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Esos locos instrumentos

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Sin dudas que los músicos guardan un particular aprecio por sus instrumentos.

Anécdotas se pueden encontrar de a montón. Hace unos años, por ejemplo, Walter Malosetti estaba siendo ayudado para bajar por una rampa en el Centro Cultural Recoleta, mientras sostenía con tenacidad su guitarra.

Un cronista se le acercó para ayudarlo y le sugirió que le permita sostener el instrumento para que le sea más cómodo transitar, a lo que Malosetti contestó: “la guitarra no la entrego. Si quiere, le dejo a mi mujer”.

Muchos, incluso, hasta sienten la necesidad de ser únicos y, por eso, buscan tocar con ediciones limitadas que fabrican las empresas.

Por caso, Miles Davis fue un precursor en eso de salir a escena con una trompeta con colores que sorprendieron a su público.

Hace casi treinta años, en el Festival de Jazz de Barcelona de 1984, Miles posó con un bronce negro que fue furor entre los españoles y hasta la prensa dedicó artículos enteros a ese detalle.

Lo mismo se repitió en el año 1992, cuando Davis se mostró en el álbum Doo-bop (editado por la Warner Bros.) posando junto a una trompeta de color, aunque en este caso fue roja.

Pero el caso de Miles no es el único. Otros músicos, terminan tocando instrumentos que, probablemente, ninguno pueda utilizar jamás.

Ese es el caso de Pat Metheny y su guitarra Pikasso. Este instrumento es único en su especie y fue confeccionado por la luthier canadiense Linda Manzer y tiene la particularidad de tener 42 cuerdas y tres mástiles.

Metheny utilizó la Pikasso en diversos espectáculos y discos, interpretando con ella el tema “Into the Dream”.

Casi sin querer, otro de los músicos de jazz que sorprendió con su instrumento fue Charlie Parker.

Se puede decir que Bird no era un verdadero protector de su saxo alto, sino todo lo contrario: nunca los conservaba porque, por lo general, terminaba empeñándolo para hacerse de dinero.

La cuestión es que, en el famoso concierto realizado en el Massey Hall de Toronto, Parker se presentó a tocar sin instrumento. Los organizadores salieron a buscar algún saxo y sólo encontraron uno de plástico. Sí, leyeron bien: el saxofón era de plástico.

Eso, igualmente no arruinó la velada que reunió, por única vez en la historia, al dream team bebop (Parker, Dizzy Gillespie, Bud Powell, Max Roach y Charles Mingus).

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

La noche en la que sonó por única vez el dream team del bebop

the quintetEn uno de los tantos bares de la calle 52 de Harlem (Nueva York) se gestó el bebop. Fue exactamente el Minton’s Playhouse, aquel lugar que creó Henry Minton, quien vio nacer a uno de los géneros del jazz.

Allí, varios músicos pusieron en marcha esta movida, entre los que se destacaron Dizzy Gillespie y Charlie Parker. Y también aparecieron en escena Max Roach, Charles Mingus y Bud Powell, entre otros.

Sin embargo, aquel movimiento que se gestó en la década del ‘40, tuvo su momento cumbre más de diez años después. Más precisamente, el 15 de mayo de 1953.

Y fue muy lejos de la Nueva York natal. Incluso, fue más allá de las fronteras del país creador del jazz.

Ocurre que fue el Massey Hall de Toronto quien recibió a estos cinco gigantes del bebop para ofrecer un espectacular concierto, que tuvo mucho más que música en su historia.

La idea del show era juntar fondos para beneficencia, pero esa misma noche la pelea de Rocky Marciano se llevó gran parte de la audiencia y de los músicos. Sí, dice músicos.

Es que Gillespie era un fanático del box y miró parte de la contienda fuera del escenario, esperando terminar cada sólo para correr a ver cómo continuaba el combate.

Pero no fue lo único raro del concierto. Ese día, Parker apareció sin instrumento para tocar ya que lo había empeñado para darle cuerda a su adicción a las drogas.

imagesFue así como tuvieron que salir a buscar uno y lo encontraron. Aunque era un tanto peculiar: el Grafton que utilizó tenía el cuerpo y la campana hechos de plástico. Eso igual no fue un impedimento para que sonara de lujo.

Otro de los detalles con los que contó este espectáculo fue la presencia de un embriagado Powell, que volvía de una temporada en el instituto de salud mental.

Como si fuera poco, la escasa concurrencia hizo que casi todos los músicos no vieron ni un centavo de lo que les prometieron para tocar. Sólo Bird cobró sus pagarés, ya que desconfió de los organizadores y les hizo garantizar con su patrimonio el pago.

