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Adiós, Gato revolucionario

gatoLe decían “gato”, pero perfectamente podrían haberlo llamado “ingeniero”, ya que fue uno de los pocos músicos que logró imponer algo propio en la compleja maquinaria del jazz, esa en la que es más fácil ser una pieza que un creador.

Leandro Barbieri nació en Rosario el 28 de noviembre de 1932. En Santa Fe aprendió a tocar el saxo y a los 12 se fue a vivir a Buenos Aires, siguiendo los pasos de su hermano Rubén (que fue contratado para tocar en la orquesta de René Cóspito).

La primera banda en la que participó profesionalmente fue en “Jazz Casablanca”. Tenía 18 años y un prometedor futuro. En 1953 brilló en la agrupación de Lalo Schifrin, pero necesitaba más. Tanto, que cuando el circuito argentino le quedó chico, decidió cruzar el charco -previo paso por Brasil- y se fue a probar suerte a Italia.

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Disparo al corazón del jazz

Lee MorganLee Morgan no esperaba lo que sucedió en aquella madrugada. Las cosas le iban demasiado bien. Era uno de los músicos más reconocidos del hard bop y con apenas 33 años había grabado discos que se transformaron en verdaderos éxitos de ventas.

Es muy probable que tampoco supiera todo lo que estaba por venir cuando su padre decidió regalarle en su cumpleaños número catorce una trompeta. Ese bronce fue el instrumento que lo llevaría a lo más alto. O, mejor dicho, el que lo acompañaría en su camino, ya que lo que lo transportó a la cumbre fue su técnica.

Con apenas un año de aprendizaje, Lee se había animado a participar de las jam sessions que se organizaban en su natal Philadelphia (Pennsylvania – Estados Unidos). Allí, compartió escenario con otros grandes músicos como Benny Golson y John Coltrane. Claro está, en ese momento ninguno de los dos eran tan conocidos como lo son ahora. Por el contrario, apenas daban sus primeros pasos.

Con Golson se encontró en 1956, cuando Dizzy Gillespie lo contrató para que forme parte de la big band que dirigía. En aquel entonces era sólo un joven que apenas tenía 18 años.

Un año después, su camino lo llevó a Coltrane y a “Blue Train”, el recordado disco que el saxofonista hizo para Blue Note y que contó con la participación de otro de los grandes músicos que dio el jazz: el contrabajista Paul Chambers.

Luego llegaría el momento de ser el que esté al frente de sus propias agrupaciones y de sus registros. Si bien realizó grabaciones para sellos como Savoy Records o Jazzland Records, Blue Note fue la discográfica con la que más trabajos hizo y con la que logró sus mayores reconocimientos.

“Candy” (1957), “The Gigolo” (1965), “Sonic Boom” (1967) y “Live at the Lighthouse” (1970) fueron algunos de los más de veinte álbumes que lanzó en su carrera, aunque el más recordado fue “The Sidewinder” (1963). Este material logró batir todos los récords de venta. Nada mal para un disco de jazz.

En el medio de las grabaciones, tuvo idas y vueltas en las agrupaciones de Art Blakey. En 1958 fue su primer paso en la célebre The Jazz Messengers (donde participó del recordado disco “Moanin’”) y luego volvería trabajar con el baterista casi una década después. Allí permaneció unos dos años, hasta que retomó su carrera como líder finalizando la década del sesenta.

Pero en la cresta de la ola, todo terminó abruptamente. Todo sucedió en la ciudad de Nueva York, en un lugar llamado Slug. La historia no es tan certera en los detalles, como lo fue el disparo a quemarropa que terminó con su vida el 19 de febrero de 1972. Lo que quedó claro fue que Helen, una antigua pareja del trompetista, decidió ponerle fin a su relación con el músico con el revolver que el mismo Morgan le había comprado para su protección.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Horace Silver, el adiós de quien supo marcar una era en el jazz

Horace SilverSu intención era perdurar. Horace Silver pudo haber recordado algunos pendientes en su vida el pasado miércoles 18 de junio antes de fallecer en la ciudad de Nueva York. Pero, seguramente, ese deseo ya no lo preocupaba porque lo había logrado con creces.

