Lester Young: la pureza y la sombra

Lester-YoungCuando el jazz aún no conocía al bebop y el swing conservaba aún su corona, existió un músico que le enseñó al resto que el saxofón tenor podía ser una pieza clave de una big band. Ese hombre era Lester Young.

Sin dudas que existen muchísimas cosas que se pueden contar acerca de él, pese a que sólo vivió 50 años. Sí, murió joven como muchos otros talentosos instrumentistas de jazz. Pero dejó un legado tan importante que nadie podría olvidarlo.

Lo mejor es empezar desde el principio. Nació con un talento innato y ya desde pequeño mostró interés por la música: primero fue la batería, luego el saxo alto y después el barítono. Pero su carrera la forjó con el tenor.

Empezó a tocar junto a su familia, hasta que se cansó de su padre, dejó el show de baudeville familiar y se unió a los Bostonians por unos años. Mientas, alimentaba su deseo de tocar en la banda de Count Basie cada vez que los escuchaba por radio.

Unos años después, en 1934, formaría parte de la orquesta del pianista. No obstante, se aburrió rápido y se mudó a la big band de Fletcher Henderson. Así viajó de Boston a Detroit por un puñado de billetes y el consentimiento de su ex jefe.

Su paso por la formación de Henderson fue fugaz (sólo seis meses), pero le otorgó un triunfo inigualable: destronó a Coleman Hawkins como saxo tenor. Muchos aseguran que eso fue lo valió el mote de “Prez” (presidente).

Durante diez años Young realizó su mejor trabajo donde forjó su personalidad musical. Joachim Berendt lo definió como un “lírico introvertido con el sonido delicado y precavido, amable y complaciente en sus piezas rápidas, con una suave entrega en las lentas, retraído en su expresión, sin dar un solo matiz que pase de lo imprescindible” en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”.

No sólo sobresalieron sus actuaciones con Basie, sino que en esa época también grabó con Billie Holiday con quien formó una comunión que sentó las bases de los “acompañamientos de canto del jazz” como diría Berendt. “Time on my Hands” y “Me, Myself and I” son dos excelentes ejemplos de ello.

Pero todo se oscureció en 1944 cuando fue reclutado por el ejército. Su vida fue totalmente distinta desde ese nefasto año. Quien se caracterizaba por ser un ser sensible, terminó oscureciéndose por dentro.

Y, cuando un músico que transmite en su música sus sentimientos, es de suponer que sucedería que pasó: sonaba como nunca… pero para peor. Aquel saxofonista excepcional se convirtió en la sobra de lo que fue.

Sus últimos años estuvieron entregados al alcohol en una tierra europea que él no comprendía y que no lo entendían. Trabajaba en el Club Blue Note de París cuando su salud le pedía salir de ahí. Volvió a Nueva York 14 de marzo y, sólo un día después en ese mismo 1959, dejó este mundo para siempre.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com

 

 

1 comentario

  1. Florencia Soulé

    Un placer compartir la historia de uno de los grandes del jazz.

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