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Tristes parches: el adiós de Chico Hamilton

imagesEl pasado martes 26 de noviembre, falleció a los 92 años en la ciudad de Nueva York el gran baterista norteamericano Foreststorn “Chico” Hamilton.

Su carrera musical se inició en una banda en la que compartió escena con otros grandes talentos del género sincopado: Charles Mingus, Illinois Jacquet, Dexter Gordon, Enrie Royal, Buddy Collette y Jack Kelso.

Luego, llegaron otros nombres que, en aquel entonces, ya eran verdaderas estrellas. Ocurre que también formó parte de las bandas de Lionel Hampton, Count Basie, Billie Holiday, Nat King Cole, Duke Ellington y Lester Young, por mencionar algunos.

No obstante, su nombre es sinónimo de cool jazz y se convirtió en uno de los referentes indiscutidos de esa movida que nació en la década del ’50 en la costa oeste de los Estados Unidos. Además, supo marcar diferencias a la hora de amar sus propias bandas.

Tal es el caso de su insólito quinteto formado en 1955 en el que incluyó instrumentos pocos comunes en el género, como ser el violoncello (Fred Katz) y una flauta (Buddy Collette), a los que sumó una guitarra (Jim Hall) y un contrabajo (Carson Smith).

Junto con Shelly Manne, Hamilton fue sinónimo del estilo de batería del oeste. Y, tal como lo define Joachim Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleáns al Jazz Rock”, Chico toca un “Jo Jones de la costa occidental”.

Y, si se tiene en cuenta que sus solos más emblemáticos fueron los que incluyó en los temas “Drums West” y “Mr. Jo Jones”, podría decirse que Berendt no está del todo desacertado al mencionarlo de esa manera. Incluso, el mismo Hamilton afirmó que Jones fue su mentor.

El camino del cool lo había iniciado como “miembro fundador” del cuarteto que Gerry Mulligan integró en 1953, y continuó como líder de sus propias formaciones donde una de sus características más sobresalientes fue la capacidad de detectar grandes músicos.

Algunos ejemplos de ello fueron el clarinetista Eric Dolphy y el contrabajista Ron Carter que formaron parte de su quinteto a fines de los años ’50. Luego, ambos se convirtieron en estrellas indiscutidas.

También se puede mencionar el aporte que hizo en el cine, con la musicalización de la película “Repulsion” de Roman Polansky y su aparición el film “Sweet Smell of Success” del productor James Hill.

Su legado perdurará en su extensa discografía (que incluyen más de 60 títulos) y habrá un poco de Hamilton en los músicos que reciben sus enseñanzas en el Programa de Jazz y Música Contemporánea de la New School University, aquel que Chico ayudó a crear y en el que se desembolvió como profesor.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Tres grandes discos de un músico con mucho carácter

charles-mingusTodos los que conocieron a Charles Mingus sabían que, además de ser un músico extraordinario, era una persona difícil de tratar.

Sus propios espectadores sufrieron, alguna vez, los retos desde arriba del escenario. Tal es el caso de aquella velada en el Five Spot cuando reprendió a un público que se distraía en sus comentarios e ignoraban al contrabajista.

Algunos colegas también padecieron su fuerte carácter. El trombonista Juan Tizol, que formaba parte de la orquesta de Duke Ellington, fue perseguido con un machete por Mingus por un desacuerdo musical.

La situación podría haber terminado en un baño de sangre de no ser por el pianista que se atravesó en el camino de Charles para echarlo de la banda. El respeto que tenía el contrabajista por Ellington era tan grande que así lo hizo.

Y, como Charles era un hombre que no discriminaba, los productores no quedaron fuera de sus atropellos. En el libro “El sello que Coltrane impulsó. Impulse Records: la historia”, Ashley Kahn recordó lo que sucedió con Bob Thiele en 1963.

Impulse había firmado un contrato con Mingus para grabar tres discos. No obstante, no le adelantaron los u$s5.000 que le habían prometido. ¿Cómo terminó la escena?: con una nota clavada con un puñal en el sillón de Thiele en la discográfica donde le reclamaba su cheque.

Obviamente, la plata llegó pocos días después. Eso permitió que avanzaran con el acuerdo y salieran de los estudios de la compañía “The Black Saint and The Sinner Lady”, “Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, Mingus” y “Mingus Plays Piano”.

El primero de ellos (grabado en 1963) se puede leer como un autorretrato, donde Mingus incluyó a once músicos y el comentario de su propio psiquiatra para concluir un trabajo que muestra la influencia que tuvo de Ellington.