Dueño de un talento innegable, supo darle un nuevo rumbo al jazz luego de que el bebop se había instalado como lo más moderno dentro del género sincopado. Fue en la década del 50 cuando lanzó junto al baterista Art Blakey el disco “Horace Silver and the Jazz Messengers”.

También fue partícipe de la movida de soul jazz en 1950, cuando escribió algunos temas con esas características, como “Opus de Funk”, que fue incluido en uno de los álbumes que realizó junto a su trío y el mismo Blakey.

Incluso, sus quintetos (al igual que las formaciones de la Jazz Messengers) eran un lugar propicio para los nuevos talentos musicales, que encontraban allí un lugar para poder desarrollar todo su potencial.

No obstante, lo más trascendental de su carrera fue la relación que tuvo con el sello discográfico Blue Note, con la que compartió casi tres décadas de sesiones, discos y grabaciones.

En el camino, que inició en 1952, registró materiales como “Introducing The Horace Silver Trio”, “The Stylings of Silver”, “You Gotta Take a Little Love” y “Silver’n Strings Play the Music of the Spheres”.

Tanto fue lo que hicieron juntos que Silver llegó a asegurar que no existía el promovido sonido de “Blue Note”, sino que más bien ese sonido debía ser llamado “Horace Silver”.

Uno de los temas más recordados fue “Song for my Father”, una canción que incluye las raíces folklóricas de su padre John Tabares Silva, que nació en Cabo Verde. Y muchas de sus melodías lograron convertirse en standars.

Para el año 1979 decidió abandonar a la discográfica y empezó un camino experimental en la música, aunque no lo llevaría a buen puerto. Al menos así lo manifestaron los críticos del momento.

Ante eso, Silver sólo afirmó que “a lo largo de la vida uno aprende a tomar decisiones y, claro, puede equivocarse, pero siempre debe ser fiel a sí mismo, y yo, puedo decirlo, lo he sido, aunque haya quien no acepte algunas cosas que he hecho”, tal como consignó el País de España.

Su vuelta al hard bop no tardó en llegar y siguió tocando hasta que la artritis que padeció lo terminó alejando cada vez más de los escenarios. Sin embargo, su tarea ya estaba cumplida: hoy lo recordamos como una pieza clave en la historia del jazz.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

James Moody, un exponente de la flauta del jazz

jamesmoodyEn la película “Medianoche en el jardín del bien y del mal”, que fue estrenada en 1997 y tuvo como director y productor a Clint Eastwood, Mr. Glover llama la atención de los espectadores al pasear por las calles un perro invisible.

Lo que muchos desconocen es que ese no era un actor cualquiera, sino que en realidad era James Moody, uno de los grandes talentos que tuvo el jazz y que compartió escenario con el trompetista Dizzy Gillespie.

Nacido en la ciudad de Savannah (Georgia – Estados Unidos) el 26 de marzo de 1925, Moody deslumbró con su talento a los 16 años, cuando arrancó a tocar el saxofón alto primero y el tenor después.

Tuvo también curiosidad por tocar otros instrumentos de viento y fue así como llegó a tocar la flauta traversa. Pero no fue un paso furtivo. Por el contrario, se convirtió en uno de los pocos exponentes de este instrumento en el jazz.

Su carrera tomó impulso cuando formó parte de la big band que organizaba Gillespie. Corría el año 1946, cuando a Dizzy se le ocurrió la maravillosa idea de montar una numerosa orquesta para tocar bebop.

La primera grabación como líder de banda llegó dos años después cuando registró “James Moody and His Modernists” para el sello Blue Note, junto a artistas de la talla de Art Blakey y de Chano Pozo.

A fines de la década del ’40 viaja al Viejo Continente donde realizó varios grabaciones que sobresalieron. Por caso, la versión de “I’m in the Mood for Love” sirvió para que se extendiera su audiencia.

