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Pipi, sos Gardel

dc8b0f29473029.55f61703c51cdDaniel “Pipi” Piazzolla no para de ganar y su nombre se está convirtiendo, de a poco, en un sinónimo de triunfador. Sea en grupo o en solitario, acompañando o como líder, el nieto de Astor deja bien parado el apellido en cada competición donde participa.

El último galardón fue el Premio Gardel. Esta vez, fue acreedor de la estatuilla por “Transmutación”, el disco que registró junto a su trío para el sello “Club del Disco” a fines del año 2014.

El conjunto, formado por Lucio Balduini (guitarra) y Damián Fogiel (saxo tenor), llevan editados tan solo dos materiales. El primero, fue “Arca Rusa”, que salió a la venta en el 2012 y fue grabado por Epsa Music.

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Jazz con jota, la apuesta que Carmen París presenta en la Argentina

carmen-paris-pregon-pilares-2015Carmen París es una artista española que supo imponer un estilo muy particular a la música folclórica que caracteriza su lugar de origen, dándole a la jota aragonesa pinceladas musicales de lugares remotos como África y América.

Muestra clara de ellos son los discos que lleva registrados desde el 2002, cuando irrumpió en la escena profesional con “Pa’ mi genio” (Warner Music), que no sólo recibió excelentes críticas sino que le valió el premio al mejor álbum de música tradicional.

Luego -también bajo el sello Warner Music- llegaron “Jotera lo serás tu” (2005) e “InCubando” (2008), que ampliaron la mezcla. En estos álbumes la jota se fusionó con el cha-cha-cha, la ranchera, ritmos de La Habana y brasileños.

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El beso de fuego de la mentira

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Ilustración: Viktoria Martín

En 1952 el gran Louis Armstrong interpretó por primera vez el tema Kiss of Fire, una canción que recorrió el mundo y se convirtió en un clásico del trompetista.

La melodía estuvo en el puesto 20 del famoso ranking Billboard en Estados Unidos y fue poco el tiempo que tardó en llegar a la Argentina.

No obstante, grande fue la sorpresa de quienes escucharon la canción ya que encontraron algunas similitudes con el tango El Choclo.

En rigor de verdad, la versión de Armstrong era una copia de la melodía que escribió Ángel Villoldo unos cincuenta años atrás, aunque con algunas diferencias.

Técnicamente quienes firmaron como creadores de la letra y música, Lester Alien y Robert Hill, realizaron una pequeñas modificación en los dos últimos compases de la primera parte.

Además, en la segunda agregaron dos breves frases melódicas conclusivas y eliminaron la tercera parte.

Obviamente la letra de ambos temas difiere considerablemente, aunque quienes escucharon las dos canciones no dudaron al reconocer las semejanzas.

Una vez que fue descubierta la mentira de Alien y Hill, tuvieron que retractarse y terminaron subsanando su error incluyendo en la partitura la autoría de su verdadero creador, Ángel Villoldo.

El disco se popularizó en Estados Unidos en 1955 a través del sello Decca. Y, para cuando llegó a la Argentina, la etiqueta ya incluía como autores al argentino, y a los letristas Enrique Santos Discépolo y Juan Carlos Marambio Catán (quienes incluyeron la letra a la melodía).

Ese mismo año, Kiss of Fire fue la canción que dio nombre a la película homónima, protagonizada por Jack Palance y Barbara Rush.

Un tango más
Pero el tango Kiss of Fire no fue el único que interpretó Armstrong en su basta carrera musical.

En efecto, el gran trompetista de jazz también tocó la canción “Adiós Muchachos”, aquella melodía que popularizó Carlos Gardel.

El tema fue interpretado en ciudad alemana Stuttgart en el año 1959, junto a Trummy Young (trombón), Peanuts Hucko (clarinete), Billy Kyle (piano), Mort Herbert (bajo) y Danny Barcelona (batería).

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com

En memoria del gran Astor

Si hay que definirlo de alguna manera, lo llamaría genio.

Porque sólo una persona así puede revolucionar la materia en la que es idóneo. Existen grandes ejecutantes, incluso muchos que aprenden hasta alcanzar la perfección, pero sólo el genio revoluciona y crea un mundo nuevo sobre algo que parecía dado, fijo, estable.

Ese era Astor Piazzolla. Un músico que supo imponerse en el tango y que logró transformarlo, mutarlo de algo clásico en moderno.

El camino no fue fácil, porque tuvo que enfrentarse a la resistencia. Y era lógico. Quienes manejan la batuta, prefieren el statu quo. La Vieja Guardia intentaba mantener las cosas en tonos ortodoxos.

Los mismísimos Dizzy Gillespie y Charlie Parker sintieron en carne propia las palabras del gran Louis Armstrong que renegaba del bebop e intentaba alejarlo de jazz.

Pero, sin dudas, sus composiciones supieron demostrar que eran la vanguardia del arrabal y que su creador debía ocupar un sitio entre los más reconocidos músicos del género.

Fue un profesional de gran estirpe y tuvo tiempo para todo. Era tan completo que podía tocar a Stravinsky o Ravel, así como acompañar a Carlos Gardel en uno de sus tangos más famosos.

Incluso, se dio tiempo para incursionar en el jazz. Ocurre que sus primeros años de vida lo encontraron en Nueva York, donde el jazz y Bach fueron quienes lo acompañaron en sus pasos iniciales en la música.

Hasta mezcló esos géneros que parecían difíciles de equiparar. Entre 1957 y 1959 grabó dos discos en Estados Unidos de algo que llamó Jazz-Tango. Fueron Jazz Tango. The lathyn rhitms of Astor Piazzolla and his quintet y An Evening in Buenos Aires los álbumes que vieron la luz del día, aunque son tan difíciles de conseguir que quedaron en las tinieblas.

La revancha para los amantes del jazz llegó con Reunión Cumbre (Summit). Tuvieron que pasar 15 años para que otro disco del gran Astor incluyera algo del género sincopado.

En esa ocasión, su acompañante fue Gerry Mulligan, uno de los mejores saxofonistas del jazz, quien en 1974 compartió la autoría del álbum que incluyó 8 temas, una banda de músicos italianos y algunos cortocircuitos entre Piazzolla y el norteamericano.

Hace veinte años, Cierra tus ojos y escucha, Años de soledad, Deus Xango, Veinte años después, Aires de Buenos Aires, Reminiscencia y Reunión cumbre. Ocho melodías que quedaron en la gloria de este magnífico disco.

Se cumplieron ya 20 años de la desaparición del genio. Sin embargo, su lámpara mágica, como un faro en el océano, sigue iluminando a los músicos jóvenes y guiándolos hacia nuevos mundos rítmicos. Y lo seguirá haciendo. Siempre.

Gonzalo Chicote.