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Una sana costumbre

EscalandrumNo deja de sorprender.

Hace un año y medio -aproximadamente- los que disfrutamos del jazz local festejábamos que Escalandrum recibiera un premio tan importante como el Gardel de Oro.

Y no era para menos, debido a que no es común que los grandes aparatos premien a estilos musicales que no son comúnmente escuchados en las radios de mayor audiencia y mucho menos que sean vistos en los canales de aire.

Ahora, llegó el momento de otro premio, aunque esta vez recayó en el líder de la banda. Ocurre que Daniel “Pipi” Piazzolla fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

La distinción fue otorgada por el diputado Hernán Rossi en un acto realizado en el Salón San Martín de la Legislatura porteña el pasado jueves (24 de junio).

Al momento de la entrega del diploma, Rossi aseguró que Pipi “interpreta y honra a Piazzolla y no le pesa porque su arte está a la altura de las circunstancias”, en tanto que el músico agradeció el “reconocimiento y el compromiso de quienes lo promovieron y hasta vinieron a nuestros ensayos”.

También hizo lugar en su discurso a la banda que integra, al señalar que integra “un grupo que tiene los pies sobre la Tierra porque trabajamos muy duro y empezamos tocando donde nos era posible, nunca quisimos perder la esencia”, según informó
Parlamentario.com.

En el medio, fueron muchas las cosas buenas que le sucedieron al nieto de Astor. Por caso, Escalandrum se presentó en el Festival de Montreal, uno de los eventos de jazz más importantes del Mundo.

También, junto a su trío compuesto por el guitarrista Lucio Balduini y el saxofonista Damián Fogiel, formó parte del primer “Festival del Nuevo Jazz Argentino” (organizado por el Boris Club) el pasado 30 de abril.

Por último, se puede mencionar la segunda presentación que realizó con Escalandrum junto a Elena Roger en el Teatro Coliseo. Fue en el marco del “Verano Italiano”, organizado por el Ministerio de Cultura porteño.

Allí, los músicos interpretaron clásicos de Astor Piazzolla y hasta se dieron el gusto de interpretar varias canciones italianas, para el deleite de un público que terminó aplaudiéndolos de pie.

Esperamos que los éxitos continúen y que el próximo festejo del quinceavo aniversario (que se festejará en agosto próximo también en el Teatro Coliseo) se repita por muchos años más.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

¿Quién dijo que las segundas partes son malas?

Tuvieron que pasar muchos años y corrió el agua debajo del puente.

Hacía tiempo que había abandonado su Nueva York natal, para crecer en Philadelphia, y volver unos años después como músico.

También dejó en el camino el piano y los saxofones soprano y tenor, porque cuando descubrió el barítono supo que era “su” instrumento.

Parecía olvidado el tiempo en que, con menos de veinte años, empezaba a consagrarse como arreglista en la banda de Claude Thornhill. Estaba de vuelta en Nueva York pero no por mucho tiempo.

Estuvo también con Gene Krupa y con Bill Evans. Era tiempo de aprender de los grandes y de lograr un matiz clásico. Fue ahí cuando Gerry Mulligan encontró su lugar en algo que era más refinado y relajado del bebop imperante.

Hasta que llegó el momento de Birth of the Cool. Miles Davis decidió por fines de 1949 y principios de 1950 incluir sus temas y sus arreglos. Y concretaron juntos la instalación del cool como contrapunto del género impulsado por Dizzy Gillespie y Charlie Parker.

Fue un álbum grabado por el sello Capitol que quedó en el recuerdo de los amantes de ese género del jazz que Mulligan impulsó.

Luego Gerry viajó a lo largo de Estados Unidos. Del Este al Oeste, a Los Ángeles. Rompió las noches del Haig junto a Chet Baker. Y las drogas lo doblegaron a él.

Después llegó el tiempo de las big band. Eran los sesenta y sus giras con su Concert Jazz Band eran un clásico, aunque también era necesario alternar de vez en cuando con pequeños grupos.

En los setenta estaba preparado para los retos. Fue así como aceptó grabar con Charles Mingus en 1972, alguien con quien no parecía tener mucha afinidad musical. ¿Qué más lejos se puede llegar?: mucho. Dos años después, llegó el turno de Reunión Cumbre, con Astor Piazzolla.

Y llegó el día del reencuentro. Porque como quiso volver a las fuentes, después de tanto camino recorrido.

Incluso, lo discutió con su creador y había obtenido el visto bueno para hacerlo. Pero Davis no llegó a concretar el proyecto con él.

El disco se llamó Rebirth of the Cool. Y aunque no fueron los mismos músicos, el disco fue una joya.

