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Jorge Anders: las lecciones de un Maestro que enseña sin dar clases

Jorge Anders orquestaA Jorge Anders le gusta que lo llamen Maestro. Se le nota cada vez que cuenta una anécdota en la alguien le pide un consejo -que siempre da como una flecha en el centro del blanco- y que se lo agradece, según sus palabras, de la misma manera: “Gracias, maestro”. Esa última palabra hace brillar sus ojos. Pero no hay soberbia ni vanidad, sino el orgullo de pertenecer a una raza especial de músicos, esa en la que no hay que dar clases para ser maestro. En una larga charla que mantuvo con Animales del Jazz aseguró que a él no le interesa enseñar. ”No tengo tiempo, ni tengo ganas”, afirma, como al pasar. Claro que, en realidad, mantener una conversación con él es suficiente para aprender.
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Jazz Solidario

Festival_solidarioafichedefinitivoEl jazz es, de por sí, una música que a muchos les genera una sensación de bienestar. Pero, cuando se une con una buena causa, el resultado es mucho mejor. La idea de ayudar a otros que más lo necesitan es el objetivo que tiene Martín Kanenguiser, conductor del programa de radio Jazz & Cash (FM Palermo, martes de 12 a 13 horas).

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Un austríaco muy porteño

Miklin y Quinteto ArgentinaKarlheinz Miklin es austríaco, tiene 67 años y es doctor en historia y literatura, aunque sus mayores energías las destina a otras actividades. Saxofonista desde pequeño, supo hacerse un camino en el jazz cuando nadie sabía de qué se trataba esa música en su país.

Y, como no le alcanzaba con tocar ritmos ajenos a su cultura, decidió hacer algo aún más complejo: tocar latin jazz. Esto fue luego de conocer a un grupo de argentinos con los que aprendió mucho de nuestra tierra y del idioma (aunque asegura que lo hace como Tarzán). Hoy, 30 años después, convirtió en una costumbre salir de gira con su “Quinteto Argentina”.

Antes de la presentación que realizará junto a Gustavo Bergalli (trompeta), Marcelo Mayor (guitarra), Alejandro Herrera (contrabajo), Quintino Cinalli (batería) y Mario Gusso (percusión) en el Centro Cultural San Martín el próximo martes 2 de septiembre, Miklin se tomó unos minutos para contestar unas preguntas a Animales del Jazz.

¿Cuándo comenzó con la música y cómo fue que llegó al jazz?
Comencé con la música antes del primario. Mi padre era músico autodidacto bueno, y en mi casa había acordeones, bajo, guitarra. Mis primeras clases “oficiales” fueron a los 12 años en piano en el conservatorio Klagenfurt, cuando estaba en el secundario. A los 13 años empecé con un saxo que me presto un amigo de mi padre. A los 14 ya tocaba en los bailes (soy paisano, y en los pueblos a fines de los ‘50 y principio de las ‘60 se podían hacer…). No recuerdo como llegue al jazz, esta música casi no existía en ese tiempo.

¿Quiénes fueron sus referentes dentro del jazz?
El primer concierto al que fui en vivo fue “Papa Bue´s Viking Jazz Band” de Dinamarca. El dixieland formaba parte de la programación de música popular en la radio. Cuando empecé a estudiar mis referentes eran Dexter Gordon, Charles Lloyd y después John Coltrane y Miles Davis. Cuando tocaba con “Los Argentinos” me conectaron con músicos como Wayne Shorter y Joe Henderson que eran muy populares en este periodo (hablo de principio de los ’70). En mi opinión no hay saxofonistas con este súper nivel después de ellos dos. También tocamos free jazz en esa época.

