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John Hammond: 29 años sin el “cazatalentos” del jazz

102419Un día como hoy, pero de 1987, fallecía el crítico y productor discográfico norteamericano John Hammond, uno de las personas que más luchó por la integración de razas dentro del género sincopado.

Hammond había nacido en cuna de oro. Miembro de una familia acomodada, fue criado en un ambiente lujoso en la parte oriental de la ciudad de Nueva York y desde niño mostró interés por la música.

Sin embargo, no se hizo famoso por su talento musical. Por el contrario, su mayor capital fue la visión para detectar talentos. Y vaya si tenía un gran don para ello, sobre todo, si de músicos de jazz se trataba.

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Llega a la Argentina Robben Ford, un sinónimo de blues y jazz

robben-ford-picJulio será un gran mes para el público aficionado del jazz y el blues. Ocurre que el eximio guitarrista Robben Ford realizará un tour por la Argentina entre el 18 y 22, que incluye tres conciertos y una Guitar Workshop.

El primer evento se realizará en el Teatro Auditorio del centro cultural rosarino “Plataforma Lavardén” (Mendoza 1085, Rosario – Santa Fe). Luego viajará a la Ciudad de Buenos Aires para actuar el 19 en el Teatro Coliseo.

La gira se completa con la presentación en Casino Magic de Neuquén (Teodoro Planas 4005) el 20 de julio y se cierra el 22 en la Capital Federal con la visita a la Escuela de Música de Buenos Aires (Ciudad de la Paz 1831), donde impartirá una Guitar Workshop.

Nacido en 1951 en California (Estados Unidos) e influenciado por una familia de músicos, inició su camino a través del saxofón. Sin embargo, a los 13 años decidió abandonarlo definitivamente y a cambiarlo por la guitarra.

Esto sucedió tras escuchar a dos integrantes de The Paul Butterfield Blues Band: Michael Bloomfield y Elvin Bishop. Pero también se alimentó de otros de la talla de Jimi Hendrix, Eric Clapton, Cream, Led Zeppelin, Albert King y BB King, entre otros.

Su interés por el jazz llegó de la mano de Paul Desmond y The Dave Brubeck Quartet. Luego llegaron otros como Ornette Coleman, Archie Shepp, Yusef Lateef, Roland Kirk, John Coltrane, Wayne Shorter y Miles Davis.

Las vueltas de la vida (y su talento, claro está) hicieron que el mismísimo Davis lo invitara para que forme parte de su orquesta. Corría el año 1986 y el famoso Festival de Montreux tuvo a estos dos monstruos arriba del escenario.

Pero sus colaboraciones no se quedaron allí. Por el contrario, tuvo el privilegio de tocar con otros grandes de la música como George Harrison, Bob Dylan, Dizzy Gillespie y John Scofield, entre muchos otros.

Mención aparte merece los Yellowjackets, aquella banda de jazz fusión que formó en la década del ’80 junto a Russell Ferrante (teclados), Jimmy Haslip (bajo) y Ricky Lawson (batería). La orquesta trascendió al mismo Ford, que sigue sonando pese al alejamiento del guitarrista.

The Inside Story fue uno de los discos que dio origen a esa agrupación. El material fue grabado en 1977 con gran parte de los músicos que luego formarían Yellowjackets, aunque figura como un disco en solitario.

En definitiva, con más de cuatro décadas de carrera y un sinfín de álbumes (entre propios y colaboraciones), el músico norteamericano se convierte en una excelente oportunidad para ver a uno de los mejores guitarristas del mundo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

Las vueltas de la vida sobre un canto rodado

En el itinerario popular, una de las frases que más se repite es la que menciona “las vueltas de la vida”.

Cualquier excusa es buena para pronunciarla. “Me encontré con Arturo, después de 20 años sin verlo, en el mismo lugar de siempre. Lo que son las vueltas de la vida”. Y así hasta el hartazgo.

El mundo del jazz no puede estar exento de esto. Y las relaciones pueden girar de formas raras, pero llegan al mismo lugar.

Un viejo blusmen, Muddy Waters cautivó al público norteamericano con sus sonidos eléctricos, sus bajos Fender y una peculiar forma de tocar la guitarra con una botella de cerveza, produciendo notas que se deslizaban por las canciones.

Esos ruidos fascinantes influyeron directamente en un género que se popularizaría unos años después en el mundo: el rock. Pero sin apresurarnos en el tiempo, podemos decir también que el blues también formó parte de las raíces más profundas del jazz.

En la Chicago de los `40, no había persona que no hablara de McKinley Morganfield (tal era su verdadero nombre) y su fama le permitió que cruzara el Océano Atlántico y visitar Gran Bretaña.

Su gira, realizada en 1958, generó sensación entre las nacientes bandas inglesas. Tanto The Beatles como The Rolling Stones quedaron marcados por esos sonidos eléctricos.

Incluso, algunos especialistas coinciden en que la canción Rolling Stones de Muddy Waters fue la que inspiró a un joven Bob Dylan a escribir Like a Rolling Stone. Pero no sólo eso: también sostienen que inspiró los nombres del grupo liderado por Mick Jagger y el de la revista especializada.

Las vueltas de la vida hicieron que el jazz y el rock se juntaran. Pero no en una fusión, sino en un álbum de la banda inglesa titulado “Devils and Deserts”, que fue grabado el 13 de diciembre de 1981.

La primera canción del disco es, justamente, Take the “A” Train, uno de los temas más famosos del genial pianista Duke Ellington.

Y no fue la única vez. En el álbum “Still Life” grabado en 1982, la melodía previa al tema Under My Thumb también es la de Duke.

De esta manera, el blues dio nacimiento al jazz, inspiró al rock y éste se juntó con el jazz, todo en torno a una sola persona. Y es así, las vueltas de la vida nos pueden llevar a girar arriba de un pequeño canto rodado.

Gonzalo Chicote.