En 1939, Abel Meeropol, un profesor afiliado al Partido Comunista de Estados Unidos, vio una foto que lo perturbó. Durante toda la noche, la imagen volvía a su mente una y otra vez.

Así que decidió hacer algo para mitigar ese dolor: tomó lápiz y papel y escribió un poema que llamó Bitter Fruit (fruta amarga).

Su texto era una crítica tajante y directa contra los linchamientos de negros en una Norteamérica donde reinaba la segregación y discriminación racial. Las imágenes de Thomas Shipp y Abram Smith, colgados en los árboles, no sólo encendieron su bronca, sino que inspiraron su obra.

El poema decía más o menos así:

Los árboles sureños cargan extraños frutos,
Sangre en las hojas, y sangre en las raíces,
Cuerpos negros que se balancean con la brisa sureña.
Extraños frutos que cuelgan de los álamos.

Escena pastoral del galante sur,
Los ojos saltones y la boca retorcida,
Perfume de magnolias, dulce y fresco,
Y el repentino olor de carne quemada.

Aquí está el fruto para que lo arranquen los cuervos,
Para que la lluvia lo reúna, para que el viento lo absorba,
Para que el sol lo descomponga, para que los árboles lo suelten,
Esta es una extraña y amarga cosecha.

La letra pronto se popularizó entre los círculos de la izquierda estadounidense y, ya convertida en canción bajo el nombre de “Strange Fruit” (fruta extraña), llegó a oídos del dueño del Café Society.

Barney Josephson, el propietario del local, fue quién contactó a Meeropol con quién potenció su difusión: Billy Holiday.

Hubo muchos intérpretes. Pero ninguna persona logró lo que Lady Day hizo: se encarnizó en el tema. Lo sufrió por todos y cada uno de los linchados. Y la convirtió en leyenda.

A continuación, una de las tantas grabaciones:

La canción fue considerada por la revista Time como la mejor canción del Siglo XX. Este tipo de clasificaciones siempre son discutibles, pero creo que, en esta ocasión, no hay nada que objetar.

Gonzalo Chicote.