Menciona a “Los Argentinos”, ¿en qué consistía este proyecto y quiénes lo integraban?
Para finales de 1970 de causalidad en un conjunto con cuatro argentinos que tocaban en Europa -música de baile- pero tres de ellos eran muy buenos músicos de jazz, mucho mejor que yo en ese tiempo. Eran “Gato” Zemma (piano y órgano), Hernán Sánchez Reinoso (guitarra y bajo) y Alberto Canonico (batería). Con ellos aprendí mucho más de la música que antes como estudiante. Toqué con ellos casi tres años, y volví a Graz (Austria) cuando nació mi segundo hijo (con el primero y su madre estuvimos de gira juntos y él toca actualmente la batería en mi trío)

¿Cómo surgió la idea de compartir escenario con músicos argentinos?
En 1984 ya era conocido como músico de jazz -había sido elegido como músico de los años 1983 y 1984- y recibí una invitación para venir a tocar en “Mar del Jazz”, donde tocaba entre otros con Kike Sanzol y Bucky Arcela. El gran “Nano” Herrera me escuchó y me presentó a los mejores músicos de jazz de esa época (Jorge Navarro, Jorge “Negro” González, Alfredo Remus y “Pocho” Lapouble, etc.) para que toquemos. Después de tocar con ellos una entrada en “Jazz y Pop”, se me ocurrió la idea de invitarlos a Austria. Como yo era el decano del “Departamento de Jazz” en Graz, les organicé una clínica allá y como yo ya era conocido, pude organizar una gira de tres semanas. Así vinieron en el otoño de 1984 e hicimos la gira con gran éxito, donde grabamos el primer disco, que en aquel momento era LP (“Pasando”).

La lista incluye a varios músicos de la talla de “Pocho” Lapouble, Ricardo Lew, Jorge Navarro, Jorge González, Alfredo Remus, Kike Sanzol, “Cacho” Tejera, Gustavo Bergalli, Francisco Rivero y Javier Malosetti, entre otros… ¿Existió un proceso de selección o fue afinidad con la forma de tocar de cada músico?
Como escribí antes, empecé con Navarro, Remus y Lapouble. En 1986 grabamos un disco en Buenos Aires (“Carlitos”). Allí conocí al percusionista “Cacho” Tejera y tocamos la siguiente gira en cuarteto. Desde ese momento nos dedicamos a latin Jazz. Antes tocábamos más o menos la mitad latin y el resto jazz “puro”. En 1989 pude invitar también a Ricardo Lew y, desde ese año, se convirtió en el “Quinteto Argentina”. Por supuesto cambiaron mucho los músicos. En 1990 tocaba con trompeta en vez de piano (Navarro y Lew no pudieron viajar mas, por el éxito de la “Banda Elástica”, así entró Gustavo Bergalli). Él está todavía en el grupo como Marcelo Mayor (guitarra) y Alejandro Herrera (bajo), que empezaron las giras en 1992 y tocaron en todas las giras después de ahí. Cuando falleció “Cacho” Tejera (la buena alma del conjunto) vino “Pocho” Porteño a una gira y, desde 2006, está Mario Gusso en la percusión. Después de la muerte de “Pocho” Lapouble tocó Luis Ceravolo, y ahora empezó a tocar Quintino Cinalli. La mayoría de los cambios no elegí hacerlos (soy un bandleader muy “fiel”, y no cambio mucho), sino que pasó por otras razones. Y por supuesto, al cambiar los músicos, también fue cambiando un poco la “onda” de lo que tocábamos.

¿Está en contacto con el ambiente local de jazz? ¿Qué agrupación o músico de la actualidad le gusta y recomendaría?
Lamentablemente no conozco mucho del ambiente local. En los años 90 tocaba con Horacio Larumbe o “Baby” López Furst, el “Negro” González... y conocí a músicos como “Fats” Fernández, Junior Cesari, Walter Malosetti… En este tiempo había muy pocos músicos jóvenes. Me alegra mucho que ahora se encuentren muchos músicos primer nivel. Por ejemplo, toque una vez con Oscar Giunta y escuchaba a algunos otros muy buenos. Tendría que estar más tiempo acá para conocer más, pero no me da…

