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Carnegie Hall, el concierto donde el jazz se convirtió en adulto

The Famous 1938 Carnegie Hall Jazz ConcertCamino despreocupado por la calle cuando vi detrás de un vidrio el disco del famoso concierto que Benny Goodman hizo en el Carnegie Hall. No era una disquería ni una casa de antigüedades, sino la casa de -imagino- un fanático del jazz. Me acerqué, tomé una foto (la que se ve en la publicación) y me puse a pensar sobre él.

Llegan un montón de recuerdos sobre la obra. ¡Qué importante que fue ese disco para la historia del jazz!. Muchos son los aspectos que lo caracterizaron, pero rescato por sobre todo lo que los críticos y estudiosos resaltaron: en ese 16 de enero de 1938 el jazz cumplió la mayoría de edad. Aquello que se inició en Nueva Orleans ya había evolucionado y ese concierto fue el símbolo de la madurez. Había dejado atrás los pañales para ser reconocido por el público norteamericano.

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NORK: una banda que se adelantó a la Historia

NORKLa New Orleans Rhythm Kings (NORK) fue una banda de músicos blancos que nació en el año 1922 y que, tal como la Original Dixieland Jass Band (ODJB), se animó a hacer jazz en épocas en la que el género era sinónimo de negros.

La agrupación trabajó en un principio bajo el nombre de “The Friar’s Society Orchestra” (ya que se presentaban en el club Friar’s Inn), y comenzó a ganar popularidad entre los aficionados y músicos, entre los que se encontraba (según algunas versiones) el mismo Bix Beiderbecke.

En aquel momento, la NORK estaba formada por Paul Mares (trompeta), George Brunis (trombón), Leon Roppolo (clarinete), Jack Pettis (saxo alto), Elmer Schoebel (piano), Lew Black (banjo), Steve Brown (bajo) y Frank Snyder (batería).

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El jazz de Woody Allen

El director estadounidense Woody Allen es un amante del jazz. Tanto, que casi no pasa ni una sola película en la que sume alguna canción interpretada por los grandes músicos del género sincopado.

Desde “Blue Jasmine” hasta “Radio Days”, pasando por otros films como “Midnight in Paris”, “Hannah and her sisters”, “Annie Hall”, “The Purple Rose of Cairo” y “Melinda & Melinda”, en todas se puede hallar un poco de Duke Ellington, Louis Armstrong o Billie Holiday.

Tanta es la afición del director que hubo quien se animó a hacer una compilación que derivó en una serie de discos donde se juntan unos cuarenta temas de jazz que figuraron como parte de la banda sonora de alguna de sus películas.

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Louis & Bix

Louis ArmstrongLa efeméride junta a Louis Armstrong y a Bix Beiderbecke en esta semana. Ocurre que el nacimiento del primero fue el 4 de agosto, mientras que el fallecimiento del segundo fue el 6 de agosto.

Pero no sólo esta circunstancia los une. Por el contrario, las coincidencias abundan entre estos dos personajes del jazz. El primero y más notorio de ellos es el instrumento porque el que se hicieron famosos. Hablamos, claro está, de la trompeta.

También los iguala el talento. Con mucha probabilidad la mayoría reconozca a Louis (o Sachmo o Pops, como lo llamaron a lo largo de su carrera) como uno de los sinónimos del género sincopado.

Sin dudas que tiene méritos de sobra para que así sea. Por caso, formó parte de tres agrupaciones que fueron un verdadero furor y que se hicieron un nombre en los anales del jazz. En efecto, participó de las bandas de King Oliver, Kid Ory y Fletcher Henderson.

No pueden quedar fuera también las grabaciones que realizó al frente de los Hot Five y los Hot Seven que se convirtieron en discos indispensables en la historia del género, con músicos de la talla de Earl Hines, Johnny y Baby Dodds y Johnny St Cry, entre otros.

Bix BeiderbeckeSin embargo, también Bix supo hacerse un lugar. Autodidacta, sorprendió al público desde la banda de Indiana (que fue llamada “The Wolverines” en honor al famoso tema de Jelly Roll Morton “Wolverine Blues”) con apenas 20 años.

En los años ‘20 fue considerado como uno de los estandartes del denominado “estilo Chicago” (movimiento que predominaba en esa época) y señalado por algunos críticos como el pionero del cool jazz.

Las grabaciones más recordadas fueron realizadas junto al saxofonista Frankie Trumbauer y con su propia agrupación que se hacía llamar Bix Beiderbecke and his Rhythm Jugglers. También es recordado su paso por al orquesta de Paul Whiteman.