Tanto Francia como Suecia fueron países donde quedaron registrados varios de sus materiales más interesantes, como “James Moody and his Swedish Crowns”, “Moody’s Blues” junto a The Swedish Allstars y “New Sounds from France with James Moody”.

En el año 1952 vuelve a Estados Unidos y realiza varias grabaciones para sellos como Cadet, Chess, Emercy y Prestige durante la década del ’50. Durante ese período estuvo al mando de su propio sexteto que incluía al cantante Eddie Jefferson.

Diez años después, volvía a la orquesta de Gillespie, con la que permaneció hasta 1968. La década del ’70 fue rara. A partir de 1973 se retiró repentinamente de la escena del jazz para dedicarse a trabajar en bandas que animaban los shows de Las Vegas.

En 1980 hizo su regreso triunfal al género sincopado y permaneció allí durante las próximas tres décadas hasta que abandonó este mundo el 9 de diciembre de 2010. Dejó tras de sí más de 60 discos en los que demostró que un instrumento como la flauta traversa puede brindarle mucho al jazz.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

La maravillosa década de Freddie Hubbard

freddiehubbardExisten momentos en los que uno desea que no se terminen nunca. Tal vez, para el trompetista Freddie Hubbard ese sea el caso de la década del ’60.

Ocurre que este músico nacido en Indianápolis el 7 de octubre de 1938, tuvo momentos muy importantes, como la grabación de dos de los discos que quedaron en la historia del free jazz. Hablamos de “Free Jazz”, al lado de Ornette Coleman (Atlantic – 1960) y “Ascencion”, junto a John Coltrane (Impulse – 1965).

Arrancada la década, fue convocado por Coleman para formar parte del álbum. La idea que tenía el saxofonista era, básicamente, registrar en estéreo dos cuartetos y hacerlos sonar juntos. Hubbard formó parte del segundo junto a Eric Dolphy, Charlie Haden y Ed Blackwell. En el otro sonó el mismo Ornette con Don Cherry, Scott LaFaro y Billy Higgins.

El resultado fue un material que marcó los pasos de los monstruos que seguirían con la batuta del free jazz. En efecto, cinco años después Coltrane se embarcaría en la marea de la intensidad. Para ello, juntó a varios músicos y sí, uno de ellos fue Freddie.

Pharoah Sanders, Archie Shepp, Dewey Johnson, John Tchicai, Marion Brown, Art Davis, Jimmy Garrison, McCoy Taylor y Elvin Jones fueron los que acompañaron a Trane y Hubbard en el disco que, según Brown, podía “calentar un departamento en pleno invierno”.

Si bien estar en sólo uno de cualquiera de los álbumes puede ser más que importante como para destacar la década (incluso, toda la vida), el trompetista tiene mucho más para sumar en esos 10 años.

En 1960 tuvo la posibilidad de grabar su primer disco para el sello Blue Note, al que denominó “Open Sesamo”. Con él estuvieron McCoy Taylor (piano), Sam Jones (bajo), Clifford Jarvis (batería) y Tina Brooks (saxo).

Un año después, se dio el gusto de participar junto a Oliver Nelson en “Blues And The Abstract Truth” (donde registró la ya clásica “Stolen Moments”) y de formar parte de una de las agrupaciones que dieron el puntapié inicial del hard bop: la Jazz Messengers de Art Blakey.

Luego, separado de Blakey en 1964, estuvo primero en la grabación de “Out To Lunch” de Dolphy (Blue Note – 1964) y después en “Maiden Voyage” de Herbie Hancock (Blue Note – 1965), hasta que pasó a trabajar junto a la orquesta de Max Roach.

Sus últimos trabajos destacados de la década fueron Backslash (1966) y High Blues Pressure (1967) para el sello Atlantic, con los que consiguió que la crítica lo aclamara. Sobre todo, por su recordada composición “Little Sunflower”, incluida en el primer material.

Llegaron posteriormente otros caminos, como las grabaciones para Columbia Rercords y para CTI, o su participación en VSOP de Hancock. Tras eso, siguieron otros grandes sellos como Pablo, Prestige y Enja. Pero nada se pudo comparar con esa década dorada. Su 1960.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

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