En esta oportunidad Wallace Roney reemplazó a Miles en la trompeta. Lo mismo hicieron John Clark (corno francés), Dave Bargeron (trombón), Dean Johnson (bajo), Ron Vincent (batería) y Mel Tormé (voz en Darn That Dream). Del original, sólo John Lewis (piano) y Bill Barber (tuba) conservaron sus puestos.

http://www.youtube.com/watch?v=LoNxPG9BugE

Fue grabado en 1991 y salió a la venta un año después de la mano del sello GRS. Incluía los mismos doce temas (Israel, Deception, Move, Rouge, Rocker, Godchild, Moon Dreams, Venus de Milo, Budo, Boplicity, Darn That Dream y Jeru), aunque en un orden distinto al original.

El álbum se convirtió en un preciado tesoro para aquellos amantes del jazz que vieron consolidar el cool en 1949 y lo escucharon renacer con este nuevo material grabado nada más que 38 años después.

Estaba más viejo y cansado. Pero antes de su muerte (que llegó en 1996), Mulligan se pudo dar el lujo de ver su mejor material otra vez en el ruedo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Y llegó el día en que el jazz argentino se convirtió en oro

Parecía lejano.

Incluso muchos nunca hubiesen arriesgado que alguna vez el jazz le ganaría a los géneros musicales más enraizados en el oído de los argentinos, como el rock & pop, el tango o el folklore.

Sin embargo, el día llegó.

Ocurre que en la última entrega de los Premios Gardel, organizados por al Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF), decidieron otorgarle el máximo galardón a Escalandrum.

En efecto, el Gardel de Oro fue para la banda que dirige Daniel “Pipi” Piazzolla y que está formada -además del nieto del gran Astor- por Gustavo Musso (saxos alto y soprano), Damián Fogiel (saxo tenor), Mariano Sivori (contrabajo), Nicolás Guerschberg (piano) y Martín Pantyrer (saxo barítono y clarinete bajo).

De esta manera, la Usina del Arte -sede del evento- se llenó de jazz y coronó al género sincopado en la noche del 7 de noviembre de 2012.

Como si fuera poco, el conjunto se hizo también de otros tres premios más gracias al disco “Piazzolla plays Piazzolla” que acumuló una estatuilla por Mejor Álbum de Jazz, otra por Producción del Año y la tercera por Álbum del Año.

Escalandrum: un ritual con mucha música
Tal como lo explica el portal del “Pipi” (http://www.danielpipipiazzolla.com/), Escalandrum nació en el 1999, por inicia de propio Daniel.

El nombre surgió de la combinación de dos palabras: escalandrún y drum.

La primera es la denominación de una especie argentina de tiburón que “Pipi” pesca con su padre Daniel y que fue una actividad familiar que inició su abuelo, el gran Astor Piazzolla.

En tanto que drum, es la traducción de “tambor” en inglés y es la palabra que se utiliza para mencionar a los bateristas y es la posición que ocupa el “Pipi” en la formación.

El conjunto grabó su primer disco en el 2000 (Bar los amigos), que poseía marcadas influencias del latin jazz y tuvo una muy buena recepción por parte de la prensa local.

Luego llegaron “Estados alterados” (2002), “Sexteto en movimiento” (2004), “Misterioso” (2006) y “Visiones” (2008), hasta llegar a “Piazzolla plays Piazzolla”, su multipremiado álbum.

La sana costumbre de ganar
Sin dudas que para el joven Piazzolla fue un orgullo recibir el máximo galardón de los Premios Gardel.

Pero no hay que dejar de mencionar que el baterista recibió múltiples nominaciones a los Grammys y Grammys Latinos por su trabajo junto a María Estela Monti, a Pablo Aslan y con Escalandrum.

Además, ya fue acreedor de un Premio Gardel por su labor con Carlos Cutaia en 2004. Eso sin contar el Premio Konex que recibió con Escalandrum en el año 2005, así como el Baterista de Jazz del Año, galardón entregado por diario La Nación en 2008.

Por último, no puede dejarse afuera la nominación al Latin Grammy que el Pipi recibió con Escalandrum el año pasado.

El talento y el reconocimiento están. Por eso esperamos que se haga una sana costumbre.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

En memoria del gran Astor

Si hay que definirlo de alguna manera, lo llamaría genio.

Porque sólo una persona así puede revolucionar la materia en la que es idóneo. Existen grandes ejecutantes, incluso muchos que aprenden hasta alcanzar la perfección, pero sólo el genio revoluciona y crea un mundo nuevo sobre algo que parecía dado, fijo, estable.

Ese era Astor Piazzolla. Un músico que supo imponerse en el tango y que logró transformarlo, mutarlo de algo clásico en moderno.

