Macarena RobledoMacarena Robledo tenía sólo 16 años cuando hizo su primera presentación profesional. En una edad en la que el común de lo jóvenes comienzan a soñar con el viaje de egresados, ella se animó a más: formar parte de Drácula, el musical escrito y dirigido por Pepe Cibrián y musicalizado por Ángel Mahler.

Hoy, más de 10 años después recuerda con felicidad aquellos años, pero tiene mucho más para contar. Es que sus pasos continuaron la vida musical y hoy la encuentra al mando de sus propios proyectos. Ya consolidada como cantante, se siente orgullosa del último material editado, “Instrumento Vivo”, que fue editado en 2014 y que cuenta con la colaboración de un gran número de músicos -Diego Schissi, Roxana Amed, Franco Luciani, Sergio Wagner, Ramiro Flores, Nahuel Pennisi, Paula Pomeraniec, Guillermo Rubino, Gustavo Mulé, Silvina Álvarez, Gabriel Wolf, Juan Pablo Ferreyra y la Orquesta Da Capo Almagro– que se acopló al cuarteto liderado por Robledo y que cuenta con Andrés Beeuwsaert (piano, nord y teclado), Pablo Motta (contrabajo y bajo eléctrico) y Oscar Guinta (batería y accesorios de percusión).

El disco cuenta con gran mayoría de composiciones propias, a las que le suma versiones de temas de Luis Alberto Spinetta (Quedándote o yéndote) y Fito Páez (Parte del aire), entre otros.

Antes de la presentación que realizará en Bebop Club (Moreno 364, Ciudad de Buenos Aires) el próximo domingo 16 de agosto, tuvo una extensa conversación con Animales del Jazz donde hizo un repaso de sus inicios, su formación musical y de Instrumento Vivo, entre muchas otras cosas.

Comenzaste la carrera profesional de joven, ¿qué recuerdos tenés de aquel momento? ¿Qué representó para vos dar los primeros pasos con, nada más y nada menos, Pepe Cibrián y Ángel Mahler?
Tengo muy buenos recuerdos, muy intensos, de emociones fuertes, como estrenar una obra en el Luna Park con 16 años, haciendo funciones 5 días por semana, con un elenco de 100 personas, una orquesta de 50 músicos… Fue una gran oportunidad, aprendí muchísimo y gané amplio oficio sobre el escenario. Recuerdo girar por todo el país con Drácula: durante un año pasábamos de estadios a pequeños escenarios de teatros de pueblo, adaptando escenografía, coreografías y hasta los camarines. Recuerdo maquillarme en el espejo de un ciclomotor destartalado en un galpón convertido en camarín, o subir a un gran escenario usando cajones de cerveza como escalones… era un estadio de basquet, actuábamos para unas 1.000 personas. También recuerdo llegar a bellísimos teatros de ciudades como Mendoza o Rosario, y escuchar anécdotas de los técnicos: “estuvo Charly el sábado pasado y nos volvió locos”. Recuerdo la época de ensayos de “Las Mil y una Noches”, eran 6 horas en capital, mientras cursaba un colegio de doble escolaridad en Pilar. Hacía dedo a la salida a papás del colegio para que me llevaran a la parada del colectivo. En el viaje me cambiaba, me maquillaba, merendaba, hacia la tarea; y dos colectivos después, entraba en ese otro mundo del teatro; lleno de artistas, magia, juego, disciplina, cuestiones del relacionamiento humano de personas adultas y mucho aprendizaje… Vivía entre dos mundos; era excitante, me expandía a pasos agigantados; y también era agotador. Pero me hacía feliz. Estaré siempre agradecida por tantísimo que aprendí con Cibrián y Mahler.

¿Cuándo te diste cuenta que lo tuyo iba a ser la música y, sobre todo, cantar?
Desde muy chiquita asistí a cuanto curso, taller, acto escolar, coro o escenario hubiera a mi alrededor… Disfrutaba mucho de todas las actividades artísticas y recibí mucho aliento de los profesores. Hice mimo, expresión corporal, danza clásica, danza jazz, tap, teatro, coro, comedia musical… También disfrutaba mucho de las guitarreadas en casa junto a mi papá. Siempre tuve el apoyo de mis viejos para desarrollarme en lo que fuera que me hiciera feliz, eso lo llevo guardado en el corazón. Creo que fue una construcción, lo que era un juego se convirtió en una pasión y cada vez quise dedicarle más y más tiempo, y más estudio. Alrededor de los 14 o 15 años, ya sentí que quería dedicarme al arte como profesión. Estaba entre el canto y el teatro, hacía comedia musical. A los 16 entré en el mundo profesional con Pepe. Y fue un camino de ida. Después de varios años de obras con él, sentí la necesidad de saber música, leer, escribir, componer, arreglar- e hice una carrera oficial en la Escuela de Música de Buenos Aires. Creo que me fue llevando mi anhelo, mi curiosidad. Seguí ese deseo.