¿Puede rescatar alguna anécdota de las giras realizadas por Europa con alguno de los grupos con los que se presentó a los diferentes eventos?
Bueno, hay anécdotas que no se pueden contar… No, sin broma, hay muchas, pero no hay lugar. En general tocar con este grupo fue siempre muy divertido para mí, es otra onda en muchos aspectos, el grupo tuve un éxito bárbaro y es muy conocido allá. En verdad, me cambiaron un poco, pero también yo los cambié a algunos de ellos un poco. Jorge Navarro me dijo, cuando escuchaba por primera vez el primer disco: “Esta música no existía antes, tocamos onda latin pero muy, muy libre, jazzístico y abierto y con tu voz se mezcla en algo nuevo”. Bueno, no está mal, si un músico de primera piensa así…

¿Cuáles eran las expectativas que tuvo al ser invitado al festival “Mar del Jazz” en 1984 y cuáles las que tiene ahora que celebra 30 años con este proyecto?
Cuando vine en 1984 tenía una expectativa completamente falsa de la Argentina, a pesar de haber tocado tres años con argentinos antes (medio lento se puede decir). Como eso pasó justo después de la época de los militares, todo el país estaba en el cielo, y esta alegría se me contagió completamente. Casi no quise volver. Me parece que es una de las razones más importantes por la que me dedique tanto a este país y sus músicos. Ahora ya pasaron 30 años, y por supuesto cambió mucho, pero conozco la ciudad y el ambiente más o menos. No obstante, siempre vuelvo con muchas ganas y la risa y la joda empieza desde el primer momento. Una buena razón, aparte de la música, para seguir con esto.

Recibió una distinción del Consejo Deliberante como “Visitante Ilustre de Mar del Plata y Esteban Echeverria”. ¿Qué representó ese premio para Usted?
Claro que eso representa mucho para mí, no es tan común recibir algo así en un país tan lejos de la patria. Recibí premios (awards) muy importantes en Austria, pero esto es otra cosa.

¿Cuáles son los planes de acá al futuro?
Por empezar, me voy a Santiago de Chile el miércoles antes de volver a casa. En el otoño sale un CD de una grabación que hice con el cantante mundial Mark Murphy en 1996, donde puso letras a dos temas míos y del excelente pianista Fritz Pauer. (“Shadows” Mark Murphy feat Karlheinz Miklin, Fritz Pauer, TCB 33802).
En marzo saldrá otro CD del trío que tengo con el suizo Heiri Kaenzig (en el trío tocó durante muchos años el gran Ron McClure) en contrabajo y la leyenda Billy Hart en la batería, uno de los mejores bateristas del mundo (elegido recientemente por la “Association of Jazz Journalists” como mejor baterista 2013, con toda razón). El CD se llamará “Encore” TCB (con Billy llevo 27 años de cooperación y muchos discos, es un privilegio para mi que le guste tocar conmigo durante tanto tiempo). Haremos una tour para presentarlo. En octubre haremos la gira con el “Quinteto Argentina” en Austria, Italia y Croacia. Después tocaré unos conciertos solo (hay un CD que grabé en una iglesia) y me esperan conciertos con mi “Double Trio” (dos bajistas y dos bateristas, muy divertido y fuerte). Toqué en South Africa hace dos meses e hice nuevas conexiones, por lo que parece que volveré, lo mismo que en Brasil, donde toqué con Sizao Machado (bajo) y Bob Wyatt (batería), con los que tengo la misma onda y queremos seguir. Y por supuesto la enseñanza (viene mi último año como profesor, lo voy a extrañar). Bueno, el viejito todavía está en la carrera.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

Enrique Villegas: un grande de la escena del jazz nacional

Era conocido como Mono, Quasimodo, Loco o Villeguita.

También, fue apodado por sus íntimos, según le comentó a Walter Thiers en una entrevista, como enano asqueroso, Rigoletto, maldito, petiso inmundo o José Power HP.