En 1963 también registró “Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, Mingus”. Este material, según el propio contrabajista, buscaba resumir en un sólo álbum sus mejores temas. Incluye versiones de Haitian Fight Song (renombrado como II B.S.), Goodbye Pork Pie Hat (llamado Theme for Lester Young) y Better Git Hit in Your Soul.

Por último, “Mingus Plays Piano” fue un trabajo que, según explicó Kanh, “le captó en su faceta más pensativa, tocando su principal herramienta compositiva”.

Las relaciones entre Mingus e Impulse fueron cortas y para 1964 todo estaba concluido. Sin embargo, nadie en su sano juicio dejaría de lado estas tres piezas a la hora de enumerar las mejores obras del contrabajista.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

Saxo, piano y un éxito garantizado

Duke-Ellington-Meets-Coleman-Hawkins-1962-FLACDivide y reinarás, dice un viejo dicho. Sin embargo, eso parece no ser un buen consejo si de música se habla.

En 1963 había salido a la venta en Estados Unidos un disco que juntó a las manos del swing, con las del bop. Un verdadero éxito de United Artist que combinó a Duke Ellington, Max Roach y Charles Mingus.

Ellington también había realizado un año antes grabaciones con Louis Armstrong y todo parececía indicar que todo se terminaría allí. Pero el mundo de la música siempre pide más.

Esta fue la razón por la que el sello Impulse decidió doblar la apuesta y arriesgó juntar al pianista con otro viento, aunque esta vez prefirió que sea un saxofón.

Fue así como en agosto dos grandes músicos se encontraron en los estudios de la discográfica. Eran Ellington y Coleman Hawking. Ellos y unos seis instrumentistas más, entre los que sobresalían Johnny Hodges (saxo alto) y Harry Carney (saxo barítono).

Duke Ellington meets Coleman Hawking” fue una verdadera joya. Tanto que en 1995 el New York Times lo definió como el mejor disco que salió a la venta en la década del ’60 y como el mejor material que registraron Coleman y Duke en toda su historia.

Tal vez la mejor definición del producto terminado puede encontrarse en el libro de Ashley Kahn “El sellos que Coltrane impulsó. Impulse Records: la historia”. Allí se afirma: “El principio rector era combinar el legendario timbre de Hawking con el sonido característico del Ellignton de los sesenta: arreglos relajados, espacios abiertos y amplia cabia para los solos”.

La mayoría de los temas fueron compuesto por el pianista, entre los que se destacan Jazz Limbo, Ray Charles’ Place y The Ricitic.

La nómina se completaba con Moon Indigo, Wanderlust, You Dirty Dog, Self-Portrait, The Jeep Is Jumpin y Solitude.

Lo único que le faltó al disco fue un tema escrito por ambos. O al menos elaborado por la mano de Duke para que lo interpretara el saxofonista. Sin embargo, pese a que Ellington se lo había prometido, nunca logró cumplir con su prometido.

Sólo unos días después, el productor Bob Thiele decidió redoblar la apuesta y juntó al pianista con John Coltrane. Pero eso es otra historia.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Un gran día en Harlem

vieja cámaraLas fotografías. 

Todo lo muestran, detienen, inmortalizan. Pero ese (por lo general rectángulo) pedazo de papel sólo genera una historia detrás cuando son sus autores los que cuentan algo que no se ve.

La historia que se esconde detrás es a veces tergiversada. Otras tantas dicen mucho más de lo que callan. Aunque siempre callan. Y esconden felicidad, alegría, angustia, guerra, paz, montañas, playas, parques, lugares, amores, rencores, ciudades, etcéteras y más. Como los grandes días.

Un 12 de agosto de 1958 faltaron las imágenes que mostraran el rostro de sorpresa que debe haber puesto Art Kane, un joven fotógrafo que trabajaba de manera independiente para la revista Esquire.

Es que le habían encomendado la tarea de capturar a músicos de jazz para un informe que realizaría la publicación. Así que comenzó a llamar a un puñado de los más conocidos de la época.

Sin embargo, como temía que no todos asistieran, siguió comunicándose con más y más personalidades. Y, lo que nunca hubiese imaginado, se cumplió: 58 de los representantes del género estaban ahí.

Probablemente los que conocen esta historia se apurarán a corregirme. Pero no, dije bien. Fueron 58 los músicos de jazz que estaban presentes allí a las 10 de la mañana cuando se disparó el interruptor.

Porque a la lista de los 57 que fueron tapa de Esquire hay que sumarle a Willie “The Lion” Smith que se quedó sentado en la escalinata de la casa del 17 Este de la calle 126 (entre la Quinta Avenida y Madison, del Harlem) en el momento que los inmortalizó.

