Etiqueta: Art Blakey (página 1 de 3)

Branford Marsalis: el cierre ideal para un festival de lujo

20151115_191956Si bien hubo muchos espectáculos en la última jornada del Festival “Buenos Ares Jazz.15”, la atención del público estaba centrada en el Teatro Colón y no sólo porque se trata de la sala más importante del país, sino también porque se presentaba Branford Marsalis.

El saxofonista estadounidense es, sin lugar a dudas, una de las joyas vivientes del jazz y su trayectoria es intachable: compartió escenario con grandes leyendas como Miles Davis, Dizzy Gillespie, Herbie Hancock y Sonny Rollins y su camino como líder cuenta con más de 30 discos editados.

Eso sin contar los numerosos premios que recibió, aunque él considera que “son sólo estaciones de paso a lo largo de lo que sigue siendo uno de los viajes más fascinantes y gratificantes en el mundo de la música”. Seguir leyendo

Navidades tristes para el jazz

Buddy DeFrancoEl pasado 24 de diciembre, a sólo unas horas de la llegada de la Navidad, falleció el clarinetista de jazz Buddy DeFranco en Panama City (Florida – Estados Unidos), conocido por sus aportes en las bandas de Count Basie y Glenn Miller.

Si bien nació en New Jersey (el 17 de febrero de 1923), el músico estadounidense comenzó su vínculo con el instrumento que lo llevaría a la fama en Philadelphia a la temprana edad de 9 años y a los 14 ya había sido acreedor del máximo galardón en el Tommy Dorsey Swing.

El salto a la fama llegó luego de su aparición en el Saturday Night Swing Club -donde compartió protagonismo junto a un baterista jovencito llamado Gene Krupa-, ya que fue descubierto por Jonnhy “Scat” Davis y emprendió una gira con él en 1939.

Seguir leyendo

Disparo al corazón del jazz

Lee MorganLee Morgan no esperaba lo que sucedió en aquella madrugada. Las cosas le iban demasiado bien. Era uno de los músicos más reconocidos del hard bop y con apenas 33 años había grabado discos que se transformaron en verdaderos éxitos de ventas.

Es muy probable que tampoco supiera todo lo que estaba por venir cuando su padre decidió regalarle en su cumpleaños número catorce una trompeta. Ese bronce fue el instrumento que lo llevaría a lo más alto. O, mejor dicho, el que lo acompañaría en su camino, ya que lo que lo transportó a la cumbre fue su técnica.

Con apenas un año de aprendizaje, Lee se había animado a participar de las jam sessions que se organizaban en su natal Philadelphia (Pennsylvania – Estados Unidos). Allí, compartió escenario con otros grandes músicos como Benny Golson y John Coltrane. Claro está, en ese momento ninguno de los dos eran tan conocidos como lo son ahora. Por el contrario, apenas daban sus primeros pasos.

Con Golson se encontró en 1956, cuando Dizzy Gillespie lo contrató para que forme parte de la big band que dirigía. En aquel entonces era sólo un joven que apenas tenía 18 años.

Un año después, su camino lo llevó a Coltrane y a “Blue Train”, el recordado disco que el saxofonista hizo para Blue Note y que contó con la participación de otro de los grandes músicos que dio el jazz: el contrabajista Paul Chambers.

Luego llegaría el momento de ser el que esté al frente de sus propias agrupaciones y de sus registros. Si bien realizó grabaciones para sellos como Savoy Records o Jazzland Records, Blue Note fue la discográfica con la que más trabajos hizo y con la que logró sus mayores reconocimientos.

“Candy” (1957), “The Gigolo” (1965), “Sonic Boom” (1967) y “Live at the Lighthouse” (1970) fueron algunos de los más de veinte álbumes que lanzó en su carrera, aunque el más recordado fue “The Sidewinder” (1963). Este material logró batir todos los récords de venta. Nada mal para un disco de jazz.

En el medio de las grabaciones, tuvo idas y vueltas en las agrupaciones de Art Blakey. En 1958 fue su primer paso en la célebre The Jazz Messengers (donde participó del recordado disco “Moanin’”) y luego volvería trabajar con el baterista casi una década después. Allí permaneció unos dos años, hasta que retomó su carrera como líder finalizando la década del sesenta.

Pero en la cresta de la ola, todo terminó abruptamente. Todo sucedió en la ciudad de Nueva York, en un lugar llamado Slug. La historia no es tan certera en los detalles, como lo fue el disparo a quemarropa que terminó con su vida el 19 de febrero de 1972. Lo que quedó claro fue que Helen, una antigua pareja del trompetista, decidió ponerle fin a su relación con el músico con el revolver que el mismo Morgan le había comprado para su protección.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Horace Silver, el adiós de quien supo marcar una era en el jazz

Horace SilverSu intención era perdurar. Horace Silver pudo haber recordado algunos pendientes en su vida el pasado miércoles 18 de junio antes de fallecer en la ciudad de Nueva York. Pero, seguramente, ese deseo ya no lo preocupaba porque lo había logrado con creces.