Sin embargo, a Enrique Villegas le caben perfectamente otros como genio, maestro o fenómeno, sobre todo, si se tiene en cuenta la maravillosa obra de este excelente pianista.

Nacido en Recoleta el 3 de agosto de 1913, fue un músico por naturaleza que decidió abandonar el Normal Mariano Acosta para dedicarse de lleno al piano.

Creía innecesario destinar tiempo de su vida a ser alguien que no quería ser. Ni abogado, ni médico, ni ingeniero. Él quería ser músico, y eso fue lo que hizo.

Estudió con el padre de René Cóspito, uno de los pioneros del jazz en la Argentina, y pronto demostró ser un verdadero talentoso.

Ejemplos de ello fue la magnífica interpretación que hizo en 1971 de Rhapsody in Blue, de George Gershwin, o la presentación en el Teatro Colón de Buenos Aires en la que reprodujo el “Concierto para piano y orquesta” de Maurice Ravel en 1932.

Era un profesional que discutía con sus colegas sobre el modo de tocar cada ritmo. “Toda la música del mundo la toco yo y la toco como es”, afirmaba porque creía que para interpretar como correspondía cada género era necesario hacerlo como lo hacían sus creadores y no como “creían” que lo hacían.

Afirmaba, por ejemplo, con respecto del jazz que “cuando quiero tocar jazz, imito a los negros americanos”.

Y su escuela se encontraba en las melodías de Duke Ellington y en la de Art Tatum, dos de los mejores pianistas de jazz de todos los tiempos.

Algunos lo consideraban un malhumorado. Sin embargo, le encantaba conversar y tenía un bagaje cultural y musical sorprendente. Incluso, supo cultivar la amistad con Macedonio Fernández y siempre escuchaba a Jorge Luis Borges, ya que, según Villegas, eran los únicos que lo podían hacerlo callar.

Entre su obra musical más saliente se puede mencionar su famosa “Jazzeta”, de 1941, que tal como cita Sergio Pujol en su libro “Jazz al Sur”, fue recibido con mucho gusto por la crítica.

La revista Sintonía, según expresó Pujol en su obra, afirmó en aquella ocasión: “Hemos sido gratamente sorprendidos por un trabajo musical de méritos poco frecuentes que debemos a la adelantada pluma del pianista Enrique Villegas”.

No hay que olvidar que en 1945 fue contratado por el sello Columbia para grabar junto a Cozy Cole y Milton Hinton, con quienes registró dos discos: “Introducing Villegas” y “Very, Very Villegas”.

El resto de los materiales fueron editados por la discográfica Trova, que, pese al excelente nivel, no tuvo su éxito comercial. “Los que gustan de la buena música son pocos”, le dijo a Thiers en alguna ocasión.

Y tal como puede leerse en “El jazz criollo y otras yerbas”, del mismo Thiers, Villegas resumió pocas palabras lo que representaba el mundo perverso de los sellos musicales: “En 10 años grabé una serie de discos (…) y los resultados fue que nunca sobrepasé en total los nueve mil ejemplares. La mala música, en cambio, a la que tantas veces se califica de popular, obtiene ingresos insospechados y sus intérpretes logran la aprobación de entusiastas auditores”.

Una de las máximas del maestro fue la de convencer a dos de los músicos de la orquesta de Duke Ellington (que había finalizado una gira por Buenos Aires) para que toquen junto a él.

Ese material, acompañado del saxofonista Paul Gonsalvez y del trompetista Willie Cook (músicos de Duke) y con Alfredo Remus (contrabajo) y Eduardo Casalla (batería) fue inmortalizado por Trova, en el disco “Encuentro”.

Trabajador incansable, reconocido por admiradores y críticos, abandonó este mundo a los 72 años, el 11 de julio de 1986, en la Ciudad de Buenos Aires. Pese a que fue olvidado por muchos años, sus verdaderos amigos lo recuerdan siempre. Y lo eternizaron como merece.

Gonzalo Chicote.
animalesdeljazz@hotmail.com