es imposible olvidar mencionar a Ella Fitzgerald. Es que fue Webb quien, en 1934, la incluyó de jovencita en su banda, apenas un tiempo después de haber obtenido el premio en el Apollo Theater.

La cantante se convirtió rápidamente en la principal atracción de la formación del baterista y juntos lograron posicionar canciones como “A Tisket A Tasket” en lo más alto de los ratings norteamericanos.

Pero la salud de Chick era débil. Y su participación en la orquesta comenzó a hacerse más espaciada, hasta que debió dejar de tocar a fines de 1938. Apenas unos meses después, más precisamente el 16 de junio de 1939, le dijo adiós al mundo en su ciudad natal.

Dejó tras de sí un gran repertorio, sus batallas ganadas y una banda que fue dirigida los años siguientes por Fitzgerald, quién se convertiría con el tiempo en una de las voces más famosas del jazz. Aunque esa es otra historia.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Ella Fitzgerald: 96 años de una voz maravillosa

Ella Fitzgerald Copenhagen April 1970El 25 de abril se cumplieron 96 años del nacimiento de la legendaria cantante Ella Fitzgerald.

Ella, junto con Louis Armstrong, fue una de las más brillantes vocalistas que dominaron el scat, aquella técnica que le permitía utilizar sus cuerdas vocales como instrumentos.

Sus primeros años no fueron los mejores de su vida. Su padre se fue de su casa cuando aún era una niña. Pocos años después, su madre sufrió un accidente fatal. Y, ya viviendo con su tía, se enteró de la muerte de su padrastro.

Rodeada de pobreza, Fitzgerald no salía de un drama para meterse en otro. Ausentismo en el colegio y problemas con la policía eran una constante en esa época, al igual que la música y el baile.

Desde chica le fascinaba esas artes y quería vivir de ellas. Eso fue lo que la llevó a presentarse en el Teatro Apolo de Harlem, con sólo 16 años, en el concurso de jóvenes talentos.

Ganar el premio como cantante fue el puntapié inicial en su carrera. Lo llamativo fue que, lejos de preparar una rutina musical, Ella se había hecho presente con la intención de bailar.

Sin embargo, el destino le tenía preparado otra cosa: en el número anterior las hermanas Edwards hicieron una coreografía que dejaron al público aplaudiendo de pie. Así que Fitzgerald tuvo que cambiar su rutina de baile. Por suerte.

En aquella oportunidad cantó “Judy” y lo hizo tan bien que le pidieron un bis. “The Object of My Affections” fue la segunda canción. Y el premio se quedó con ella.

Pero, además de los dólares que ganó en el concurso, tuvo esa noche su segundo premio. Ocurre que entre el público se encontraban Benny Carter y Mario Bauza. Ambos quedaron anonadados con la cantante.

Carter estaba tan conmovido que movió cielo y tierra para conseguir que Ella participara en una banda de jazz. Intentó primero tentar al productor John Hammond, sin demasiado éxito.

Luego, a falta de una, consiguió dos orquestas que se interesaron por la cantante: la dirigida por el saxofonista Tiny Bradshaw y la del baterista Chick Webb.

La participación de Fitzgerald en la primera se extinguió rápidamente, cosa que no sucedió con la de Webb. Con él, grabó una de las canciones que coronaron el éxito en sus primeros años de carrera: “A-Tisket, A-Tasket”, logró vender 1 millón de copias.

Junto a la formación de Webb, Ella convirtió las noches del Savoy Ballroom de Harlem en algo mítico. Con el fallecimiento del baterista en 1939, Fitzgerald decidió continuar con la banda hasta 1942.

A partir de ese corte, llegó el momento de continuar en solitario y de trabajar esporádicamente con otros grandes de la escena del jazz, como el genial trompetista Dizzy Gillespie.

Tal como lo afirma Joachim Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”, en los años cuarentas “sus vocalizaciones improvisadas sobre temas como ‘How High the Moon’ o ‘Lady Be Good’ condujeron al corazón del bop”.

En esa época conoció al productor Norman Granz, que la incluyó en la JATP y donde compartió escenario con músicos de la talla de Duke Ellington, Cole Porter, Irving Berlin y los hermanos Gershwin.

El mismo Ira Gershwin fue quien aseguró: “No sabía lo bueno que eran nuestras canciones hasta que escuché a Ella Fitzgerald cantarlas”.