¿Cómo fue tu camino hacia el jazz?
Al entrar en la carrera de Música, me enamoré de todas las posibilidades que el jazz abría, un mundo nuevo para explorar. Yo ya había escuchado bastante en jazz en casa de adolescente, por influencia de mi papá, pero fue en mi época de estudiante que lo elegí como camino de profundización en lo musical, como una manera de pensar la música. Sin embargo la vida tiene sus vueltas, porque tras 2 trabajos como solista e infinidad de shows y proyectos ligados al jazz, estoy volviendo a la canción, que creo es el lugar por donde la mayoría de nosotros entra al mundo de la música. Sigo dejándome llevar por lo que siento honesto dentro mío en el momento en el que estoy. Y aunque este último disco sea de canciones, creo que la influencia del jazz en él es ineludible.

Tenés un compromiso con el Maestro Rabine para perfeccionar la voz, seguís el Método Fedora Aberastury y la técnica Feldenkrais, hacés yoga, meditación, respiración… ¿llega un momento en el que uno dice “hasta acá” o crees que no existe un techo?
Creo que la danza con el misterio de la existencia es infinitamente profunda, se expande sin límite. Me interesa atravesar este tiempo que me toca de vida aprendiendo, saboreando, investigando, despierta, consciente. Y lo exploro con las herramientas que llegan a mi, que busco, en las que indago. He trabajado con muchas técnicas de exploración del cuerpo, el movimiento y la consciencia, y también de conexión espiritual. Retiros de silencio, ayunos, supervivencia en la montaña, depuración corporal, chamanismo, biodanza… No hago todas a la vez, pero he dedicado mucho tiempo a profundizar en muchas. Lo que sí siento es que cada vez soy más precisa en la elección de esas herramientas, tengo más foco en las que me llevan en la dirección de elijo explorar como camino de vida. Es el caso de la Educación Funcional de la Voz, Método Rabine, que es tanto una técnica altamente específica de entrenamiento vocal, como un camino de autoexploración. Lo científico y lo holístico se enlazan en una práctica que no deja de maravillarme: amplía las posibilidades de la voz, del cuerpo, del movimiento, del tiempo, de la consciencia y de la percepción de todos estos aspectos. Y busca poner todo ese milagro que es el instrumento vivo que somos, al servicio de la música. Y la música, a mi entender, tiene un poder que nos trasciende.

¿Qué le aportó a tu música los viajes realizados por el exterior?
Los viajes para mi tienen una magia especial, me conectan a una sensación de libertad muy grande. En los viajes experimento una entrega, una sensación de confianza y de red, aumenta mi sentido de gratitud ante cada pequeña cosa que trae la vida, estoy especialmente abierta a los encuentros, a ver la sincronicidad en los hechos, a confiar en la trama que los teje aunque aún no los entienda… en este contexto, la inspiración está a flor de piel: me brotan, textos, ideas y melodías con naturalidad y alegría. Si miro Instrumento Vivo, de los 9 temas de mi autoría allí, 7 están compuestos durante o post viajes. Y ya hay 12 temas nuevos armados, producto de viajes siguientes, que serán parte de un próximo disco. Las vivencias de los viajes, las historias, los personajes, las emociones, el estado -que cariñosamente llamo “modo viaje”-, son grandísima fuente de inspiración. Como también lo son las personas, músicos y ritmos que conozco en el camino.

