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Un día lleno de festejos

descargaEste 30 de abril se llevarán adelante los festejos de la quinta edición del Día Internacional del Jazz. Washington será la sede oficial del evento que fue declarado por la Unesco y que, junto al Instituto del Jazz Thenolious Monk, organiza cada año.

Esta es la primera vez que la tierra que vio nacer al género es anfitriona, ya que con anterioridad fueron elegidas las ciudades de Estambul, Osaka y París (en el primer año se realizaron múltiples actividades en diversos puntos del planeta).

La particularidad que tendrá esta edición es que los conciertos principales se realizarán en la Casa Blanca y contarán con la presencia estelar del presidente norteamericano Barack Obama y la primera dama Michelle Obama.

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Dizzy Gillespie: el músico que se atrevió a todo

Ilustración: Viktoria Martín

Ilustración: Viktoria Martín

Pasaron ya veinte años de la desaparición de John Birks “Dizzy” Gillespie.

En efecto, el 6 de enero de 1993 se despedía uno de los grandes del jazz, aquel que supo ser el impulsor del bebop y que juntó con gusto el género con los ritmos centroamericanos.

Este magnífico músico que nació en Cheraw (Carolina del Sur – Estados Unidos) el 21 de octubre de 1917, supo canalizar los sabores amargos que le ofreció la vida en su infancia a través de la trompeta.

Ya desde niño mostró interés en la música y, pese a que su familia no tuvo los recursos suficientes para adquirir su instrumento, siempre se las rebuscó para poder practicar y mejorar día a día.

Con apenas 18 años, ya era una gran promesa del jazz. Fue justamente en 1935 cuando ingresa a la Frankie Fairfar Band, donde recibe el apodo de Dizzy, y escribe sus primeros arreglos.

En sólo cinco años, ya había tocado para músicos destacados como Teddy Hill, Alberto Socarrás, Cab Calloway y, hasta se dio el gusto de grabar con Lionel Hampton. Corría el año 1939, el mismo en que comenzó a visitar con frecuencia el mítico Milton’s Playhouse.

Llamativamente, algunos de sus acontecimientos más relevantes se cuentan de a pares en un mismo año.

Por ejemplo, en 1940 lograría dos hitos musicales muy importantes para él ya que, no sólo es el año en que se graban sus primeras composiciones, sino que también es el que conoce a Charlie Parker, con quién marcaría a fuego el destino del bebop.

De manera encadenada, Parker sería parte de otro de los hitos en su carrera: con él participan de la velada del Massey Hall de Toronto en 1953. (Lea más: La noche en la que sonó por única vez el dream team del bebop)

Justamente, en 1953 también se produciría un caso fortuito: su trompeta se doblaba dejando la campana mirando hacia arriba. Y fue así como este instrumento raro se convierte en una marca distintiva del músico. (Lea más: Una noche la trompeta se dobló y el genio siguió tocando)

Fue un verdadero showman arriba del escenario, ya que contaba con un gran carisma y sabía cómo condimentar con humor cada uno de sus espectáculos.

Sería ridículo intentar mencionar todas las canciones que compuso y las que grabó, ya que fueron muchísimas. Pero sí se puede mencionar las más importantes, como A Night in Tunisia, Salt Peanuts, Pickin’ the Cabbage y Paradiddle.

No hay que olvidar que fue uno de los músicos que se interesa en mezclar el jazz con los ritmos centroamericanos. Algunos de los temas que muestran dicha simpatía son “Manteca”, “Cubana Be, Cubana Bop” y “Tin Tin Deo”.

En su larga carrera grabó y tocó con grandes músicos como con Ella Fitzgerald, Coleman Hawkins, Fletcher Henderson, Earl Hines y Louis Armstrong. Participó, además, de varios cortos y películas.

Este excelente músico también fue por más. Tanto que se animó a participar de las previas en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Quería ser el primer negro en ocupar el lugar más importante en la Casa Blanca. (lea más: Un candidato a presidente con una trompeta bajo el brazo)

En 1992 su vida comenzó a declinar. Incluso, ese año tuvo que suspender su actuación en el Carnegie Hall, donde se conmemorarían sus 75 años de vida.

Dejó este mundo un año después, pero su grandeza quedó perpetuada en la historia del jazz.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com

Un candidato a presidente con una trompeta bajo el brazo

El primer hombre con ascendencia africana que llegó a la presidencia de los Estados Unidos fue Barack Obama.

Parecía imposible que una persona de color pudiera alcanzar el más alto rango en un país donde la segregación racial fue una característica que reinaba sólo unas décadas antes.

Pero ese deseo fue también el de otros. Incluso se inició mucho tiempo antes con un candidato un tanto particular.

Ocurre que en 1963, Dizzy Gillespie -uno de los mejores trompetistas de jazz de la historia y el creador del bebop– lanzó su campaña en medio del descreimiento popular.

La intención de Gillespie era ser uno de los candidatos por el partido demócrata, y competía con quien fue finalmente el presidente del país norteamericano: Lyndon Johnson.

Si bien la campaña tenía un componente humorístico -como la idea de enviar a un astronauta negro al espacio (Diz afirmaba que “tenía intención de ir a la luna”)-, sus propuestas no eran del todo descabelladas.

Uno de sus estandartes era lograr mayores y mejores derechos civiles, haciendo hincapié en la necesidad de erradicar el racismo del mundo de la música y de otros ámbitos.

También proponía implementar una lotería nacional que eliminara o redujera el impuesto sobre la renta, la igualdad de oportunidad laboral y el reconocimiento diplomático de China.

“Un hombre, un vota, ese es mi lema”, remarcaba públicamente. Y, al mismo tiempo, tenía intención de cambiar el nombre de la Casa Blanca por el de Casa del Blues.

Incluso, Jon Hendricks creó la canción de campaña en base a Salt Peanuts uno de los temas de Gillespie.

Las intenciones presidenciales del trompetista incluía también un gabinete de lo más desopilante: Max Roach como ministro de Defensa, Charles Mingus en el Ministerio de la Paz, Louis Armstrong en Agricultura y Duke Ellington sería el ministro de Estado.

Pero la lista no terminaba ahí. Ella Fitzgerald sería la mandamás en Salud, Educación y Bienestar y Peggy Lee en Trabajo.

Por último, para la CIA, proponía a Miles Davis y como jefe de la Biblioteca del Congreso quería a Ray Charles.

Jean Gleason, quien fuera su jefa de campaña, afirmó que no creía que llegara a ser proclamado candidato oficial, pero estaba convencida de que Dizzy era muy inteligente y que conocía muy bien los problemas del mundo.

Lo cierto es que finalmente no alcanzó la popularidad para lograr ser el representante demócrata. Y aunque quiso intentarlo nuevamente en 1972, decidió revocar su deseo tras escuchar a su asesor espiritual.

Gonzalo Chicote.
animalesdeljazz@hotmail.com