Mención aparte merecen los trabajos con Louis Armstrong. Con él grabó dos discos (Ella and Louis -1956- y Ella and Louis Again -1957-), que son ideales para quienes quieran aprender qué es el scat.

Durante las décadas siguientes grabó con músicos de la talla de Joe Pass, Count Basie y Oscar Peterson. Incluso, se animó a cantar pop, blues, bossa nova, samba, gospel y calypso.

Además, fue invitada a numerosos programas de gran éxito, como “The Bing Crosby Show”, “The Dinah Shore Mostrar”, “The Frank Sinatra Show”, “The Ed Sullivan Show”, “The Tonight Show”, “The Nat King Cole Show “,” The Andy Willams Show” y ” The Dean Martin Show “.

Pero su vida dio un vuelco en 1986. En septiembre debieron operarla del corazón y le detectaron una diabetes que primero la dejaría ciega, luego la haría perder sus piernas y por último se llevaría su vida el 15 de julio de 1996.

Quedó en el recuerdo el maravilloso espectáculo que brindo en 1991 en el Carnegie Hall de Nueva York sin saber que sería el último.

En su carrera ganó 13 premios Grammy (como mejor vocalista femenina y mejor interpretación de diversas canciones), y galardones de revistan tan prestigiosas como Metronome y Down Beat.

Además, en 1987 recibió de manos del por aquel tiempo presidente de Estados Unidos Ronald Reagan la Medalla Nacional de las Artes.

Sus últimos días los compartió con su hijo Ray Jr. y su nieta Alice. En aquellos años solía decir que “sólo quiero oler el aire, escuchar a los pájaros y escuchar reír a Alice”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Gene Krupa: el máximo exponente de la batería del jazz

Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Con las cuatro extremidades siempre listas para atacar a los bombos, redoblantes y platillos, Gene Krupa se convirtió en un músico ineludible a la hora de hablar de bateristas de jazz.

Su forma de tocar se caracterizó por llevar el tiempo con principalmente con el redoblante y marcar el ritmo a dos tiempos con el bombo.

Inició su carrera musical en Chicago, su ciudad natal, en el año 1927 de la mano de la orquesta Thelma Terry and Her Playboys.

Llama la atención que, pese a pertenecer a la banda de Terry, sus grabaciones con el grupo no llegaron hasta 1928. Incluso, aún en 1927 tuvo posibilidad de registrar varios temas junto a Eddie Condon, que representaron su primer disco.

No obstante, en las grabaciones de esa época se puede encontrar a un baterista común y corriente, con un estilo que no sobresalía de lo normal. Eso, por la simple razón de que la batería quedaba relegada al conjunto.

Pero la cosa cambió cuando Krupa se unió a Benny Goodman en 1934.

Y esto fue así debido a que su rol dentro de la big band fue determinante. Muchos se animan a afirmar que si Gene no hubiese formado parte de la banda, el tema “Sing, Sing, Sing” no hubiese sido el mismo.

Por aquella época, junto con George Wettling y Dave Tough, formó parte del acotado grupo de bateristas del género que se conoció con posterioridad como el “estilo Chicago”.

Y no sólo eso. Fue uno de los estandartes del Swing de los años 30 y el primero en utilizar el bombo en la grabación de un disco.

Tal como lo explica Joachim Berendt en su libro “El Jazz – de Nueva Orleans al Jazz Rock”, “antes se solía renunciar a esta base del conjunto rítmico, ya que existía el peligro de que a consecuencia del potente sonido del bassdrum saltara la aguja grabadora de las matrices de cera”.

Otro de los éxitos que se le atribuye es estar, junto a Chick Webb, en la primera línea de los “drummer leadeis” -jefes de bandas- cuyo instrumento era la batería.

Luego del éxito del Carnegie Hall en 1938, Gene decide formar su propia banda junto a Roy Eldrige y Anita O’Day, con quienes compartió un gran éxito.

Su retiro llegó a finales de los años 60, pero en su haber dejó magníficas grabaciones y apariciones en varias películas. Una de ellas fue en el film Ball of Fire donde toca el éxito musical Drum Boogie.

Pero también participó en The Glenn Miller History, donde se dio el gusto de compartir el escenario, nada más y nada menos, que con Louis Armstrong.

La muerte lo alcanzó el 16 de octubre de 1973 en la ciudad de Nueva York. Aunque su música sigue en el recuerdo caliente de “Sing, Sing, Sing”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com