En tus discos se pueden encontrar cosas variadas, que van desde canciones de The Beatles, Billy Holiday y Fito Páez reversionadas, hasta composiciones propias, ¿cómo seleccionás qué poner en cada disco? ¿Hay algo que te guía?
Intento ser fiel a un impulso creativo interno, de voz sutil pero poderosa y profunda. Y me animo a vencer mis propios prejuicios. Con Instrumento Vivo me pasó algo curioso: durante 2 años tuve la idea de grabarlo, quería producir, quería hacer un disco. Tenía bastante repertorio nuevo, mucha música que me atraía hacer, y buscaba ordenarla de algún modo para hacer una selección para grabar. Pero durante mucho tiempo, lo hice desde un plano mental, especulativo -sin quererlo-, intentando clasificar por género o por lo que creía desde lo intelectual podía tener coherencia entre sí. Por una cosa o por otra, el proceso de producción se trabó una y otra vez. Hasta que alguien me dijo: “no tenés claro el núcleo. Si se agrandara esta bola de nieve, no sería redonda, y no giraría”. Fue un shock, porque había mucha verdad en eso. Paré completamente la intención de producir, y me “encerré” a cantar durante 2 meses “lo que sea que se me cantara cantar”. Dejé venir cualquier tipo de música, ejercicios, emociones. Saqué la cabeza del medio y simplemente abrí el chorro creativo, amorfo y desprejuiciado y lo dejé correr. Al cabo de unos meses el repertorio del disco decantó solo. Los mismos temas insistían en tocar la puerta de mi deseo, y establecí un vínculo con muchos de ellos. Nacieron versiones propias. Los sentía vivos y me daba alegría cantarlos. El repertorio “se había decidido solo”.

Siguiendo con el tema, y en lo que respecta a Instrumento Vivo, veo que la gran mayoría de canciones son de tu autoría. Quería saber ¿por qué decidiste sumar temas de otros músicos, cuando pudo haber sido sólo de canciones tuyas? Y, a la hora de escribir alguna canción, ¿qué es lo que te inspira?
Tuvo que ver con el proceso que te comentaba, sentir que esas canciones eran parte de algo verdadero dentro mío que quería expresar. También encontrar en la vinculación con esos temas, formas musicales que me entusiasmaron. Me inspira el arte, los artistas, acontecimientos, aprendizajes, paisajes, relaciones, emociones agradables o desagradables, la naturaleza, los descubrimientos sobre la propia evolución, los vericuetos de la mente, el desarrollo espiritual… Y los viajes, ¡claro! ¿lo mencioné?

Hay una lista importante de músicos que te acompañan en tus discos… ¿Qué tenés en cuenta a la hora de elegirlos?
Elegí los músicos que mejor creo sirven a la música. La vida también es sabia y pone gente especial en tu camino. Pablo Motta se convirtió en mi co-equiper creativo, y es hasta el día de hoy un gran compañero de mi camino musical. En Instrumento Vivo grabó una cantidad enrome de los músicos que más admiro de la Argentina. Si hace varios años me preguntaban cuál era mi dream team, la mayoría están en este disco. Me honra profundamente haber hecho música con estos artistas que tanto admiro. Que hayan puesto lo más sagrado en ellos, su creatividad, su música, su sensibilidad, al servicio de esta visión. Y que mucha de esa música sea de mi autoría, hace que la alegría y el agradecimiento crezcan aún más. Hay algo alquímico en lo que sucede cuando otros artistas tocan algo que nació en un lugar muy personal de intimidad; el tema cobra una vida y un vuelo que muchas veces no imaginaba. Me apasiona observar el proceso creativo (de hecho tengo un blog en el que escribo acerca de eso, y de viajes www.espirituarteyviajes.tumblr.com).

Por último, quería saber ¿cómo ves la escena nacional de jazz y la de los vocalistas en particular?
Me encanta lo que pasa en la escena actual; veo talento, riesgo, búsqueda, muchos artistas produciendo -muchas veces en condiciones comerciales adversas-… Y veo mucho tránsito de los bordes del género (¿se puede delimitar, acaso?), mucho cruce de lenguajes. Eso me interesa especialmente. Creo que hay una creatividad y una pasión por el hacer muy valiosa. Y hay varios ejemplos de esto en la música instrumental como en la que incluye voces. Disfruto de escuchar mucha música hecha acá. Creo que el desafío es crear industria, redes, modos de generar circuitos para que los músicos autogestionados no tengan que desangrarse para poder producir. La creatividad y el talento están. A veces faltan los medios para hacer de la creación de música una actividad sustentable. Creo en crear redes, en ser artistas pro-activos, en conectarnos entre los actores de la escena cultural para pensar acciones cooperativas en pos de una industria más sana para todos. Eso -eventualmente- también se oirá en la música.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com