gershwinEl 12 de febrero de 1924 fue una fecha que no pasó desapercibida en la historia musical del jazz. Por el contrario, aquel martes dio nacimiento a la consagración de un joven de 23 años que decidió hacer algo poco común: lograr la unión de la música clásica con el género sincopado.

Ese día, el Aeolian Hall fue el escenario que consagró a George Gershwin, un pianista blanco nacido en el Brooklyn (New York – Estados Unidos) el 26 de septiembre de 1898, que escribió una obra que pasó a la posteridad: Rhapsody in Blue.

Ocurre que por entonces, los norteamericanos consideraban que el jazz era algo más bien vulgar que, pese a tener sus raíces bien dentro de su territorio, no lograba tener el “nivel” que se encontraban en sinfonías como las de Beethoven, Mozart o Bach.

Es llamativo lo que sucedió aquella tarde. Fue Paul Whiteman quien le hizo el encargo a Gershwin de que creara un “jazz sinfónico” para que sea interpretado por su banda. Algo que George aceptó con ganas y que escribió en sólo tres semanas.

Ante la novedad de la propuesta -que luego se convirtió en algo más común-, la gente se agolpó en el teatro y se encontró con una puesta en escena tan poco convencional como el programa que se iba a presentar.

Al menos así lo describió el crítico Olin Downes en su columna del New York Times al día siguiente, que escribió: “Los pianos estaban uno más abierto que el otro, en medio de un desorden de todos los artefactos de viento e instrumentos de percusión imaginables (…) También, apoyados o colgados, había sartenes, grandes utensilios de hojalata y una sordina de trompeta, más tarde aplicada al extremo de un trombón”.

El mismo Whiteman había escrito alguna vez que en aquella oportunidad estaba tan ansioso de saber qué sucedía afuera, que decidió salir a dar un vistazo y se encontró con una multitud de personas que, pese a que estaba nevando, se “peleaban por llegar a la puerta” del recinto.

Las criticas fueron diversas. Mientras algunos aseguraban (como Downes) que la obra había conmocionado al público, otros (como Lawrence Gilman, del The New York Tribune) describieron la obra como poco original, anticuada e inexpresiva.

Sin embargo, nadie puede negar que fue el trampolín que llevó a Gerswin a la cumbre de su carrera y que lo convirtió, según Isaac Goldberg, en un “joven coloso” que se “montó sobre el mundo musical de la Gran Manzana”.

Con Rhapsody in Blue, George había logrado que el público y los críticos lo incorporaran al selecto grupo de talentosos que formaban los músicos que siempre fueron sus ídolos: Irving Berlin y Jerome Kern.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com