El respeto que existía era mutuo. Prueba de ello es que Armstrong se haya negado a interpretar la canción “Singin’ The Blues” ya que pensaba que el solo de Bix no podía mejorarse.

No obstante, también existen cosas que los separaron como su forma de tocar la trompeta. Mientras Louis era explosivo, Bix era más bien intimista y tranquilo en su forma de ejecutar el instrumento.

Además, los excesos que Beiderbecke tenía con el alcohol (que lo llevaron a una prematura muerte con tan sólo 28 años de edad) no se condecían con el saludable Sachmo.

Lo que tal vez es más triste es que ellos -pese a que reconocían en el otro a uno de los mejores trompetistas- nunca pudieron darse el gusto (y dárselo también al mundo entero) de grabar un disco juntos.

La absurda segregación impidió, incluso, que estos geniales músicos pudieran compartir un escenario para el deleite del público de aquellos años. Aunque una vieja leyenda asegura que al menos pudieron hacerlo a puertas cerradas en un local del sur de Chicago.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

La tiza del jazz

CortazarA treinta años del fallecimiento de Julio Cortázar, es casi una obligación escribir unas líneas que hagan referencia a uno de los escritores argentinos que más tinta destinó a transmitir jazz en sus textos.

Tal vez, a la hora de arriesgar un nombre de una de sus obras que habla del género, llegue rápido a la cabeza el cuento “El Perseguidor” que narra los avatares, marchas y contramarchas de un saxofonista cuyo nombre era Johny Carter. Aunque todos saben que ese músico era Charlie Parker.

Personajes reales se mezclaban con los ficticios y todos mostraban una comunión que es muy difícil encontrar en cualquier texto. Narraba en un fragmento: “…llevábamos yo creo que una hora dándole a lo mismo, solos, tan felices… Miles tocó algo tan hermoso que casi me tira de la silla, y entonces me largué, cerré los ojos, volaba. Bruno, te juro que volaba… Me oía como si desde un sitio lejanísimo pero dentro de mí mismo, al lado de mí mismo, alguien estuviera de pie… No exactamente alguien… Mira la botella, es increíble cómo cabecea… No era alguien, uno busca comparaciones… Era la seguridad, el encuentro, como en algunos sueños, ¿no te parece?, cuando todo está resuelto, Lan y las chicas te esperan con un pavo al horno, en el auto no atrapas ninguna luz roja, todo va dulce como una bola de billar. Y lo que había a mi lado era como yo mismo pero sin ocupar ningún sitio, sin estar en Nueva York, y sobre todo sin tiempo, sin que después… sin que hubiera después… Por un rato no hubo más que siempre… Y yo no sabía que era mentira, que eso ocurría porque estaba perdido en la música, y que apenas acabara de tocar, porque al fin y al cabo alguna vez tenía que dejar que el pobre Hal se quitara las ganas en el piano, en ese mismo instante me caería de cabeza en mí mismo…”.

No obstante, muchos señalan a una de las obras cumbres de Cortázar como el texto que más destina al jazz. Y, en efecto, hay tanto que encontrar en las páginas de Rayuela que Pilar Peyrats Lasuén tuvo una idea genial: lanzar un libro en el que junte los fragmentos de la novela donde se mencione a músicos del género junto a un CD con los temas de los autores señalados.

Fue así como nació, en 2001, “Jazzuela – Le jazz dans marelle de Julio Cortázar” de la mano de la editorial Satélite K. Un material que incluye 20 canciones de grandes como Duke Ellington, Coleman Hawkins, Bix Beiderbecke, Jelly Roll Morton y Louis Armstrong.

Así se pueden encontrar temas como “Hot and bothered” y “It don’t mean thing” del pianista nacido en Washington, “Body and Soul” del saxofonista tenor más importante de la vieja guardia jazzística o “Yellow dog blues” y “Mahogany hall stomp” de Sachmo.

También se incluyen temas de la cantante Bessie Smith (Baby doll y Empty bed blues), de la orquesta de Frank Trumbauer (I´m coming Virginia) y de las bandas The Chocolate Dandies (Blues interlude), Warning’s Pennsylvanians (Stack O’Lee blues) y Georgia Jazz Band (Jelly Beans Blues).

Llamativamente, el libro-CD no incluye ninguna melodía de Charlie Parker, quien fuera la estrella de “El Perseguidor”. Sin embargo, los 69 minutos de duración del disco y las 144 páginas del material escrito es recomendable para quienes quieran disfrutar de dos maravillas: la mano del escritor y el jazz.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

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