En la fotografía aparecen Red Allen, Buster Bailey, Count Basie, Emmett Berry, Art Blakey, Lawrence Brown, Scoville Browne, Buck Clayton, Bill Crump, Vic Dickenson, Roy Eldridge, Art Farmer, Bud Freeman, Dizzy Gillespie, Tyree Glenn, Sonny Greer, Johnny Griffin, Gigi Gryce, Coleman Hawkins, Gene Krupa, J.C. Heard, Jay C. Higginbotham, Milt Hinton, Chubby Jackson, Hilton Jefferson, Osie Johnson, Hank Jones, Jo Jones, Jimmy Jones, Taft Jordan, Max Kaminsky, Eddie Locke, Charles Mingus, Miff Mole, Thelonious Monk, Gerry Mulligan, Oscar Pettiford, Rudy Powell, Luckey Roberts, Jimmy Rushing, Pee Wee Russell, Sahib Shihab, Zutty Singleton, Stuff Smith, Rex Stewart, Maxine Sullivan, Joe Thomas, Wilbur Ware, Dickie Wells, George Wettling, Ernie Wilkins, Mary Lou Williams y Lester Young.

A great day in Harlem

A ellos hay que añadir a Horace Silver, Sonny Rollins, Benny Golson y Marian McPartland, que son los únicos músicos que aún están con vida.

La captura fue publicada por la revista finalmente en enero de 1959. Pero la historia no queda allí. En 1994 fue Jean Bach quien decidió mostrarle al mundo la historia detrás de la imagen.

A través de una película llamado “A Great Day in Harlem”, el productor de radio de Nueva York contó todos los detalles que no se pudieron ver en la mítica fotografía y le valió una nominación como mejor largometraje documental.

Incluso, quienes vieron la película “La Terminal”, en la que Viktor Navorski (Tom Hanks) pasó parte de su vida viviendo en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, recordarán que el motor del viaje del protagonista desde su Krakozhia natal fue que un músico de jazz firmara esa fotografía.

Fue justamente Benny Golson quien finalmente cumplió con el sueño que había iniciado el padre de Viktor, la de contar con el autógrafo de todos los grandes del género que figuraban allí. En ese gran día.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Esos locos instrumentos

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Sin dudas que los músicos guardan un particular aprecio por sus instrumentos.

Anécdotas se pueden encontrar de a montón. Hace unos años, por ejemplo, Walter Malosetti estaba siendo ayudado para bajar por una rampa en el Centro Cultural Recoleta, mientras sostenía con tenacidad su guitarra.

Un cronista se le acercó para ayudarlo y le sugirió que le permita sostener el instrumento para que le sea más cómodo transitar, a lo que Malosetti contestó: “la guitarra no la entrego. Si quiere, le dejo a mi mujer”.

Muchos, incluso, hasta sienten la necesidad de ser únicos y, por eso, buscan tocar con ediciones limitadas que fabrican las empresas.

Por caso, Miles Davis fue un precursor en eso de salir a escena con una trompeta con colores que sorprendieron a su público.

Hace casi treinta años, en el Festival de Jazz de Barcelona de 1984, Miles posó con un bronce negro que fue furor entre los españoles y hasta la prensa dedicó artículos enteros a ese detalle.

Lo mismo se repitió en el año 1992, cuando Davis se mostró en el álbum Doo-bop (editado por la Warner Bros.) posando junto a una trompeta de color, aunque en este caso fue roja.

Pero el caso de Miles no es el único. Otros músicos, terminan tocando instrumentos que, probablemente, ninguno pueda utilizar jamás.

Ese es el caso de Pat Metheny y su guitarra Pikasso. Este instrumento es único en su especie y fue confeccionado por la luthier canadiense Linda Manzer y tiene la particularidad de tener 42 cuerdas y tres mástiles.

Metheny utilizó la Pikasso en diversos espectáculos y discos, interpretando con ella el tema “Into the Dream”.

Casi sin querer, otro de los músicos de jazz que sorprendió con su instrumento fue Charlie Parker.

Se puede decir que Bird no era un verdadero protector de su saxo alto, sino todo lo contrario: nunca los conservaba porque, por lo general, terminaba empeñándolo para hacerse de dinero.

La cuestión es que, en el famoso concierto realizado en el Massey Hall de Toronto, Parker se presentó a tocar sin instrumento. Los organizadores salieron a buscar algún saxo y sólo encontraron uno de plástico. Sí, leyeron bien: el saxofón era de plástico.

Eso, igualmente no arruinó la velada que reunió, por única vez en la historia, al dream team bebop (Parker, Dizzy Gillespie, Bud Powell, Max Roach y Charles Mingus).

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

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