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Pese a todo ello, el concierto tuvo algo que nadie esperaba: fue registrado y convertido a disco posteriormente, gracias a la astucia de Mingus que llevó un grabador. Es que el contrabajista tenía intenciones de sacar un álbum con su sello Debut.

El material fue espectacular ya que fue la única vez que estos músicos fueron capturados juntos en vivo. Originalmente, incluyó seis temas: Perdido, Salt Peanuts, All The Things You Are, Wee, Hot House y A Nigth In Tunisia.

El disco se llamó The Quintet – Jazz in the Massey Hall, pero en el 2004 fue reeditado con un total de 14 canciones, bajo el nombre de Complete Jazz at Massey Hall.

A las melodías del álbum original fueron sumados un solo de batería de Roach y las temas Cherokee, 52nd Street Theme, Embraceable You, Hallelujah, Sure Thing, Lullaby of Birdland y I’ve Got You Under My Skin.

En 1995 el disco fue incluido dentro del Salón de la Fama del Grammy. Un premio verdaderamente merecido.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Un niño en el cuerpo de un grande

Uno de los músicos que más aportó al jazz fue Charlie Parker.

Basta recordar que -junto con Dizzy Gillespie, Max Roach y Thelonious Monk– fue uno de los creadores del bebop, como para confirmarlo.

Aunque existen muchas otras muestras de su talento, que exceden las magnánimas noches del Milton’s Playhouse de la década del ’40, ya que su grandeza era reconocido por artistas y críticos por igual.

Por ejemplo, Harold Baker, trompetista por más de dos años en la banda de Duke Ellington, afirmó que Bird (tal como se lo conocía) era el único que podía tocar la misma melodía dos o tres veces más rápido que cualquier otro músico.

En tanto que Miles Davis (otros de los grandes del género) fue contundente al hablar de él: “Louis Armstrong y Charlie Parker, esa es la historia del jazz”, disparó.

Sobre el escenario, era un verdadero showman. Porque no sólo demostraba su talento, sino que además, se encargaba de hacer chistes tras cada acto.

Y era capaz de poner en el intervalo un espectáculo horroroso. “Luego de que terminen, van a pedir a gritos que regresemos”, se justificaba. Como si hiciera falta algo malo para escucharlo nuevamente.

Pero, en su vida privada, parecía que el genio que poseía se diluía con cada acto.

Nunca fue un virtuoso para los negocios, y no sólo eso, sino que cada vez que pudo ganar un billete, lo despilfarraba con sus amigos. Era capaz de invitar todas las rondas de una juerga, como si le sobrara el dinero.

Tampoco tenía una relación carnal con sus instrumentos. Muchos son los que les ponen nombres, los cuidan, los arreglan y buscan cada tanto hacerles aquellos cambios que les sirvan para hacerlos sonar de un modo único.

Sin embargo, a Bird no le interesaba. Incluso, muchas veces los empeñaba para saciar sus vicios. Otras tantas lo extraviaba en algún lugar o los olvidaba en los trenes. Es que podía tocar con cualquiera por igual. Tenía tanto talento que hasta hizo sonar un saxofón de plástico del mismo modo que uno de bronce.

Como muchos artistas de la época, Parker tuvo serios problemas con las drogas y con el alcohol. Un paso por el Hospital Camarillo da cuenta de la gravedad de su situación. Ya curado, creó Relaxin at Camarillo:

La única razón por la que Bird no realizó otros temas iguales fue porque no era un artista que se repitiera una y otra vez. Si bien salió perfecto del hospital, su salud comenzó a quebrantarse.

Esas irresponsabilidades lo convertían en un niño descuidado, que lo único que buscaba era un poco de cariño. “Basta con un suave aplauso”, solía decir cada vez que terminaba de tocar.

Los vicios siguieron, la plata siempre faltó, y sin dinero para pagar el tratamiento de su hija, Parker tuvo que enfrentarse a la muerte por primera vez en años: la pequeña Pree murió de neumonía en 1953.

Luego llegaron los intentos de suicidio. Para aquel entonces, ya no era el mismo Bird. Su vida era un infierno y no quería tolerarlo. Todo 1954 fue destinado a girar de un hospital a otro.

Para 1955, ya estaba todo dicho. Aunque nadie quisiera creerlo. Charlie Parker, ese niño de gran sonrisa, fue encontrado muerto mirando un espectáculo cómico por televisión en un hotel de Nueva York.

Lo curioso, fue que cuando llegó el médico, hizo constar en su registro que el paciente tenía entre 50 y 60 años. El 12 de marzo de ese año, Bird sólo tenía 34 años.

Gonzalo Chicote