El camino no fue fácil, porque tuvo que enfrentarse a la resistencia. Y era lógico. Quienes manejan la batuta, prefieren el statu quo. La Vieja Guardia intentaba mantener las cosas en tonos ortodoxos.

Los mismísimos Dizzy Gillespie y Charlie Parker sintieron en carne propia las palabras del gran Louis Armstrong que renegaba del bebop e intentaba alejarlo de jazz.

Pero, sin dudas, sus composiciones supieron demostrar que eran la vanguardia del arrabal y que su creador debía ocupar un sitio entre los más reconocidos músicos del género.

Fue un profesional de gran estirpe y tuvo tiempo para todo. Era tan completo que podía tocar a Stravinsky o Ravel, así como acompañar a Carlos Gardel en uno de sus tangos más famosos.

Incluso, se dio tiempo para incursionar en el jazz. Ocurre que sus primeros años de vida lo encontraron en Nueva York, donde el jazz y Bach fueron quienes lo acompañaron en sus pasos iniciales en la música.

Hasta mezcló esos géneros que parecían difíciles de equiparar. Entre 1957 y 1959 grabó dos discos en Estados Unidos de algo que llamó Jazz-Tango. Fueron Jazz Tango. The lathyn rhitms of Astor Piazzolla and his quintet y An Evening in Buenos Aires los álbumes que vieron la luz del día, aunque son tan difíciles de conseguir que quedaron en las tinieblas.

La revancha para los amantes del jazz llegó con Reunión Cumbre (Summit). Tuvieron que pasar 15 años para que otro disco del gran Astor incluyera algo del género sincopado.

En esa ocasión, su acompañante fue Gerry Mulligan, uno de los mejores saxofonistas del jazz, quien en 1974 compartió la autoría del álbum que incluyó 8 temas, una banda de músicos italianos y algunos cortocircuitos entre Piazzolla y el norteamericano.

Hace veinte años, Cierra tus ojos y escucha, Años de soledad, Deus Xango, Veinte años después, Aires de Buenos Aires, Reminiscencia y Reunión cumbre. Ocho melodías que quedaron en la gloria de este magnífico disco.

Se cumplieron ya 20 años de la desaparición del genio. Sin embargo, su lámpara mágica, como un faro en el océano, sigue iluminando a los músicos jóvenes y guiándolos hacia nuevos mundos rítmicos. Y lo seguirá haciendo. Siempre.

Gonzalo Chicote.

Una Reunión Cumbre en el Coliseo

El Teatro Coliseo fue el escenario elegido por Jorge Navarro, Gustavo Bergalli, Luis Salinas, Rubén Rada, Alex Acuña y Francisco Fattorusso para montar la versión moderna de Reunión Cumbre.

Puede que el nombre haya sonado pretencioso en algunos oídos, si se tiene en cuenta que así se llamó el disco que grabaron juntos en 1974 dos grandes: Astor Piazzolla y Gerry Mulligan.

No obstante, nadie puede quitarles mérito a estos grandes músicos que brindaron un espectáculo de lujo donde no faltó absolutamente nada.

Los amantes del jazz se fueron complacidos con las propuestas realizadas por Navarro y Bergalli. Sobre todo, por la excelente versión de Cantaloupe Island, donde la trompeta sobresalió con la magnificencia que nos tiene acostumbrados.

Quienes fueron a escuchar a Rada, se llevaron una versión no tan dicharachera, pero que se mostró sólida detrás de las congas y con la voz en Me pá y Botija de mi país. Incluso, se dio el gusto de cantar Anclao en París en dúo con Salinas.

Pero no fue el único tango que sonó. También hubo lugar para una versión de El día que me quieras que no tuvo desperdicio, donde se lucieron Gustavo y Luis.

Si se habla de Salinas, no se puede dejar de lado la brillante versión del tema Ahí va y Contigo a la distancia. No es para menos. Contar con músicos de la talla de Alex Acuña y Francisco Fattorusso como acompañantes, sin dudas ayuda a que las cosas salgan muy bien. Sus solos, además, fueron magnánimos.

En resumen, una combinación de músicos que nunca habían tocado juntos, pero que se conocían, que compartían amistad y que, por sobre todas las cosas, se admiraban. Respeto y talento. Una mezcla que se contempló en el escenario.

Mención aparte merece hablar de Salinas. No de Luis, sino de Juan, su hijo. ¿Quién no soñó con debutar en una cancha de fútbol con Messi, Ronaldo y Neymar como compañeros?. Bueno, eso fue lo que hizo Juan. Tocó con los mejores, y cerró el espectáculo.

Esperemos, los más jóvenes, una nueva versión de Reunión Cumbre en unos años. Y ya sabremos que uno de los integrantes puede ser, sin dudas, el pequeño Juan.

Gonzalo Chicote.

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