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Jazz con jota, la apuesta que Carmen París presenta en la Argentina

carmen-paris-pregon-pilares-2015Carmen París es una artista española que supo imponer un estilo muy particular a la música folclórica que caracteriza su lugar de origen, dándole a la jota aragonesa pinceladas musicales de lugares remotos como África y América.

Muestra clara de ellos son los discos que lleva registrados desde el 2002, cuando irrumpió en la escena profesional con “Pa’ mi genio” (Warner Music), que no sólo recibió excelentes críticas sino que le valió el premio al mejor álbum de música tradicional.

Luego -también bajo el sello Warner Music- llegaron “Jotera lo serás tu” (2005) e “InCubando” (2008), que ampliaron la mezcla. En estos álbumes la jota se fusionó con el cha-cha-cha, la ranchera, ritmos de La Habana y brasileños.

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Cumpliendo un sueño de libertad

abdullah ibrahimAdolphe Johannes Brand nació a miles de kilómetros de donde surgió el jazz. Pero su Sudáfrica natal tenía parte de las raíces más profundas del género sincopado en sus venas. El gospel y las canciones tradicionales ayudaron a forjar su vocación desde temprana edad.

A los siete años comenzó su camino. El piano fue su instrumento predilecto, pero con los años aprendió a dominar otros como el violoncello, el saxofón y la flauta. Para los quince hizo su debut musical.

Su acercamiento al género había llegado de la mano de dos de los músicos más importantes: Duke Ellington y Thelonious Monk. La libertad que proponía la música nacida en América se presentaba como una alternativa a la segregación racial reinante.

Vivió en la Sudáfrica más sangrienta y luchó contra la discriminación desde el lugar que conocía. Fue rebautizado con el nombre artístico de Dollar Brand y realizó, en 1960, la primera grabación de jazz que se realizó en el continente africano.

Jazz Epistles contó con la presencia del trompetista Hugh Masekela, el saxofonista Kippie Moeketsi, el trombonista Jonas Gwangwa, el bajista Johnny Gertze y los bateristas Early Mabuza y Makaya Ntshoko.

El jazz significaba una forma de revelarse frente al régimen. Obviamente, fue vista con malos ojos por las autoridades que, como una verdadera caza de brujas, salieron a cerrar bares y lugares donde sonaba y persiguieron a los músicos que se atrevían a tocarlo.

Llegó el tiempo del exilio para Brand y para su esposa Sathima Bea Benjamin. El Viejo Continente les abrió sus brazos. Suiza fue el país que los acobijó y que, sin pensarlo, los unió a uno de los músicos que inspiraron a un joven Adolphe e hicieron cumplir el sueño de conocer a uno de sus maestros.

Fue en el Club Africana de Zurich donde Ellington los vio tocar. Y fue suficiente como para que su vida cambiara. Duke fue clave para que realizaran la primera grabación en Europa, que fue registrada en París, y que llevó por nombre “Duke Ellington presents the Dollar Brand Trio”.

El trío, compuesto por Brand, Gertze y Ntshoko, compuso cinco de los seis temas que contuvo el álbum original: Dollar’s Dance, Kippi, Jumping Rope, Ubu Suku y The Stride. El sexto tema fue Brillant Corners, de Monk.

El disco ayudó a que los músicos se presentaran en diversos festivales de jazz por el Viejo Continente y significó para Brand el inicio de un largo camino que incluyó participaciones con músicos de la talla de Elvin Jones y Don Cherry.

A fines de los sesenta asumió su nombre islámico y pasó a ser llamado Abdullah Ibrahim. En los ’70 se instaló en Nueva York, donde formó el sexteto Ekaya, pero regresó a Sudáfrica cuando liberaron a Nelson Mandela.

Hoy divide su tiempo entre las giras, Nueva York y Ciudad del Cabo, donde maneja la academia de música M7 (que ofrece cursos en siete disciplinas para educar las mentes y los cuerpos jóvenes) y encabeza la Orquesta de Jazz de Ciudad del Cabo (un proyecto respaldado por el Ministerio de Arte y Cultura sudafricano).

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

El jazz del otro lado del mundo

ToshikoDesde sus orígenes en la clandestina Storyville a principios de los 1900, el jazz no sólo fue creciendo musicalmente -generando nuevas olas dentro de su misma esencia- sino que también traspasó las fronteras.

Primero dentro de Estados Unidos, pasando de Nueva Orleans a Chicago, luego a Nueva York y de la costa este a la oeste hasta cruzar los límites del país del norte de América para penetrar en los lugares más recónditos del planeta.

La historia de esta artista llega de un lugar no muy habituado al jazz: Asia. La República Popular China había visto nacer el 12 de diciembre de 1929 a Toshiko Akiyoshi y sus primeros pasos junto al piano estuvieron de la mano de la música clásica.

Hija de padres japoneses, Akiyoshi viajó a la tierra de sus ancestros donde descubrió el jazz de la mano del legendario Teddy Wilson. Toshiko quedó cautivada con el sonido de “Sweet Lorraine” y supo que no debía separarse de esas melodías.

Para 1952, la pianista ya mostraba su talento en el club Ginza. Fue en ese lugar y en ese mismo año donde cambió su vida: una de las noches en las que tocaba con su banda formaba parte del público Oscar Peterson.

El pianista fue quien la convenció de que viajara a Estados Unidos y logró que el productor Norman Granz estuviera al mando de su primera grabación. Toshiko´s Piano fue el nombre del álbum, del que participaron Herb Ellis (guitarra), J. C. Heard (batería) y Ray Brown (bajo).

Luego, Akiyoshi inició su carrera en la prestigiosa Berklee College y, una vez que se recibió en 1959, inició un proyecto con quien fuera su primer esposo, el saxofonista Charlie Mariano. Con él creó el Toshiko Mariano Quartet.

Los años sesenta llegaron con uno de los discos que la ubicó en un lugar de excelencia: “Toshiko Mariano”. El álbum fue registrado en 1961 por el sello Candid junto a Gene Cherico en bajo y Eddie Marshall en batería.

Diez años después, ya separada de Mariano, se establece en Chicago con su nuevo marido, el también saxofonista Lew Tabackin, con quien emprende un nuevo camino conduciendo una big band.

Con esta agrupación llegó su mayor éxito en 1991. Ocurre que en aquel año graba uno de los discos que fue considerado el mejor dentro del jazz. El lugar fue el mítico Carnegie Hall de Nueva York.

Tiempo después llegó su autobiografía (“Vida con Jazz” – 1996), los premios y la distinción en Japón, cuando recibió un año después la medalla Shijuhohsho entregada por el mismísimo emperador de ese país. Aún permanece en actividad junto a su esposo y a su big band.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com