Dueño de un talento innegable, supo darle un nuevo rumbo al jazz luego de que el bebop se había instalado como lo más moderno dentro del género sincopado. Fue en la década del 50 cuando lanzó junto al baterista Art Blakey el disco “Horace Silver and the Jazz Messengers”.

También fue partícipe de la movida de soul jazz en 1950, cuando escribió algunos temas con esas características, como “Opus de Funk”, que fue incluido en uno de los álbumes que realizó junto a su trío y el mismo Blakey.

Incluso, sus quintetos (al igual que las formaciones de la Jazz Messengers) eran un lugar propicio para los nuevos talentos musicales, que encontraban allí un lugar para poder desarrollar todo su potencial.

No obstante, lo más trascendental de su carrera fue la relación que tuvo con el sello discográfico Blue Note, con la que compartió casi tres décadas de sesiones, discos y grabaciones.

En el camino, que inició en 1952, registró materiales como “Introducing The Horace Silver Trio”, “The Stylings of Silver”, “You Gotta Take a Little Love” y “Silver’n Strings Play the Music of the Spheres”.

Tanto fue lo que hicieron juntos que Silver llegó a asegurar que no existía el promovido sonido de “Blue Note”, sino que más bien ese sonido debía ser llamado “Horace Silver”.

Uno de los temas más recordados fue “Song for my Father”, una canción que incluye las raíces folklóricas de su padre John Tabares Silva, que nació en Cabo Verde. Y muchas de sus melodías lograron convertirse en standars.

Para el año 1979 decidió abandonar a la discográfica y empezó un camino experimental en la música, aunque no lo llevaría a buen puerto. Al menos así lo manifestaron los críticos del momento.

Ante eso, Silver sólo afirmó que “a lo largo de la vida uno aprende a tomar decisiones y, claro, puede equivocarse, pero siempre debe ser fiel a sí mismo, y yo, puedo decirlo, lo he sido, aunque haya quien no acepte algunas cosas que he hecho”, tal como consignó el País de España.

Su vuelta al hard bop no tardó en llegar y siguió tocando hasta que la artritis que padeció lo terminó alejando cada vez más de los escenarios. Sin embargo, su tarea ya estaba cumplida: hoy lo recordamos como una pieza clave en la historia del jazz.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

Keith Jarrett, el niño prodigio que cumplió 69 años

Keith JarrettHace unos 69 años, más precisamente un 8 de mayo de 1945, nació en en la ciudad de Allentown (Pennsylvania – Estados Unidos) un niño que pronto demostró tener el talento propio de un prodigio.

Su capacidad, sumado al oído absoluto que poseía, hizo que antes de cumplir tres años ya comenzara a tomar clases de piano. Ese instrumento que lo acompaña y con el que crea las obras más maravillosas.

Era sólo un nene de cinco años cuando se presentó en el programa televisivo de jóvenes talentos que organizaba Paul Whiteman y dos años después realizaba su primer concierto formal donde no sólo tocó obras de Bach, Mozart y Beethoven, sino que remató con sus propias composiciones.

Eso explica parte de lo que vino después. Art Blakey lo había contratado para que toque con los Jazz Messengers, pero su acuerdo se vio interrumpido cuando Jack DeJohnette, consciente de su talento, lo convenció para que se una al cuarteto de Charles Lloyd.

Con el baterista no sólo grabó Forest Flowers -que tuvo excelentes repercusiones, al igual que las presentaciones que hizo tanto en el continente americano como en Europa- sino que creó un vínculo que mantuvo por varios años.

Quien se fijó en su talento fue Miles Davis. Sin embargo, el trompetista necesitaba que los pianistas tocaran teclados eléctricos, algo que Jarrett hacía bien, pero que no le complacía lo suficiente.

También en los ’70, llegó el tiempo de descubrir sus propios caminos. Y lo hizo de diversas maneras. Por un lado, a través de sus conciertos de improvisación, tales como el que brindó en la ciudad alemana de Colonia (The Köln Concert) y que quedó registrado en un disco imperdible.

Por el otro, creó un cuarteto con el saxofonista Dewey Redman, el contrabajista Charlie Haden y el baterista Paul Montian con los que trabajó una línea musical que contenía un poco de todo: jazz, blues, gospel y free, entre otros ritmos.

Por último, ya entrados los ’80, creo una de las bandas que el año pasado cumplió tres décadas y que lo celebró con el álbum Somewhere. Hablamos, claro está, del trío compuesto por Dejohnette y Gary Peacock (contrabajo).

Su marcha no se detiene. Sigue buscando el sonido perfecto, fiel a su instinto de superación y exigencia permanente. Y, con casi siete décadas encima, los que disfrutamos con cada disco nuevo rogamos larga vida a Keith Jarrett.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

« Siguientes entradas